CHDQ- Capítulo 16.
Capítulo 16: La Zona Roja.
El nombre del club al que pertenecía Ju-won era «Fixkin Society», un lugar donde quienes alguna vez soñaron con ser jugadores y estudiantes regulares a los que les gustaba el fútbol se mezclaban para hacer ejercicio libremente.
Al terminar las clases, los miembros del club se reunieron en el campo de recreación del campus. En comparación con el estadio LAMU era modesto, pero se trataba de una cancha oficial con césped artificial y líneas de marcaje claramente trazadas. Ju-won, como ex quarterback que había dedicado su vida al fútbol, asumió el papel de enseñar a los aficionados.
Tras lograr un touchdown con un pase fantástico, Ju-won se quitó el casco. Se dio cuenta de que el sol se había puesto mientras jugaban sin descanso. Salió del campo pasándose la mano por el cabello empapado de sudor. El ejercicio era simplemente divertido porque no había presión por hacerlo perfecto ni un rival al que quisiera derrotar con todas sus fuerzas.
Uno de los miembros sentados en el banco llamó a Ju-won.
—¡Hey, Sra. McGrady!
“Sra. McGrady.”
Era el apodo que le habían puesto a Ju-won, quien se había convertido en el novio oficial de Calvin después del primer partido en casa. Como ya esperaba cierto tipo de bromas, lo dejó pasar sin darle demasiada importancia.
—Tu esposo volvió a escribir otra historia. Mira esto.
Arjun, que tomaba la clase de programación con Ju-won, le mostró la pantalla de su teléfono. Era el registro de ese día de Calvin, que había ido a un partido de visitante en el norte de California.
《Calvin McGrady (FR, QB)
Porcentaje de pases completados: 73%, 3 pases de touchdown, 0 intercepciones, 1 touchdown por carrera.》
Eran cifras que dejaban la boca abierta. Un total de 285 yardas aéreas con 7 intentos de carrera. El pase más largo fue uno de 61 yardas dirigido a Alejandro Vega. Probablemente Calvin era el único jugador en todo el país que, con 19 años y estatus de novato, se desempeñaba de esa manera.
—Tres pases de touchdown y hasta un touchdown por carrera... se lo lleva todo él solo, de verdad.
—¿Cómo es posible que no tenga intercepciones? ¿De verdad este chico es un novato?
—Había una razón por la que Hong-i lanza bien el balón. Como aprendió de un jugador así, es obvio que lance bien.
Los compañeros de equipo reunidos agregaron sus comentarios mientras miraban la pantalla.
—Yo nunca aprendí de ese tipo cómo lanzar el balón. Calvin es Calvin y yo soy yo.
Dijo mientras guardaba su equipo en la maleta. Aunque su tono era brusco, no pudo ocultar la leve curva de sus labios. Arjun pasó un brazo por los hombros de Ju-won.
—Dile que venga a entrenar con nuestro club alguna vez. Sería una gran experiencia para los miembros.
Ante esas palabras, Ju-won soltó una risita. No creía que jugadores ocupados con la temporada fueran a presentarse en un partido amateur que no era más que un juego recreativo.
—Para eso sirve tener novio. También te conviene a ti si el nivel de nuestros chicos sube.
Arjun, que tenía una personalidad afectuosa, le dio un pequeño golpe en el abdomen a Ju-won. Este se encogió y lo apartó.
«Bueno, si llegaran a venir sería de ayuda… pero ¿debería intentar mencionarlo?»
Calvin aceptó felizmente la propuesta de Ju-won. Dijo que quería jugar con Ju-won una vez más. Por supuesto, también tenía el deseo de saber con qué tipo de amigos se juntaba Ju-won.
Él trajo a los novatos de Green Storm al club. Los miembros del club vitorearon y rodearon a Ju-won con entusiasmo.
—Este es el poder de tener novio. ¡Es realmente increíble, Hong!
Dijo Arjun, que parecía ser quien más quería ver a Calvin. Los novatos de Green Storm, sintiéndose orgullosos, comenzaron a calentar, girando los brazos con amplitud. Con sus uniformes verde oscuro, parecían protagonistas de una película de héroes.
