CHDQ- Capítulo 8.
Capítulo 8: Fiesta de vacaciones de invierno.
Tras finalizar los playoffs, Ju-won comenzó a vivir la vida de un estudiante normal y no la de un deportista. Aunque le preocupaba que fuera difícil cambiar de rumbo a estas alturas, era alguien que siempre había gestionado sus calificaciones con minuciosidad, por lo que se adentró con confianza en los exámenes de ingreso a universidades prestigiosas.
No solo tenía buenas notas, sino que sus áreas de interés eran claras y gozaba de una buena imagen entre los profesores. La actitud diligente de Ju-won, quien compaginaba el ejercicio con los estudios sin ser engreído, despertaba simpatía fácilmente.
Gracias a ello, obtuvo cartas de recomendación sin dificultad. El profesor de Cálculo AP y el entrenador Price escribieron con gusto las recomendaciones para Ju-won. Su historial en el club de programación en el undécimo grado y el puntaje del SAT que tomó antes de la temporada también fueron de gran ayuda. Ju-won pasaba un final de semestre ocupado preparando su carta de presentación y su portafolio.
—Si sigues así, no habrá problemas para entrar a la universidad. Solo pon un poco más de atención al terminar tu ensayo. Sería bueno que explicaras bien tu experiencia como deportista y el motivo por el que decidiste cambiar de carrera.
Ju-won asintió ante el amable consejo del señor Josh, el consejero de admisiones. Había terminado el ensayo que enviaría a la universidad hasta cierto punto, pero sentía que aún le faltaba algo. Esto se debía a que no se había atrevido a plasmar los sentimientos “reales” que experimentó al dejar el campo.
—Señor Josh, hay algo que quiero preguntarle.
—¿Eh? ¿Qué es?
—¿Podría... escribir en el ensayo sobre algo que pasó con un amigo en el equipo?
Ante la pregunta de Ju-won, el señor Josh sonrió con dulzura.
—Si es sobre la competencia con Calvin, te recomiendo escribirlo. Lo importante no es el incidente con él, sino el crecimiento y el cambio que esa competencia dejó en ti. ¿Entiendes lo que digo?
—…
—Al leer el borrador, noté que tienes buena habilidad para la escritura. Me gusta porque se siente sincero y sobrio. Seguramente en la universidad lo verán con buenos ojos.
Después de todo, parecía que no podía explicar su vida en la preparatoria sin hablar de Calvin. Ju-won, decidido a corregir su ensayo, hizo una profunda reverencia.
—Gracias, profesor.
—Claro, Hong. Que tengas unas felices vacaciones de invierno.
El señor Josh mantuvo su sonrisa amable hasta el final mientras despedía a Ju-won. Al salir de la oficina de consejería, Ju-won soltó un breve suspiro. Ya eran las vacaciones de invierno; el tiempo pasaba realmente rápido.
El final de la vida en la preparatoria, que parecía que duraría para siempre, empezaba a asomarse. El plazo para las solicitudes universitarias terminaba en una semana y la mayoría de los estudiantes ya había tomado una decisión.
—¡Hong-hong! ¿Te fue bien en la consulta?
Phoebe, la mejor amiga de Ju-won, había decidido ir a la UAB, la universidad más grande de Birmingham. Ju-won se puso naturalmente al lado de Phoebe, quien era dos cabezas más baja que él.
—No estuvo mal. Según el señor Josh, si termino bien el ensayo, podré entrar sin problemas. Parece que lo importante, después de todo, es el ensayo.
—Es que tus notas y tus recomendaciones ya son sólidas. Por cierto, ¿es en serio eso de que quieres ir a Los Ángeles? Por alguna razón, pensaba que vivirías en Birmingham para siempre.
—Siento que... ahora quiero escapar un poco de aquí. Este lugar es demasiado conservador.
—Bueno, en Los Ángeles podrías vivir un poco más cómodo. Oye, ¿no te da ni un poco de lástima separarte de mí?
—No es posible que pienses eso, Phoebe. Prometo volver a Birmingham en cada vacación para verte.
—¿Entonces podré comer eso que hace tu mamá? Eso, ¿cómo se llamaba? ¿Topoki?
El nombre exacto de la comida que mencionó Phoebe era “tteokbokki”, pero incluso para Ju-won, que sabía algo de coreano, las consonantes dobles le resultaban difíciles de pronunciar. Tras corregirlo a algo parecido a “tokbokki”, Ju-won sacó todos los libros de su casillero y los metió en su mochila.
—Vamos, Phoebe.
Los dos habían decidido cenar juntos ese día, ya que sería difícil verse durante las vacaciones. Caminaban hacia el estacionamiento mientras hablaban de esto y aquello. Phoebe, que no sabía lo que le había ocurrido a Ju-won la temporada pasada, mencionó de repente el nombre de Calvin.
—Por cierto, ¿qué universidad elegirá Calvin? Debió recibir ofertas de casi todas las instituciones prestigiosas. ¿Irá a la que le dé más becas?
—Bueno, supongo que sí.
—O tal vez vaya a la Universidad de Alabama. A él parece que siempre le ha gustado mucho su ciudad natal.
—Eso parece.
Ju-won respondió con indiferencia, pero en realidad, estaba más pendiente de Calvin que nadie. Después de los playoffs, no habían tenido conversaciones y ni siquiera se cruzaban a menudo. Al pensar que se separarían así, sin más, sintió una pizca de lástima.
Sin embargo, Ju-won aprendió a través de su relación con Calvin que en el mundo hay cosas que no se pueden evitar. Calvin es una estrella que debe avanzar hacia un escenario más amplio, y yo soy un ciudadano común que conforma la mayor parte de esta sociedad. Desde el principio, no encajábamos. Que nuestros corazones no se conectaran era, en cierto modo, algo natural.
«Aun así… lo recordaré a menudo por un tiempo…con el tiempo, se convertirá en un recuerdo»
Ju-won sujetó el volante, prometiéndose a sí mismo un nuevo comienzo en Los Ángeles.
La universidad a la que Ju-won deseaba ingresar era la “Los Angeles Metropolitan University”, abreviada como LAMU. LAMU es una institución tradicional y prestigiosa en Los Ángeles que compite con la UCLA, y también era la escuela de sus sueños desde hacía mucho tiempo.
Esto se debía a que allí jugaban los “Green Storm”, un equipo de fútbol americano que se encontraba dentro del top 10 de la FBS. Hubo un tiempo en que Ju-won soñó con ser el quarterback de los Green Storm. Como jugador ya no tenía posibilidades, pero como ingeniero de software aún podía entrar a LAMU. Al menos, eso decía el consejero Josh.
Ju-won y Phoebe se dirigieron al restaurante de comida china americana al que solían ir con frecuencia. Pidieron pollo a la naranja y carne con brócoli y se sentaron. Phoebe, tras darle un sorbo a la Coca-Cola Zero que añadió al pedido, miró a Ju-won con los ojos brillantes.
—Hong, oye.
Ju-won conocía bien esa mirada. La mirada de cuando quería algo. Sus bonitos ojos de color avellana parpadeaban.
—¿No puedes hacerme un favor?
Ju-won era débil ante esa mirada de Phoebe desde que eran niños.
—¿Qué favor es?
—¡Dime que lo harás, por favor!
—Primero déjame escuchar.
Habló con firmeza, pero las comisuras de sus labios ya se estaban elevando. Phoebe observó a Ju-won con su característica expresión adorable.
—Es que, mañana por la noche, Patrick dará una fiesta en su casa.
—Phoebe... sabes que no me gustan las fiestas.
—Lo sé. Pero... yo nunca he ido a una fiesta de verdad. Quiero integrarme en una fiesta de los chicos populares al menos una vez antes de graduarme. ¡Por favor!
—Si quieres ir, ve sola. No me interesa eso.
—Yo no tengo ninguna relación con los chicos del equipo de fútbol, pero tú sí. Si voy contigo, no se verá extraño.
—Hong-hong, acompáñame solo esta vez. Yo invito el almuerzo hoy.
La persuasión de Phoebe fue persistente. Ju-won, que intentaba zafarse usando el ensayo como excusa, finalmente cedió. Ir a la casa de Patrick no debería ser tan difícil; solo tenía que pasar un rato y luego volver a casa.
Ju-won pensó eso mientras pinchaba un brócoli y se lo llevaba a la boca.
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—¡Vaya! Esto parece el set de una película.
Phoebe, que llevaba un minivestido azul, exclamó con admiración. A diferencia de ella, que había llegado muy arreglada, Ju-won vestía simplemente una sudadera con capucha sobre una camiseta.
Pensó por un momento si él también debería haberse esmerado un poco, pero no era como si fuera a quedarse mucho tiempo.
Ju-won observó la fachada de la mansión con aparente indiferencia.
