CHDQ- Capítulo 6.
Capítulo 6: Un sueño posible.
«Ah, ¿el cielo de Birmingham siempre había sido así de hermoso?»
Camino a la escuela en el Jeep azul de Juice, el paisaje que se veía por la ventana era excepcionalmente bello. Calvin dejaba escapar risitas tontas una tras otra.
—Entonces, ¿quién es la chica afortunada?
Preguntó Juice mientras sostenía el volante. Calvin, sorprendido, giró la cabeza. El rostro con el que preguntó qué había dicho resplandecía. Tenía un aura completamente diferente a su yo habitual.
—Hablo de la protagonista de tu Stagram. Los chicos están vueltos locos por tu culpa. Todos se preguntan quién será esa mujer increíble que le regaló la mejor cita de su vida al Golden Boy.
—Ah, eso.
Parecía que Calvin no podía contener la risa con solo pensarlo, y las comisuras de sus labios se elevaron lentamente. Era un rostro que claramente delataba que estaba enamorado.
—Es un secreto.
Como Calvin no revelaba la identidad de su pareja, Juice comenzó a hacer sus propias suposiciones.
—Las porristas que vinieron de la Academia Ashford estaban de muerte. Es una de ellas, ¿verdad? De hecho, todas parecían interesadas en ti.
—¿La morena que estaba en el medio? ¿La pelirroja bajita? Ah, Calvin, tu estilo debe ser el de las morenas después de todo.
Juice se relamió imaginando cosas por su cuenta.
—Qué envidia, infeliz. Mientras uno anda mendigando por DM para ver si puede tener una cita con Dominica...
—Oye, no digas eso. Hay muchas mujeres en el mundo.
—Yo no quiero simplemente una novia. Quiero una novia que sea sexy, linda y que solo tenga ojos para mí, también tiene que tener mucho dinero. De preferencia, una mujer que condujera un auto más caro que el mío…
Calvin, apoyando la barbilla en su mano mientras escuchaba las palabras de Ju-won, soltó una risita.
—Tus condiciones son muy exigentes, bro. Te vas a morir viejo y soltero.
Sin importarle si Ju-won hablaba tonterías, el mundo ante los ojos de Calvin seguía siendo simplemente hermoso.
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La publicación que Calvin subió a Stagram el pasado fin de semana causó un gran impacto. A cualquier lugar de la escuela que fueras, se escuchaban conversaciones especulando sobre la pareja de Calvin.
Todos tenían curiosidad por la “Mystery Girl” de Calvin. Incluso se creó una página en Tumblit dedicada a descubrir su identidad y se hicieron votaciones con candidatas.
《#¿QuiénEsLaMysteryGirl?》
⤷Savannah Davidson 44%
⤷Stacy Hart 37%
⤷Dixie Caldwell 19%
Como era de esperar, el verdadero protagonista ni siquiera figuraba entre los candidatos. El quarterback de Red Ridge High School, Hong Ju-won, seguía siendo solo un asiático con una presencia insignificante.
Era la hora del almuerzo. Ju-won, como de costumbre, estaba sentado frente a Phoebe comiendo su almuerzo. Desde la mesa de al lado, a poca distancia, llegaban voces parlanchinas. Eran chicas de su mismo grado que compartían clase con él.
—El restaurante al que fue Calvin, es el Southern Grace Bistro, ¿verdad? El bistec de ahí es realmente delicioso...
—¿Con quién habrá ido a un lugar así? Es la primera vez que Calvin sube una foto así a Stagram.
—No sé quién sea, pero la voy a maldecir de por vida.
Ante la maldición repentina, se le erizaron todos los vellos del cuerpo. Así que te maldicen solo por haber tenido una cita con Calvin. Qué escalofriante.
—¿No es realmente molesto? Ese idiota, se lastima el brazo y se dedica a salir con mujeres.
—¿Hablas como si fueras la novia de Calvin?
—¿Qué dices? A un tipo así no lo quiero ni regalado. Probablemente tenga la entrepierna llena de enfermedades venéreas.
Phoebe incluso estiró el cuello para escuchar a hurtadillas la conversación de ellas. Ju-won frunció el ceño, invadido por una extraña incomodidad.
Le molestaba que hablaran de Calvin a su antojo, sin conocerlo realmente. Sin embargo, no podía negar que él no era muy diferente: antes de hacerse amigo de Calvin, él también había pensado de manera similar.
Que era un mujeriego despreciable que cambiaba de chica cada día y un narcisista terriblemente enamorado de sí mismo.
«Sí…en ese entonces pensaba así»
El hecho de haberme besado con un tipo así le hacía sentir extraño cuanto más lo pensaba.
Ju-won se dio cuenta nuevamente de lo influyente que era Calvin en la escuela. Una reacción tan ardiente por una sola publicación en Stagram. Ser un genio destacado en todos los aspectos tampoco debía ser tarea fácil.
En ese momento, el grupo de Calvin entró a la cafetería. Los integrantes cambiaban a menudo, pero en el centro siempre estaba Calvin. Tras recorrer el comedor con la mirada, se acercó lentamente hacia Ju-won.
—Hola, “Mystery Girl”.
Le saludó en voz baja para que solo Ju-won pudiera escucharlo. Al instante, la nuca de Ju-won se calentó de golpe.
“Mystery Girl”. Era la primera vez que lo llamaban con un apodo semejante.
Pero extrañamente, no se sintió mal. Parecía haberse acostumbrado hasta cierto punto a la actitud audaz de Calvin. Probablemente fuera porque ahora sabía que los sentimientos de él hacia su persona eran bastante serios.
—¿Podría irme en tu coche hoy al volver a casa?
Calvin, inclinando el torso, le susurró al oído. En el momento en que el aliento húmedo de Calvin rozó su nuca, Ju-won sintió una tensión en todo el cuerpo.
—Hoy tengo entrenamiento.
—Puedo esperar, ya lo sabes.
—Haz lo que quieras.
Calvin sonrió ampliamente y le dio un par de palmaditas en el hombro a Ju-won. Luego se unió a sus amigos para ir a buscar comida. Ju-won miró su espalda por un momento antes de desviar la vista.
«Ese tipo... parece estar de buen humor hoy. ¿Será porque es el día que sirven hamburguesas?»
—Espera…Hong…¿Qué es lo que acabo de ver?
Dijo Phoebe, quien había estado observando la conversación secreta entre los dos.
—¿Eh?
—Calvin acaba de hablarte. ¡Y de una forma muy íntima!
—¿Sabes que juego en el mismo equipo que Calvin desde hace cuatro años?
—¡Pero ustedes dos no son cercanos!
Le dio justo en el clavo.
—¿No decías antes que Calvin era basura blanca? Pensé que detestabas a todos los de tu equipo.
—Bu-bueno, aun así somos compañeros de deporte, ya falta poco para graduarnos.
—¿Así que ahora decidiste llevarte bien con Calvin?
—Algo así.
Ju-won, que no sabía mentir, respondió con evasivas. Los claros ojos color avellana de Phoebe miraron fijamente a Ju-won.
—Entonces puede que tú lo sepas.
—¿Qué cosa?
—Lo de la Mystery Girl de Calvin.
Ju-won, que estaba comiendo la sopa de algas que su madre le había preparado, se atragantó y comenzó a toser.
—No… no soy tan cercano a él como para saber eso…
Tartamudeó, evitando la mirada.
—¿Qué pasa? ¿Por qué te avergüenzas?
Phoebe ladeó la cabeza, intrigada por la extrañeza de Ju-won.
—Es una lástima que no lo sepas. Sinceramente, tenía curiosidad.