Todo era perfecto, excepto por el hecho de que el estudiante de segundo año, Alejandro Vega, también estaba entre ellos.
—¿Por qué lo trajiste a él?
Susurró Ju-won en voz baja mientras agarraba el brazo de Calvin.
Calvin se encogió de hombros como si él tampoco lo supiera.
—Dijo que estaba aburrido y me siguió. Es un tipo raro, de todos modos.
Ju-won, quien tenía un pasado de sufrimiento por la “contaminación auditiva”, sacudió la cabeza con disgusto. Aunque reconocía que Alejandro era un as y el pilar del Green Storm, el desagrado que sentía por él no desaparecía con facilidad.
Por otro lado, también estaba contento. Al ver los partidos del Green Storm, más de una vez se había maravillado con el instinto, el control corporal y la extraordinaria capacidad de recepción de Alejandro. Pensó que sería divertido, como quarterback, jugar con un receptor así.
Alejandro, al descubrir a Ju-won, lo saludó desde lejos con la mano. Su mirada y su sonrisa características seguían intactas. Ju-won asintió vagamente y desvió la vista.
LAMU Green Storm contra Fixkin Society. El resultado era previsible, pero todos jugaron con seriedad. Ju-won, que se enfrentaba a Calvin después de mucho tiempo, se esforzó especialmente. Calvin asumió el papel de linebacker para defender en primera línea. Ju-won empujó a Calvin, que intentaba placarlo con intensidad, y comenzó a correr. Calvin, girando tras la caída, logró sujetar rápidamente sus piernas.
—¡Maldición!
La parte superior del cuerpo de Ju-won se estrelló contra el suelo y el balón rodó. Calvin se levantó primero y le extendió la mano. Ju-won lo miró con una expresión de desánimo.
—Tienes fuerza, Hong-i.
Se levantó agarrando la mano de Calvin.
—Oye, ¿quién en el mundo trata así a su novio?
Le espetó con irritación.
Calvin respondió con una sonrisa astuta.
—Hong-i, pero tú también en la cama...
—Déjalo hasta ahí.
Ju-won cortó las palabras de Calvin y se dirigió a preparar la siguiente jugada. Calvin se llevó las manos a la cintura y soltó una carcajada.
Si lograba superar a Calvin con esfuerzo, el siguiente obstáculo era Alejandro. Aunque no tenía un cuerpo grande como los linieros, era más ágil que cualquiera y poseía un equilibrio y una elasticidad extraordinarios; cumplía el rol de safety, el último defensor.
Se encontró con Alejandro frente a la zona de anotación. Este bloqueaba con firmeza el camino por el que Ju-won avanzaba. Sus miradas se cruzaron por un instante y Alejandro le guiñó un ojo de forma que solo Ju-won pudo notar. Ju-won no se dejó intimidar y se deslizó por su izquierda.
Fue un touchdown.
Sin embargo, fue una anotación que no le dio mucha satisfacción. Ju-won sintió que Alejandro no había intentado placarlo a propósito y que lo había dejado pasar. Con irritación, lanzó el balón al suelo.
El guiño de Alejandro se le quedó grabado en la mente, removiendo sus pensamientos de forma incómoda.
Calvin se alegró por la anotación de Ju-won y lo abrazó.
—¡Cómo esperaba de mi Hong-i. Sabía que podrías hacerlo!
Parecía haber olvidado que él mismo era un jugador del equipo contrario. Asomó sus labios entre las barras de metal de la rejilla del casco y llenó la mejilla de Ju-won de besos.
Ju-won, consciente de las miradas de alrededor, empujó ligeramente a Calvin.
—Calvin... ya entendí, así que démonos besos después.
Una cosa era no ocultar la relación y otra muy distinta exhibirla así. Nadie de los que estaban allí quería verlos dándose besos. A Calvin, al parecer, no le importó demasiado y se alejó riendo entre dientes. Se dio la vuelta y habló con la mirada a sus compañeros de equipo.
«¿Qué tal? Este es mi novio. ¿Es guapo, verdad? ¿Ya entienden por qué me gusta tanto?»
parecía decir.