Una enorme casa de dos pisos construida con ladrillos blancos. Al abrir la placa de la puerta que brillaba en dorado y entrar, se extendía un jardín envuelto en una luz tenue. Una larga entrada para autos y arbustos meticulosamente cuidados dieron la bienvenida a Ju-won y Phoebe.
Definitivamente, una casa de ricos es una casa de ricos. Sabía que Patrick vivía bien, pero no imaginó que fuera a este nivel.
Tras cruzar la entrada y detenerse frente a la puerta principal, Ju-won tocó el timbre.
—¿Hong? ¿Qué haces tú en un lugar como este?
Quien abrió la puerta fue Juice, el mejor amigo de Patrick. El robusto centro de Red Ridge, que solía lanzar pases rápidos a Ju-won, mostró una expresión de sorpresa, como si no esperara verlo allí.
—Pensé que odiabas las fiestas.
—¿Incluso trajiste a tu novia? Qué tierno.
Las palabras que siguieron fueron una burla evidente. Ju-won estaba acostumbrado a la rudeza de Juice, pero no podía permitir que Phoebe también fuera tratada con desprecio.
—Púdrete, Juice.
Ju-won sujetó el brazo de la desconcertada Phoebe y entró. Juice levantó ambas manos en tono de broma y les cedió el paso.
Pronto pudo ver por primera vez el interior de la casa donde vivía Patrick. En ese momento, incluso Ju-won, que solía mantener una expresión impasible, no pudo evitar sorprenderse.
«Cielos»
Un largo pasillo de mármol se extendía ante ellos. Tras pasar dos habitaciones y llegar a la sala, una enorme escalera doble recibió a Ju-won. En el centro del techo colgaba una lámpara de araña de cristal, y la cocina abierta, visible desde todos los ángulos, era tan elegante que podía compararse con la de un restaurante de lujo. Las numerosas bebidas y aperitivos de bienvenida dispuestos sobre la mesa fueron suficientes para dejar boquiabiertos a dos estudiantes de preparatoria comunes.
Con luces brillantes de estilo fiesta y altavoces de alta gama, más propios de un concierto.
«¿De verdad este era un lugar donde vivía gente? ¿No parecía más bien un salón de eventos?»
Había oído que todas las casas en Mountain Brook eran mansiones impresionantes, pero no imaginó que llegarían a este nivel. Ante la extraña sensación de estar en otra dimensión, Ju-won encogió los hombros casi por instinto. Por su parte, Phoebe recorría la casa con la mirada, con los ojos brillantes de fascinación.
—¡Cielos, esto es realmente increíble!
Era una fiesta mucho más espectacular de lo que había imaginado. Phoebe eligió un cóctel entre las bebidas de bienvenida, mientras que Ju-won, que nunca había probado alcohol, optó por un jugo.
—Oye, hoy voy a encontrarlo sin falta. Al chico que será mi pareja para el baile de graduación. No tiene sentido que mi vida en la preparatoria termine así.
Dijo Phoebe con determinación tras terminarse de un trago su Malibu Orange. Ju-won la sujetó de la cintura y susurró:
—Todo está bien, pero no te involucres con los chicos del equipo de fútbol. Son todos de baja calaña.
—Pero, Hong… en nuestra escuela, los únicos chicos atractivos son los jugadores de fútbol.
—Phoebe, por favor, no me hagas preocuparme.
Phoebe, que dio una vuelta sobre sí misma para escaparse de los brazos de Ju-won, le lanzó un guiño.
«Ella parece que ya está ebria»
Ju-won rezó para que no ocurrieran problemas molestos y desvió la mirada hacia otro lado.
Observó la sala con un vaso de plástico en una mano. Sobre las mesas había montones de cajas de pizza apiladas, y el largo sofá del centro estaba ocupado por chicas del equipo de porristas.
La mayoría de los invitados eran chicos “populares”. Había caras conocidas, pero también muchos que apenas reconocía. Algunos se tomaban selfies para subirlas a redes sociales, mientras otros jugaban al beer pong en un rincón.
«¿No habrá un lugar donde sentarse solo tranquilamente?»
«¿Debería subir al segundo piso?»
Mientras avanzaba lentamente, Ju-won se quedó mirando la vista del patio trasero a través de la puerta de cristal. Afuera había incluso más gente que dentro, atraída por la piscina que ocupaba el centro del jardín.
«Vaya, ¿esta casa tiene hasta piscina adentro?»
Incluso era una piscina de agua templada de la que salía vapor. Las chicas estaban sentadas juntas, metiendo los pies, y algunos chicos ya se habían quitado la camiseta y estaban dentro del agua.
Y, en el centro, por supuesto…
«Claro, era imposible que este tipo no apareciera»
Se veía la figura de Calvin conversando con alguien mientras se echaba hacia atrás el cabello mojado. Su torso, parcialmente visible sobre la superficie del agua, estaba perfectamente definido, y su rostro, brillando por las gotas, era tan impecable que parecía irreal.
Como un actor de cine recién salido de la pantalla, o como un príncipe que solo existía en los sueños de alguien. Permanecía allí, en medio de todo, como si estuviera ligeramente separado del resto. Sin darse cuenta, Ju-won se quedó mirándolo, completamente absorto.
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«¿Eh? ¿Por qué estaba él aquí?»
Parpadeó lentamente, como si hubiera visto un fantasma. La figura alargada que se distinguía a través de la puerta de cristal era, sin duda, Ju-won. No podía equivocarse en eso.
«¿Qué?»
Le pareció que sus miradas se habían cruzado por un instante. Cuando volvió en sí, Ju-won ya había desaparecido.
Calvin se levantó como poseído. Se apartó de los brazos que lo retenían, preguntándole a dónde iba tan de repente, y salió de la piscina climatizada. Se secó el cuerpo apresuradamente y se puso algo de ropa.
—Hey, capitán… ¿a dónde vas?
Preguntó Patrick, que estaba sentado en una tumbona fumando un cigarrillo. Calvin respondió con desgana mientras abría la puerta de cristal.
—Al baño un momento.
El interior de la casa, donde el fervor de la fiesta iba en aumento, estaba sofocante. Los chicos, completamente ebrios, bailaban tambaleándose, y entre ellos había parejas besándose con intensidad.
El corazón de Calvin latía con fuerza y sentía una ligera náusea. Abriéndose paso entre la multitud, fue de habitación en habitación, abriendo cada puerta en busca de Ju-won.
Pero…¿por qué?
Incluso si lo encontraba ahora, nada cambiaría. ¿Tenía algo que decirle? ¿O simplemente estaba preocupado por Hong-i?
«Maldición, ¿a dónde diablos se fue»
«¿Por qué estaba haciendo esto?»
Le dio vueltas una y otra vez, pero la conclusión era una sola. Simplemente, extrañaba a Ju-won. Quería saber si estaba bien. Aunque fuera solo por un momento, quería hablar con él.
—Maldita sea...
Registró toda la casa de arriba abajo, pero no había rastro de Ju-won.
«¿Acaso ya se había ido?»
Calvin suspiró profundamente mientras se sujetaba la frente, todavía adolorida.
«Después de rechazar a alguien de forma tan fría… ¿lo único que hace es huir?»
Le parecía una actitud cobarde que no encajaba con Ju-won.
«Es un chico raro, de todos modos»
Calvin se dirigió a la cocina refunfuñando. Tenía la garganta seca de tanto beber lo que le ofrecían.
Se terminó una botella de agua entera que sacó del refrigerador.
«Ah… ahora sí siento que vivo»
Aplastó la botella de plástico con un gesto de irritación. Y, en el momento en que se agachó para buscar el bote de basura.
«¿Eh?»
Se encontró con la mirada de alguien que estaba encogido miserablemente debajo del fregadero.
—¿Tú qué haces aquí?
Se preguntaba a dónde se había esfumado al no verlo por ninguna parte. Se le escapó una risa breve, casi absurda, por lo ridículo de la situación. Ju-won, avergonzado, se acarició la nuca evitando la mirada de Calvin.
—No te metas.
Dijo entonces con brusquedad. Calvin extendió su mano frente a los ojos de Ju-won.
—No te quedes ahí dando lástima y levántate.
Sin embargo, Ju-won ignoró esa mano y se levantó por su propia cuenta. En su mano derecha sostenía un vaso de plástico rojo.
—No habrás bebido alcohol, ¿verdad?
—Te dije que no te metas.
—Hong-i, ¿todavía estás enojado conmigo?
—…
—Parece que sí.
Ju-won no estaba enojado. En el momento en que sus ojos se cruzaron con los de Calvin a través de la puerta de cristal, fue invadido por una sensación extraña de origen desconocido. Su cabeza dio vueltas y su corazón empezó a latir con fuerza. Sentía el pecho oprimido, como si algo sólido le presionara la boca del estómago.