—¿Por qué tendría curiosidad por algo así?
—¿Tú no la tienes? Quién será esa increíble princesa que robó el corazón del príncipe.
«Maldición…no podía soportar más el ardor en su rostro» Ju-won se levantó apresuradamente de su asiento con la excusa de ir a buscar agua.
Phoebe era su amiga de la infancia, la que había estado a su lado desde el jardín de niños, su alma gemela con la que había compartido gran parte de su vida. Mentirle a alguien así le hacía sentirse terriblemente mal. ¿Cómo reaccionaría Phoebe si supiera que se había besado con Calvin?
¿Y las chicas de la mesa de al lado que hablaban de Calvin? ¿Y sus compañeros de equipo, soltando comentarios homofóbicos como si fueran rutina diaria?
Solo imaginarlo era terrible. A Ju-won no le importaba lo que dijeran de él, pero a Calvin sí. Él, que vivía de la mirada de los demás, no podría soportar la opinión pública negativa.
Los señalamientos y las burlas no iban con Calvin; a él le sentaban mejor los aplausos y las ovaciones.
«Sí, por ahora es mejor que no lo sepan»
Su corazón se sentía pesado ante la idea de tener un secreto, pero no había otra opción. Ju-won nunca podría decirlo. Que la identidad de la “Mystery Girl”, esa persona de interés que hizo que todo Red Ridge estuviera alborotado y que era el objeto de envidia de todos, era precisamente él mismo.
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—¿No te aburriste de esperar?
Tan pronto como vio a Ju-won, Calvin sonrió radiantemente. Levantó su brazo derecho envuelto en vendas para saludar a Ju-won.
—No, para nada.
Ju-won le abrió la puerta del asiento del copiloto a Calvin. Este inhaló silenciosamente el aroma corporal que Ju-won emanaba en ese instante; de su cabello negro, con las puntas todavía húmedas, se desprendía un leve olor a champú.
Era evidente que se había duchado a toda prisa. Ju-won subió al asiento del conductor con timidez, encendió la radio y bajó un poco la ventana. Sin siquiera marcar la dirección en el navegador, arrancó el coche y comenzó a conducir.
—¿Ya te aprendiste el camino a mi casa?
—Sí. He ido varias veces.
La voz de Ju-won se hizo pequeña. Calvin se mordió el labio inferior para contener la risa.
«Qué chico más tierno»
—De verdad... me moría de cansancio todo el día. Creo que escuché la pregunta de quién era mi pareja de cita al menos mil veces.
—Por eso, ¿para qué subes esa foto a Stagram?
—¿Así que tú también miras mi Stagram?
Ante la pregunta juguetona de Calvin, Ju-won se quedó sin palabras nuevamente.
«Maldición, no pensé que me daría tanta vergüenza»
Solo estar en el mismo coche hacía que su corazón latiera con fuerza y su boca se secara, como si cada respiración fuera un desafío silencioso.
—¿No es obvio? Puede que sea un nerd, pero al menos miro Stagram.
—¿Tú? ¿Un nerd? ¿En qué parte del mundo existe un nerd tan guapo como tú?
—Oye, tú...
Un calor intenso punzaba bajo la piel del abdomen. En sus manos, que sujetaban el volante, brotaba el sudor.
—Lo siento. Creo que me apresuré demasiado.
Ese rostro de Calvin mientras hablaba estaba lleno de risas. Parecía estar disfrutando sinceramente de este momento.
—No quiero apresurarte ni presionarte. Sé lo confundido que debes estar ahora.
—…
—Esperaré, Hong-i.
La atractiva voz media-grave de Calvin se asentó en el interior del coche. Ju-won, sin darse cuenta, tragó saliva con dificultad.
—Significa que esperaré en silencio hasta que te decidas. Aunque, por supuesto, seguiré rondando a tu lado y siendo molesto como ahora.
—…
—¿Está bien eso? Somos amigos.
La palabra “amigos” saliendo de la boca de Calvin pinchó el corazón de Ju-won. Calvin decía que esperaría, pero Ju-won no quería hacerle esperar.
En realidad, no estaba tan confundido. Después de aquel beso, todo se volvió claro:
Que estaba bien besar a un chico. Que él era ese tipo de persona.
Ju-won lo sabía con certeza y aceptó con naturalidad el extraño deseo que brotaba en su interior. Quería intentar besar a Calvin una vez más.
—Haz lo que quieras. De todos modos, lo vas hacer.
—¿Siempre me dices que haga lo que quiera? ¿De verdad está bien si hago todo a mi manera?
Calvin preguntó con su tono audaz característico. Tenía el mismo rostro que cuando agarró a Ju-won por el cuello y estampó sus labios contra los suyos de la nada. Ju-won giró el volante en silencio y Calvin continuó hablando.
—Lo que quiero decir es que no necesitas sentirte presionado. Sé que ya tienes suficiente dolor de cabeza con los playoffs.
—Tú mejor preocúpate por sanar pronto y regresar. Eso es lo más importante ahora mismo.
—¿Lo más importante para mí no era que me haya besado contigo?
—Ja
Ju-won soltó una risa incrédula. Calvin tenía la firme intención de volverlo loco de la vergüenza.
—Hablo en serio, Hong-i. No hay nada más importante que eso para mí en este mundo.
—Ya entendí…Sí, ya entendí… así que para, por favor.
—Lo siento. ¿Mi honestidad fue excesiva?
—Tampoco es para que pidas perdón...mejor olvídalo.
Tras la conversación tranquila en el camino, llegaron frente a la casa de Calvin. Ju-won se había esmerado en cepillarse los dientes, preparándose para cualquier eventualidad, pero hoy Calvin no parecía tener intención de besarlo.
Con un gesto firme pero suave, Ju-won sujetó la muñeca de Calvin mientras este intentaba bajar del coche.
—Calvin, espera un momento.
Sus ojos volvieron a encontrarse. Unos iris de un color misterioso, como si hubieran mezclado una bola de helado de menta en el agua del mar. Esos ojos recorrieron lentamente a Ju-won.
—¿Quieres que venga a buscarte mañana por la mañana?
Dijo Ju-won con voz temblorosa. Calvin parpadeó un momento para procesar las palabras de Ju-won y luego sonrió suavemente.
—Por mí, encantado.
«Gracias, Hong-i»
Tras la despedida final, Ju-won observó con ansia la espalda de Calvin mientras intentaba bajar del coche. Había tantas cosas que quería decir… pero ninguna lograba salir de su boca.
—Calvin.
«Calvin, no te vayas… Quédate un momento conmigo. Tengo algo que decirte»
—Besémonos.
Ah, esto no era lo que quería decir.
—¿Eh?
Calvin dudó de sus propios oídos. Se preguntó si estaría soñando.
Pero el Ju-won frente a él era real, y la voz que se asentaba en sus oídos también lo era. El calor de la mano que sujetaba firmemente su muñeca izquierda… igualmente real.
«Hong-i me pidió que nos besáramos…¡Hong-i quiere besarme!»
Si era así, no había ninguna razón para dudar.
Calvin rodeó la nuca de Ju-won y lo atrajo hacia sí. Esta vez, sin prisas, unió sus labios lentamente. Ju-won respondió sujetando las mejillas de Calvin y cerrando los ojos, dejándose llevar por el momento.
Las manos de Ju-won eran suaves y cálidas. El toque que delataba sus nervios era sumamente adorable, Calvin sujetó la nuca húmeda de Ju-won y lo besó profundamente. Ambos labios se pegaron y luego se separaron con un sonido de “mua”.