Cuando cambiaron la ofensiva y la defensiva, Ju-won se encargó de Calvin. Al convertirse en el defensor que marcaba a Calvin, los sentimientos fueron especiales. Comprendió claramente lo grande, rápido, ágil y experimentado que era Calvin. Una sensación de velocidad y una guerra psicológica de un nivel diferente a cuando lo observaba desde fuera del campo. Calvin sonreía brillantemente, como si disfrutara de esta situación.
—Voy a ir por la izquierda, así que intenta bloquearme, Hong-i.
No olvidó provocar a Ju-won, su antiguo rival. A Calvin le gustaba desde hace mucho tiempo ver su imagen quemando pasión y competitividad en el campo.
—Ven con todo, idiota.
Ante las palabras de Ju-won, Calvin sonrió. Al encontrarse con esa mirada después de tanto tiempo, sintió que la sangre le hervía en todo el cuerpo.
Tan pronto como se realizó el snap, corrió hacia donde estaba Ju-won. Ju-won también cargó para bloquear a Calvin. Una situación de confrontación uno a uno. Calvin, observando los movimientos de Ju-won, elevó largamente las comisuras de sus labios. Tal como predijo, dio el primer paso con el pie izquierdo.
—¡Oye, Alejandro!
Justo cuando parecía que iba a correr por su cuenta, saltó y lanzó un pase. El balón se pegó a las manos de Alejandro, que corría ligeramente adelantado. Tras esquivar a un defensor que se le lanzó torpemente, anotó un touchdown de inmediato. El dúo formado por Calvin y Alejandro aplastó por completo a las futuras promesas de la Fixkin Society.
—Qué tramposo. Dijiste que irías por la izquierda.
Murmuró Ju-won, frustrado por haber permitido el punto inútilmente. Calvin respondió encogiéndose de hombros.
—Por naturaleza, un quarterback debe ser hábil en la guerra psicológica. Es lo básico de lo básico.
—Como sea, siempre tienes una respuesta.
Ju-won soltó una pequeña risa mientras se quitaba la rejilla del casco. El viento fresco de la noche despeinó su cabello empapado de sudor. Hacía mucho tiempo que no sentía con tanta claridad aquella sensación de estar verdaderamente vivo. Estar en el campo junto a Calvin le trajo de vuelta viejos recuerdos.
Hubo una época en la que el fútbol era toda la vida de Ju-won, pero ahora se había convertido en solo una de las muchas cosas que amaba: Calvin McGrady, su familia, sus amigos, la universidad, Los Ángeles. Y al final de todo eso seguía estando el fútbol.
Calvin, convertido en entrenador por un día de la Fixkin Society, dio consejos sinceros a cada miembro. Mostró ejemplos lanzando el balón él mismo y corrigió posturas una por una. Para cuando terminó el tiempo de práctica prometido, todos se habían convertido en admiradores de Calvin.
—No soy gay, pero por Calvin, podría entregar mi trasero.
Murmuró Arjun, mirándolo embobado. Resultaba gracioso que alguien que no hacía más que hablar de mujeres cada vez que abría la boca dijera algo así.
—Oye, Hong. ¿Cómo sedujiste a un hombre así? De verdad creo que puedo entender el corazón de las mujeres. En serio, me quiero casar con él.
Calvin estaba hablando por teléfono con alguien mientras se pasaba la mano por el cabello, que brillaba casi blanco bajo las luces. Poco a poco, su ceño comenzó a fruncirse, como si la conversación se estuviera volviendo seria.
—¿De qué hablas? Yo nunca lo seduje.
A Ju-won no le molestaba demasiado el malentendido de que él fuera quien “se entregaba” a Calvin, pero había algo que no soportaba escuchar bajo ninguna circunstancia: que él hubiera sido quien lo sedujo primero.
Arjun, con los ojos muy abiertos, agarró a Ju-won de los hombros.
—¿Qué? ¿Entonces Calvin te sedujo a ti primero?
Ju-won se quedó pensativo por un momento.
«¿Debería decir que Calvin fue quien lo sedujo primero?»