Cuando se dio cuenta, estaba huyendo. Aunque huir se redujo a esconderse cerca del fregadero, esperando que Calvin no se acercara. Al final, atrapado, bajó la mirada, invadido por la vergüenza.
—No sé por qué viniste aquí, pero procura no beber alcohol, parece que el cóctel que preparó Juice tiene más graduación de la que parece. Si bebes sin cuidado, acabarás vomitando en el suelo como esos de allá y te echarán.
—Eso no va a pasar, así que no te preocupes…Traje mi auto.
—Si es así, me alegro.
Calvin no dijo nada más. Solo se quedó mirando el rostro de Ju-won, que estaba rojo como el de una persona ebria. Hubo un silencio incómodo, y Ju-won seguía evitando su mirada.
—¡Oye, Calvin! ¿Qué haces ahí? Las chicas te buscan.
En ese momento, uno de los compañeros de equipo llamó a Calvin. Ju-won, mirando de reojo por encima del hombro de Calvin, habló.
—¿No deberías ir?
Calvin, recobrando el sentido, giró la cabeza.
—Sí, tengo que ir.
Arrebató un vaso de plástico con cóctel, y su figura alejándose a trompicones se veía inestable. En el lugar donde había estado de pie Calvin quedó un pequeño charco de agua.
Ju-won observó su espalda mientras se alejaba: un caminar poco firme, el cabello lacio empapado, la chaqueta sobre un pantalón corto holgado que no parecía cumplir ninguna función.
«Se va a resfriar si sigue así»
En ese instante, Calvin parecía a punto de derrumbarse en cualquier momento, o de desvanecerse como un espejismo. Una emoción desconocida lo invadió. Su cuerpo se quedó rígido, incapaz de moverse.
«¿Por qué… por qué demonios estaba preocupado por Calvin?»
La atmósfera de la fiesta se volvía cada vez más intensa. A medida que la noche se acercaba, estudiantes de otras escuelas llegaron en masa a la casa de Patrick. La casa entera se llenó de frenesí, embriaguez y el estruendo de la música.
Ju-won no podía irse fácilmente por la preocupación que sentía por Phoebe. Sin embargo, al verla charlando alegremente entre los chicos “populares”, sintió una leve punzada de alivio. Sí, este era su deseo. Aguantaría un poco más, como si fuera la última vez.
Alguien cantaba a todo pulmón aferrado a una máquina de karaoke, mientras otro estaba hecho un ovillo en un rincón, luchando contra las náuseas. Los baños y las habitaciones de invitados ya estaban llenos de adolescentes que compartían el espacio sin demasiados límites. Ju-won, sin pertenecer a ningún lugar, vagaba por la casa como un fantasma.
—¿Ju-won? ¿Eres tú?
—¿Erik?
Erik, apareciendo de la nada, fue un salvavidas. Ju-won estaba en una situación incómoda, sin nadie con quien hablar ni a dónde ir. Erik, abrazándolo con naturalidad, dijo:
—Nos encontramos en un lugar así…Hong Ju-won en una fiesta, ¿qué ha pasado?
—Es la tercera vez que me dicen eso hoy. ¿De verdad no encajo tanto en las fiestas?
—Jaja, es que tienes pinta de no ser de este tipo de lugares. Yo vine a vigilar porque me dijeron que todos los chicos de mi equipo estaban aquí. ¿Y tú qué haces aquí?
—Ah, es que... una amiga me rogó tanto que la acompañara.
Ju-won dijo eso mientras miraba de reojo hacia donde estaba Phoebe.
—Bueno, parece que se está divirtiendo bien sola…Yo ya debería irme.
Erik sujetó el hombro de Ju-won y dijo:
—Ju-won, ¿es en serio? ¿Vas a irte así nada más después de venir hasta aquí sin siquiera jugar?
La imagen de Erik sonriendo con amabilidad resultaba sorprendentemente atractiva.
«¿Sería porque no llevaba el uniforme y vestía ropa de civil?»
Se veía incluso más guapo de lo habitual.
Ju-won llegó a pensar que, si fuera mujer, probablemente le gustaría un chico así. Aunque, claro, Erik no tendría mucho interés en una versión femenina de él.
—No hagas eso y ven a jugar a los dardos conmigo.
—¿Debería? Una partida quizás...
Antes de que Ju-won terminara de responder, Erik lo tomó del brazo. El lugar al que llegaron arrastrados por el ambiente era una pequeña habitación en el segundo piso; a juzgar por la gran pantalla de TV, las consolas de videojuegos, el tablero de dardos y el futbolín, parecía un espacio preparado para juegos.
Las quejas de las porristas cayeron sobre Erik en cuanto apareció con Ju-won.
—¡Oye, Erik! ¡Traer al quarterback es trampa!
Decían que era injusto que un mariscal de campo participara en un juego de dardos donde la puntería y el control de fuerza eran clave. Erik, ignorándolas, puso los dardos en la mano de Ju-won.
—Muéstrales tu habilidad, quarterback.
Luego, Erik le dio unas palmaditas en el hombro a Ju-won. Con los dardos en la mano, Ju-won se colocó detrás de la línea marcada en el suelo.
En el primer intento, clavó el dardo justo en el centro. Al instante, estallaron los vítores a su alrededor. Recibiendo elogios de las porristas, que comentaban que “definitivamente un quarterback es diferente”, Ju-won sintió una ligera punzada de orgullo. Esto podría hacerlo incluso con los ojos cerrados.
Tras lanzar un triple 20 con facilidad, chocó los cinco con Erik. Este, sinceramente feliz, dijo:
—Definitivamente un quarterback es un quarterback. No hay nadie que te iguale en los lanzamientos.
Por un momento, una breve sombra cruzó el rostro de Ju-won. Estaba agradecido por la invitación al juego de dardos, pero la verdad es que llevaba rato sintiéndose incómodo.
—Erik…ya no soy el quarterback.
—¿Eh? ¿A qué te refieres?
—La verdad es que... dejé el equipo después de los últimos playoffs.
Pensó que lo correcto era decírselo. Erik era una persona agradecida que se había autodenominado su “fan” desde el principio.
—Mi relación con el campo terminó este año. Ahora estoy preparando los exámenes de ingreso tras cambiar mi carrera a programación.
Ante la explicación tranquila de Ju-won, Erik asintió. No se sorprendió demasiado ni reaccionó de forma exagerada. Solo le devolvió una pregunta amable sobre si se encontraba bien, sonriendo con calidez. Ju-won se sintió conmovido una vez más por su consideración.
—Es difícil mentalmente, pero estoy bien. Es algo para lo que me he estado preparando desde hace tiempo, últimamente no tengo tiempo para caer en la desesperación por las solicitudes universitarias.
—Si es así, me alegro. Aunque es una lástima. Me gustaba mucho verte sobre el campo.
—Lo lamento, Erik.
—No tienes nada de qué arrepentirte. Más bien, un programador que fue quarterback… ¿no es genial?
—Por el nuevo comienzo de mi quarterback.
Erik alzó su vaso de plástico al aire con una mirada cómplice. Ju-won también levantó el suyo.
—Por cierto… ¿estás bien con Calvin?
En ese momento, Ju-won se desconcertó. Pensó que alguien como Erik podría haberlo notado, pero…¿hasta dónde sabía exactamente? ¿Acaso sabía incluso lo que había pasado entre ellos?
—Aquel día en la cancha de baloncesto el ambiente no se veía bien... Puede que sea una intromisión innecesaria, pero me preocupé un poco. Estás bien, ¿verdad?
«Sí, era imposible que lo supiera»
Ju-won respiró aliviado para sus adentros.
—No fue nada. Solo nos acaloramos un poco hablando del partido. Originalmente nuestras personalidades no encajaban.
—Hum…ya veo.
Erik asintió como si la explicación lo hubiera convencido. De pronto, recordó lo ocurrido en Ashford: el rostro de Calvin, preguntando con cierta molestia si se había besado con Ju-won. Claramente parecía que estaba enamorado de Ju-won de forma no correspondida.
«¿Acaso Ju-won aún no lo sabía?»
Incluso cuando se habían encontrado en la cancha de baloncesto parecían llevarse bien, pero después de eso, en los partidos, ni siquiera parecían hablarse. Erik sentía curiosidad por la relación entre ambos, que parecía acercarse y alejarse constantemente.
—Erik, vamos a jugar al fútbolito.
Erik sonrió ante el tono de voz de Ju-won, que parecía completamente relajado.
«Bueno, da igual... sea lo que sea que pase entre ellos dos, no es asunto mío»
—Está bien, Ju-won. Veamos si también eres bueno en el fútbol que se juega sobre una mesa.
—¿Acaso no es obvio?
