NVL,VA- Capítulo 13.

 

Capítulo 13.

El carruaje que transportaba a Castiel y Declan comenzó a dirigirse de nuevo al Condado de Avon.

Hasta ese momento, Declan mantenía la boca firmemente cerrada, lo que ponía a Castiel muy nervioso. Solo entonces se preocupó por el hecho de que, al resolver la situación según sus propios planes, no había tenido la oportunidad de preguntar la opinión de Declan.

«Como tiene que ir y volver por ese camino tan largo, es normal que esté molesto...»

Independientemente de la tristeza por la despedida, sacó de nuevo a una persona que finalmente había regresado a su propia residencia... Cuanto más lo pensaba, más profundo era el arrepentimiento de Castiel. Además del deseo de estar juntos, lo hizo porque no quería que Declan se quedara más tiempo en el templo donde se acumulan los malos, pero se sentía culpable pensando que eso, por el contrario, lo había puesto en una situación difícil.

Finalmente, Castiel se disculpó con voz vacilante.

—Sacerdote, lo siento. Es que hice las cosas a mi manera.

Ante esas palabras, Declan abrió mucho los ojos y agitó las manos.

—No es así. Yo también me siento feliz de poder acompañar al conde. Lo digo de corazón.

—Pero... no ha dicho nada desde que salimos del templo.

—Eso... lamento haber hecho que me malinterpretara. Es que tenía mucho en qué pensar... Pensaba decírselo cuando mis ideas estuvieran en orden, por eso estaba guardando silencio por ahora.

Si no estaba enojado, ¿entonces podía estar tranquilo por el momento? Aunque pensaba eso, Castiel no lograba relajarse del todo. Como si hubiera notado su estado de ánimo, Declan sonrió suavemente entornando los ojos y añadió.

—Ya que decidimos ir sin descanso en el camino de regreso, no se preocupe por nada y duerma profundamente durante mucho tiempo. Lo despertaré cuando lleguemos a la mansión del conde.

Solo después de escuchar ese tono ligeramente burlón, finalmente pudo tranquilizarse. 

«Realmente estoy demasiado domesticado...»

—¿Qué? ¿Acaso cree que no despertaré ni una sola vez durante más de ocho horas?

Tras ese amargo descubrimiento, Castiel replicó con una sonrisa tímida. Y tan pronto como terminó de hablar, cerró ambos ojos rápidamente debido al mareo que lo invadió.

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

—...Conde, conde.

—Sí...

—Ya casi llegamos a la mansión del conde.

—...¿Sí?

Ese “acaso”’se hizo realidad. Castiel, asombrado por lo ridículo de su propia situación, se cubrió la cara con la túnica mientras su rostro se ponía completamente rojo. Declan se dio cuenta del motivo de esa acción y soltó una risa baja.

Al llegar a la mansión del conde en medio de la noche, Ilma y dos trabajadores salieron a recibirlos. Junto con la noticia de que el trabajo terminó con éxito, Ilma incluso mostró algunas lágrimas de alegría ante la aparición de Declan, a quien pensó que no volvería a ver.

Después de una comida ligera y un baño, finalmente sintió que estaba en casa. Quizás sea porque era la primera vez que pasaba la noche fuera de forma tan oficial después de la posesión, Castiel repetía inconscientemente en su cabeza las palabras “el hogar es lo mejor”.

Hasta ahí todo iba bien.

Frente al dormitorio de Castiel, Declan pronunció sus palabras de despedida anticipada.

—Me marcharé mañana temprano al amanecer.

—¿Qué? ¿Tan pronto?

—Usted también lo escuchó, conde. Como hay mucho trabajo, me dijeron que regresara lo más pronto posible. En realidad, debí partir de nuevo inmediatamente después de llegar aquí... Esto ya es ser perezoso.

—No, si allí también hay muchos otros sacerdotes...

Aún no estaba preparado mentalmente. Castiel se mordisqueó el labio inferior con una desbordante melancolía y, de repente, agarró la mano de Declan y lo arrastró hacia su dormitorio.

—Entonces hablemos un poco más. También tengo que escuchar eso que dijo que estaba ordenando hace un rato.

—No es necesario que lo escuche... Está bien.

Mientras masajeaba el lóbulo de su oreja caliente con la mano que no estaba sujeta como para ocultarlo, Declan se sentó en silencio frente a la mesa. Castiel, sentado enfrente, lo apresuró de inmediato.

—Ahora dígame.

—Sí. Son principalmente dos cosas. Primero, pensé que debía prestar un poco de atención a mi posición en el templo. Hasta ahora me quedaba callado haciendo lo que me ordenaban, pero ahora planeo ser diferente.

—¿Por qué cambió de opinión tan de repente?

—Si el conde se esfuerza tanto por intentar cambiar mi situación de alguna manera, no tiene sentido que yo, siendo el interesado, me quede como un tonto. Y... para ser honesto, hoy me sentí muy avergonzado.

Ante ese repentino reproche personal, los ojos de Castiel se agrandaron. Cuando pidió la razón con la mirada, Declan movió los labios un par de veces antes de confesar sus sentimientos sinceros.

—Cuando el príncipe heredero lo trató de forma grosera, o cuando el Sumo Sacerdote intentó llevarse el crédito del conde... yo no pude hacer nada.

—Eso es... Lo primero lo manejé bien yo mismo, y lo segundo fue para ganarme el favor del Sumo Sacerdote a propósito...

—Lo sé. Es solo la impotencia que sentí yo solo. Y aunque hoy lo manejó bien, puede que la próxima vez no sea así... Pensé que debía estar en una posición donde mi voz fuera escuchada.

Resumiendo las palabras de Declan, su decisión de cambiar era, al final, por Castiel. Castiel no pudo ocultar su sonrisa de alegría por ese hecho.

—Es una historia que me hace sentir bien. Aun así, no intente nada que sea demasiado peligroso.

—Le daré la misma promesa de que me cuidaré si es peligroso.

—Me gusta. Entonces, ¿cuál es la otra cosa?

Cuando Declan le devolvió exactamente la misma promesa que él había hecho, las comisuras de los labios de Castiel se elevaron con aún más gusto.

Por eso, por poco relaja la tensión y escucha hasta el “final”.

—La otra es... Esto también es un pensamiento sobre el conde. A través de este viaje a la capital, siento que he llegado a conocer muchos aspectos del conde que no conocía. Es como si fuera otra per...

En ese momento, Castiel se levantó de un salto apoyando ambas manos con fuerza sobre la mesa.

—¡Es... espera! No digas eso, no...

Fue antes de que terminara de hablar. Una ventana de advertencia de un rojo intenso, que nunca había visto antes, apareció frente a sus ojos.

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⚠ ADVERTENCIA ⚠

Se prohíbe el acto de interrumpir verbalmente la sospecha de la otra parte.

(Acumulado: 1 vez, Restante: 1 vez)

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«¿Qué… Qué es esto? Si esto apareció, significa que hace un momento Declan iba a decir algo sospechando de mi identidad...!»

Las pupilas azules de Castiel temblaron violentamente al ver la ventana de advertencia. En un instante, su boca se secó y sus mejillas temblaron. Era una apariencia de alguien cuya ansiedad se había disparado al máximo, evidente para cualquiera. Declan, sorprendido por ese semblante inusual, revisó rápidamente su estado.

—Conde, ¿se encuentra bien?

—¿Eh? Ah, sí... bueno, eh, de todos modos... lo que quería decir es...

Antes de que de esos labios saliera de nuevo una suposición peligrosa, debía cambiar de tema como fuera. Sin embargo, a diferencia de su corazón impaciente, la cabeza de Castiel estaba vacía y no podía pensar en nada.

En ese instante, Declan volvió a hablar. Parecía tener un toque de picardía, como si intentara relajar el ambiente rígido.

—Yo era el que estaba hablando, conde, no usted. Quería hablarle sobre los nuevos aspectos del conde que descubrí esta vez.

Además, parecía que la charla aún no terminaba.

«¡No, tengo que cerrar esa boca rápido...!»

Ya no había tiempo para buscar otros métodos. Si la ventana de advertencia decía que la restricción verbal estaba prohibida, pero no mencionaba que la restricción física fuera una acción prohibida... al final, solo quedaba un método. Sumando el último deseo a su instinto de supervivencia, Castiel movió su cuerpo apresuradamente.

—Especialmente su apariencia al tratar al Sumo Sacerdote fue extr- ¡Mmm!

Castiel estiró la parte superior de su cuerpo sobre la mesa y, tal cual, cubrió los labios de Declan con los suyos. Fue un acto sin pizca de romance, no muy diferente a tapar la boca de una botella con un tapón de corcho. Castiel se disculpó profundamente en su corazón con Declan, quien sufrió este absurdo ultraje.

«Lo siento, sacerdote. Como puede que sea la última vez, satisface mi deseo personal.»

Afortunadamente, esta vez no apareció ninguna ventana de advertencia. Ridículamente, parecía que el acto de cerrar la boca con fuerza física realmente no aplicaba ninguna penalización. Castiel separó sus labios y retiró su cuerpo rápidamente.

Como no murió, lo siguiente era solucionar este accidente.

¿Pero cómo? No, antes de solucionar nada, si Declan soltaba de repente otra palabra sospechando de él, se acababa todo.

...Qué va, pensándolo un poco más, incluso esa suposición era un lujo. Después de cometer semejante locura, lo primero sería que esta relación terminara.

Después de haberlo hecho, todo tipo de pensamientos se enredaron y agitaron su cabeza. Aun así, cuando Castiel estaba a punto de hacer temblar sus labios pensando que debía disculparse sí o sí.

Declan se levantó de su asiento y se paró frente a Castiel. En el momento en que su cuerpo, que siempre se veía imponente, se acercó como si se volcara sobre él, Castiel cerró los ojos con fuerza por reflejo. Incluso apretó los dientes inconscientemente pensando que recibiría un golpe.

Sin embargo, lo que volvió, no, lo que regresó fueron los labios de Declan. Ante esto, los ojos de Castiel se abrieron de par en par, sorprendido como si fuera a desmayarse.

En el espacio donde sus labios se separaron ligeramente, Castiel bajó la mirada inconscientemente y observó los labios de Declan que acababan de chocar contra él. Esos labios de buena forma parecieron abrirse un poco y, esta vez, mordieron su labio inferior sin lastimarlo.

Antes de que pudiera comprender qué estaba pasando, la mente de Castiel se detuvo por completo. Fue porque su labio inferior, atrapado entre los labios de Declan, fue succionado directamente. En ese momento, una sensación extraña recorrió su cuerpo desde la punta de los pies, haciéndolo estremecer.

—Mmm...

Ante esa sensación desconocida, Castiel dejó escapar un sonido que estaba a medio camino entre la admiración y un gemido. Aprovechando que sus labios se abrieron aún más, la punta de la lengua de Declan se adentró como si hubiera estado esperando el momento. Al mismo tiempo, su gran mano envolvió la mejilla y la oreja de Castiel a la vez. Sus yemas, ligeramente ásperas, comenzaron a acariciar el contorno del pabellón auditivo.