Apareció frente a él de la nada con un enorme ramo de flores. Incluso antes de eso, rondaba a su alrededor hasta el punto de resultar molesto. Y cuando descubrió su mentira, lo retuvo llorando desconsoladamente.
—Bueno… supongo que sí.
—¿De verdad? ¡Es increíble!
Ahora todos esos momentos parecían lejanos. Ju-won sonrió levemente y caminó hacia donde estaba Calvin. Mientras tanto, los miembros de Green Storm y los de la Fixkin Society discutían cómo aprovechar el tiempo restante. Finalmente surgió la idea de mezclar ambos equipos para jugar un último partido de exhibición.
—Entiendo…Iré a Birmingham lo más rápido posible, así que espera.
El rostro de Calvin, al colgar el teléfono, estaba pálido. En ese instante, un mal presagio cruzó por su mente.
—Calvin.
Sin duda su expresión no era normal.
«¿Habría pasado algo con la familia en Birmingham?»
—¿Qué sucede?
Ju-won sujetó el hombro de Calvin. Recordó vagamente el rostro de George, el cuarto hermano que padecía leucemia y al que solo había visto en fotografías.
—¿George está bien?
Los ojos de Calvin estaban vacíos. Sus labios, ya sin rastro de sonrisa, se resecaron ásperamente.
—George está bien. Está bien en el hospital. Pero…
Ah, qué alivio. Justo cuando Ju-won sintió que podía tranquilizarse, Calvin continuó hablando.
—Mis padres se van a divorciar.
—¿Divorciar? ¿Por qué tan de repente?
En Estados Unidos, el divorcio era algo común. Muchas parejas decidían separarse al darse cuenta de las limitaciones de su vida matrimonial.
Sin embargo, Thomas y Eleanor tenían cinco hijos. Uno de ellos había pasado más de la mitad de su vida en el hospital debido a una enfermedad, y otro ni siquiera había cumplido un año de nacido.
—Creo que... es por mi culpa.
Otro acababa de entrar a la universidad y estaba mostrando su talento por primera vez. Las pupilas de Calvin temblaron levemente. Su expresión reflejaba un fuerte impacto.
Ju-won sostuvo la parte posterior de su cabeza y apoyó su frente contra la de él.
—No hay forma de que sea así, Calvin no es por tu culpa. No has hecho nada malo. Lo sabes, ¿verdad?
Mientras le daba suaves palmadas en el pecho, intentaba tranquilizarlo poco a poco. Calvin, conteniendo las lágrimas con esfuerzo, asintió lentamente.
—Hong-i, creo que debo ir a Birmingham.
«Mis hermanos son demasiado jóvenes para soportar esta situación. Si mi padre desaparece, yo debo convertirme en el jefe de familia»
Se esforzó por mostrarle una sonrisa a Ju-won.
Ju-won respondió rápidamente.
—Iré contigo.
—No.
—Pero...
—Hong-i, escúchame.
Dijo Calvin con firmeza. Aunque él entraría pronto en la Bye Week, Ju-won tenía el periodo de exámenes cerca.
—Tú quédate aquí. Ve a la universidad, asiste a clases, haz tus tareas, presenta tus exámenes y sigue lanzando el balón con los miembros del club. Volveré pronto.
Su voz era mucho más suave.
Ju-won pensó que Calvin era realmente maduro. Tenía un rostro acostumbrado a consolar y tranquilizar a los demás. Al darse cuenta una vez más del peso que él cargaba sobre los hombros, asintió lentamente.
—¿Cuándo piensas salir?
—Primero debo consultarlo con los entrenadores. Sería mejor decirles ahora mismo.
—¿Quieres que te acompañe?
—Lo siento, Hong-i, pero en nuestro centro está prohibida la entrada a estudiantes regulares.
Calvin, quien recuperó la sonrisa rápidamente, respondió con tono juguetón. Luego, rodeó con su mano la nuca de Ju-won.
—Ve y juega con los chicos. Honestamente, ahora te estás divirtiendo mucho.