—Relaja los labios, Hong-i.
Calvin susurró con una ligera sonrisa
—Ah… lo siento…
El rostro de Ju-won estaba rojo como una patata al vapor, ardiente por la emoción, y ese calor se sentía incluso en sus labios. Calvin, acariciando la nuca de Ju-won, lo atrajo hacia sí una vez más.
Este beso fue más intenso, más denso. Calvin separó apenas los labios de Ju-won y deslizó suavemente la lengua hacia el interior. Tan pronto como la lengua blanda tocó el paladar, el cuerpo de Ju-won se tensó rígidamente.
Era la primera vez: saborear la lengua de alguien. La sensación del “beso real” le revolvió el cráneo, provocando un ligero dolor de cabeza. Su corazón latía con fuerza y el sudor comenzaba a brotar de sus palmas.
«Maldición…Se sentía bien, mucho mejor de lo que había imaginado»
El beso de Calvin era suave. Tanto la lengua que recorría su paladar como las mejillas que sentía bajo sus palmas. Ju-won, sintiendo una vez más que su mundo se distorsionaba, succionó con fuerza la lengua de Calvin.
A pesar de que sus lenguas ya se entrelazaban, Ju-won quería estar aún más cerca. Se aproximaba a Calvin una y otra vez, aferrando con firmeza su cuello e inclinando su torso hacia el lado del copiloto.
Excitado, Ju-won aplicaba más fuerza de la necesaria sin darse cuenta. Calvin, con calma pero con intensidad, sujetó el cabello de Ju-won y separó los labios lentamente, marcando una pausa cargada de tensión.
—Hong-i, vas a matarme así.
Había rastros de risa en la voz que decía aquello. Ju-won, que casi estrangula a Calvin sin querer, retrocedió con rostro apenado. Calvin puso su mano suavemente sobre el muslo de Ju-won.
—¿Te excitaste?
Los pabellones auditivos completamente rojos, los ojos perdidos y nublados, el rastro del agarre en su nuez de Adán. Sin necesidad de preguntar, había demasiados indicadores que mostraban que Ju-won estaba excitado.
Ju-won, al ser confrontado con la verdad, tiró de la nuca de Calvin.
—Cállate y solo bésame.
Nuevamente sus labios se encajaron. Esta vez Ju-won fue el primero en meter la lengua. El aliento caliente que invadió a continuación derritió suavemente el interior de la boca de Calvin. Ju-won continuó el beso moviendo su cuerpo de un lado a otro como si la posición fuera incómoda.
La lengua carnosa de Ju-won lamió los labios de Calvin y recorrió sus incisivos. Mordió y succionó la raíz de la lengua, rascando suavemente el paladar.
Al ver a Ju-won mover la lengua con tanto esfuerzo y torpeza, Calvin no pudo contener la risa.
—Je, je…
Un agradable sonido nasal escapó de él sin pensarlo.
Pero a Ju-won no le importó. Continuó succionando los labios de Calvin, acompañando el acto con pequeños ruiditos que intensificaban la sensación del momento.
Calvin estaba seguro de que este era el primer beso de Ju-won. No podría ser tan torpe si no fuera la primera vez. Ni hablar de besar, seguramente ni siquiera había tenido algo parecido a un noviazgo. Hong-i es un tonto, así que debió vivir sin saber lo atractivo y sexy que es.
Fue un momento escalofriantemente emocionante. La idea de que el héroe capaz de sacar esas emociones de un chico tan insensible y seco fuera precisamente él… que estuviera besándolo a Hong-i.
Ju-won seguía abalanzándose y Calvin aceptaba sus besos. Cuando Ju-won jadeaba, le abría espacio para respirar, y cuando le mordía fuerte la lengua, empujaba ligeramente su pecho. Gracias al hábil control de ritmo de Calvin, Ju-won pudo evitar morir por asfixia.
El beso continuó hasta el hartazgo. Frotaron sus labios hasta que les dolió la articulación de la mandíbula y se les entumeció la raíz de la lengua. Ju-won, absorto en el sabor de la dulce saliva de Calvin, no tenía intención de separarse de él. Finalmente, fue Calvin quien detuvo primero a Ju-won.
—Hong-i, creo que debemos parar ya.
Los ojos de Ju-won se agrandaron. Tenía una expresión como preguntando; “¿Por qué?”.
—Porque salió mi mamá.
Solo entonces Ju-won revisó fuera de la ventana. Alguien que había salido de la casa de Calvin estaba saludando hacia aquí con la mano. El hecho de que desde fuera no se viera bien el interior nunca había sido tan afortunado.
—¿Esa señora es tu mamá?
Dijo Ju-won con los labios hinchados. La mujer de mediana edad que se veía por la ventana era, como era de esperar, una gran belleza, pero a diferencia de Calvin, su apariencia era sencilla. Era de contextura pequeña y delgada, y su cabello, que llegaba a los hombros, era de un castaño oscuro.
—¿Por qué? ¿No me parezco?
—Bueno… no es una apariencia que se pueda decir que se parece mucho.
Ju-won había pensado inconscientemente que todos los familiares de Calvin se verían exactamente como él. Incluso tuvo la fantasía superficial de que un hombre guapo de ojos azules y cabello rubio conocería a una mujer hermosa de ojos azules y cabello rubio para tener un hijo idéntico a ellos.
Lo que más sorprendió a Ju-won fue el hecho de que ella sostenía su vientre en avanzado estado de gestación.
«¿Entonces lo que está ahí dentro es el hermano de Calvin?»
Quién diría que Calvin tendría un hermano menor tan tardío. No era fácil imaginar su imagen cargando a un recién nacido.
—Dejemos el beso que faltó para mañana. ¿Está bien así?
Dijo Calvin riendo con picardía. Ju-won no pudo vencer la vergüenza y agachó la cabeza profundamente. Le daba mucha pena que, aunque el que besó primero fue Calvin, el que mostró más ansiedad fue él mismo.
—Nos vemos mañana por la mañana, Hong-i. Te enviaré un DM al llegar a casa.
—Está bien. Nos vemos mañana.
Antes de bajar del coche, Calvin le dio un último beso en la mejilla a Ju-won con un sonido seco. También estalló en risas al ver el rostro aturdido de Ju-won.
«Tonto Hong-i. Era tan tierno que daban ganas de arrastrarlo a su habitación de inmediato»
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Después de eso, los dos fueron y volvieron juntos de la escuela durante toda la semana.
La intensidad de los besos de despedida se hacía más profunda cada día. Ju-won y Calvin eran ambos adolescentes con un fuerte deseo sexual y eran torpes controlando sus ansias.
Los besos eran electrizantes. Los abrazos eran dulces y el contacto visual era extasiante. Aún no habían definido la relación, pero con esto era suficiente. A Ju-won le gustaba Calvin y a Calvin le gustaba Ju-won.
Mientras presionaba su entrepierna que reaccionaba cada vez que unían sus labios, y mientras reprimía el impulso de tocar el pecho de aspecto sólido de Calvin, Ju-won se estaba hundiendo sin remedio en un placer que experimentaba por primera vez.
Faltaba un día para el segundo partido de los playoffs. Pasar tiempo con Calvin era bueno, pero para Ju-won el partido era más importante. El fútbol seguía siendo el sueño de Ju-won. Al ser un partido que podría ser el último, quería obtener la victoria a como diera lugar.
El entrenador Price llevó a cabo solo el entrenamiento mínimo para ajustar la condición física. Un ligero estiramiento, trote y repaso de tácticas fue todo el entrenamiento del equipo.