Cuando Ju-won se encogió de hombros, Erik soltó una carcajada sonora.
Mientras tanto, en el primer piso, Calvin estaba rodeado de amigos, bebiendo cerveza sin parar. Al verlo tambalearse como si hubiera perdido el control, con la ropa aún húmeda, la gente gritaba de entusiasmo. Parecían encantados de compartir la fiesta y la euforia junto a Calvin, la estrella más popular de Red Ridge.
Incluso había personas que lo tocaban sin mucha discreción o le daban besos en la mejilla. Alguien sostenía su teléfono en alto, grabando sin pudor. Calvin, moviéndose al ritmo de la música ensordecedora, sintió de pronto una mano sujetándolo con fuerza del hombro.
—¡Hermano! ¡Hermano!
Era Patrick, el dueño de la casa. Calvin señaló su oreja haciendo un gesto de que no escuchaba bien. Patrick le gritó directamente al oído.
—¿Dónde diablos dejas tirado el teléfono? Te han estado llamando sin parar desde hace un rato. ¡Contesta rápido!
Dicho esto, le dio un toque en el costado con el celular. Era una llamada entrante. Al ver la palabra “Mamá” en la pantalla, Calvin frunció el entrecejo.
«¿Qué pasaba a esa hora»
Ya le había avisado que se quedaría a dormir en casa de Patrick.
Tras contestar el teléfono, se movió con rapidez. Era evidente que dentro de la casa no escucharía nada por el volumen de la música. Salió al patio trasero, donde estaba la piscina climatizada, y, aún algo tambaleante, respondió la llamada.
[—¡Mamá! ¿Qué pasa?]
Gritó con fuerza tapándose un oído.
[—¡¿Mamá?! ¡¿Mamá?! ]
Llamó a su madre varias veces, pero desde el otro lado del altavoz no salió una respuesta, sino solo gemidos tenues. Al instante, el rostro de Calvin se puso pálido.
[—Mamá, ¿qué te pasa? ¿Sucede algo?]
[—Sí…Calvin... mamá ahora... creo que tengo que ir al hospital de inmediato... ¿puedes venir a casa ahora mismo? Mamá sola…no puede…]
Eleanor continuó hablando con dificultad, cortando palabra por palabra. La conciencia de Calvin, que estaba aturdida, recuperó la lucidez al instante.
[—Mamá, espe-espera un momento, iré a casa ahora mismo.]
Tras colgar el teléfono, Calvin abrió la puerta y corrió de nuevo hacia el interior.
—¡Calvin! ¿A dónde fuiste?
—¡Calvin, ven aquí y juega con nosotras!
Calvin apartó sin dudar las innumerables manos que se extendían hacia él. Su corazón latía con fuerza por el miedo. Tenía que ir con su madre de inmediato. Debía llevarla al hospital como fuera.
Sin embargo, ahora estaba ebrio, y la mayoría de sus amigos se encontraba en un estado similar. En toda la casa solo había una persona que no había probado ni una gota de alcohol. Tras llegar a esa conclusión, Calvin subió las escaleras a grandes zancadas en busca de esa persona.
Cuando abrió de golpe la puerta de la sala de juegos, Ju-won estaba absorto en el futbolín.
La repentina aparición de Calvin hizo que todas las miradas se concentraran en un punto. Ju-won, que giraba las barras con gesto concentrado, también levantó la cabeza.
—¿Calvin?
Sus miradas se cruzaron, y Ju-won presintió que algo andaba mal.
—Hong-i, hablemos un momento.
Consciente de las miradas que naturalmente lo seguían, Calvin salió primero de la habitación. Ju-won, soltando las barras sin dudar, lo siguió. Erik los observó con expresión de no entender nada.
Calvin sujetó el brazo de Ju-won y lo llevó a un rincón. Ju-won frunció el ceño de inmediato ante el fuerte olor a alcohol.
—¡Oye, Calvin! ¿Qué es esto de repente…?
—Hong-i, por favor, llévame a mi casa ahora.
—¿Qué?
—Acaba de llamarme mamá. Parece que rompió fuente. Tengo que llevarla al hospital de inmediato y todos los demás han bebido.
La voz de Calvin temblaba. Antes de que terminara de hablar, Ju-won sacó las llaves del auto del bolsillo de su sudadera.
—Sígueme.
Con esa sola palabra, ambos comenzaron a correr. Bajaron las escaleras a toda prisa, se abrieron paso entre la multitud y salieron de la casa de Patrick. Tras cruzar la entrada de autos, llegaron al callejón donde estaba estacionado el vehículo. Ju-won se movía con urgencia, como si cada minuto y cada segundo fueran decisivos.
Los movimientos de Ju-won eran rápidos, pero controlados, y esa calma extraña logró tranquilizar a Calvin. Sintió que, si estaba con Ju-won, esa noche terminaría bien.
«Sí…tenía que calmarse. No pasaría nada. En cuanto llegaran a casa, solo debía llevar a su madre al hospital de inmediato»
Ya era la tercera vez que enfrentaba un parto de su madre, pero esta vez era distinto. Cuando Mason y Lucas nacieron, su padre estaba allí. Thomas siempre viajaba por el país, pero regresaba a casa justo antes de la fecha prevista. Esta vez también debía llegar a Birmingham en dos semanas.
Sin embargo, el parto se había adelantado. Su padre seguía en Nueva York y sus hermanos aún eran pequeños. Ahora, esa responsabilidad recaía por completo en Calvin, tenía la obligación de proteger a su familia.
En la carretera oscura, el Chevrolet Impala de Ju-won avanzaba a toda velocidad. No había intención de conducir con suavidad dadas las circunstancias. Calvin se tensó un poco ante la conducción agresiva que sacudía el vehículo, pero al mismo tiempo sintió alivio.
«Bien… así llegarían más rápido»
Ju-won, en silencio, bajó ligeramente la ventanilla del copiloto, un gesto para él. Calvin inhaló el aire frío que entraba por la rendija. Su mente se aclaró un poco.
—Gracias, Hong-i.
Dijo Calvin, con el rostro más sereno.
—Parecía que tenías calor.
Ju-won respondió con confusión. Las palabras de agradecimiento que salieron de la boca de Calvin le golpearon el pecho como una punzada. No sabía por qué, pero sintió una extraña cosquilla en el interior.
—No por eso. Gracias por traerme en el auto.
Una voz que resonaba suavemente. Ju-won volvió a sujetar el volante sin decir nada.
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Tras confirmar el estado de Eleanor, Ju-won la ayudó de inmediato a subir al auto y la acomodó en el asiento trasero. Calvin no dejó de darle palmaditas en el hombro durante todo el trayecto al hospital.
—Mamá, aguanta un poco… ya casi llegamos.
Susurraba mientras le acariciaba la frente empapada de sudor. Ju-won, con una mujer embarazada en pleno trabajo de parto y su hijo en el auto, condujo con más determinación que nunca.
Nada más llegar al hospital, se dirigieron a urgencias. Ju-won y Calvin, sosteniendo a Eleanor de ambos brazos, entraron por las puertas automáticas. La respiración de Eleanor era agitada, y la mancha en su ropa, donde se mezclaban sangre y líquido amniótico, se hacía cada vez más grande.
—¡Ayuda, por favor, es una mujer embarazada!
Gritó Calvin, con una voz cargada de miedo, al borde del llanto. Era completamente distinta a la que usaba para cantar las jugadas en el campo.
El empleado del mostrador de recepción comprendió la situación de inmediato y tomó el walkie-talkie.
—Comuníquese con obstetricia. Hay una mujer embarazada en la entrada de urgencias. Ruptura de fuente.
Poco después, llegaron dos enfermeras con una silla de ruedas. Le hicieron varias preguntas a Calvin.
—¿De cuántas semanas está? ¿Y las contracciones?
—Probablemente esté de unas 38 semanas. Las contracciones aún no parecen regulares.
Calvin respondió con la mayor calma posible.
—Muy bien, siéntela aquí. Suelte las manos despacio.
Siguiendo las indicaciones de la enfermera, acomodaron a su madre en la silla de ruedas. Eleanor sostuvo con fuerza la mano de Calvin hasta el final.
—Por la posibilidad de un parto adelantado, la llevaremos directamente a la sala de partos. Ustedes dos, ¿qué relación tienen con la paciente?
—Ah, yo soy el hijo…y él es...
Calvin vaciló un momento en la respuesta. Ju-won, para quien esta situación era la primera vez en su vida, estaba sudando a mares medio paso por detrás.
—Él es mi amigo.
Una risa de alivio se le escapó a Ju-won.
«¿Amigo?…Amigo, dice»
—Que un tutor nos acompañe.
Ante las palabras de la enfermera, Calvin asintió. Como hijo, sin soltar la mano de su madre, apresuró el paso hacia la sala de partos.