Calvin tenía razón. Después de jugar solo en partidos de nivel aficionado en el club, enfrentarse a jugadores de verdad le daba una tensión especial, una sensación de liberación que no había sentido en mucho tiempo. Calvin le había devuelto eso a Ju-won.
—Hacía tiempo que no te veía así de feliz.
Dijo Calvin mientras acariciaba la mejilla de Ju-won. Su sonrisa intacta terminó de tranquilizarlo.
—Mantente en contacto.
—Está bien, Hong-i.
Tras dudar un momento, Calvin depositó un corto beso en la mejilla de Ju-won. Esta vez, Ju-won no lo apartó y lo aceptó dócilmente.
✧ ° 。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧
Dividieron a los jugadores mezclándolos en dos grupos. Ju-won y Alejandro quedaron en el equipo rojo. Originalmente, incluso Calvin estaba en el mismo equipo, pero abandonó el campo diciendo que le había surgido un asunto urgente. Los miembros que habían perdido la oportunidad de jugar a su lado se sintieron algo decepcionados, pero Alejandro ocupó su lugar sin problema.
Ju-won, con un chaleco rojo para distinguir los equipos, cruzó la mirada con él. Unos ojos dorados incrustados en cuencas profundas lo observaron con calma.
—Cuento contigo, quarterback.
Sin razón aparente, Ju-won sintió un leve nerviosismo. Había visto los partidos del Green Storm y más de una vez se había maravillado con la habilidad de Alejandro. Quien mejor entiende a un quarterback es, sin duda, el receptor. Si alguien que ha recibido balones de Brandon Sinclair y Calvin…recibe los suyos ¿qué se sentiría?
—Confía y lánzamelo. Recibiré el balón sin importar a dónde lo lances.
Susurró Alejandro detrás de su espalda. Era una voz bastante confiable.
Bueno, supongo que así era. Si se trataba de Alejandro, era seguro que se lanzaría a atrapar cualquier balón.
—¡Set Hut!
Gritó Ju-won con determinación. Jamal, el novato linebacker del Green Storm, realizó el snap. Ju-won atrapó el balón con calma y retrocedió dos pasos. Alejandro, aprovechando el hueco, comenzó a correr por la línea lateral con su potencia característica, y Ju-won giró el cuerpo de forma natural hacia donde estaba él.
—¡A dónde crees que vas!
Arjun, el mejor amigo de Ju-won, se adelantó y lo abrazó. Otros miembros se le fueron encima, sujetándole los brazos y las piernas uno por uno.
—¡Oye, esto es falta! —gritó Ju-won al caer al suelo. Arjun, dándole un golpe juguetón, estalló en risas.
—Tienes que superar esto, Hong. ¿No es eso ser un quarterback?
El equipo azul cometió una falta descarada, pero aquel día no había árbitro en el partido. Era solo un juego por diversión. Ju-won se levantó riendo, como si todo fuera absurdo.
—Hagámoslo de nuevo. Podemos hacerlo.
Alejandro se acercó corriendo y soltó un comentario. Seguía teniendo ese rostro juguetón, pero su voz era seria. Ju-won se preguntó si era la misma persona insoportable que había visto en el dormitorio.
«¿Acaso es diferente en la cancha?»
Por un instante, Ju-won superpuso la imagen de Alejandro con la de Calvin. Apariencia reluciente y personalidad astuta, una confianza desbordante que a veces resultaba casi irritante. Ases temibles cuya actitud cambiaba por completo al pisar el campo.
Aunque no quería admitirlo, tenían bastantes puntos en común.
«¿Tendrá ese hombre también algún secreto?»
Tal como Calvin usaba una máscara para ocultar sus heridas, quizás Alejandro también estaba pataleando con todas sus fuerzas bajo la superficie del agua.
Ju-won, elevando las comisuras de sus labios con frescura, tomó posesión de nuevo.
«No puede ser. Ese tipo debe haber sido narcisista desde que nació. Es así de descarado porque cree que es el mejor del mundo»
Rechinó los dientes al recordar cuando se enfrentó a Alejandro con la puerta de por medio.
—¡Set Hut!