La lengua caliente que invadió la pequeña boca de Castiel recorrió ligeramente el interior como si estuviera explorando, para luego enredarse con la suya. Se movía lentamente, cambiando de posición y frotando cada rincón; desde el frenillo y la raíz de la lengua hasta el paladar, no hubo lugar que su lengua no tocara. Con cada estímulo, los hombros de Castiel temblaban sutilmente. Entonces, la mano de Declan que jugueteaba con su oreja bajó directamente para sujetar su hombro con suavidad.

El tacto de sus manos, acariciando el hueso del hombro con movimientos circulares, era sumamente cariñoso. De repente, Castiel se dio cuenta de que ya no necesitaba preguntarse la razón de este beso repentino. Fue gracias a que los sentimientos de él le llegaron con total claridad.

—Ha...

Un suspiro húmedo, que no parecía propio, se escapó por la rendija entre sus labios separados. Incluso sin verse, podía sentir que todo su cuerpo estaba tan caliente como si estuviera ardiendo, lo suficiente para saber que estaba sonrojado. Parece que la situación de Declan era similar, ya que desabrochó con una mano el botón del cuello de su ropa que subía hasta el tope. Para ayudarlo, Castiel dio un paso atrás, pero Declan lo siguió para volver a unir sus labios.

Era imposible que le disgustara ese comportamiento que denotaba impaciencia. Castiel, con los labios aún pegados a los de Declan, soltó una pequeña risa. Entonces, Declan, que también elevó las comisuras de sus labios, habló después de mucho tiempo.

—¿Por qué se ríe?

Su voz, más ronca de lo habitual, demostraba que sus palabras no eran un reproche, sino una expresión de timidez. Por eso, Castiel no tuvo más remedio que reír de nuevo. Entonces, esta vez, en lugar de palabras, los labios de Declan tocaron los suyos repetidamente con cortos besos antes de separarse. El sonido de los besos resonó suavemente en la habitación.

Declan tomó la muñeca de Castiel por hábito, pero tras dudar un momento, entrelazó sus dedos con los de él. Luego, lo hizo sentar sobre la cama y él se sentó a su lado. Hecho esto, como si no pudiera reprimir la vergüenza que brotaba desde lo más profundo, evitó ligeramente la mirada de Castiel y comenzó a hablar con los ojos fijos en la pared de enfrente.

—Ya que después de mi corazón ahora se ha llevado también mi cuerpo, debe hacerse responsable.

Ante la torpe confesión de Declan, las mejillas de Castiel se elevaron formando una curva. Presionando su rostro, aún caliente, con el dorso de la mano, miró a la persona a su lado. Y preguntó susurrando, como si hablara consigo mismo.

—Esas palabras... ¿significan que ahora el sacerdote es mío?

—Sí. Aunque no quiera, no hay nada que hacer.

—Qué... Me gusta tanto que no sé qué hacer...

Como las palabras de Declan, cargadas de alegría, lo hicieron tan feliz, Castiel terminó soltando lo que estaba pensando para sus adentros. Entonces, la mano de Declan envolvió su hombro. Declan besó brevemente el cabello de Castiel y luego propuso una nueva idea.

—A mí me pasa lo mismo. Entonces, ¿seguimos besándonos por ahora?

—Eh... sí.

Aunque se sorprendió por la inesperada propuesta, no tenía ninguna intención de rechazarla. Porque el beso de hace un momento, el primero que habían tenido, fue tan bueno que quería conservar ese recuerdo sin perder ni un segundo.

Parece que la aceptación inmediata de Castiel le agradó, ya que Declan soltó una risa baja. Entonces, esta vez, llevó sus labios hacia el cuello y sugirió otra perspectiva.

—O... ¿Qué tal si hacemos algo un poco más adulto?

En el momento en que escuchó eso, quiso asentir de inmediato, pero Castiel reprimió su deseo y eligió mostrar un lado más maduro.

—Aunque hace mucho que soy adulto... creo que ahora no se va a poder.

—¿Por qué?

—Dijo que tenía que irse mañana temprano. Entonces debe descansar aunque sea un poco.

Ante las palabras de Castiel, una clara decepción se extendió por el rostro de Declan. Por desgracia, el suspiro que exhaló rozó el oído de Castiel, haciendo que su cuerpo temblara involuntariamente. Entonces, como si quisiera transmitir sus disculpas, la mano de Declan que rodeaba su hombro bajó lentamente acariciando su brazo.

—Es verdad. Entonces quedémonos así un poco más. Porque aunque me fuera a dormir ahora mismo, dudo que pueda conciliar un sueño placentero.

Mientras hablaba, señaló con la barbilla, casi imperceptiblemente, hacia su propio muslo izquierdo. Castiel siguió esa mirada inconscientemente y no pudo evitar abrir los ojos de par en par.

En el lugar que Declan señalaba, había algo que cualquier hombre reconocería sin duda, sobresaliendo con una forma muy clara y abultada. Casi al mismo tiempo, una frase llena de asombro escapó débilmente de la boca de Castiel.

—¿Cómo...?

¿Cómo es de ese tamaño? ¿Cómo, cómo hace con eso….? ¿Qué va a pasar de ahora en adelante? Era una palabra que concentraba toda su agitación mental. Sin saber si comprendía o no sus sentimientos, “eso” parecía hincharse aún más que antes.

«¿Más que eso...? No puede ser, debe ser una ilusión óptica.»

Declan le confirmó la realidad al confundido Castiel.

—Si sigue mirando, creo que se pondrá... más así.

No era una ilusión óptica.

—¡¿Qué?! ¡Entonces desviaré la mirada!

Después de mover la vista apresuradamente, Castiel estiró sus brazos rígidos para alcanzar una almohada. Y, abrazándola disimuladamente, cubrió lo suyo de forma natural. ...Fue porque pensó que era mejor asimilar y ocultar ese hecho solo, en lugar de herir su orgullo frente al otro.

Declan, quien comprendió perfectamente el significado de esa acción, bajó la cabeza y soltó una risita. En ese instante, Castiel, incapaz de contener un repentino arranque de indignación, estuvo a punto de lanzarle la almohada que abrazaba. Pero en un abrir y cerrar de ojos, Declan le arrebató la almohada, la lanzó hacia atrás sin cuidado y dijo.

—¿No sería mejor abrazarme a mí en lugar de a eso?

Era una frase sumamente descarada viniendo de alguien que se rió sabiendo el propósito del cojín, pero a Castiel no le desagradó esa faceta de Declan.

Al contrario, le gustó más. Le agradó que hubiera desaparecido su imagen de hace un momento, sumida en la impotencia, y también le gustó que mostrara una fuerte confianza en su relación con Castiel. Por eso, Castiel no pudo evitar sonreír de oreja a oreja y abrazó el torso de Declan, sentado a su lado. Con la oreja pegada a su pecho, Castiel murmuró como para sí mismo.

—Pensé que recibiría un golpe, pero pensar que me esperaba este giro de acontecimientos.

Cuando Declan soltó una risa baja al lograr escuchar eso, la vibración llegó íntegramente al oído de Castiel. Como eso le gustó tanto que se sintió como algo nuevo, Castiel aplicó más fuerza en los brazos con los que lo abrazaba. Entonces Declan volvió a reír haciendo vibrar su pecho como antes. Una voz baja lo siguió.

—Yo también... pensaba que eran sentimientos que no experimentaría. Además de ser una persona demasiado valiosa para mí, me parecía que el conde solo me veía como un amigo.

Ante esas palabras, Castiel levantó la cabeza para encontrarse con la mirada de Declan. Y, con una expresión un poco aturdida, corrigió su malentendido.

—Lo de valioso no lo entiendo para nada. Lo de amigo... fue porque quería mantener mi vínculo con el sacerdote aunque fuera así, por eso empaqué mis sentimientos con mucho esfuerzo. ¿Realmente no sabía que me gustaba, sacerdote?

—No lo sabía. A veces, sin darme cuenta, dejaba escapar mis sentimientos, pero usted fingía no darse cuenta cada vez.

—No es que fingiera, es que realmente no lo sa... eh, oiga, ¿por qué escuchándolo así parece que me está guardando rencor?

Al reprocharle con ojos afilados, lo que recibió a cambio fue un beso que descendió sobre su frente. Ante ese contacto lleno de afecto, sus ojos se redondearon enseguida; Castiel, encontrando ridícula su propia reacción, soltó una risa entrecortada. Declan jugueteó con la mejilla redondeada de Castiel y negó sus palabras con retraso.

—¿Cómo me atrevería a guardar rencor al conde? Si no me hubiera besado primero hace un momento, yo no habría podido expresar mis sentimientos hasta el final.

En cuanto mencionó lo de haberle estampado los labios de repente, el rostro de Castiel se congeló en un instante. Fue porque recién entonces se dio cuenta de que, embriagado por el afecto confirmado de su pareja, había pasado por alto el peligro en el que se encontraba.

—¿Conde?

Era imposible que Declan no notara el cambio repentino en Castiel, quien se quedó rígido. Separó el cuerpo de Castiel de sí mismo para mirarlo de frente y revisó su estado con mirada preocupada.

—¿Qué sucede? ¿Hay algún lugar donde se sienta incómodo...?

—Ah, no... no es eso... es, es solo que esta situación parece un sueño...

La mirada de Declan cambió por completo inmediatamente después de escuchar la respuesta vacilante de Castiel. En lugar de una profunda preocupación, el sentimiento que cubría sus ojos color lago era únicamente afecto hacia el otro.

—A mí me pasa lo mismo.

—Jaja... ¿al sacerdote también?

—Sí. Así que tendré que comprobarlo.

Cuando mencionó lo de comprobarlo, la cabeza de Declan ya estaba inclinada. Tras levantar con una mano el mentón de Castiel con delicadeza, Declan cubrió los labios de Castiel con los suyos. Esta vez, fue un beso que desde el principio fue más que profundo, tan intenso que provocó escalofríos en todo su cuerpo. Castiel cerró los ojos y rodeó el cuello de Declan con ambas manos que no sabían dónde ponerse. Naturalmente, los cuerpos de ambos se pegaron estrechamente.

En este momento, tanto la ansiedad como la preocupación abandonaron la mente de Castiel. Como le gustaba ese deseo explícito que revolvía todo su interior como si lamiera algo muy dulce, simplemente no podía pensar en otra cosa.

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

Al amanecer del día siguiente, Declan, que despertó en la cama de Castiel, se levantó con cuidado para no despertar a su amante que dormía a su lado. Como Castiel siempre dormía profundamente envuelto en mantas, pensó que seguramente no sentiría su presencia.

—¿Ya... se va?