—Piensen y piensen de nuevo. Cómo llegamos hasta este lugar, cuánto sudamos y nos lastimamos por el partido de mañana, cuántas distracciones vencimos y cuánto tiempo dedicamos.
Antes de terminar el entrenamiento, el entrenador Price dio un breve discurso para elevar la moral de los jugadores. Ju-won, con libreta y bolígrafo en mano, asintió. Ya tenía una página de la libreta llena solo con estrategias para el partido de mañana.
—Mañana olviden por completo a su familia, a su pareja y a sus amigos. No necesitan pensar en qué tipo de persona es el oponente. Solo concéntrense en ustedes mismos. Esa es la única forma en que ganaremos. ¿Entendido?
—¡Sí!
Las valientes respuestas de los jugadores continuaron. El entrenador Price, finalmente, animó a cada uno de ellos mirándolos a los ojos. Por alguna razón, tenía un buen presentimiento sobre este partido.
Hong Ju-won recogió sus cosas y salió del campo. Fuera del estadio de fútbol, el campo de deportes para las clases de educación física, la cancha de baloncesto y la de tenis estaban alineadas una al lado de la otra. Calvin McGrady estaba jugando al baloncesto con algunos chicos.
Calvin, tras eludir a un oponente con un hábil regate de mano izquierda, encestó una fantástica bandeja. El rostro del chico, que recorría la cancha libremente a pesar de tener un brazo enyesado, brillaba con intensidad. Era evidente que había olvidado por completo las palabras del entrenador sobre descansar hasta que su brazo sanará.
Al descubrir a Ju-won, Calvin sonrió ampliamente y lo saludó con la mano. En ese momento, las miradas de todos en la cancha de baloncesto se clavaron en Ju-won.
De repente, recordó lo que Phoebe había dicho en la cafetería.
“¿No tienes curiosidad? Por saber quién será esa increíble princesa que robó el corazón del príncipe.”
Ju-won sintió que se le calentaba la nuca una vez más.
—¿Ya terminó el entrenamiento, Hong-i?
Dijo Calvin mientras se dejaba caer en un banco. Era el mismo banco donde Ju-won estaba sentado hace unas semanas cuando Calvin le propuso jugar un uno contra uno.
—Parece que estás decidido a romperte el otro brazo también.
Ante el gruñido de Ju-won, Calvin soltó una carcajada.
—No seas tan estricto. Sabes que no he podido hacer nada durante semanas por culpa de mi maldito brazo derecho. Además, la gente normal ni siquiera se atreve a enfrentarse a mí.
Calvin bebió agua tranquilamente. No parecía faltarle el aire a pesar de haber estado corriendo con tres personas encima.
—Aun así, un tres contra uno fue demasiado.
—Hong-i, los oponentes son porristas. Incluso si los tres se decidieran a atacarme, son más débiles que uno solo de nuestros linieros.
Ju-won, que se sentó en el banco siguiendo a Calvin, miró por encima de su hombro. Los tres chicos que corrían y sudaban bajo la canasta eran todos porristas hombres, todos tenían cuerpos bien formados y esbeltos, pero parecían carecer de la fuerza necesaria para forcejear con un mariscal de campo.
—¿Entonces, quieres decir que hasta ahora has estado burlándote de ellos bajo la apariencia de un juego de baloncesto?
—Pero yo tengo el hándicap de tener el brazo derecho herido. Se podría decir que fue una pelea bastante justa.
—Sí, segurísimo que fue justa, Calvin.
—Es verdad. El marcador estuvo casi igualado.
Calvin parecía estar de buen humor. Había sido así desde aquel primer beso en el auto. Más allá de parecer feliz, a veces daba la impresión de que incluso su semblante había cambiado.
Sentía que se había vuelto más guapo, por alguna razón. Aunque no sabía si eso era posible.
Su rostro sonriente ya no le parecía hipócrita. Ju-won contempló en silencio el rostro de Calvin, que poseía una belleza lánguida y radiante al mismo tiempo.
Fue mientras conversaban de esa manera. Un porrista más se unió a la cancha de baloncesto.
—¿Estaban todos aquí? ¿Estaban jugando al baloncesto juntos?
Era Erik Chan, que acababa de terminar su práctica. En cuanto Calvin escuchó la voz de Erik, se puso en guardia. Elevó las comisuras de sus labios de forma exagerada para no dejar ver su ansiedad.
—Vaya, tu príncipe ha aparecido.
—¿De qué estás hablando?
—Mira allá. Ha venido Erik Chan.
Ju-won dirigió su mirada hacia la cancha. Erik Chan. El chico porrista que le había confesado sus sentimientos. Parecía tener la intención de unirse al juego, ya que se quitó la chaqueta y entró en la cancha. Ju-won dijo como si no pudiera entenderlo.
—¿Por qué él es mi príncipe?
—Bueno...¿Porque Erik es el hombre que te confesó su amor públicamente dándote un ramo de flores?
—Creo recordar que tú hiciste lo mismo, en la pista de hielo de Pelham. Considerando cómo están las cosas ahora, ¿no sería más lógico que tú fueras mi príncipe?
Calvin se quedó momentáneamente sin palabras. Que de la boca de Ju-won salieran palabras tan románticas como; “tú eres mi príncipe” era completamente inesperado.
El ambiente se volvió repentinamente incómodo; Ju-won, sonrojado, bajó la mirada y murmuró en voz baja, tratando de ocultar su vergüenza.
—Es un decir…¿Dónde diablos existen los príncipes en este mundo? Estados Unidos es un sistema presidencial.
Calvin bajó la cabeza y contuvo la risa. Quería sujetar las mejillas de Ju-won y besarlo de inmediato, pero esto era la escuela.
—Todos los mariscales de campo de confianza de Red Ridge se han reunido aquí
Dijo Erik, acercándose al banco. A juzgar por la forma en que hacía girar el balón sobre su dedo índice, era evidente que Erik era bueno en el baloncesto.
—Ju-won, ¿no quieres jugar al baloncesto con nosotros? Puedes traer a algunos chicos más de tu equipo si quieres.
—Lo siento. Tengo un partido mañana, así que es peligroso ahora.
—Ah, es cierto. Es una lástima.
Calvin, que escuchaba la conversación de ambos, se burló.
—Oye, Erik. ¿Esa propuesta es solo para una persona? ¿No me ves aquí a mi lado?
—Oh, Calvin. No fue a propósito en absoluto, pensé que estabas fuera de discusión porque tienes el brazo herido.
Calvin cruzó las piernas con arrogancia y movió la punta del pie.
—¿No te lo han dicho tus amigos porristas? Acabo de aplastarlos en un tres contra uno.
Ju-won sacudió la cabeza en silencio. Antes decía que era una pelea justa y que el marcador estaba igualado.
—No, no he oído nada de eso.
Erik respondió directamente a la burla de Calvin. Mantenía la cabeza erguida y miraba fijamente a Calvin con su característica mirada recta. Calvin, disgustado, levantó ligeramente la barbilla.
—Enfréntate a mí, Chan.
—¿Qué?
—Aquí mismo. Enfréntate a mí uno a uno.
Fue Ju-won quien sujetó el brazo de Calvin cuando este intentaba levantarse.
—Calvin, no lo hagas… te vas a lastimar de verdad
Dijo, mirándolo con ojos llenos de preocupación.
Calvin chasqueó la lengua, mostrando una mezcla de decepción y diversión ante la insistencia de Ju-won.
—Es una lástima, pero no podrá ser hoy, Chan. Mi compañero está un poco preocupado.
—Qué bien. Yo tampoco quería jugar al baloncesto con alguien que no puede usar un brazo.