El balón volvió a sus manos. Se lo entregó al running back lo más rápido posible, porque era evidente que si intentaba un pase largo lo volverían a taclear.
Arjun se acercó con una sonrisa significativa, lo abrazó y ambos cayeron al suelo. Ju-won, quedando debajo, empujó el casco de él con los dedos.
—Oye, ¿vas a seguir usando faltas?
—¡Es el precio por acaparar al héroe de Green storm!
Alejandro, que salía corriendo, se detuvo. Al ver a Ju-won caído en el grupo, soltó una carcajada sonora. Luego regresó hacia él y le extendió la mano. Ju-won se levantó, agarrándola para ponerse de pie.
—Son unos amigos traviesos.
Murmuró Alejandro mientras palmeaba el hombro de Ju-won. Cuando Ju-won se dio la vuelta, Alejandro acercó sus labios a su oído.
—Tengo una estrategia.
Luego, comenzó a explicar su “estrategia”. Ju-won, al escuchar a Alejandro, se rió como si aquello fuera absurdo. Alejandro respondió que no importaba, que como el oponente había cometido una falta primero, ellos también debían hacer algo.
«Bueno…es cierto»
Era un argumento lógico. Ju-won soltó un breve suspiro y se preparó para el siguiente ataque. Alejandro dio unas palmadas al costado de Leonard, el miembro del club que actuaba como running back.
—En el momento en que suba el snap, corre recto. Directo hasta la zona de anotación.
Cuando Leonard asintió, aún nervioso, Alejandro sonrió ampliamente. El ataque comenzó de nuevo con el potente grito de Ju-won. Alejandro, sin dudarlo, se metió entre sus piernas en un movimiento rápido. En un instante, Ju-won terminó sentado sobre el cuello de Alejandro.
Un quarterback a caballito. Todos los defensores que cargaban se quedaron desconcertados. Alejandro sujetó los tobillos de Ju-won y giró el torso, ajustando la dirección para que pudiera apuntar.
—¡Oye, Leonard!
Gritó Ju-won, convertido en una figura gigantesca a la que todos miraban desde abajo. El campo de visión era increíblemente amplio. Nada le bloqueaba la vista. Era la primera vez que experimentaba algo así.
—¡Recibe!
Ju-won lanzó el balón con calma hacia Leonard, que corría. El ovoide, trazando una trayectoria descendente como un cañón, cayó exactamente en sus brazos. Leonard siguió avanzando a toda velocidad y pronto cruzó la zona de anotación. Un pase de touchdown de más de treinta yardas, logrado gracias a la absurda “estrategia” de Alejandro.
Ju-won rugió mientras apretaba los puños. El equipo contrario protestó diciendo que había sido falta, pero no le importó. La falta había sido que tres personas lo sujetaran de pies y manos para impedirle moverse. No existía ninguna regla que dijera que “no se puede llevar al quarterback a caballito”.
—¡Bien hecho, quarterback!
Alejandro corrió por el campo sujetando las espinillas de Ju-won. En ese momento, Ju-won era la persona más grande sobre este campo. Ju-won se reía como si se hubiera convertido en un dios que gobernaba el mundo, hasta que se dio cuenta de que seguía sentado sobre los hombros de Alejandro.
—Ya bájame…Alejandro.
Su humor empeoró rápidamente. Se debió a que su parte íntima estaba tocando la nuca de él.
—Ahora mismo.
Cuando Ju-won bajó el tono de voz, Alejandro inclinó la cintura.
—Como usted ordene, príncipe.
Susurró mientras dejaba las dos piernas de Ju-won en el suelo. Luego, giró sus brazos ampliamente como si tuviera los hombros entumecidos.
—¿Debería llamarte reina en lugar de príncipe? ¿Qué te parece?
Ju-won resopló. Ya estaba acostumbrado a que le dijeran “señora” o “reina”. No era fácil ser la pareja del hombre al que todos admiraban. Tal vez tendría que vivir bajo la sombra de Calvin por el resto de su vida.
«Por el resto de mi vida»
“De por vida” o “para siempre” son palabras románticas. Ju-won, soltando una pequeña risa, golpeó el hombro de Alejandro.