Sin embargo, a diferencia de lo que Declan esperaba, Castiel pataleó un par de veces dentro de las mantas y pronto sacó la cara de allí. Sus mejillas ligeramente calientes y sus labios hinchados por las secuelas de los besos de anoche eran tan lindos que Declan terminó abrazándolo junto con el bulto de las mantas.

—No quiero irme.

—Uf, yo tampoco quiero que se vaya...

Luego, al posar sus labios sobre la mejilla tibia, los ojos de Castiel, que aún conservaban el rastro del sueño, se curvaron suavemente. Pronto salió completamente de las mantas y se paró frente a la cama.

—Ahora que lo veo, la ropa del sacerdote está muy arrugada. ¿No puede irse mañana usando eso como excusa?

—Lamentablemente, ese motivo no es válido. Además, me gusta que la ropa esté así. Es el rastro de cómo el conde me sujetó con fuerza mientras nos besábamos.

—Desde temprano… tus palabras realmente se ajustan a las vestiduras sacerdotales…

Castiel, sintiéndose avergonzado, señaló las palabras de Declan con sarcasmo mientras se dirigía al armario. Cuando sacó una túnica y se la puso, Declan expresó su duda.

—¿Para qué la túnica?

—Pienso acompañarlo hasta donde alquilan los carruajes. Ilma dijo que lo llevaría hasta allí, ¿verdad?

—Puedo ir solo, no hay problema. Duerma más.

—¿Por qué no empieza a ser sincero? Usted quiere quedarse conmigo aunque sea un poco más de tiempo.

Declan no pudo rebatir lo que Castiel dijo con una sonrisa burlona. Así que, simplemente, se ajustó con más cuidado la túnica que Castiel le había puesto holgadamente.

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

Dentro del carruaje, Castiel compartió sus planes con voz pausada.

—Dijo que iba a consolidar su posición en el templo, sacerdote. Pienso ayudar activamente con eso.

—¿De qué manera?

—Por ahora, planeo obtener una audiencia con Su Majestad el Emperador para causar una buena impresión.

—Entonces, lo de ayer de alabar al sacerdote Somerville...

Castiel había enfatizado deliberadamente el mérito de Somerville respecto a la curación de la enfermedad del Emperador.

【—Aun así, creo que la elección del Sumo Sacerdote es, en mi opinión, lo que más aplausos merece en este asunto. ...Si tuviera la oportunidad de una audiencia, me gustaría decírselo personalmente. 】

Cada una de esas palabras le habían resultado bastante extrañas, pero Declan recién ahora parecía comprender su intención.

—Sí, exacto. Alguien del nivel del Sumo Sacerdote es quien puede obtener una audiencia con Su Majestad. Como el sacerdote Somerville tiene ambición de poder, seguramente me llamará para intentar relucir su propio mérito ante el Emperador.

—¿Cuándo llegó a pensar en todo eso?

—Desde el momento en que me di cuenta de que usted intentó cargar con la responsabilidad del resultado de la cirugía en mi lugar.

Castiel rió con timidez junto a su respuesta. De repente, ante una punzada de ansiedad, añadió una excusa rápidamente. Necesitaba adelantarse antes de que Declan volviera a cuestionarlo.

—Como usted mismo vio a mi lado, al enfrentarme a la banda de Shawer, abrí los ojos a una nueva forma de gestionar las relaciones interpersonales, ¿sabe? Por eso creo que mi cabeza funciona mejor que antes.

—...Tiene sentido lo que dice.

—¿Verdad?

—Sí. Entonces, volvamos al tema original. ¿Se refiere a que vendrá a la capital cuando el Sumo Sacerdote lo llame, conde?

Afortunadamente, Declan parecía creer las palabras de Castiel al pie de la letra. Sintiéndose aliviado por dentro, Castiel asintió levemente.

—No tardará mucho. Incluso después de que Su Majestad despierte por completo, necesitará un período de recuperación. Mmm... Calculo que me llamarán en unas dos o tres semanas.

—Dicho de otro modo, significa que durante ese tiempo tendré que aguantar estar separado de usted sin remedio. Justo ahora que nuestros corazones se han conectado.

Declan, expresando su melancolía, apretó con fuerza la mano de Castiel, la cual sostenía desde que subieron al carruaje. Entonces, Castiel acarició suavemente el dorso de la mano ajena con su pulgar.

—A mí me parece muy bien ahora. Si lo de ayer no hubiera pasado, habría inventado todo tipo de excusas para ir a verlo, sacerdote... Pero incluso si fuera al templo, no podría abrirme paso entre tantos fieles, así que habría regresado tras confirmar su rostro desde lejos. Lamentándome por mi amor no correspondido. Esto es mucho mejor que aquello.

—Al verlo hablar sin trabas, veo que es algo que ya se había imaginado.

Ante el señalamiento acertado, Castiel soltó una risa vana.

—¿A usted no le pasaba, sacerdote? Como a mí me gusta alguien, mis imaginaciones aumentaban.

—A mí también me aumentaron las imaginaciones, pero creo que el matiz es un poco diferente al suyo, conde.

—¿Qué se imaginaba entonces?

El amanecer apenas comenzaba a filtrarse por la ventana del carruaje. Mirando hacia abajo el rostro transparente que conservaba un tono rojizo, Declan mostró una sonrisa pícara en sus labios.

—Varias cosas... de adultos.

Tan pronto como terminó de hablar, Declan besó una de las mejillas de Castiel de forma que se escuchó el sonido. Acto seguido, atrapó los labios de la otra parte, quien lo miraba con rostro sorprendido. El beso de alta intensidad que comenzó así continuó hasta que llegaron al puesto de alquiler de carruajes.

—Conde, tiene los labios muy hinchados.

—¿Sabe que usted está igual, sacerdote...?

Castiel se indignó de inmediato ante las palabras burlonas. Sin embargo, lo que recibió de vuelta por parte de Declan fue un deseo inesperado.

—Lo sé. Desearía que no se deshincharan hasta que llegue a Beskia.

—¿Qué... qué cosas dice? No hace falta que se sienta tan melancólico. Nos veremos pronto.

A pesar de tener el rostro teñido de rojo por la vergüenza, las palabras de Castiel estaban llenas de certeza sobre el reencuentro cercano. Por ello, Declan tampoco vaciló más y pudo bajar del carruaje de la familia del conde con paso ligero.

—Que esté bien, nos vemos pronto.

—Sí. Estaré esperando.

Al intercambiar los últimos saludos, ambos soltaron una risita sin que nadie empezara primero. Tras cerrar la puerta del carruaje, Declan se dirigió al asiento del cochero en la parte delantera.

—Gracias, ama de llaves.

—Gracias a usted, sacerdote. Gracias a usted nuestro señor se ha vuelto mucho más alegre, así que para mí, usted es un verdadero salvador. Por favor, cuide bien su salud. Anhelo el día en que nos volvamos a ver.

—Yo también esperaré ese día. Que la bendición de Dios esté con usted.

Tras despedirse de Ilma, Declan caminó hacia el puesto de alquiler para tomar el carruaje que lo llevaría a Beskia. Justo antes de abrir la puerta, miró hacia atrás por última vez y vio a Castiel agitando la mano con entusiasmo desde el interior del carruaje. Al ver cómo se esforzaba por actuar de forma aún más alegre para ocultar la tristeza de la despedida, Declan no tuvo más remedio que agitar la mano también, siguiendo su ritmo.

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Consiguió un carruaje pronto. El interior donde se sentó solo era sumamente estrecho comparado con el de la familia del conde, pero no le importó en lo más mínimo. Declan se cruzó de brazos y, con los ojos cerrados, sacó a relucir los pensamientos que había pospuesto. Se trataba de las situaciones en las que Castiel se había visto especialmente ansioso ayer y hoy.

«¿Por qué teme tanto que diga que parece otra persona?»

Solo pretendía usar una expresión modista. Era simplemente eso, pero cuando Castiel sentía que esas palabras estaban por salir, lo detenía o cambiaba de tema.

Bueno, aunque que lo detuviera con sus labios fue algo que realmente agradeció.

Jamás imaginó que esos labios blandos se abalanzarían sobre él. En la mente de Declan, siempre era él quien robaba primero los labios de Castiel. Por lo tanto, cuando en la realidad Castiel lo besó primero, aunque fuera con la intención de detener sus palabras, a Declan no le importó en aquel momento. Simplemente se sintió conmovido por el hecho de que ese instante fuera real.

Cuando volvió a besarlo como pidiendo permiso y mordió su labio inferior qué adorable era su mejilla temblando ligeramente. Al final, terminó codiciando el interior de su boca antes que las palabras de amor. Fue sin poder ocultar ni un poco la impaciencia y la excitación.

Al meditar lo ocurrido ayer, su parte inferior volvió a ponerse rígida hasta el punto de la incomodidad. Tras comprobar su propio estado y soltar una risa amarga, Declan arrastró de nuevo a la fuerza los pensamientos que tenía hasta hace un momento.

Castiel se siente incómodo tanto hablando de su cambio de personalidad como escuchándolo. Si es así, solo había una actitud que Declan debía tomar ante él.

No volver a mencionar tales palabras. Además, cuando otros intentaran señalar su cambio, lo correcto sería que él mismo interviniera para cambiar de tema. En cuanto a la elocuencia, había recibido elogios hasta el hartazgo, así que tenía suficiente confianza en ello también.

Sin embargo, lo único que le inquietaba era el motivo. Declan no tenía ni la más mínima pista de cuál era la razón por la que Castiel estaba tan ansioso.

Tras reflexionar, Declan decidió dejar esa curiosidad de lado por un momento. Porque ahora podía esperar que algún día Castiel fuera el primero en confiarle el motivo. Después de todo, ahora era su pareja.

«El cambio no solo le llegó a nuestro conde. Yo también...»

En efecto, así era. Si hubiera sido el Declan de hace unos meses, se habría aferrado solo al “deber” de investigar a Castiel, e incluso su ansiedad habría sido objeto de sospecha. Pero ahora... incluso si Castiel guardaba un secreto, estaba plenamente dispuesto a protegerlo adelantándose a los demás.

Sintió que Castiel, quien lo había cambiado así, era realmente increíble. Incluso, ¿no había decidido Declan volver a prestar atención a su posición dentro del templo, la cual había ignorado deliberadamente, sólo por él?

Moviendo el dedo índice apoyado en el estrecho marco de la ventana, Declan comenzó a evaluar las fuerzas del templo.

«Bajo el Sumo Sacerdote Somerville hay doce Grandes Sacerdotes, incluyéndome a mí. De ellos, los sacerdotes que claramente no son gente de Somerville somos yo, Kelluger y Martin. Somos tres.»

Siete de los otros nueve eran subordinados directos de Somerville, pero las otras dos personas tenían una posición ambigua. Como no hacía mucho que habían llegado al templo de Beskia, por ahora estaban en una situación en la que se esforzaban por caerle bien al Sumo Sacerdote. Por supuesto, como no sabía cómo se habían reestructurado las relaciones mientras él estuvo fuera, era necesario volver a confirmarlo.