—Nos vemos luego, mariscales de campo.
Erik mantuvo su sonrisa hasta el final mientras se daba la vuelta. Calvin miró su espalda mientras él regresaba a la cancha rebotando el balón y chasqueó la lengua brevemente.
—Maldito bastardo.
Ju-won intuyó vagamente la razón por la que él se mostraba tan hostil hacia Erik.
—Calvin, tú estás celoso.
Calvin volteó hacia Ju-won con una expresión de sorpresa.
—¿Qué acabas de decir? ¿Celoso?
—Sí, celos. Todavía tienes celos de Erik por el ramo de flores que me dio.
—Bueno, está bien. No me esforzaré en negar mis sentimientos.
—¿Pero por qué estás sonriendo así?
Calvin, que había estado elevando lentamente las comisuras de sus labios, finalmente estalló en una risa sonora.
—No, es que es un poco increíble. Que tú conozcas la emoción de los celos.
Específicamente, le parecía increíble que Ju-won se hubiera dado cuenta de sus sentimientos. Porque Ju-won era un tonto que ni siquiera entendía palabras directas como “Me gustas” y preguntaba su significado.
—¿De qué estás hablando?
Dijo Ju-won, con un tono que pretendía sonar absurdo
—Soy precisamente yo quien mejor conoce los celos.
Omitió, sin embargo, las palabras que realmente pesaban en su interior: que la persona que le había enseñado esa desagradable emoción era justamente él. En realidad, Ju-won había estado celoso de Calvin durante los últimos años, y ese sentimiento seguía vivo, ardiendo silenciosamente bajo la superficie.
—¿Ah, sí? ¿Tú?
Una mirada lánguida recorrió suavemente todo el cuerpo de Ju-won. Ju-won carraspeó una vez.
Fue en ese momento. El balón de baloncesto, tras rebotar en el aro, voló hacia el banco.
—¡Oigan! ¡Cuidado ahí!
Para cuando escuchó la voz de Erik, ya era tarde. El balón volaba hacia el rostro de Ju-won a una velocidad aterradora.
—¡Maldición, Hong-i!
Calvin extendió su brazo sin vacilar y lo desvió. Fue algo que sucedió en un instante, y Ju-won, sorprendido, se quedó congelado.
—Calvin, tú...
Pero la razón por la que Ju-won estaba sorprendido no era simplemente por el balón de baloncesto. Podía haber esquivado ese balón por sí mismo sin problemas.
—Tu brazo...
El brazo de Calvin. Su brazo derecho, envuelto en vendas, acababa de protegerlo.
Ese brazo derecho que se había roto gloriosamente por culpa de Ju-won y que llevaba un soporte durante todo un mes.
El balón que cayó al suelo se alejó débilmente rebotando.
—¿Ya sanó?
—...
—¿Cuándo?
Ju-won, frunciendo el ceño, sujetó el yeso de Calvin. Apretó la mano y la retorció con todas sus fuerzas, pero Calvin no soltó ni un solo grito.
Ju-won recordó algo que Calvin había dicho una vez en el auto.
“Ya que estoy herido, quiero descansar bien por un tiempo.”
“Tal vez podría descansar para siempre.”
«Ah, así que era eso»
Sintió como si la sangre se le escapara de todo el cuerpo. Una emoción aguda, que no sabía si era ira o tristeza, lo atrapó.
—Era mentira
Dijo Ju-won con el rostro gélido. Calvin solo movió los labios como si buscara palabras para excusarse.
—Hong-i, esto es…
—Maldito farsante.
La decepción llenó los ojos de Ju-won. Un porrista que vino a recoger el balón le pidió disculpas, pero Ju-won ni siquiera lo miró; su mirada estaba fija en Calvin.
Ahora lo entendía. La razón por la que Calvin podía sonreír alegremente incluso después de una lesión: este tipo nunca había tenido sentido de urgencia desde el principio. Probablemente ni siquiera le importaba la competencia por la titularidad.
Tres años de esfuerzo por superar a Calvin se desvanecieron en un instante. Una competencia sin sentido. Una lucha solitaria. El vacío que sentía lo hacía reír sin control, un sonido extraño que escapaba de él sin querer.
Calvin agarró la muñeca de Ju-won y susurró suavemente, rompiendo la burbuja de su frustración.
—Hong-i, te lo explicaré todo.
—No es necesario.
—Entremos y hablemos. Por favor...
—Ya te dije que está bien.
—Hong-i, primero escúchame.
—Suéltame, imbécil.
Ju-won sacudió la mano de Calvin con fuerza. No quería hablar con él ahora.
No, tal vez nunca más.
Para Ju-won, que se jugaba la vida por el fútbol, no tenía sentido ser amigo de alguien que se vendaba un brazo que ni siquiera le dolía, solo porque odiaba el deporte.
Desde el principio, esa relación no era viable. Eran demasiado diferentes. Incluso en la cafetería de la escuela, lo normal era agruparse con personas similares. Ju-won y Calvin diferían en su forma de vivir, en su apariencia, en su manera de hablar e incluso en sus gustos alimenticios.
Lo único que tenían en común era que ambos eran mariscales de campo que quemaban sus cuerpos por la victoria. Solo eso.
No podía soportar lo estúpido que se sentía por haberle servido agua a un mariscal de campo patético que fingía estar enfermo porque odiaba hacer ejercicio.
Ignorando a Calvin, que le suplicaba que lo escuchara, Ju-won entró en el edificio de la escuela.
—¡Hong, espera un momento! ¡Por favor, habla conmigo!
La voz desesperada resonó a su espalda, pero Ju-won no se giró.
La escuela, ya vacía tras la salida de todos, estaba desolada. Calvin avanzaba a grandes zancadas por el pasillo silencioso; su paso acelerado no tardó en acortar la distancia que lo separaba de Ju-won.
—¡Hong-i!
Con urgencia, lo agarró de la muñeca para hacerlo girar. Ju-won, atrapado por la mano que sostenía el yeso, frunció el ceño y apartó a Calvin.
—No me pongas la mano encima a la ligera.
—Lo siento, lo siento…Espera... solo escúchame un momento. ¿Sí?
Calvin parecía inquieto. Permanecía de pie, moviendo las manos con nerviosismo hacia Ju-won.
Al notar cómo sus hombros temblaban levemente, el corazón de Ju-won se ablandó sin poder evitarlo.
—Habla.
Antes de abrir la boca, Calvin se humedeció los labios con la lengua, palabras que nunca antes habían salido de su boca golpeaban su garganta.
—Hong-i, yo... yo tengo tres hermanos, incluyendo a uno que está enfermo.
El entrecejo de Ju-won se frunció sutilmente.
—Si contamos al bebé que está por nacer, son cuatro. Mi papá está en Nueva York por trabajo, mi mamá siempre está yendo y viniendo del hospital por mi hermano mientras nos cría a nosotros.
«¿Por qué me contaba su historia familiar de repente?»
La historia que Calvin confesó fue inesperada, pero no era excusa suficiente por haber engañado a todo el mundo hasta ahora.
—¿Y qué? ¿Eres un tipo tan digno de lástima que debo entender que finjas estar enfermo?
—Con el dinero que envía mi papá, es imposible cubrir los gastos del tratamiento. Ni siquiera podemos pagar la crianza de mis otros hermanos, todos estamos sumidos en la pobreza. Por ahora estamos aguantando como podemos, pero en el futuro será cada vez más difícil.
En ese instante, Ju-won se quedó sin palabras.