Ju-won soltó un largo suspiro.
«De cualquier modo, habían llegado al hospital sin retrasos; su papel, en teoría, terminaba ahí»
Con ese pensamiento, miró la espalda de Calvin mientras corría hacia urgencias: la de alguien que cargaba con la responsabilidad de su familia, esforzándose por ocultar su propio miedo.
«¿Habría sido capaz de soportar una situación así si hubiera estado en su lugar?»
Solo imaginarlo le nubló la vista.
Pensó que era demasiado joven para cargar con tanta responsabilidad. Aunque ya hubieran cumplido los dieciocho, seguían siendo estudiantes de preparatoria. Para Ju-won, que había crecido rodeado del cariño de sus padres y su hermana mayor, resultaba imposible imaginar una vida como la de Calvin.
Al pensar en él, en cómo había cuidado de su madre embarazada y de sus hermanos incluso sin la presencia de su padre, algo dentro de Ju-won se removió. Una emoción desconocida, que nunca había sentido en el campo de juego, lo cubrió como un oleaje repentino. La imagen de Calvin permanecía en su pecho, y no podía dejar de darle vueltas.
Se limpió el sudor de la frente y se sentó en una silla de la sala de espera. Decidió quedarse en el hospital por si surgía algo.
Unos treinta minutos después de que Eleanor entrara en la sala de partos, Calvin regresó al vestíbulo buscándolo. Ju-won se levantó de un salto y se acercó a él.
—Hong-i, todavía estabas aquí.
Dijo Calvin, que se veía más demacrado que hace un momento. Quizás por el gran desgaste mental, su rostro estaba inusualmente pálido.
—Estaba esperando por si acaso. ¿Por qué saliste ya? ¿Está bien tu madre?
—Me dijeron que, por ahora, no es una situación de peligro. Según el médico, inducirán las contracciones con medicamentos. Probablemente tendré un hermano antes de que acabe el día.
—Entonces, ¿por qué saliste? ¿No deberías estar con tu madre todo el tiempo?
—Yo también quiero hacerlo, pero no hay nadie que cuide de mis hermanos en casa. La niñera no puede venir hasta mañana por la mañana…
—¿Así que piensas ir a casa ahora?
—No se puede evitar. Mamá estará bien, no es la primera vez que pasa por esto.
Calvin dijo eso, pero su semblante estaba cargado de preocupación por su madre. Ju-won dudó un instante antes de hablar:
—Yo haré eso.
—¿Eh?
—Yo puedo ir a tu casa y cuidar de tus hermanos. Solo dime qué tengo que hacer.
Las pupilas de Calvin temblaron.
—Hong-i… no tienes que llegar a tanto.
Su voz sonó sorprendida. Pero Ju-won ya había tomado una decisión.
—Alguien tiene que quedarse al lado de tu madre. No pasa nada, déjamelo a mí. ¿Qué están haciendo tus hermanos ahora?
—Ahora los dos están durmiendo, pero puede que se despierten a mitad de la noche... Si por si acaso tienen miedo, explícales la situación por encima. Además...
—¿Y luego solo tengo que volver a dormirlos?
—Si puedes.
Ju-won pasó por alto la respuesta cargada de significado de Calvin.
«Si sus hermanos ya estaban dormidos y no se despertaban, entonces… ¿no significaba que prácticamente no tendría nada que hacer?»
«No eran bebés recién nacidos, sino dos niños de primaria. ¿De verdad no podría con eso?»
Mientras Ju-won confiaba demasiado en su propia capacidad, Calvin movía los labios como si quisiera decir algo.
—Hong-i.
Ju-won, que estaba a punto de salir del hospital a toda prisa, se detuvo. La mirada afectuosa de Calvin le provocó una leve cosquilla en el pecho.
—Siento que todavía no he podido darte las gracias adecuadamente. Nunca olvidaré lo que has hecho por mí hoy. Realmente...muchas gracias.
La voz cargada de cansancio se quebró gravemente. Sin embargo, esos dos ojos que no perdían su brillo azul captaban la imagen de Ju-won con todas sus fuerzas. Como si este momento fuera nuestro final.
—Sí…Esfuérzate.
«¿Será porque había demasiada sinceridad contenida?»
Era difícil mirar a los ojos de Calvin, Ju-won le dio unas breves palmaditas en el hombro y se dio la vuelta.
✧ ° 。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧
Ju-won abrió la puerta principal con la llave de la casa que recibió de Calvin.
Era una hora cercana a la medianoche, y la casa estaba en total silencio.
«Menos mal que están durmiendo bien»
Se sintió aliviado por dentro y entró en la casa de puntillas.
«Dijo que el segundo, Mason, tiene once años, y el tercero, Lucas, tiene diez...»
«¿Se parecerán a Calvin? Si se parecen, serían muy lindos»
Ju-won observó el interior de la casa con ánimo ligero. No era una casa pequeña ni grande, pero parecía absurdamente estrecha para que viviera una familia de cinco incluyendo a Calvin.
«¿Son estas todas las habitaciones?»
Había platos sin recoger sobre la mesa del comedor. En el suelo de la sala, trastos como libros o ropa. Era una casa pequeña donde se notaban los rastros de una crianza agotadora.
«Dijeron que los niños estaban en la habitación de la derecha»
Ju-won agarró el pomo de la puerta de la habitación donde estaban Mason y Lucas. Aguantó la respiración lo más posible para no hacer ruido y abrió la puerta lentamente.
Dentro de la pequeña habitación donde había caído la oscuridad, las siluetas de dos niños que dormían como ángeles en la cama entraron en su campo de visión.
«Están bien, menos mal»
Aliviado, Ju-won volvió a cerrar la puerta de la habitación con cuidado. En realidad, sentía curiosidad por los hermanos de Calvin. Pero como las luces estaban apagadas, no alcanzó a verles el rostro.
«¿No habrá alguna foto familiar? pensó mientras regresaba hacia la sala»
«Oh, la encontré»
Al descubrir un portarretratos debajo del televisor, Ju-won levantó ligeramente las comisuras de los labios. Era una foto familiar que parecía tomada hacía mucho tiempo: un Calvin pequeño, con rostro infantil, y dos hermanos con mejillas regordetas. Sin duda se parecían. La imagen de los tres sentados uno junto al otro, tomados de la mano, parecía una obra que capturaba el crecimiento de una familia.
Ju-won soltó una breve risa sin darse cuenta. No podía creer que Calvin, con ese cuerpo grande y robusto propio de un atleta, también hubiera sido un niño así.
El padre de Calvin era alto y de hombros anchos como él, pero su apariencia era más común de lo que había imaginado. Sus rasgos parecían más cercanos a los de su madre, mientras que el color de cabello y ojos venía de su padre. Ju-won se dio cuenta, una vez más, de lo poco que realmente sabía sobre Calvin.
Hubo un tiempo en que pensó que Calvin era un joven amo de casa rica que no sabía nada de cómo funcionaba el mundo. Al pensar en él, que debió vivir cargando un peso de vida que él mismo ni siquiera podría imaginar, su corazón se sentía incómodo constantemente.
Tras mirar la foto familiar de Calvin por un largo rato, Ju-won movió su mirada hacia los otros portarretratos colocados al lado. La mayoría eran fotos de Calvin. El mariscal de campo estrella de Birmingham, sonriendo brillantemente con el uniforme puesto y pintura negra bajo los ojos. Hubo un tiempo en que Ju-won anheló hasta la muerte el trofeo de Jugador Más Valioso que sostenía en su mano. Desperdició muchísimos días envidiándolo sin poder reconocer la habilidad de Calvin.
Habían pasado apenas unas semanas, pero ¿por qué se sentía tan lejano? Calvin, visto sin prejuicios, era sin duda una buena persona: tanto como mariscal de campo como también como amigo.
«También lo era como amante»
La sensación del beso, que creía haber olvidado, volvió a rozarle los labios antes de desvanecerse. El temblor y la emoción de aquel momento seguían grabados con claridad en la mente de Ju-won. El primer beso, el segundo… incluso el tercero y el cuarto.
«Fue realmente bueno…Sentía que podía entender por qué la gente se besa tanto»
Ju-won, que estaba de pie recordando los besos con Calvin, sacudió la cabeza con fuerza.
«Reacciona, Hong Ju-won. ¿Qué pretendes hacer a estas alturas?»
Se sentó en el sofá y tomó el control remoto. No era alguien que soliera ver mucha televisión, pero en ese momento parecía la mejor forma de matar el tiempo hasta que Calvin regresara. Mientras cambiaba de canal con la mente en blanco, el sueño lo alcanzó sin previo aviso.
Ju-won, que empezaba a cabecear, abrió los ojos de golpe al sentir una presencia.