Somerville, quien era calculador en todo, ni siquiera dirigía la palabra a quien no le fuera útil. Para los sacerdotes que estaban ansiosos por esa actitud, Declan sería más bien una excelente carnada. Tras persuadirlos y captarlos bien, iría tomando a los subordinados de Somerville uno por uno...

—Si los acepto en mi bando o si los elimino. Eso lo sabré observando más.

El tiempo que quedaba hasta volver a ver a Castiel era de dos o tres semanas. Hasta entonces, Declan quería identificar a las personas que podrían estar de su lado hasta cierto punto. Quería mostrarle su potencial.

Si hubiera tenido poder divino, todo habría sido mucho más fácil. Ante el pensamiento repentino, Declan rió con amargura. Como albergaba tal ambición, le siguió el autodesprecio de que definitivamente nunca recuperaría dicho poder.

La mano que miró inconscientemente seguía en calma.

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

Castiel, quien regresó a la mansión del conde, aceptó los saludos de los sirvientes de forma general y subió de un tirón al dormitorio. Y en cuanto entró en la habitación, se quitó la túnica de un tirón y se metió rápidamente bajo las mantas. Lo que hizo a continuación fue patalear, incapaz de contener la emoción y la vergüenza que lo invadía.

—¡Locura, qué locura...! ¡Que le gusto, ¿en serio?! ¿Cómo es eso posible? ¡¿Acaso tiene sentido?! ¡No era un amor no correspondido...!

Realmente no sabía que un beso impulsivo terminaría con su amor no correspondido de un solo golpe. Y de una forma muy buena, además. Al recordar a Declan, quien desde que confirmaron sus sentimientos aprovechaba cualquier oportunidad para molestar sus labios y otros lugares con los suyos, Castiel se sonrojó en silencio.

Tener una relación, y encima con un hombre. Cuanto más lo meditaba, más increíble le parecía, pero como para indicarle que todo era realidad, el aroma de él permanecía intensamente en la cama. Tras hundir su rostro lleno de felicidad en las mantas y luego separarlo, Castiel de repente hizo brillar sus ojos hacia el aire.

—Señor Sistema, salga ahora mismo. Tenemos algo de qué hablar.

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Hable, por favor.

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Afortunadamente, la ventana del sistema apareció frente a sus ojos sin demora. Al mismo tiempo, Castiel puso una cara triste como para que la ventana del sistema la viera. Y susurró con un tono de llanto.

—Usted sabe que ayer casi muero, ¿verdad? Si existía una penalización tan aterradora, ¿no debería haberme avisado con antelación?

A pesar de aparecer tan pronto como lo llamó, el sistema de repente no mostró ningún mensaje. Interpretando esa reacción como que “el sistema también se siente culpable”, Castiel terminó de recitar las frases que había planeado en su cabeza. Una voz aún más melancólica fluyó sin trabas entre sus labios hinchados.

—Imagínese. ¿Qué habría pasado si, en un estado en el que yo no entendiera bien esa ventana de advertencia, el sacerdote volviera a recitar palabras sospechando de mi identidad? Yo habría intentado detener sus palabras de nuevo. Y entonces... Mi segunda vida, por la que tanto me esforcé en aguantar, habría terminado así.

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Le pido disculpas por no habérselo informado de antemano.

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«...Ja, ¿acaso crees que te llamé queriendo una disculpa hecha solo de letras?.»

Castiel se mordió el labio inferior deliberadamente y luego expresó su opinión con una voz mucho más firme.

—No, esto no se acaba con una disculpa. Incluso ahora mi corazón palpita con solo pensar en lo de ayer. Además, como no me lo dijo de antemano, desperdicié una de mis dos oportunidades de forma vana. Admite eso también, ¿verdad?

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Lamento que el sistema de notificaciones no haya funcionado correctamente, y tomaré medidas para que el mismo problema no vuelva a ocurrir en el futuro.

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Era una repetición de palabras vacías. Castiel mostró una sonrisa torcida en sus labios y agitó el dedo índice hacia el aire.

—Todavía no ha comprendido bien mi situación. Mi vida se volvió muy, muy precaria por ese único error. Por lo tanto, por principio, debe compensarse por esta parte.

Tal vez desconcertado por la demanda de compensación de Castiel, el sistema no mostró ninguna frase en la ventana durante un rato. Solo después de que pasó un minuto aproximadamente, las letras volvieron a aparecer una por una.

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Entendido. Si hay una compensación que desea, por favor dígala.

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Castiel aplicó mucha fuerza en sus labios que querían contraerse por la risa y, tras relajarla, demandó con orgullo.

—Obviamente, devolverme la cantidad de veces a dos.

Entonces, la respuesta del sistema que llegó de inmediato fue sumamente fría.

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Las oportunidades ya perdidas no se recuperan.

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—No puede ser... ¿Cómo puede ser así? Realmente no tiene sentido.

Ante esto, incluso se le saltaron las lágrimas como si no pudiera creerlo, pero en realidad Castiel tampoco estaba en una situación que no hubiera previsto en absoluto. Porque si la recuperación fuera posible, cuando Castiel reclamó hace un momento, el sistema no habría preguntado por el contenido de la compensación deseada, sino que habría sacado el tema de la recuperación de inmediato.

«En su lugar, puedo pedir otra cosa. Tal vez esto sea incluso mejor.»

A diferencia de su mente, que ya había terminado de hacer cálculos, Castiel hizo temblar sus párpados como si estuviera indignado y se quedó mirando al vacío durante un buen rato. Luego, como si finalmente se le hubiera ocurrido algo, abrió la boca lentamente.

—Entonces... elimine los obstáculos que amenazan mi vida actual. Como eso no tiene que ver con la misión, creo que debería ser posible.

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Por favor, mencione los detalles específicos.

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—Me refiero a que elimine mis síntomas de pánico. La hiperventilación que aparece cuando hay mucha gente o cuando me hundo profundamente en recuerdos del pasado. Quiero que solucione eso. Dado que mi vida estuvo en la cuerda floja por un error del sistema, es justo que haga al menos esto.

A pesar de la ferviente súplica de Castiel, el sistema no respondió durante mucho tiempo. Tras un enfrentamiento que duró más de cinco minutos, finalmente, la frase que Castiel esperaba apareció frente a sus ojos.

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La compensación ha sido completada.

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—...Listo.

Los síntomas de pánico que habían cargado a Castiel desde la posesión finalmente desaparecieron. Al imaginar su imagen encontrándose con personas y caminando por las calles con naturalidad como en su vida anterior, un fuerte entusiasmo brotó desde lo más profundo de su corazón.

«...Aun así, no puedo mostrar un cambio radical de golpe.»

Especialmente debía tener cuidado frente a Declan. Él era quien conocía sus síntomas de pánico mejor que nadie. Además, ¿acaso Declan no había expresado dudas sobre su cambio apenas ayer? Por lo tanto, lo correcto era mostrarle esta transformación de forma muy lenta, poco a poco.

—Pensaré en los detalles más tarde, por ahora, hagamos lo que me toca.

Castiel murmuró su propósito en voz alta y se dio palmaditas en ambas mejillas sin lastimarse. La pereza es un lujo. Hasta que se reencontrara con Declan, debía pasar cada día con diligencia y dejar todo preparado.

Además, sentía que solo así pensaría menos en Declan.

Lo primero que comenzó fue el ejercicio matutino. Esforzándose por no ser consciente del hecho de que ya no existía esa mirada que lo observaba con curiosidad a través de la ventana, Castiel realizó desde entrenamiento corporal hasta posturas de yoga sin saltarse ni una sola, como de costumbre.

Incluso al asearse y desayunar después del ejercicio, la realidad de estar solo le resultaba igual de extraña. Sin embargo, continuó con su rutina con firmeza. Pensando a la fuerza que, hasta hace unos meses, siempre había estado solo sin Declan, así que no había nada de qué asombrarse.

Castiel se dirigió al despacho, se sentó frente al escritorio y revisó minuciosamente el trabajo administrativo que se había acumulado. La mayoría eran informes comunes relacionados con el territorio, pero hubo una noticia que hizo que los ojos de Castiel se abrieran de par en par.

Se trataba de que el Sumo Sacerdote del templo de Leutiple, Philus, no solo había sido destituido, sino que incluso había sido arrestado. Los motivos eran malversación, fraude, recepción de sobornos y problemas en su vida privada, entre otros.

—Esa basura de persona finalmente recibió su castigo... ¡Cielos, qué noticia tan alegre...!

Con una sonrisa de oreja a oreja, Castiel tomó la campanilla del escritorio y la agitó. Ilma apareció poco después tras llamar a la puerta.

—¿Me buscaba, señor?

—Ilma, ¿se enteró de la noticia? Dicen que ese hombre, Philus, fue arrestado.

—Ah, sí. Lo escuché. Realmente... hizo de todo. Me sorprendió mucho saber que recibió sobornos de Shawer durante mucho tiempo...

—Pensándolo bien ahora, son tal para cual. Entonces, ¿quién vendrá al lugar que dejó Philus? ¿Escuchó algo sobre eso?

Ilma leyó la intención en la pregunta de Castiel y sonrió levemente. Luego, le contó todo lo que sabía.

—Tengo entendido que aún no se ha decidido nada. Probablemente el puesto esté vacante hasta que el templo de Beskia nombre y envíe a un nuevo Sumo Sacerdote. Por ahora, otro Gran Sacerdote se está encargando temporalmente de administrar el templo de Leutiple.

—Ajá... el templo de Beskia es quien decide.

—Sí. Porque ese es el templo de mayor rango que supervisa todos los templos del Imperio.

Mientras asentía lentamente ante la explicación de Ilma, Castiel de repente imaginó la escena de Declan ocupando ese lugar y elevó las comisuras de sus labios con alegría. Ilma, al descubrir esa sonrisa, carraspeó para contener la risa.

—Ejem, le informaré sobre las noticias relacionadas con el templo en cuanto me entere.

—Ah... sí, sí. Gracias.

Castiel borró rápidamente el rastro de risa de su rostro y mencionó el verdadero motivo por el que la había llamado.

—Me gustaría conseguir los periódicos de la capital de hace un año, ¿sería posible pedirlos prestados en la biblioteca?

—Por supuesto. Es una orden del conde, así que claro que es posible. Enviaré a un sirviente de inmediato. Le diré que los traiga en un carruaje de carga.

—Qué bueno que sea posible. Se lo encargo.

—Sí, señor.

Ilma hizo una reverencia cortés y se dirigió de inmediato a la puerta del despacho para cumplir la orden. Pero justo antes de salir, echó un vistazo a la habitación.

—Como el sacerdote no está, el despacho se siente vacío. Me retiro entonces.

Después de que Ilma abandonara el despacho, Castiel murmuró la respuesta en voz baja solo cuando se quedó solo.

—No solo el despacho, parece que es toda la mansión...