—Entonces, ¿cuál es la siguiente estrategia?
Alejandro respondió con una sonrisa brillante.
—Bueno. ¿Qué tal si esta vez usamos la estrategia de “dos quarterbacks”?
Ante la respuesta descabellada, Ju-won sacudió la cabeza. Al estirarse de repente, vio el cielo que ya se había vuelto negro.
«Qué lindo»
El cielo nocturno de Los Ángeles era hermoso como siempre, lo bastante como para quedarse mirándolo toda la noche.
✧ ° 。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧
Calvin llamó a Ju-won tan pronto como llegó a Birmingham. Ju-won iba de camino al dormitorio después de terminar sus clases.
—Acabo de llegar al aeropuerto. Por suerte, podré cenar con mi familia. Aunque no sé si la comida me pasará por la garganta.
Afortunadamente, su voz sonaba más animada de lo que Ju-won esperaba. Él preguntó con alivio.
—¿Tu madre y tu padre están en casa?
—Dicen que papá salió. Seguramente fue a beber, qué más da. No importa. Con quien quiero hablar es con mamá. Escuchar lo que ella tiene que decir y decidir qué haremos de ahora en adelante…Especialmente con mis hermanos.
Calvin guardó silencio sin poder terminar la frase. Un silencio sutil cruzó la llamada.
—¿Vas a intentar detener a tus padres?
Ju-won preguntó con cautela. Calvin, tras reflexionar un momento, volvió a hablar.
—No creo que sea algo que pueda detener solo porque yo lo diga. Desearía que esperaran al menos hasta que los niños crezcan un poco más...pero probablemente no saldrá como quiero.
Calvin respondió con calma. Ju-won guardó silencio un instante. No sabía qué palabras decir para consolarlo.
—Estoy bien, Hong-i.
Más bien, fue Calvin quien consoló a Ju-won.
—Estoy bien, así que no te preocupes. Concéntrate en tus notas y en las actividades del club.
Ante la voz cariñosa, la expresión de Ju-won se relajó gradualmente.
—Te extraño, Calvin.
Esas palabras salieron de su boca por sí solas.
—Hong-i… yo también te extraño mucho. Me siento un poco deprimido al pensar que no estás cerca. Cuando estaba en la escuela, aunque no estuviéramos juntos, sentía que lo estábamos.
—Te extraño tanto después de solo un día separados.
Calvin se quejó por el altavoz, diciendo que si tuvieran una relación a distancia, ya habría muerto de soledad.
Ju-won escuchó en silencio sus quejas.
—Como sea, volveré pronto, así que espera. Si pasa algo, llámame.
Mientras seguía hablando por teléfono, Ju-won llegó al dormitorio. Una habitación individual perfectamente ordenada lo recibió.
—¿Entendido, Hong-i? Tienes que llamar sin falta.
Calvin volvió a insistir al otro lado del altavoz. Ju-won respondió con una pequeña risa.
—Tú eres el que debe llamar si pasa algo. No te preocupes por mí.
¿Qué podría pasarle a él, si pasaba todo el día atrapado en el campus, moviéndose solo entre el salón de clases, el dormitorio y el campo? Tras despedirse, Ju-won colgó primero. Después de revisar la hora, comenzó a preparar su mochila con prisa.
Hoy era el día de entrenamiento regular de la Fixkin Society. Al terminar las clases, tenía que recoger su equipo e ir al estadio sin siquiera tener tiempo de cenar. Ju-won sacó un sándwich que tenía guardado en el refrigerador y, de repente, miró hacia la cama. Una sensación sutil de extrañeza lo detuvo.
«¿Qué es esto?»
«¿Yo dejé la almohada con esta forma?»
Entornó los ojos y se acercó a la cama. Había un olor muy tenue. Una fragancia familiar pero extraña. Era punzante como el olor a ceniza quemada, pero de alguna manera dulce.
En el momento en que levantó la manta, recibió una llamada. Era Arjun, compañero de clase de Ju-won y también miembro del club. Era un amigo inteligente y divertido, pero a veces resultaba desconcertante por su personalidad impulsiva y testaruda.