—La única esperanza de mi familia... soy yo, Hong-i. Convertirme en jugador de la NFL y ganar cantidades astronómicas de dinero. Eso es lo único que puedo hacer por mi familia. No tengo otra opción. Pero a veces, eso es demasiado...
Su rostro parecía haber renunciado a todo. Sus ojos daban la impresión de que podían derramar lágrimas en cualquier momento.
Ju-won lo miró fijamente. Calvin McGrady, perfecto de pies a cabeza. Ese rostro reluciente que parecía no haber conocido el hambre ni una sola vez en su vida.
Ciertamente, su apariencia estaba muy lejos de la palabra “pobreza”.
Sin apartar la mirada, Ju-won tomó la muñeca izquierda de Calvin y la levantó.
—Si lo que dices es verdad, ¿entonces qué es esto?
Su muñeca blanca, que nunca había visto vacía. Un reloj de una marca de lujo que todos conocían brilló ante los ojos de Ju-won. Las pupilas del desconcertado Calvin temblaron violentamente.
—Esto... no es mío.
—¿Entonces de quién es?
—Es-esto…se lo... a Patrick…—cuando Calvin dejó la frase a medias, Ju-won movió su mirada hacia sus pies. El calzado que llevaba también eran zapatillas deportivas costosas de una marca de lujo.
—¿Y esto? No vas a decirme que también se las pediste prestadas a uno de tus estúpidos amigos, ¿verdad?
—Son prestadas.
—¿A quién se las pediste?
—¡Maldición, no lo sé!
La voz de Calvin resonó por todo el pasillo vacío. Sus ojos azules, empañados por las lágrimas, se alzaron con ansiedad hacia Ju-won.
—Esto...esto me lo dio mi amigo…es decir, me dijo que se las pidió prestadas a otro amigo y me las dio...
—Las habrás robado, acosando a los chicos débiles.
—¡Yo nunca hice algo así!
Cuando Calvin alzó la voz, Ju-won entornó los ojos. Las historias que Calvin soltaba sin coherencia no tenían sentido alguno. Eran sofismas que no podía entender, ni quería entender.
—Si crees eso te sentirás más tranquilo, pero el que está detrás de esos chicos eres tú. ¿De verdad crees que eres diferente a ellos?
—...
—Tanto el tipo que le arrebató esas zapatillas a alguien como tú, que las llevas puestas descaradamente, son iguales. Tú crees que eres diferente, pero eres lo mismo. Tanto los tipos que me acosaban como tú... para mí, todos son...
La voz de Ju-won comenzó a temblar. Calvin siguió con la mirada a Ju-won, quien retrocedía lentamente.
—Hong-i, tú no entiendes mi situación.
Se acercó a él lentamente. Ju-won frunció el ceño como si detestara que Calvin se acercara.
—Ni tú, ni Erik Chan... ustedes nunca podrán entenderme.
—¿Por qué sale ese nombre ahora de repente?
Tal como había dicho Calvin, Ju-won no podía entenderlo. ¿Por qué mencionaba de repente el nombre de Erik?
Calvin inhaló brevemente, como si intentara contener el llanto.
—¡Chan, ese infeliz lo tiene todo! Es un príncipe nacido con el respaldo de padres ricos, es guapo, tiene buen carácter, es inteligente…
El complejo de inferioridad, oculto hasta entonces bajo el halo de “mariscal de campo genio”, cayó como una lluvia inesperada. Ju-won, que estaba frente a él sin paraguas, no tuvo más remedio que quedar completamente empapado.
—Yo... yo soy diferente a Chan. No puedo andar por ahí diciendo con orgullo que me gustan los hombres como él, ni puedo vivir haciendo lo que quiero.
La expresión de Calvin se volvió cada vez más desesperada. Extendió la mano para intentar agarrar al menos la manga de la ropa de Ju-won, pero Ju-won no se dejó atrapar fácilmente.
—¿Acaso alguien te pidió que vivieras como Erik?
Calvin se frotó con fuerza el pecho, que parecía arder.
—Si no dominas, te conviertes en el blanco…tu también lo sabes.
—¿El blanco?
Ju-won soltó una risa amarga, como si todo aquello fuera absurdo. Haber sido el “blanco” solo por ser asiático le hacía imposible tomarse en serio las palabras de Calvin. Con los ojos afilados, cargados de furia, lo miró de frente y declaró con claridad:
—Claro… un rubio blanco de casi dos metros con cara bonita va a ser el “blanco”, ¿no?
Ahora, de verdad, no quería seguir escuchándolo. Había pensado que detrás de sus súplicas habría una razón importante, algo que explicara sus mentiras… pero no era más que autocompasión.
—Cuanto más te conozco, peor eres, Calvin.
Con un profundo hartazgo, Ju-won se dio la vuelta.
—¡No me des la espalda!
La rabia de Calvin estalló de golpe. Rodeó los hombros de Ju-won con fuerza, sujetándolo sin darle opción. Ante ese contacto autoritario, Ju-won sintió rechazo y trató de apartarlo, pero no era fácil liberarse.
—Oye… ¿estás loco? Suéltame.
—Hong-i, por favor... por favor no te vayas así. Si no estás tú, no podré soportarlo. Por favor...
Calvin comenzó a sollozar en voz baja. El cuerpo de Ju-won se fue quedando rígido ante aquella extraña sensación a su espalda.
«No podía creerlo. Calvin estaba llorando… solo porque él le había dado la espalda.»
—Hong-i… no me hagas esto, ¿sí? Yo, sinceramente… sinceramente te amo…
La vista de Ju-won se volvió borrosa. «¿Desde cuándo… desde cuándo se había vuelto alguien tan importante para Calvin?»
—Yo también hablo en serio, Calvin. Suéltame.
—Hong-i, no te vayas… quédate conmigo. Por favor, te lo ruego…
Murmuró Calvin, aferrándose con más fuerza a sus hombros.
Con esfuerzo, Ju-won logró apartar sus brazos. Aunque solo lo había abrazado, la presión le había dejado los hombros doloridos. En ese instante volvió a ser consciente de la fuerza física de Calvin.
Alguien con ese tamaño y esa fuerza… que, aun así, elegía quedarse al margen.
Tal vez Calvin tenía razón. Ju-won nunca podría entenderlo.
—Hong-i… ¿recuerdas la apuesta que hicimos antes? Dijimos que el que perdiera cumpliría un deseo. Usaré ese deseo ahora. No te vayas y quédate conmigo, ¿sí?
Los ojos azules de Calvin brillaron. Parecía enfadado y, al mismo tiempo, hundido en la tristeza.
—¿De qué estás hablando? Tú nunca ganaste. Tu último tiro no entró, y como te lastimaste, el duelo terminó sin un ganador. ¿No lo recuerdas?
Ju-won respondió con firmeza:
—Hong-i, por favor…
Dejando atrás a Calvin, que siguió suplicando hasta el final, Ju-won entró al vestidor. A su espalda, aún podía escucharse el sonido de sollozos bajos, pero los ignoró.
Se apoyó contra la puerta y soltó un largo suspiro. Le dolía la cabeza.
Ahora que Calvin había desaparecido de su vista, la mente de Ju-won se volvió más confusa. Hasta hacía un momento, solo la ira llenaba su pecho. El sentimiento de traición, amargura y vacío hacia alguien a quien había considerado un amigo o incluso algo más se arremolinaba en su interior. Un malestar desagradable se le pegaba a la piel, como si no pudiera desprenderse.
Para Ju-won, Calvin ya no era ni un amigo ni un amante. Calvin era simplemente Calvin, y él era él. Un genio desafortunado que había ignorado su propio talento y un hombre promedio que lo había envidiado. Eso era, en su mente, lo único que realmente encajaba.