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

Después de almorzar, el lugar al que se dirigió Castiel fue el invernadero. Allí lo esperaban los chiles que ya habían madurado por completo.

Castiel se puso los guantes que había preparado y fue cosechando los chiles uno por uno. Los chiles recolectados iban a parar dentro de la cesta de madera que llevaba en un brazo. Mientras arrancaba los frutos uno tras otro, repasaba paso a paso su siguiente plan en su cabeza.

«Después de secar bien los chiles al sol, tengo que molerlos para hacer polvo... Como no hay máquinas, ¿picar con un cuchillo será lo mejor? Después tendré que conseguir algo parecido al repollo y ponerlo en sal...»

Como conocía la forma de hacer kimchi de manera muy general, sentía un poco de miedo. Le asaltó el temor tardío de qué pasaría si convertía estos chiles cultivados con tanto esfuerzo en desperdicios de comida en un instante.

—No, aun así tengo que intentarlo. Con que tenga un sabor similar será suficiente...

Mientras se daba ánimos a sí mismo, Castiel terminó la cosecha de los chiles. Tras extender los chiles en el rincón más soleado del invernadero, se quitó los guantes y revisó una por una las demás hierbas medicinales.

Agradeciendo que últimamente no hubiera muchos pacientes, Castiel decidió que debía fabricar muchas medicinas para que Ilma u otros trabajadores pudieran realizar al menos curaciones básicas incluso si él se ausentaba del Condado de Avon por mucho tiempo. Además, planeó que la próxima vez que fuera a la capital, debía pasar sin falta por una tienda de hierbas medicinales.

Tras terminar el trabajo en el invernadero, Castiel caminó hacia el anexo en lugar de regresar directamente a la mansión principal. Después de revisar minuciosamente una vez más el inventario de hierbas y el estado de los instrumentos quirúrgicos, vio que el sol comenzaba a descender lentamente.

—...¿Estará yendo bien? Pensándolo bien, es un poco injusto. Separarnos apenas empezamos a salir.

Por supuesto, el hecho de que Declan regresará a Beskia era algo previsto desde el principio, mientras que confirmar sus sentimientos mutuos fue algo que ocurrió por casualidad... Y, aunque fue él mismo quien dijo con una sonrisa que no había que estar tan melancólicos... aun así, ¿por qué sentía esta injusticia?

Apenas habían pasado unas pocas horas desde que se separaron. Por mucho que se esforzara en no pensar en ello, el rostro de Declan aparecía constantemente ante sus ojos. Finalmente, Castiel se rindió y admitió con humildad que decir que no hacía falta estar melancólicos porque se verían pronto era mentira, y que en realidad lo extrañaba muchísimo desde el momento en que el carruaje que lo transportaba desapareció.

—De haberlo sabido, ayer habría hecho algo más.

«Parece que no solo el amor no correspondido es difícil, sino que el amor a distancia también es considerablemente duro...» 

Pensaba Castiel, quien llevaba apenas unas horas en una relación a distancia.

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

El carruaje, que corrió sin descanso, finalmente llegó al templo de Beskia. Declan pagó generosamente la tarifa y entró por el pasaje privado para buscar directamente a Somerville.

—Sacerdote Declan, ha tardado más de lo que pensaba.

—Como no había carruajes que partieran después de medianoche, tomé el carruaje más temprano del día siguiente.

—Ah, ya veo. Cómo ha trabajado duro yendo y viniendo por un camino tan largo, lo dejaré descansar especialmente hasta hoy.

—Agradezco profundamente la consideración del sacerdote.

Durante este breve intercambio, e incluso hasta que Declan inclinó la cabeza para expresarle su gratitud por última vez, Somerville no apartó la mirada de los documentos que tenía en la mano ni por un instante. Declan, conteniendo una risa vana ante su habitual frialdad, se dio la vuelta para retirarse.

De repente, una pregunta de Somerville detuvo los pasos de Declan.

—Parecían estar bastante cercanos el conde de Avon y usted. ¿Realmente puedo confiar en el informe del sacerdote?

Al acercarse de nuevo a él, esta vez la mirada de Somerville lo observó directamente, como si quisiera atravesarlo. Declan lo miró de frente sin reparos y respondió con calma.

—Juro ante Dios que no hay contenido redactado de forma falsa.

—Eso significa que no va a negar que son cercanos.

—¿Cómo podría mentirle? El Sumo Sacerdote mismo vio personalmente cómo el conde confía en mí.

Cuando Declan admitió sin rodeos su cercanía con Castiel, un rastro de irritación cruzó el rostro de Somerville. Era evidente que no le gustaba el hecho de que Castiel, a quien deseaba tener de su lado, fuera cercano precisamente a Declan, quien no era de su gente. Declan contuvo una burla y añadió una mentira inexistente por el bien de Castiel.

—Sin embargo, me pareció que el conde confiaba más en el Sumo Sacerdote que en mí, con quien pasó varios meses.

—...¿Ah, sí?

Una mirada que pedía detalles más específicos lo siguió con insistencia. Declan pidió perdón a Dios internamente y continuó con la historia inexistente.

—Ayer, en el carruaje de regreso, lo mencionó sutilmente. Dijo que el haberme aceptado dócilmente cuando irrumpí sin previo aviso hace unos meses, también fue debido a su fe en el sacerdote.

—Ah, ¿entonces gracias a mí el sacerdote Declan también evitó que el conde le cerrara la puerta en la cara?

—Si no hubiera revelado que pertenezco al templo de Beskia, realmente me habrían echado.

Para entonces, una sonrisa marcada había aparecido en el rostro de Somerville. Dejó los documentos sobre el escritorio y se frotó las palmas de las manos de forma frívola.

—Cuanto más lo conozco... creo que si no fuera por sus problemas mentales, sería alguien que habría ganado fama hace tiempo. ...¿Qué le parece al sacerdote Declan? ¿Cree que el conde tiene ambición en ese sentido?

Esta pregunta en particular debía ser respondida con un pensamiento muy cauteloso. Si por un error hacía que Castiel pareciera alguien ambicioso, por el contrario, podría caer de la gracia de Somerville. Declan, tras una breve pausa, pronunció la mejor respuesta que pudo idear.

—Cómo no mostró señales de eso, es difícil darle una respuesta clara. Sin embargo, su deseo de ser cercano al Sumo Sacerdote parecía evidente.

—Ajá. Eso ciertamente no es ambición de poder, sino que se acerca más a un respeto puro. Buen trabajo, puede retirarse.

—Sí. Me retiro.

A juzgar por el hecho de que incluso le dijo que había hecho un “buen trabajo”, era evidente que su respuesta había puesto a Somerville de buen humor. Aliviado por esto, Declan pasó por el despacho y la sala de recepción, y se dirigió diligentemente hacia el edificio de dormitorios donde estaba su habitación.

—Sacerdote Declan.

En cuanto Declan alcanzó la entrada del pasillo, una voz baja lo llamó. Entre las hileras de habitaciones de los sacerdotes, el Gran Sacerdote Brandon estaba de pie, esperando claramente a que Declan terminara su audiencia privada con Somerville.

«¿Estará en peligro el puesto de mano derecha de Somerville? Se ve impaciente».

Para Declan, esto era más bien una buena noticia. Si lograba aprovechar la inestable posición de Brandon, podría recibir una ayuda decisiva para presionar a Somerville en el futuro. Tras un rápido cálculo mental, Declan le mostró una sonrisa.

—Ha pasado el tiempo, Sacerdote Brandon. ¿Cómo ha estado?

Brandon se desconcertó bastante ante la sonrisa de Declan, algo que veía por primera vez, pero se esforzó por no demostrarlo. Para cumplir de inmediato el propósito de su espera, lanzó una pregunta directa en lugar de responder al saludo.

—¿De qué habló con el Sumo Sacerdote para tardar tanto? Debería haber bastado con un saludo formal.

—Ah, quiere saber el contenido de la conversación. Le hablé sobre el Conde de Avon. El Sumo Sacerdote tenía curiosidad por él.

—... ¿Dijo que tenía curiosidad por esa persona?

—Sí.

Mientras continuaba la charla, Declan repasó sus recuerdos. El primer día que entró al Palacio Imperial para tratar al Emperador, Brandon no estaba entre los sacerdotes que salieron a recibirlos. Fue entonces cuando Declan comprendió que, por la razón que fuera, Brandon había perdido recientemente la confianza de Somerville.

Es una buena oportunidad. Tras juzgar eso, añadió con voz sugerente:

—Se mostró muy complacido al saber que entablé una amistad con el Conde. Parece que el Sumo Sacerdote también tiene una buena impresión de él. Hacía tiempo que no recibía un elogio.

—Ah... ejem, ¿es así?

Aunque su relación se hubiera enfriado, Brandon querría volver a su puesto de mano derecha. Era un hecho innegable que el poder actual residía en Somerville.

Por lo tanto, Declan no intentó separar a Somerville de Brandon. En su lugar, eligió dar la impresión de haber ganado la confianza del Sumo Sacerdote para que Brandon lo viera como un posible contacto o puente.

—Si surge la oportunidad, le presentaré al Conde, Sacerdote Brandon.

—¿De... de verdad podría hacerlo?

—No hay razón para no hacerlo. Es presentar a una buena persona a otra buena persona.

—Entonces... se lo encargo.

Ante la inesperada amabilidad de Declan, Brandon aceptó la propuesta de inmediato, aunque con una expresión algo confusa. En realidad, no tenía motivos para rechazarla; alguien le estaba ofreciendo una conexión valiosa por voluntad propia. Decidió no darle vueltas al hecho de que nunca antes habían tenido una conversación tan cordial.

—¿Puedo retirarme a mi habitación ahora? Siento que el cansancio del viaje me golpea de repente.

—Ah, claro. Descanse pronto.

Originalmente, las palabras que Brandon tenía preparadas no eran tan amables. Tenía la intención de reclamarle por lo difícil que fue cargar con su trabajo mientras Declan estaba fuera.

Pero tras intercambiar unas palabras, sintió que no era el momento de mostrarse hostil. Al contrario, era mejor llevarse bien. Brandon, satisfecho con su rápido cambio de actitud, sonrió hacia la espalda de Declan. Parecía que Declan Prowse, quien siempre irritaba a Somerville y lo cansaba a él también, finalmente iba a ser útil.

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

Mientras tanto, al llegar a su habitación, Declan soltó un suspiro de fastidio tras otro en cuanto cerró la puerta.

—Ha... no es tarea fácil.

Decir mentiras que no iban con su carácter y que el nombre de Castiel fuera el centro de esas mentiras era un martirio. Aunque lo hacía para preparar el terreno considerando el plan de Castiel, la incomodidad no desaparecía.

Solo tras frotarse la frente varias veces, el paisaje de su habitación volvió a sus ojos. Era un cuarto sobrio con una cama individual, un escritorio y un viejo armario. Más que "he vuelto", su sentimiento honesto era de "fastidio".