—¿Quién es usted, señor?
«Mierda, qué susto. Por un momento estuvo a punto de soltar una grosería»
Una niña con la cara desgreñada, como si acabara de despertar, miraba fijamente a Ju-won.
—Yo… yo soy un amigo de la escuela de Calvin. También jugaba en el equipo de fútbol, ¿por casualidad no has venido nunca a ver un partido?
—He ido, pero a usted no lo he visto.
—¿Ah, sí? Eso es probablemente porque tengo la misma posición que Calvin…
—Parece mentira. Voy a llamar a la policía.
Mason, que habló con determinación y se dio la vuelta, levantó el teléfono y comenzó a marcar los números.
—¡Es-espera, espera un momento, Mason!
Ju-won, que corrió apresuradamente, le arrebató el teléfono de las pequeñas manos de Mason.
—¿No puedes creerme solo una vez? De verdad soy amigo de tu hermano.
—Entonces dígame cuál es el segundo color favorito de mi hermano.
Ju-won quería llorar.
«¿Cómo voy a saber yo cuál es el segundo color que más le gusta a Calvin?»
—Ehhh, mmm, ¿el amarillo? ¿Es el amarillo, verdad?
—Oh…respuesta correcta.
Ju-won se alivió al pasar la crisis de ser denunciado a la policía.
«¿De verdad me cree? ¿Solo con algo como esto?»
—Me desperté porque quería ir al baño, pero me asusté porque había un desconocido en la sala. ¿A dónde fueron mi mamá y mi hermano?
Mason continuó hablando con claridad. Las comisuras de los labios de Ju-won, que la observaba, empezaron a elevarse poco a poco. ¿Cómo no sonreír ante una niña tan pequeña, que apenas le llegaba a la cintura y tenía las mejillas regordetas? Incluso se parecía mucho a Calvin, con rasgos definidos y ojos brillantes.
—Tu madre y tu hermano están en el hospital ahora. Dicen que hoy mismo vas a tener un nuevo hermanito. ¿Qué tal, Mason? ¿Estás feliz?
Ante la palabra "hermanito", los dos ojos de Mason se agrandaron y se pusieron redondos. Sin embargo, pronto puso una expresión sombría y murmuró en voz baja.
—El nuevo hermanito no debería estar enfermo…
Ju-won recordó la historia familiar que escuchó de pasada de Calvin.
Había dicho que el cuarto estaba enfermo. A juzgar por el hecho de que no estaba en casa.
«¿Sería una enfermedad lo bastante grave como para permanecer en el hospital todo el tiempo?»
Ju-won, con el pecho oprimido, se agachó para quedar a la altura de Mason y mirarla a los ojos.
—No te preocupes, Mason. El doctor dijo que el nuevo hermanito no estará enfermo.
—¿Cómo sabe eso el doctor? Si todavía ni ha nacido.
—Sí, bueno…es cierto, pero…
Parece que he visto a Mason como alguien demasiado pequeño. A los once años es una edad en la que se sabe todo lo que hay que saber. Ju-won, al darse cuenta de que no podía engañar a Mason de ninguna manera, respondió vagamente de cualquier forma.
—De todos modos, el hermanito estará bien. Tu madre también. Así que, ¿vamos a dormir de nuevo?
—Sí…bueno.
Mason respondió como si no pudiera confiar del todo. Esta niña, aunque parece un bebé, su forma de actuar y hablar es totalmente de una adolescente.
«Calvin… debió ser difícil para él»
Tras apenas unos minutos de conversación, ya sentía que se le agotaba la energía. Ju-won sonrió con torpeza ante la intuición de haber encontrado a una rival difícil.
«En la otra habitación debía de estar durmiendo los otros niños. Por favor… Lucas no te despiertes»
—Hermana…Mason…¿quién es ese señor?
«Maldita sea. ¿Por qué los malos presentimientos siempre aciertan?»
Como si hubiera escuchado las voces en la sala, Lucas ya había salido de la habitación y se frotaba los ojos somnolientos.
«Que me diga señor…Mason al menos me llamó hermano mayor»
—Este hermano es amigo de Calvin. Pero todavía no puedo confiar en él perfectamente, así que sospecho.
—¿A dónde fue mamá?
—Dijo que fue a tener al hermanito.
—¡Ah!
Los dos niños, con el cabello alborotado, iniciaron una conversación seria con Ju-won en medio. Él se preguntó si, después de eso, se irían a dormir tranquilos, tomados de la mano, pero…
—Hermano, tengo hambre.
«No podía ser tan sencillo»
Ju-won, que no sabía absolutamente nada sobre cómo tratar con niños, se quedó completamente desconcertado ante la situación.
«¿Hambre? ¿Me está pidiendo que le prepare comida ahora?»
—¡Oye, Lucas! ¡Cómo puedes decir eso!
Afortunadamente, Mason intervino para detener a su hermano. Ju-won se alivió. Parece que por ser un año mayor es un poco más formal.
—¡Como dijiste eso, a mí también me dio hambre, tonto!
«No era así…»
Ju-won, soltando un suspiro, dejó atrás a los dos niños y se dirigió a la cocina. No le apetecía mucho mirar el refrigerador de una casa ajena, pero no había opción.
«Los niños de esta casa dicen que tienen hambre, ¿qué se le va a hacer?»
Buscó en el refrigerador de esa manera, pero no se veía comida adecuada. Unas bolsas cuyo contenido ni siquiera se podía predecir y unos cuantos recipientes de comida de acero inoxidable era todo lo que había. La alacena que abrió pensando que habría algún bocadillo estaba vacía. Ju-won, desconcertado, se quedó congelado parpadeando.
«Maldición, es tan diferente a mi casa…»
Mientras Ju-won, convencido de que en todas las alacenas habría galletas y ramen en abundancia, contemplaba el interior vacío con la mirada perdida, Mason y Lucas corrieron tras él hasta la cocina. Desde abajo, miraban expectantes a Ju-won, que, por su altura, ni siquiera necesitaba estirarse para abrir la alacena.
—Hermano, hermano, ¿usted también sabe cocinar? Dahlia cocina muy bien. ¡Nos hace todo lo que queremos comer!
—¿Dahlia? ¿Quién es Dahlia?
—Es la persona que juega con nosotros por dinero. Hermano, usted vino en lugar de Dahlia, ¿verdad?
«Bueno, en cierto modo es así por ahora»
Ju-won dejó la frase en el aire. Lucas hablaba el doble que Mason, y su mirada era tres veces más brillante. Con los ojos aún algo hinchados por lo profundamente que había dormido, se pegaba a Ju-won, hablándole sin parar.
—¿Despidieron a Dahlia por culpa del hermano? Eso no me gusta.
—No, no la despidieron. Dahlia vendrá mañana por la mañana.
—¿Entonces vamos a pasar hambre hasta la mañana?
Esta vez fue Mason. Ju-won ya no pudo soportar más el bombardeo de preguntas de ellos.
—No se preocupen, niños. Les haré algo rico.
A pesar de las apariencias, Ju-won era el hijo del mejor chef de comida coreana de Birmingham. Nunca había cocinado en serio, pero tenía la habilidad suficiente para preparar algo sencillo con lo que alimentar a unos niños. El problema era que no había ingredientes adecuados en aquella casa.
Tras pensarlo un momento, Ju-won habló con firmeza, como si ya hubiera tomado una decisión.
—Niños, pónganse sus abrigos. Iremos a Walmart
—¡Yeeei!
Mason y Lucas, al enterarse de que saldrían a esas horas de la noche, no pudieron ocultar su emoción. Al verlos correr a la habitación por sus abrigos, Ju-won soltó una pequeña risa.
«Por muy inteligentes que fueran, seguían siendo niños…Eran adorables»
Afortunadamente, como no habían pasado muchos días desde que recibió su mesada, no tenía problemas económicos. Pensar en darles algo rico a los hermanos de Calvin le produjo una leve sensación de satisfacción. Claro que, en el caso de Ju-won, eso significaba simplemente preparar ramen.
Llevó a Mason y Lucas en el asiento trasero y se dirigió a un Walmart abierto las 24 horas. Por suerte, se portaron bien; al decirles su nombre, “Hong”, lo repetían obedientemente, llamándolo “Hong, Hong”. En la sección de ramen coreano había pocos tipos, pero al menos encontró Neoguri y Chapagetti.
«Creo que si mezclo estos dos queda muy bueno»
Recordaba la receta que su padre le hacía a menudo cuando era pequeño. Mason tomó un paquete de ramen negro con la imagen de un pollo, pero Ju-won se apresuró a detenerla con todas sus fuerzas.
—Mason, ese es un ramen extremadamente picante. Si comes eso, podrías llorar.