Sintió que no quería volver a ver a Calvin por un tiempo. Tal vez… nunca más.
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Tras enfriar su cabeza con una ducha, Ju-won recogió sus cosas y salió del vestidor. Sus compañeros de equipo se habían ido a casa hacía mucho tiempo, y lo único que lo recibía era un pasillo vacío sin rastro de personas.
No sabía si la punzada cerca de su corazón era por Calvin o por los nervios del partido de mañana. Ju-won, tras tragarse la amargura que sentía en la punta de la lengua, caminó lentamente. Por ahora, tenía que irse a casa. Ir a casa, cenar, repasar la estrategia de mañana una vez más y acostarse temprano.
«¿Eh?»
«¿Qué era este aroma?» Un suave olor a flores mezclado con menta. Ju-won levantó la cabeza como hechizado. Una chica familiar caminaba hacia aquí desde el otro lado del pasillo. Sus miradas se cruzaron y Ju-won se puso nervioso.
—Hola, mariscal de campo.
«Maldición, era Stacy»
Como nunca había estado cerca de ella, ni siquiera sabía que Stacy olía así. Ante ese saludo tan amable que ella le dirigió, las orejas de Ju-won se encendieron
—Sí…hola.
Era la persona que Ju-won había admirado en silencio durante mucho tiempo, la que se veía más impresionante al ejecutar acrobacias peligrosas con su uniforme de porrista. Su adorable porrista, siempre impecable, que nunca perdía la compostura y mantenía una actuación constante y profesional sin altibajos. Ju-won no podía evitar respetar a alguien que se esforzaba al máximo en su propio campo, sin buscar atajos.
De repente, recordó el incidente de los boletos de hockey sobre hielo y sintió la necesidad de disculparse.
—Oye, Stacy.
Llamó a Stacy para que se detuviera. Para Ju-won, aquello fue un acto de valentía. Aunque ambos compartían el mismo escenario, ella como porrista y él como mariscal de campo. nunca habían hablado cara a cara, a solas.
—Siento mucho lo de la otra vez. Me siento avergonzado de mí mismo.
Al escuchar las palabras de Ju-won, Stacy inclinó la cabeza hacia la derecha, observándolo con curiosidad.
—¿De qué estás hablando?
Tiene una expresión de no saber el motivo.
—¿Había algo por lo que disculparse entre nosotros?
Siguió la suave pregunta de Stacy.
Ju-won estaba estupefacto.
—E-el boleto...
—¿Boleto?
—El de Pelham... Birmingham Bulls...
—Ah, ¿el de hockey sobre hielo? Erik me regaló un boleto hace poco, pero no pude ir a verlo. Un amigo me dijo que era un partido que realmente quería ver y me pidió que le diera el boleto.
—Pero, ¿cómo lo supiste?
Stacy parpadeó con sus ojos claros mientras miraba fijamente a Ju-won.
«Pero en ese momento, Calvin dijo claramente... que Stacy también lo sabía...»
Ju-won apretó ambos puños con fuerza. Sentía una ira contenida agitándose bajo su pecho.
No era de extrañar. Calvin siempre había sido ese tipo de persona: alguien que no dudaba en engañar a los demás si le convenía, que creía que el mundo giraba a su alrededor, que actuaba con bromas constantes sin mostrar verdadera madurez y que se burlaba de los sentimientos ajenos.
Ju-won ya no podía confiar en él. No creería ni una sola palabra más que saliera de su boca.
—Mariscal de campo, ¿estás bien?
Stacy lo miraba con expresión extrañada mientras él permanecía sumido en sus pensamientos. En el instante en que sus miradas se cruzaron de nuevo con aquellos ojos azules impecables, Ju-won sintió un impulso desconocido. Y con él, la clara intuición de que si no lo decía ahora, no lo diría nunca.
—Stacy… si te parece bien, ¿no querrías tener una cita conmigo?
La confesión resonó en el pasillo vacío. Ju-won tragó saliva, nervioso.
—Hong, lo siento, pero…
Los labios de Stacy se abrieron. Al escuchar la disculpa primero, Ju-won asumió lo inevitable: sería un rechazo. Sí, desde el principio ni siquiera había tenido esperanzas.
—Yo no tengo citas. Y tampoco tengo intención de tener novio… por ahora.
«Como imaginaba». La mirada de Ju-won cayó al suelo de golpe. Si yo fuera Stacy, tampoco me gustaría alguien como yo. A diferencia de un tipo como Calvin.
—Mariscal de campo, yo...
Stacy abrió la boca vacilante ante la expresión de Ju-won, que parecía muy afligido.
—Es que...a mí solo me atraen los hombres mayores, me empiezan a interesar si tienen al menos cuarenta años. Ha sido así siempre, desde que era pequeña.
«¿Eh?»
—Por eso, me prometí a mí misma que no tendría citas con nadie hasta que tuviera cierta edad. ¿Lo entiendes?
Stacy sonrió levemente mientras decía eso.
—Ah, ya veo... —Ju-won respondió con voz desganada.
—Eres un chico atractivo, así que podrás conseguir otra novia sin problemas. Si te declaras con decisión, no creo que haya ninguna chica en nuestra escuela que te rechace.
«Pero... esa persona no eres tú» Ju-won guardó silencio sin poder decir eso. Esta vez, perdió contra un futuro señor de cuarenta años que no tenía ni nombre ni rostro.
Una sensación de derrota familiar lo invadió, pero no se arrepentía. Ju-won sintió alivio solo por haber expresado sentimientos que había guardado durante tanto tiempo.
—Gracias, Stacy.
Stacy le dedicó un saludo amable mientras Ju-won intentaba sonreír.
—Nos vemos en el campo, mariscal de campo.
La porrista pasó junto a él una vez más, dejando tras de sí un leve aroma a flores.
Al llegar a casa, un olor delicioso lo envolvió. Su madre, que había salido temprano del trabajo, había preparado galbi-jjim picante. Justo ese día, su padre y su hermana también habían regresado temprano, por lo que se había planeado una agradable cena familiar.
Su padre estaba poniendo la mesa y su madre sacaba los acompañamientos del refrigerador. Ju-won se esforzó por no mostrar su estado de ánimo deprimido ante su familia.
—Ya llegué.
Dijo esforzándose por elevar las comisuras de sus labios. Al aparecer el orgulloso hijo mariscal de campo, las sonrisas florecieron en los rostros de sus padres.
—¿Llegó nuestro pequeño príncipe? Ve a cambiarte rápido y baja. Cenemos todos juntos.
Ante las cariñosas palabras de su madre, Ju-won asintió. Por el olor de la salsa picante y dulce a la vez, su lengua ya sentía un hormigueo.
La habilidad culinaria de su madre, que trabajaba en un famoso restaurante coreano, ya era reputada en todo Birmingham. Haber nacido como hijo de una excelente cocinera era para Ju-won tanto una bendición como una maldición. Porque Ju-won era un atleta que siempre debía cuidar su cuerpo. Por muy deliciosa que fuera la comida que pusieran en la mesa, no podía comerla.
Su madre siempre preparaba una comida aparte considerando a Ju-won. Le sirvió dos trozos de galbi-jjim cocidos en salsa roja en su plato pequeño, y preparó para Ju-won pechuga de pollo al vacío con el mínimo condimento y ensalada de lechuga. Mientras su hermana, Sihyun, comía carne sobre un tazón lleno de arroz, Ju-won tenía que masticar lechuga sin siquiera aderezo.