Declan se quitó el hábito, lo colgó en la silla y se sentó en la cama. Como si hubiera estado esperando, se subió la manga y miró el brazalete en su muñeca. Sus dedos tocaron instintivamente la gema azul.

—... A esta hora, ¿ya habrá ido al invernadero o estará de nuevo en el despacho?

Como es alguien a quien le gusta leer, quizás esté sumergido en libros para aliviar el aburrimiento de su ausencia. En el momento en que imaginó ese rostro concentrado, sus labios, que habían estado tensos, dibujaron una suave curva.

Sus pensamientos fluyeron naturalmente hacia el beso con Castiel. El rostro de quien lo besó primero, y aquel que se tornaba rojo mientras aceptaba su beso ciego, aparecieron en orden. No era solo el rostro; recordó los hombros temblorosos y la sensación de la boca estrecha y cálida. Se sentía tan vívido como si hubiera ocurrido hace un instante.

Tras confirmar claramente que el corazón de Castiel también se dirigía hacia él, un nuevo deseo mostró su presencia sin tapujos. Después de haber compartido un contacto tan íntimo, ese sentimiento aumentó notablemente su volumen.

Declan soltó una risa que sonó como un suspiro corto y bajó su mirada exhausta.

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

Mucho tiempo después, Declan salió del baño y se dispuso a dormir. O eso intentó. Solo con acostarse y pensar en Castiel, no imaginó que su parte inferior volvería a sentirse tensa.

Aunque no tenía experiencia, no carecía de conocimientos sobre sexualidad. La educación sacerdotal incluía contenidos sobre relaciones tanto heterosexuales como homosexuales. Además, involuntariamente había presenciado actos entre hombres; el campo de batalla era un lugar donde tales cosas no eran raras.

Por supuesto, en la guerra, unir los cuerpos solía ser más una forma de desahogar necesidades inmediatas que el resultado de una conexión sentimental. Por lo tanto, su lujuria y el deseo de Declan eran completamente diferentes. Era obvio: un deseo dirigido a una sola persona no podía ser igual.

De repente, le asaltó la preocupación realista de sí lo haría bien cuando llegara el momento. Temía comportarse con impaciencia, como un adolescente que acaba de descubrir el sexo.

—Siendo un sacerdote, tener la cabeza tan sucia...

Declan soltó una risa vana al confirmar que su centro seguía tenso. Como sería problemático que esto ocurriera en cualquier momento, debía encontrar una forma de calmarse rápido.

No podía invocar a Dios para algo así. Al final, siendo una reacción derivada de pensar en Castiel, ¿qué tal si pensaba en alguien opuesto a él? Al instante, los rostros del Sumo Sacerdote Somerville y del Príncipe Heredero aparecieron en su mente. Como si lo estuvieran esperando, el calor se enfrió en un segundo.

—.......

Se alegraba de haber encontrado un método, pero el humor no era precisamente agradable. Declan frunció el ceño y cerró los ojos a la fuerza.

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

Hoy también, tras terminar su rutina matutina, Castiel se dirigió al despacho. Después de despachar los asuntos del condado, comenzó a leer los periódicos semanales de la capital del último año que el sirviente trajo de la biblioteca. De vez en cuando, abría su cuaderno para anotar información importante.

Ayer también se quedó allí sin moverse desde la tarde hasta la medianoche leyendo periódicos. El volumen era tan vasto que, incluso seleccionando solo artículos sobre la Familia Imperial y el Templo, el progreso era lento. Castiel se sentía impaciente porque quería entender la relación entre ellos antes de que Somerville lo llamara a la capital.

—Amo, ¿qué tal si mueve un poco el cuerpo? Ha estado en la misma postura leyendo periódicos desde ayer.

Dijo Ilma con un regaño cariñoso mientras traía la tercera taza de té.

Castiel asintió, se levantó para estirar su cuerpo rígido y fue al invernadero. Viendo que los chiles cosechados el día anterior parecían estar secándose, los volteó uno por uno con satisfacción. Y luego, de vuelta al despacho.

Castiel mantuvo esta rutina durante unos diez días. Finalmente, logró organizar con claridad la información sobre la Familia Imperial y el Templo contenida en un año de noticias.

Los eventos principales ordenados cronológicamente eran:

『Hace 1 año: El Emperador aparecía frecuentemente en público junto a Somerville. Alardeaban de una alianza sólida y una relación amistosa.

Hace 10 meses: El Príncipe Heredero criticó un evento del Templo; el Emperador lo rebatió y lo avergonzó públicamente. El Príncipe desapareció de la vida pública por 2 semanas.

Hace 9 meses: En un festival, Somerville elogió al Imperio y mencionó tanto al Emperador como al Príncipe. El Emperador se mantuvo inexpresivo, mientras el Príncipe se vio complacido. 

Rumores de que el Templo se alineó con el Príncipe comenzaron a circular. Las visitas de Somerville al palacio disminuyeron, mientras las del Príncipe al Templo aumentaron.

Hace 6 meses: Mientras el Príncipe estaba fuera en un evento en el extranjero, Somerville volvió a frecuentar el palacio. La relación con el Emperador pareció fortalecerse de nuevo.

Hace 3 meses: El Emperador visitó oficialmente el Templo de Beskia.

Hace 1 mes: Mientras el Emperador estaba fuera, las actividades externas del Príncipe aumentaron mucho y Somerville lo acompañó ocasionalmente.』

Castiel, tras revisar su resumen, murmuró la conclusión

—Está jugando a dos bandos.

El hecho de que Somerville siguiera a salvo moviéndose entre el Emperador y el Príncipe se debía en gran parte a su posición como máxima autoridad del Templo. Además, siendo astuto, no se habría puesto de un lado tan abiertamente como para ofender al otro.

Si ya tiene un poder tan inmenso, ¿qué más ambiciona para buscar el poder político? Castiel ladeó la cabeza pensando en la incomprensible codicia de Somerville.

—Ah.

En ese momento, el flequillo le picó el ojo, cortando sus pensamientos. Parecía que ya era hora de cortarlo. Castiel apartó el flequillo y volvió a su idea original.

Somerville llamó a Castiel en secreto para salvar al Emperador a espaldas del Príncipe. Es decir, él también reconocía que el centro del poder seguía inclinado hacia el Emperador. Esa era la valiosa conclusión a la que Somerville llegó tras un año de equilibrismo. Castiel decidió que él también debía aprovechar esa conclusión.

«Mi objetivo también es el poder actual: el Emperador. Debo ganarme su confianza y cambiar la estructura del Templo antes de que deje el poder. Si Declan alcanza una posición alta, incluso si el Príncipe toma el mando después, no podrá tocarlo fácilmente... Evitemos acciones que irriten al Príncipe, como hizo Somerville, y aprovechemos al máximo el poder del Emperador».

Imaginando un desarrollo esperanzador, Castiel leyó una frase que anotó por separado:

Información extra: Hay rumores de que las salidas de incógnito del Emperador son frecuentes.

Era un chisme que surgía constantemente desde hacía un año. Sin embargo, dado que aparecía repetidamente y que el accidente de carruaje del Emperador ocurrió en una salida no anunciada, presintió que no era algo para ignorar.

Castiel cerró el cuaderno y cerró los ojos. En realidad, el miedo siempre estaba oculto en un rincón de su corazón. Pensamientos de que quizás estaba agrandando las cosas innecesariamente, o la culpa de estar arrastrando la vida pacífica de Declan hacia el peligro.

A diferencia de su vida anterior, esta era una sociedad de clases estricta; incluso sin cometer un crimen, una acción así podría amenazar su vida y la de Declan. Dudaba de si era correcto actuar así por el deseo personal de devolverle a Declan su libertad perdida.

Lo único en lo que confiaba era en que Declan había aceptado esto. Pero incluso eso se veía distinto desde que supo que Declan lo amaba. Temía que quizás Declan aceptara a regañadientes, solo por él, sin querer realmente hacerlo.

—El amor no correspondido es solitario, y el amor mutuo... ¿siempre da tanto miedo por todo?

Había innumerables preocupaciones. Entre ellas, las personas que Declan conocía. Se decía que cientos de personas entraban al Templo de Beskia cada día... ¿podría aparecer alguien que hiciera dudar el corazón de Declan? De forma absurda, situaciones hipotéticas que nunca había visto ni oído hacían tambalear el corazón de Castiel.

«¿No será que todo esto es porque nos separamos apenas empezamos a salir? Es que nos despedimos justo al día siguiente de confirmar nuestros sentimientos. Además, ¡lo único que hicimos fue un simple beso…!»

Castiel encontró de repente la causa de su ansiedad y resopló durante un buen rato.

—Así que llámame pronto, viejo calvo.

Aunque sabía que el emperador debía recuperarse hasta cierto punto para que pudieran llamarlo, Castiel culpó a Somerville sin motivo. Ese hombre merecía ser insultado incluso sin razón, así que no sentía remordimientos de conciencia por hablar de él con dureza.

Sin embargo, después de eso, no hubo noticias de Somerville.

La vitalidad regresó a la rutina diaria de un Castiel que se marchitaba poco a poco, cuando finalmente pudo picar finamente los chiles secos con un cuchillo. Sus palabras, impregnadas de orgullo, resonaron con fuerza dentro del invernadero.

—¡Listo! ¡Esto es polvo de chile se mire por donde se mire!

Como en este mundo no existía la col china que él conocía, Castiel había preparado repollo en su lugar. Tras meter el polvo de chile casero, que en realidad eran más trozos que polvo, en un frasco grande de vidrio con sumo cuidado, como si fuera un tesoro, puso el repollo en la salmuera. Sus movimientos eran torpes pero muy cautelosos.

Después de unos treinta minutos, el repollo perdió un poco de firmeza. Mientras lo observaba con ojos llenos de expectación, Castiel recordó de repente el ajo.

—¡Debí haber machacado el ajo antes!

¿Por qué olvidó algo tan importante? Tragándose los autorreproches, Castiel salió apresuradamente del invernadero. Para conseguir ajo, tenía que ir a la cocina en el sótano del edificio principal.

Fue en el momento en que llegó frente a la entrada principal del edificio, jadeando por la carrera. La puerta se abrió de par en par desde adentro e Ilma, al descubrir a Castiel, gritó con alegría.

—¡Amo! ¡Ha llegado un telegrama urgente desde el Templo de Beskia!

Habían pasado dos semanas y cuatro días desde que Castiel y Declan se separaron.

Él revisó el contenido del telegrama con manos temblorosas.

Al Conde de Avon.

Espero que se encuentre bien.

Ahora que Su Majestad el Emperador ha recuperado sus fuerzas recientemente, desea recompensar personalmente la gran hazaña que usted ha realizado.

Por lo tanto, le ruego que ingrese al Templo de Beskia tan pronto como le sea posible.

Posdata: Yo también tengo previsto dirigirme al palacio imperial, así que no tiene por qué ponerse demasiado nervioso.