Iba a ir a la caja registradora tras poner en el carrito el ramen y unas galletas, pero Lucas caminó naturalmente hacia la sección de juguetes. Ju-won, temiendo que pudiera perder al niño en este supermercado tan grande, corrió apresuradamente hacia allá.
—Lucas, ¿qué estás haciendo aquí?
Lo que Lucas estaba mirando era un pequeño muñeco de llavero. Un oso de peluche amarillo que llevaba un jersey de fútbol y una rejilla facial, y cargaba un balón bajo el brazo. Parecía ser mercancía de un equipo de fútbol profesional.
—Este osito, parece que es un mariscal de campo.
Ju-won se agachó lentamente hacia Lucas.
—¿Por casualidad quieres esto?
—Se parece a mi hermano. El color de pelo también es igual.
Luego miró atentamente aquel osito. Quizás porque su color era amarillo, le parecía ligeramente familiar.
La lealtad de Lucas, que incluso al ver un simple llavero pensaba en su hermano, resultaba entrañable.
«Bueno, debía de estar orgulloso. Su hermano mayor era el mejor mariscal de campo estrella de Birmingham»
Ju-won soltó una pequeña risa y le dijo a Lucas:
—Lucas, qué bueno que tengas un hermano que es un mariscal de campo genial.
—Mi sueño es ser un mariscal de campo como Calvin. Quiero ser un mariscal de campo de clase mundial, ganar muchísimo dinero, y… hacer que George no esté enfermo. También el hermanito que va a nacer.
Un niño de diez años que sueña con ser un mariscal de campo de clase mundial. Como si viera su propio pasado, Ju-won cayó pronto en un sentimiento extraño.
—Vamos. Esto te lo comprará el hermano como regalo.
Diciendo eso, Ju-won tomó dos llaveros de mariscal de campo. Cuando Lucas le preguntó por qué compraba dos, respondió:
—Solo porque yo también quiero tener uno.
Mason, que lo miraba fijamente, intervino:
—Hermano, ¿y yo? ¿Yo no tengo regalo?
«Ah… no había pensado en eso. A esa edad, él también sentía muchos celos de su hermana»
—Mason, tú también elige uno que quieras.
Mason se alegró por las palabras de Ju-won y comenzó a rebuscar en las cajas de Lego.
—¡Mason, es trampa! ¡Los Legos son carísimos!
Lucas protestó. Mason, sacándole la lengua a su hermano menor, eligió una pequeña caja de Lego y la llevó consigo. Por suerte, era una figura que costaba unos diez dólares.
Al final, Ju-won terminó poniendo un regalo en manos de cada uno, pero su ánimo no era malo. Después de todo, le había dicho a Calvin que se haría cargo sin problemas esa noche.
«Cuidar niños también tenía su lado divertido»
Tras pagar vaciando prácticamente su mesada, Ju-won condujo de regreso a la casa de Calvin. En el bolsillo de su sudadera llevaba el llavero de oso de pelaje amarillo.
Afortunadamente, el ramen que preparó tuvo una gran aceptación. Quién diría que acabaría demostrando, en un lugar como ese, la habilidad que había adquirido de pequeño cocinando para su hermana mayor. Ju-won observó con satisfacción a Mason y Lucas, que comían los fideos con entusiasmo, con la salsa negra manchándoles las comisuras de los labios.
Los hermanos, que vaciaron el ramen raspando el fondo de la olla, comenzaron a cabecear de nuevo.
«¿Será que les da sueño porque están llenos?»
Ju-won recordó cómo su madre lo regañaba cuando era pequeño y los empujó suavemente hacia el baño. Por mucho sueño que tuvieran, los niños debían lavarse los dientes antes de dormir. Lucas protestó diciendo que ya se los había lavado, pero, ante el regaño de Mason
—los dientes se lavan cada vez que comes
tomó el cepillo sin discutir.
Solo después de asegurarse de que ambos volvieran a acostarse, Ju-won dio por terminado su improvisado día como cuidador.
Tras recoger y lavar los platos, se dejó caer de nuevo en el sofá. Encendió el teléfono para ver la hora y encontró una notificación de Stagram:
«Era un mensaje directo de Calvin»
➥MCalvin:
⤷(foto)
⤷Saluda. Es mi nueva hermanita.
Ju-won, al ver la foto que le había enviado Calvin, no pudo evitar soltar una carcajada. La imagen del recién nacido, arrugado y con los ojos aún cerrados, le provocó una risa espontánea.
«Parece que, por suerte, nació sana»
Con una leve sonrisa de satisfacción en los labios, Ju-won envió una respuesta.
➥hongjuwon1013: ¿Es niña? ¿O niño?
➥MCalvin: Afortunadamente es una niña. Ser tres hermanos varones sería demasiado terrible :(
➥hongjuwon1013: Qué bien. Es linda. ¿Cómo está tu madre?
➥MCalvin : Está sana. Le avisé a mi papá y dijo que vendría mañana mismo en avión. Gracias a eso estoy más tranquilo.
⤷Gracias, Hong-i.
Ju-won cerró la aplicación de Stagram con una pequeña risa. Le resultaba extraño, como si de algún modo se hubiera vuelto parte de esa familia. Si a él le parecían así de adorables, no podía imaginar cómo los vería Calvin, siendo su propia sangre. Ahora entendía mejor el peso que cargaba al sentirse responsable de protegerlos.
✧ ° 。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧
Calvin regresó justo cuando empezaba a amanecer. Ju-won, que estaba cabeceando, abrió los ojos de golpe al escuchar la puerta principal. Calvin entró a toda prisa en la casa y dijo:
—Hong-i, lamento la demora… salí en cuanto confirmé que mamá se durmió, pero ya era tarde.
Había corrido a toda prisa por la culpa, pero el interior de la casa se veía tranquilo. Incluso tuvo la extraña sensación de que estaba más ordenado que antes. Calvin miró a Ju-won con cara de incredulidad.
—¿Acaso tú… también limpiaste?
—No es nada tan grandioso como una limpieza. Solo ordené un poco. Los niños dijeron que tenían hambre, así que les di un poco de ramen, ¿está bien?
—Hong-i, tú de verdad…
«No esperaba que hiciera tanto por él»
Calvin mostró una expresión compleja, abrumado por la mezcla de emociones que lo invadía.
«¿Cómo podría compensarle todo aquello?»
Estaban en vacaciones, y cuando terminaran, pronto llegaría la graduación. Al pensar que quizá se separaría de Ju-won para siempre, sintió cómo se le nublaba la vista.
—Yo me encargaré desde aquí, así que vete pronto a casa… la niñera llegará pronto, y mañana papá…
—Aunque vuelva a casa ahora, solo seré una molestia para mi familia. Si no te importa, quisiera quedarme aquí hasta la mañana.
—Ah…claro. Entonces…
En un instante, el ambiente se volvió incómodo. Calvin dejó la frase en el aire y Ju-won bajó la mirada. Los sentimientos que aún no se resolvían revivieron detalladamente entre los dos.
—Te ves cansado.
Dijo Ju-won al ver sus ojos hundidos y sus mejillas demacradas. Bueno, era natural estar así de cansado después de haber bebido tanto y de haber cuidado a su madre durante varias horas.
—Estoy bien. Estoy perfecto.
Pero Calvin no dejó de sonreír. Se quitó la chaqueta universitaria con el logo de Red Ridge y se acercó lentamente a Ju-won. En la mano llevaba una bolsa de Baker’s Shakers.
—Esto… lo compré porque tenía hambre, ¿quieres comer conmigo?
Ju-won asintió tras pensarlo un momento.
Calvin preparó la comida con soltura: dos hamburguesas, unas papas fritas grandes y dos batidos. Ju-won observó la escena con la mente en blanco.
«¿De verdad compró todo esto pensando en comer solo?»
«Por mucho que Calvin tuviera buen apetito, aquello era demasiado»
Ju-won se sentó frente a la mesa con cierta duda. Calvin deslizó una hamburguesa sencilla hacia él. Era el mismo menú que habían compartido la primera vez.
Había comprado todo con la intención de compartirlo con Hong-i, como aquella vez, pero que realmente estuvieran comiendo juntos ahora.
Calvin desvió la mirada, incómodo por una timidez inesperada.
Ju-won desenvolvió la hamburguesa en silencio.
Mirando hacia atrás, lo único que había ingerido desde la tarde anterior había sido un vaso de jugo de bienvenida. No había tocado ni la pizza ni las alitas que se amontonaban en casa de Patrick.
«Cierto, olvidé escribirle a Phoebe… Me pregunto si habrá llegado bien»
Con el teléfono en una mano y la hamburguesa en la otra, Ju-won tecleó un mensaje.
Calvin lo observaba fijamente. Resultaba casi irreal verlo sentado con tanta naturalidad en la mesa de su casa, comiendo como si siempre hubiera pertenecido allí. Por un momento, se preguntó si no estaría soñando.