De repente, pensó en lo inútil que era todo aquello: «Una vez que terminaran los playoffs, ya no seré mariscal de campo”
Sosteniendo el cucharón, Ju-won se sirvió una gran porción de galbi-jjim en su plato. Apartó la ensalada de lechuga sin aderezo y comenzó a devorar la carne. La salsa, picante, dulce y salada a la vez, le estimulaba la lengua con intensidad.
Ante aquel comportamiento inusual, su familia lo observó con sorpresa.
—Ju-won… ¿pasó algo en la escuela?
—No.
Respondió de inmediato. Su padre lo miró con evidente extrañeza.
—Normalmente, por muy deliciosa que sea la comida que hace tu madre, solo comes uno o dos bocados diciendo que tienes que controlar tu dieta.
—Hoy quería comer.
—¿No dijiste que tenías un partido mañana?
Ju-won hundió la cara en su plato sin decir nada. Al ver que sobraba arroz en el tazón de Sihyun, incluso se lo llevó diciendo que él se lo comería si ella no lo hacía.
—Está delicioso, mamá.
La mirada de toda la familia se concentró en Ju-won, quien comía arroz en silencio. Un silencio incómodo fluyó sobre la mesa. Su padre, que observaba a su hijo, le rellenó un tazón de arroz sin decir palabra.
Ju-won solía estar muy sensible el día anterior a un partido, hasta el punto de no hablar bien con su familia. No solo apenas comía la cena diciendo que le podría sentar mal, sino que al dar las diez de la noche cerraba la puerta de su habitación y se quedaba encerrado hasta la mañana.
Tras terminar la cena, la familia comenzó a recoger junta. Ju-won apiló la vajilla ordenadamente y la llevó al fregadero. Su padre, al confirmar el semblante sombrío de su hijo, dijo:
—Hijo, tu flequillo ha crecido mucho. Cuando termines de lavar los platos, papá te lo cortará, así que espera en la sala. ¿Entendido?
—Está bien…esto no es para tanto.
—¿Qué vas a hacer si el cabello te pica los ojos y te estorba la visión? No querrás que algo así suceda durante el partido, ¿verdad?
«Tiene razón » Ju-won asintió inevitablemente.
El padre de Ju-won, Hong Seok-woo, era un empleado normal que trabajaba en una empresa de TI, pero también era un diseñador de cabello que se especializó en cosmetología en la universidad. Gracias a eso, Ju-won no había ido a una peluquería ni una sola vez en su vida desde que nació.
Ju-won se sentó en una silla en el piso del baño y le colocaron la capa de corte sobre los hombros. Seok-woo, sosteniendo las tijeras de peluquería, roció agua sobre la cabeza de Ju-won.
Ras, ras.
El cabello comenzó a ser cortado. Los mechones de cabello corto caían sobre los azulejos del baño. Ju-won estaba sentado tranquilamente, manteniendo un duelo de miradas con el espejo.
Parecía un tonto. Ojeras profundas, las comisuras de los labios rígidas y los hombros caídos. Ju-won volvió a desesperarse ante su propia imagen, que distaba mucho de ser la de un imponente mariscal de campo.
—Listo, ya quedó.
«Ahora que el cabello está más corto, parezco el doble de tonto...». Le quitaron la capa de corte y Ju-won soltó un suspiro tan profundo que parecía que el suelo se hundiría. Seok-woo, mientras arreglaba el cabello de su hijo, sacó el tema de conversación casualmente.
—Ju-won, ¿recuerdas aquel día? Cuando estabas en la escuela primaria y te rascaste la cara tras pelear con tus compañeros de clase. En cuanto llegaste a casa, nos contaste todo lo que pasó ese día mientras resoplabas.
La nostalgia se reflejó en los ojos de Seok-woo al recordar el pasado. Él amaba a su hijo y lo amaría sin importar lo que pasara.
—¿Sabes lo feliz que se puso papá en ese momento? Me dolió el corazón al oír que a mi hijo le habían pegado en la escuela, pero por otro lado, me sentí aliviado al ver que tú, que eras tan reservado, expresabas tus sentimientos. Papá siempre estuvo preocupado por si nuestro Ju-won crecía como alguien que ni siquiera sabía cómo confiar en su familia.
—Ju-won, lo sabes, ¿verdad? Papá siempre está de tu lado. Tu madre y Sihyun también.
La voz firme se posó sobre los hombros de Ju-won. Su garganta no dejaba de escocerle.
—La verdad es que, papá.
«Sí, digámoslo. De todos modos, tendré que decirlo algún día.»
—Puede que tenga que dejar el fútbol pronto. No creo que pueda ir a la universidad con el fútbol.
Ju-won sacó el tema con calma. Era un hecho que ya no podía ignorar y que debía enfrentar sin falta.
—Siento haberlos decepcionado.
Ante la reservada disculpa de su hijo, Seok-woo rió levemente.
—No estoy decepcionado en absoluto, así que no te preocupes. ¿Acaso tu papá te parece alguien que se decepcionaría de su hijo por algo así?
—...
—Ju-won, en este mundo hay muchas cosas divertidas además del fútbol. Puedes ver películas, puedes cenar con tu familia como hoy. ¡Incluso puedes tener citas con la chica que te gusta!
Al salir la palabra “cita” de la boca de su padre, el semblante de Ju-won se oscureció rápidamente.
—Cierto, ¿cómo te va con esa chica últimamente?
—Me rechazó.
Seok-woo, dándose cuenta de que había cometido un desliz al hablar, rodeó el cuello de Ju-won de repente.
—¡Por eso estuviste con cara de llanto todo el tiempo, hijo mío!
Incluso le dio un beso en la mejilla. Ju-won se apartó de sus brazos con asco.
—¡Papá, no es eso!
Un rubor subió a su rostro moreno. Seok-woo soltó una carcajada sonora y revolvió el cabello de Ju-won.
—No te preocupes, Ju-won. Hay muchas mujeres en el mundo. No hay hombre que se case con su primer amor. Si hay un hombre que dice que su esposa es su primer amor, es mentira.
—De verdad... ya basta.
Ju-won, con el rostro totalmente rojo, se levantó de su asiento. Era un hijo con una estatura similar a la del refrigerador de la cocina, pero a los ojos de Seok-woo seguía pareciendo adorable. Seok-woo, antes de dejar ir a Ju-won, lo abrazó fuertemente por última vez.
—Todo pasará. Dentro de exactamente tres años, ni siquiera recordarás la preocupación que tienes hoy. Papá te lo garantiza.
—Gracias…papá.
Ju-won contuvo las lágrimas ocultando el rostro en el hombro de su padre. No entendía por qué se sentía tan deprimido.
«Fui yo quien dijo que dejaría el equipo después de los playoffs, y desde el principio no había posibilidad de que Stacy saliera con alguien como yo…»
«¿Será por “Él” después de todo?»
El rostro de Calvin apareció dentro de su visión borrosa, ojos como el mar de verano que guardan la luz de las estrellas, hoyuelos marcados al sonreír, manos increíblemente suaves, cabello esponjoso, una sonrisa hermosa que parecía hechizar a la gente, una forma de hablar lánguida, hombros firmes, un aroma misterioso al acercarse, el calor de sus abrazos,sus labios y su lengua moviéndose con naturalidad.
La punta de sus orejas enrojeciendo con frecuencia, su voz diciendo que lo amaba.
Debido a recuerdos que, en su mayoría, deberían haber sido imposibles, los cinco sentidos de Ju-won se paralizaron.
Me tranquiliza que se hayan expuesto todas las mentiras de Calvin, porque si es más adelante, lloraría 🥹
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