El rostro de Castiel se iluminó ante la idea de que finalmente podría ver a Declan. La posdata de Somerville, rebosante de amor propio, ni siquiera entró en su campo de visión.

—Es un honor para la familia, amo. Que pueda tener una audiencia con Su Majestad el Emperador... Además, si es en el Templo de Beskia, también podrá ver al sacerdote Declan. Es realmente estupendo.

Ilma, que había escuchado una explicación general de la situación por parte de Castiel, se alegró como si fuera un asunto propio. Aunque ella creía que la relación entre ambos era una profunda amistad.

Dándole una sonrisa a Ilma, Castiel guardó cuidadosamente el telegrama en su bolsillo interior. Luego, echó la cabeza hacia atrás y miró al cielo. La luz del sol, que colgaba bajo, teñía suavemente incluso las nubes circundantes.

Mientras tanto, Ilma sacó un reloj de bolsillo para verificar la hora y volvió a hablar.

—Como son la una y diez, creo que debería apresurarse con los preparativos. Podrá llegar a la posada antes de que se ponga el sol.

—Sí, será mejor hacerlo así. Ah, por cierto, hay algo que estaba haciendo en el invernadero hasta hace un momento.

—Vaya, ¿qué es? ¿Es un nuevo jugo de hierbas medicinales?

—No, eso... es como una e-ensalada...

«¡Es una ensalada, una ensalada al estilo coreano...!» 

Castiel se alabó internamente por su agilidad mental y continuó hablando rápidamente.

—De todos modos, creo que no tendré tiempo de terminarla, así que quería pedirle que la recoja en mi lugar.

Era una lástima, pero decidió posponer la preparación del kimchi para después. El hecho de no haber visto a Declan durante menos de tres semanas le afectaba mucho más que el haber extrañado el kimchi durante tres años. Ante las palabras de Castiel, Ilma asintió con una brillante sonrisa.

—Puede dejar eso en mis manos con total tranquilidad.

—Gracias. Este... no necesito nada más, solo guarde bien el frasco que contiene el polvo rojo.

—Sí, amo.

Tras la respuesta de Ilma, Castiel estaba a punto de entrar directamente al edificio principal cuando se detuvo de nuevo. Quedaba una cosa importante por decir.

—Una cosa más, Ilma. Si viene algún paciente mientras no estoy, use el jugo de hierbas que ya dejé preparado. Escribí el uso y la dosis por separado y los puse dentro del cajón del anexo.

Ante su encargo, Ilma miró a Castiel con ojos sorprendidos. No esperaba que él se hubiera preparado incluso para ese tipo de detalles.

—Gracias, amo. ¿Cuándo preparó todo eso?

—Bueno, en mis ratos libres. Justo no había pacientes... Como no estaré, no podré hacer cirugías, pero aun así quería dar lo mejor de mí en lo que pudiera hacer.

Por alguna razón se sintió avergonzado, así que Castiel se frotó las mejillas como para cubrirlas. Y aprovechando el impulso, reveló un poco más de sus sentimientos íntimos.

—Siento tener que dejar la casa vacía de nuevo por un tiempo. Le encargo mucho la mansión del conde y el anexo.

—No diga eso. Es mi deber como ama de llaves. Y además...

Cuando Castiel se sinceró primero, Ilma también mostró sus sentimientos de forma honesta. En su rostro se extendía una sonrisa bondadosa, como si estuviera mirando a un hijo.

—Me hace muy feliz ver al amo salir de casa y relacionarse con otras personas. ¿Y no es este un viaje para tener una audiencia con Su Majestad? No podría haber una noticia mejor que esta. De verdad...

Castiel sintió su sinceridad a través del ligero sollozo que se filtró al final de sus palabras. Respondiendo con una sonrisa radiante, Castiel incluyó en ella una firme determinación.

—De ahora en adelante seguirán pasando cosas mejores.

Ante esa frase, Ilma finalmente humedeció sus ojos, pero solo fue por un momento. Recuperando rápidamente su habitual actitud animada, prometió con confianza que no se preocupara por la mansión del conde y luego se retiró rápidamente.

Después de reír suavemente mientras veía su espalda, Castiel también subió corriendo a su habitación.

Poco después, Castiel se rascó la mejilla mientras miraba tres maletas que parecían estar a punto de estallar.

—¿Será... demasiado equipaje?

No sabía cuánto tiempo se quedaría en la capital, pero bajo el cálculo vago de que probablemente tardaría más de un mes, el resultado fue haber metido de todo a la fuerza.

«Como lo que planeo es de gran escala... y ya que Declan está en la capital, también me gustaría quedarme allí mucho tiempo si es posible.»

Después de empacar rápido, bañarse y terminar los preparativos para salir, el tiempo había volado. Ivan, que entró al dormitorio para llevarse el equipaje, puso una cara de sorpresa justo antes de estirar la mano hacia las maletas.

—¡Amo, su cabello...!

—Ah, es que se veía un poco agobiante, así que lo arreglé. ¿Se ve raro?

Para mantener la imagen de "conde ermitaño", Castiel se había dejado crecer el flequillo a propósito durante todo ese tiempo. De esa forma se sentía cómodo al no tener que cruzar miradas innecesarias con otros.

Pero ahora no era cualquier cosa, estaba en camino a ver a su "novio" después de mucho tiempo. Por eso, optó por cortarse el flequillo con valentía. Aunque después de cortarlo le entró una preocupación tardía al sentir que sus ojos quedaban demasiado al descubierto.

Hacia el inseguro Castiel, Ivan negó sus palabras incluso agitando las manos.

—¡No se ve raro para nada! Es... más bien... ¿cómo decirlo?, el rostro del amo brilla más de lo habitual... Puede que suene extraño, ¡pero de verdad es así!

—Jaja, ¿es en el buen sentido, verdad? Gracias.

Como era de esperar, Ivan tenía un corazón bondadoso igual al de su madre. Castiel sonrió con dulzura como si mirara a un hermano menor adorable y se cubrió la parte inferior del rostro con un pañuelo. Todavía era de día y en la mansión del conde quedaban empleados que no eran cercanos a él. No es que fueran malas personas, pero aun así le resultaba incómodo mostrar su rostro abiertamente.

«Ahora que los síntomas de pánico han desaparecido, y en unos meses completaré la misión asignada por el sistema... para entonces, seré amable con todos.»

Con esa resolución esperanzadora, Castiel salió de la mansión y subió al carruaje. Los cocheros para este viaje eran Kevin y Thomas.

Finalmente, el carruaje partió y Castiel, usando el ruido de las ruedas como escudo, dejó escapar sus verdaderos sentimientos en voz alta.

—Quiero verte pronto.

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

Mientras tanto, en el Templo de Beskia, Declan estaba atendiendo a cada uno de los creyentes que se dirigían hacia él. No sabía nada sobre el viaje de Castiel a la capital. Aun así, en su mente solo existía el pensamiento de Castiel.

Durante el tiempo que estuvieron separados, estuvo a punto de enviar un telegrama varias veces, pero solía dejar la pluma de nuevo en su lugar. Esto se debía a que todos los telegramas de los sacerdotes que salían del templo pasaban por la inspección de Somerville. Por lo tanto, no podía escribir lo que realmente quería decir, como por ejemplo, que lo extrañaba o que lo amaba.

«¿Debería haber creado algún tipo de clave?». 

Justo cuando Declan meditaba ese arrepentimiento tardío, la hija única del Vizconde Bowen, cliente habitual del templo y donante de grandes sumas, lo saludó desde el principio de la fila.

—Sacerdote, tiempo sin verlo. He venido a buscarlo porque tengo un favor urgente que pedirle.

—Sí, dígame.

—Es que... aquí es complicado. Es un asunto muy, muy urgente y debo decírselo ahora mismo...

Ante esas palabras, Declan también se sintió en un aprieto. Era porque detrás de ella todavía se extendía una larga fila de espera. Mientras giraba la cabeza sin poder abandonar su puesto a la ligera, el Gran Sacerdote Brandon, con quien Declan se había esforzado recientemente por estrechar lazos, se acercó a grandes zancadas como si hubiera estado esperando el momento. Tras escuchar la situación, aceptó con gusto encargarse de las consultas del resto de los fieles en lugar de Declan.

—Si es un asunto del sacerdote Declan, ¿quién lo ayudaría si no soy yo? Además, si se trata de un tema de la joven señorita Bowen, es correcto que nuestro templo preste especial atención.

Debido a que lo empujó fingiendo cercanía, Declan pudo abandonar el lugar casi sin darse cuenta. Tras él, la señorita Bowen y su sirvienta lo siguieron con pasos cortos y rápidos.

Al guiarlas hacia una pequeña sala de oración vacía, la señorita Bowen inclinó la cabeza y entró en ella. La sirvienta también la acompañó. La joven se aseguró de nuevo de que no hubiera nadie más en la sala y luego susurró bajando la voz al máximo. Mantenía sus manos rodeando los hombros de la sirvienta.

—Sacerdote, ¿podría proteger a esta niña en el templo por un tiempo?

Ante el inesperado favor, los ojos de Declan se entrecerraron. Al notar esa expresión, la señorita Bowen añadió palabras rápidamente.

—A ser posible, en el alojamiento de los sacerdotes, donde está prohibida la entrada de extraños... ¿No se podría?

—Es imposible. No se permite la entrada de mujeres en el alojamiento.

Tan pronto como Declan se negó, los rostros de ambas mujeres se ensombrecieron en un instante. Al preguntar la razón, la joven respondió moviendo los labios con vacilación.

—En realidad, esta amiga... está siendo amenazada. Es una cuestión de vida o muerte.

—Si es una empleada de la mansión del vizconde, ¿no pueden protegerla dentro de la mansión?

—Es que, hay circunstancias... Avergonzadamente, la mansión del vizconde tampoco es segura. Lo siento, no hay nada más que pueda decirle...

Eran palabras ambiguas, pero aun así, no podía ignorar el relato de una "mujer en peligro". Además, considerando que podrían haberse quedado en un alojamiento como una posada, pero buscaban refugiarse precisamente en el templo para escapar de la amenaza, parecía que la magnitud de dicho peligro era considerable...

Finalmente, Declan pronunció la mejor solución que pudo idear.

—No es el alojamiento de los sacerdotes, pero podría ser posible que se queden en el alojamiento de las maestras del orfanato que está aquí. Yo daré el aviso, así que vayan hacia allá.

—Ah, gracias. De verdad, gracias.

—No es nada. Pero, no pueden estar escondidas para siempre... ¿Han informado a la guardia?

Ante la pregunta de Declan, la sirvienta habló por primera vez en su lugar. Era una voz baja y calmada.

—No. Pero pronto... llegará el día en que no tengamos que escondernos.

—Entiendo.

Asintiendo, Declan se movió para abrir la puerta de la sala de oración. Luego se hizo a un lado para que las mujeres pudieran salir primero. Fue en el momento en que la señorita Bowen salió delante y la sirvienta pasó por su lado.