Ju-won devoró la hamburguesa en un instante, a una velocidad comparable a la de Calvin. Tras doblar el envoltorio con cuidado, dio un sorbo al batido y dijo:
—Gracias. Comí muy bien gracias a esto.
—Sí.
Calvin observó su rostro en silencio. El Ju-won después de dejar el equipo era distinto al de antes. Su impresión se había suavizado; quizá también influía el ligero cambio físico tras haber descansado del entrenamiento. Sus ojos, que antes parecían siempre enfadados, ahora estaban más relajados, conservando solo la seriedad. Su forma de hablar, antes afilada y sensible, había ganado cierta calidez. Paradójicamente, Ju-won parecía más estable desde que había dejado el campo.
Pensó que era una suerte. Parecía estar bien, como si hubiera dado un paso hacia una nueva etapa de su vida, dejando atrás el odio y el arrepentimiento hacia él.
«Por eso… parecía un adulto.»
Mientras Calvin seguía atrapado en la dificultad de olvidarlo, Ju-won se había convertido en un adulto hecho y derecho.
—Hong-i…Tú.
—Dime.
—¿Ya cerraste completamente tu corazón respecto al fútbol?
En realidad, era una pregunta sobre su relación, no sobre el fútbol. Como no podía preguntarle directamente si ya se había olvidado de él por completo o si ya no le agradaba ni le desagradaba, Calvin eligió el desvío, casi con cobardía.
—Claro que no.
Dijo Ju-won mientras revolvía las papas fritas.
—Seguiré jugando al fútbol. Ya sea entrando a un equipo amateur en la universidad o haciendo actividades de club, seguiré con este deporte. No tengo intención de dejarlo nunca.
«Era una respuesta muy propia de Ju-won»
Calvin soltó una pequeña risa.
—Qué bueno entonces, Hong-i.
«Qué bueno que tu corazón no haya terminado»
Ju-won seguía siendo el mariscal de campo favorito de Calvin, y ese hecho no cambiaría en el futuro.
—¿Y tú? ¿Ya decidiste la universidad?
Preguntó Ju-won. Calvin, que pensaba que él no tendría curiosidad sobre su vida, se sorprendió un poco.
—Todavía no…Las condiciones que me ofrecieron son similares, así que lo estoy pensando.
—¿Y no había ningún equipo al que quisieras entrar originalmente?
—No…Aun así, sería mejor ir a una universidad cercana, como mis hermanos son pequeños, tengo que cuidarlos de cerca.
Al escuchar las palabras de Calvin, Ju-won frunció un poco el ceño.
—¿Es necesario hacer eso? Una niñera puede cuidar a tus hermanos. ¿No basta con que tú les des apoyo financiero mientras recibes una beca del equipo?
Calvin dijo con una sonrisa amarga.
—Aun así, yo debo estar cerca. Mi mamá, mi papá, mis hermanos… toda mi familia depende de mí. Como papá está lejos, yo soy el reemplazo de papá.
«Era una voz cansada, pero el significado que contenía era firme»
Ju-won asintió levemente. Si era así, era muy probable que Calvin fuera a la UAB en Birmingham o a la UA en Tuscaloosa.
—Yo pienso postular a la LAMU.
Ante las palabras que Ju-won soltó con calma, Calvin mostró una expresión de sorpresa.
—¿LAMU? ¿Se iba tan lejos?
Cuando Calvin le preguntó, Ju-won respondió como si no fuera gran cosa.
—Sí. Es la escuela con la que soñaba desde que era jugador.
Calvin también había recibido una buena oferta del Green Storm, el equipo de fútbol de la LAMU, pero salir de Alabama no era una opción que él considerara.
Alabama y California eran tan diferentes que casi podían sentirse como países distintos. L.A., una ciudad que solo había visto en los medios. El anuncio de Ju-won de marcharse a un lugar donde todo la cultura, el estilo de vida y hasta la forma de ser de la gente era diferente, impactó a Calvin. Ju-won, ajeno a los pensamientos de Calvin, seguía comiendo papas fritas con calma.
Un silencio incómodo se instaló sobre la mesa. Como Ju-won no parecía dispuesto a continuar la conversación, Calvin empezó a inquietarse. Cuando saliera el sol, Ju-won se iría de la casa y él no podría verlo durante todas las vacaciones.
—Hong-i, ¿quieres ver mi habitación?
Dijo cualquier cosa por la ansiedad. Los ojos que se veían cansados por pasar la noche en vela parpadearon. Por un momento, Calvin se puso nervioso.
—Claro, me gustaría.
En realidad, Ju-won quería ver la habitación de Calvin desde que entró por primera vez a esta casa. Porque sentía curiosidad por saber cómo sería la habitación del mariscal de campo prodigio. Los dos, que terminaron con toda la comida de Baker's Shakers, se levantaron de sus asientos.
La habitación de Calvin era más pequeña de lo que Ju-won había imaginado. Probablemente él mismo estaba usando la habitación más reducida de toda la casa. Un escritorio pequeño, una cama individual y un estante de libros conformaban casi todo el mobiliario. En lugar de libros, el estante estaba lleno de DVDs de películas y figuras cuidadosamente exhibidas.
El papel tapiz era de un azul claro que recordaba al mar, y sobre él colgaban jerseys de fútbol y pósters de películas. Ju-won no podía apartar la mirada de las figuras ordenadas con precisión. Por supuesto, no lograba distinguir los personajes ficticios que Calvin había coleccionado.
Calvin se acercó a su lado de repente.
—Este es Darth Vader, el de “Star Wars”.
Explicó con voz amable. Ju-won soltó una risa baja como si fuera absurdo.
—Yo también sé que este es Darth Vader.
—¿Ah, sí?
«Oye, ¿quién en el mundo no conoce a Darth Vader?»
Se quejó Ju-won en voz baja. A Calvin le pareció que ese Ju-won era simplemente lindo.
—Darth Vader es el papá de Luke Skywalker. ¿Verdad?
—Sí, exacto. Y Voldemort es el papá de Harry Potter. Es un cliché obvio.
—¿Qué? ¿En serio? Es la primera vez que escucho eso.
—Seguro que sí. Porque es mentira.
Calvin, que respondió así, soltó una carcajada. Hong-i, ¿de verdad solo viviste haciendo ejercicio? Ju-won, avergonzado, desvió la mirada hacia otra figura.
—Este es “Frodo” el de “El Señor de los Anillos”
Calvin no lo contradijo diciendo; “ese no es Frodo, es su tío Bilbo”, porque Ju-won se veía tierno hablando con tanta seguridad.
A Calvin le parecía muy curioso este analfabeto del cine que no había visto ni Star Wars, ni Harry Potter, ni El Señor de los Anillos. En campos fuera del fútbol, era tan puro como una hoja en blanco. Calvin a menudo caía en el deseo de querer arrastrar a ese Ju-won hacia su propio mundo. Compartir lo que le gusta y pasar el tiempo hablando de ello.
—¿Cuál es la película que más te gusta de estas?
«¿De verdad tiene curiosidad por mi película favorita?»
pensó Calvin. Esos dos ojos, que no mostraban ni interés especial ni malicia, lo descolocaban una y otra vez.
—Bueno… es una pregunta difícil, pero si tuviera que elegir solo una, definitivamente sería esta.
Calvin sacó Rocky, de Sylvester Stallone. Ju-won observó con atención la portada del DVD. No la había visto, pero había oído hablar de ella.
«¿Era una película sobre boxeo?»
—Si quieres, ¿podemos verla juntos en la sala? Al menos hasta que llegue Dahlia.
Ju-won levantó la vista de repente. Sin darse cuenta, ambos estaban muy cerca. Sus miradas se cruzaron y el silencio se instaló entre ellos. Calvin lo observaba con una expresión seria, sin rastro de sonrisa.
A Ju-won se le secó la boca.
«Maldición… ¿por qué me siento así? Pensé que estaría bien, pero no lo estoy»
Aun así, vigilando la reacción de Calvin, abrió la boca para hablar.
—Calvin…yo…
Justo en ese momento, sonó el timbre. Calvin, que estaba muy tenso, soltó una risa como el sonido del aire escapando.
—Parece que llegó Dahlia.
No dijo palabras como “quería estar un poco más de tiempo juntos” innecesariamente. Ju-won miró el reloj de la pared y dijo.
—Ya debería irme.
—Sí, está bien.
Calvin despidió a Ju-won con una sonrisa, aunque no pudo evitar sentir cierto arrepentimiento.
«Aun así… tal vez pueda verlo otra vez, aunque sea una vez más, usando como excusa el favor que le hizo esta vez»
Después de separarse de Ju-won, Calvin comenzó a planear de inmediato.
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