—Gracias por no ignorar un favor que pedí sin considerar las circunstancias.

Junto con el agradecimiento, ella dirigió la mirada hacia un objeto sagrado en un lado de la sala y luego volvió a mirar a Declan para añadir:

—La buena voluntad que el sacerdote ha mostrado, seguramente Dios se la devolverá.

—Devolverla, eh. Es una buena frase.

En el pasado, habría sido una expresión que le recordara al poder divino. Sin embargo, ahora, lo primero que pensó al oír esas palabras fue el rostro de Castiel. Aunque fuera un cumplido vacío, se sintió bien, por lo que Declan bajó la cabeza con una sonrisa. Entonces, la mirada recta de la otra persona se mantuvo sobre él durante largo tiempo.

Y ese día, él realmente recibió de vuelta a su amante.

—¡Sacerdote!

La persona que lo llamaba frente a la puerta del alojamiento al terminar su jornada diaria era, sin duda, Castiel.

Declan caminó casi a una velocidad de vuelo hasta detenerse frente a Castiel. En el rostro cubierto en más de la mitad por un pañuelo, lo único que se veía con claridad eran sus ojos azul intenso. Sin embargo, ese par de ojos eran precisamente los que le confirmaban a Declan que el que estaba frente a él era realmente Castiel.

—Conde, ¿qué ha pasado?

—Recibí el llamado de Su Majestad el Emperador. La audiencia es mañana. Ah, por ahora, empaque sus cosas rápido.

—¿Mis cosas?

Ante la repregunta de Declan, Castiel asintió levemente y luego señaló la manija extendiendo el dedo índice.

—Sí. Esta es su habitación, ¿verdad? Entremos y le seguiré contando.

—Ah...

Solo tras escuchar las palabras de Castiel, Declan se dio cuenta de que se había quedado allí parado distraídamente, dejando en la puerta a quien venía de lejos. Fue porque la situación de ensueño de que él apareciera aquí había detenido los pensamientos de Declan. El hecho de que las yemas de sus dedos temblaran ligeramente al sacar la llave de su bolsillo interior un poco tarde también se debía a eso.

—Adelante.

—Gracias.

Finalmente la puerta se abrió y Castiel, por cortesía de Declan, entró primero en la habitación. Mientras observaba el espacio que desprendía una fuerte sensación de sencillez propia de la personalidad de Declan, Castiel bajó el pañuelo.

—¿Aquí vive solo...?

Antes de poder formular bien la pregunta, Castiel quedó atrapado en los brazos de Declan. Como Castiel también extrañaba el calor de la otra persona envolviéndolo completamente desde atrás, simplemente se relajó y se entregó al cuerpo de Declan.

—Incluso abrazándolo así, no puedo creerlo.

—Yo también siento que me falta un poco de sentido de la realidad...

Riendo entre dientes, Castiel inclinó la cabeza hacia un lado para mirar a Declan. Luego, manteniendo el contacto visual, apoyó ligeramente sus labios entre la mejilla y la mandíbula de él antes de retirarlos.

—¿Así se siente un poco más real?

Declan, en lugar de responder, aflojó la fuerza en los brazos que rodeaban a Castiel. Y con un toque impaciente, lo tomó por los hombros para hacerlo girar y luego unió sus labios profundamente.

El aliento que saboreaba después de mucho tiempo era dulce. Como si quisiera ser recompensado por la paciencia de todo ese tiempo, Declan frotó y succionó la lengua y el interior de su boca con la suya, casi acorralándolo. Castiel también se sumergió gustoso en ese calor sediento, aferrando la ropa de Declan con ambas manos mientras recibía el intenso beso.

El beso se prolongó, y fue justo cuando las manos de Declan comenzaron a acariciar lentamente diversos lugares del torso de Castiel. En ese momento, los párpados de Castiel, que habían estado cerrados, temblaron levemente y se abrieron.

—Ah... mmm, espere un momento. No deberíamos estar así aquí...

—Jaah, siempre me rechaza.

—¿Cómo que siempre? Esta es apenas la segunda vez...

Hacia un Declan exageradamente melancólico, Castiel respondió con rostro de indignación. Mientras se limpiaba la comisura húmeda de los labios con la manga, añadió:

—Es que, en este lugar tan sagrado... hacer algo más es un poco inapropiado. Así que hagamos el resto allá.

—¿A dónde vamos a ir? Por cierto, antes dijo que empacara mis cosas.

—Hay una villa de la familia del conde en la capital. Usted irá allí conmigo. Fingí ante ese viejo calvo que me sentía mal, así que le pedí prestado al sacerdote. Bueno, si hablamos de propiedad con exactitud, el sacerdote originalmente es mío, pero de todos modos...

Llamar "viejo calvo" al Sumo Sacerdote que representa al imperio. Ante la expresión cruda de Castiel, Declan soltó una carcajada irremediablemente. Aunque el propio Castiel se sonrojó al darse cuenta de su desliz justo entonces.

—Mmm, de todos modos, por ahora andará conmigo. Aunque si Somerville lo llama, tendrá que ir...

—Se ha convertido en un negociador aún más increíble en el tiempo que no nos vimos. Gracias.

—No tiene por qué agradecer. Es algo que hice para satisfacer mi propia codicia.

—Como mi codicia será mayor, es correcto agradecer.

Declan susurró eso y luego besó brevemente la mejilla encendida de su amante. Después, comenzó a preparar su maleta apresuradamente.

Mientras se frotaba el lugar donde sus labios se habían posado, Castiel bajó la cabeza lentamente. De lo contrario, sentía que él descubriría su rostro relajado tontamente.

En la puerta trasera del templo, el carruaje de la familia del conde y personas familiares para Declan los estaban esperando.

—Esta vez Thomas ha venido en el largo camino.

—Es bueno verlo a menudo, sacerdote. Cuando lleguen a la villa, también estará Kevin. Se adelantó para preparar la comida.

Castiel se metió de forma natural en la conversación de ambos para añadir una explicación.

—Como hay alguien que se encarga del mantenimiento una vez al mes, el interior estaba limpio. Había olvidado por completo que tenía una casa aquí, pero me enteré porque Ilma me dio la pista.

—Ya veo. Me alegra que tenga un lugar donde estar cómodo.

—Sí, porque quedarse en una posada es de todos modos incómodo. ¿Entonces, partimos? Thomas, te lo encargo.

—¡No se preocupe! Ya me memoricé todo el camino.

Después de subir al carruaje, Castiel contó las circunstancias con un poco más de detalle.

—Hasta su habitación me llevó un gran sacerdote llamado Brandon. Habla muchísimo, pero aun así, como decía cosas buenas sobre el sacerdote, lo escuché todo.

—Jaja, ¿así fue? Originalmente es alguien a quien no le agrado, pero me esforcé por acercarme a él durante las últimas semanas. Ha valido la pena.

—¿Por qué no le agrada el sacerdote? ¿Cómo puede ser eso posible?

—Hasta hace unos meses, el sacerdote Brandon era la mano derecha del Sumo Sacerdote Somerville. Así que yo era una espina en el ojo en muchos sentidos.

Ante la respuesta de Declan, Castiel frunció los labios en silencio. Pensó que solo era un aliado parlanchín, pero resultó ser alguien con ese trasfondo. El hecho de que ahora fingiera cercanía con Declan parecía tener sus propios cálculos, lo que lo hizo sentirse aún más disgustado.

Como si leyera los pensamientos internos de Castiel, Declan se apresuró a añadir:

—Más que ser malvado, es una persona con una gran inseguridad sobre su propia posición. Su forma de pensar es simple, así que, por el contrario, fue fácil de manejar.

Al escucharlo, parecía más una evaluación fría que palabras de defensa hacia Brandon. Como eso le dio risa, Castiel enrolló hacia adentro los labios que antes sobresalían.

Declan observó esa imagen de la otra persona con una mirada llena de afecto y luego sacó la curiosidad que guardaba desde hace un rato.

—Dejando de lado al sacerdote Brandon, ¿cómo convenció al sacerdote Somerville?

—Ah, no hice nada extraordinario. Cuando vea a Su Majestad, tendré que transmitirle muchos elogios sobre el Sumo Sacerdote, pero me preocupa mucho mi estado físico... Bueno, le supliqué de esa forma un par de veces y funcionó.

Era un tono ligero, pero Declan sintió vívidamente el esfuerzo de Castiel como si se dibujara ante sus ojos. Al imaginarlo eligiendo sus palabras con cuidado mientras observaba la reacción de Somerville, su pecho dolió por sí solo. Castiel era adorable, y en la misma medida, admirable.

—Últimamente me sorprendo a menudo gracias al conde.

—Es que las personas... tienen diversos aspectos.

Castiel, malinterpretando que Declan había expresado su sentimiento de forma indirecta, se sobresaltó y desvió la mirada. Por suerte, no apareció ninguna ventana de advertencia roja frente a sus ojos.

Declan, notando con agilidad su tensión momentánea, cambió el tema de forma natural.

—Es cierto. Yo tampoco sabía que era una persona tan ansiosa por tocar a alguien de esta manera.

Acto seguido, las yemas de sus dedos tocaron la frente de Castiel, que estaba sentado a su lado. Como si le gustara el flequillo más corto, dejó deslizar el suave cabello negro entre sus dedos varias veces. Ante ese toque lleno de afecto, Castiel sonrió ampliamente.

—¿Está bien?

—Sí. ¿Será porque se ven bien sus ojos?, su atmósfera parece aún más brillante.

—¿Ah, sí? Ivan dijo algo parecido.

Tan pronto como terminaron las palabras de Castiel, el juego de manos de Declan se detuvo. Él, a diferencia de antes, masajeó el lóbulo de la oreja de Castiel con un toque persistente y expresó sus sentimientos íntimos.

—Me da celos. Yo debería haber sido el primero en verlo.

—¿Eh? Jaja, no sabía que el sacerdote podía hacer ese tipo de bromas.

—No es una broma, es verdad.

Declan dijo eso y, moviendo la mano que permanecía en la oreja de Castiel como si lo acariciara, la llevó a la nuca. Y lentamente tiró de la cabeza de la otra persona hacia sí.

Justo antes de que sus labios se tocaran, fue honesto una vez más.

—En realidad, hace mucho tiempo. Desde que empecé a sentir celos de las personas que rodean al conde.

—...Ya veo. Me hace sentir bien.

—¿No le parezco sombrío?

—¿Por qué? Esas palabras significan que le gusto desde hace mucho tiempo.

—......

—Por más que lo piense, solo me hace sentir muy bien.

Tras susurrar eso en voz baja como si no entendiera el motivo de la duda, Castiel golpeó suavemente los labios de Declan primero. Y pronto, volcó todo su corazón dentro de la otra persona, que se abrió para él.

Mientras tanto, el carruaje que transportaba a los amantes que recién comenzaban su relación llegó a la villa de la capital de la familia del conde.

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