—Oye, Hong. Sobre el entrenamiento de hoy, cambió a un partido amistoso. Te enviaré la dirección ahora, así que ven aquí.
Justo como ahora. Ju-won dejó la almohada y frunció el ceño.
—¿Qué? ¿Por qué tan de repente?
—Es bueno socializar con los chicos de otras escuelas. No te quejes y ven rápido. ¡Te espero!
—¡Ah, y no traigas el auto porque después vamos a celebrar!
Arjun colgó de inmediato tras terminar de hablar. Ju-won se quedó solo, sin saber la razón del repentino partido amistoso ni la identidad del equipo rival.
«¿De verdad es aquí?»
Después de caminar unos diez minutos, el lugar al que llegó no era un estadio, sino el frente de una casa particular. Era una vieja vivienda de dos pisos cerca de la playa, rodeada de arbustos y musgo que le daban un aire lúgubre. Las paredes exteriores, con la pintura descascarada, aún conservaban un toque de lujo antiguo.
Por más que miró a su alrededor, no había rastro de ningún estadio ni nada parecido. Convencido de que Arjun le había enviado la dirección equivocada, Ju-won lo llamó de inmediato.
—¡Oye Arjun! ¿Qué demonios es...?
En ese momento, la puerta de la mansión se abrió de par en par. Quien recibió a Ju-won con una expresión de alegría fue, por supuesto, Arjun. Ju-won apartó lentamente el teléfono de su oreja.
—¡Oye! ¿Qué es este lugar?
—Llegaste rápido, Hong.
Arjun lo arrastró hacia adentro antes de que Ju-won pudiera terminar de hablar. Desde el interior se escuchaba el bullicio de gente y música alta.
—¿Qué es esto?
Parecía que todos se habían reunido allí para montar una fiesta. Al darse cuenta, Ju-won fulminó a Arjun con la mirada.
—Dijiste que era un partido amistoso, imbécil.
Dejó la bolsa del equipo en el suelo con una risa incrédula. Arjun, emocionado, le dio una palmada sonora en la espalda a Ju-won.
—No es un partido, pero es algo mucho mejor.
El ánimo de Arjun estaba más alto de lo normal. Sin duda, ya se había tomado algo. ¿Por qué a los estadounidenses les gustaban tanto las fiestas? ¿Qué tenía de divertido emborracharse y bailar? Era un caos como no veía en mucho tiempo. La última vez había sido en la fiesta de Patrick, a la que fue arrastrado por Phoebe.
El recuerdo de aquel día no era precisamente agradable. Aunque, en el fondo, esa fiesta había sido la oportunidad para acercarse a Calvin. Aun así, ver a alguien vomitar o ser golpeado sin razón por personas bailando en trance seguía sin resultarle divertido. Ju-won se llevó la mano a la frente, donde comenzaba a latirle un leve dolor.
—Entonces podrías haber dicho simplemente que era una fiesta, ¿por qué mentiste?
—Si te decía la verdad, no vendrías. Eres el núcleo de nuestro club, no podías faltar a un evento como este.
—¿Desde cuándo...?
«¿Desde cuándo soy el núcleo del club?»
Tragó su enojo y continuó hablando. Arjun sonrió con picardía y pasó un brazo por los hombros de Ju-won.
—En realidad fue idea de Alejandro. Dijo que, como odias las fiestas, vendrías si te engañábamos diciendo que era un partido. ¿A que es inteligente? Alejandro también alquiló esta casa.
—¿Alejandro?
«¿Cómo sabe ese tipo que odio las fiestas? No, mejor dicho, ¿desde cuándo soy amigo de Alejandro?»
Una gran sombra se proyectó frente al confundido Ju-won. Alejandro, que había ido a la cocina a buscar alcohol, había regresado.
—Hola, vecino de habitación.
Su rostro sonriente seguía pareciendo malvado. Al menos, así lo veía Ju-won. ¿Qué sabía ese tipo sobre él o Arjun? Sintió una oleada de incomodidad que nunca había experimentado antes.
—Originalmente era una fiesta solo para los miembros de nuestro equipo, pero sugerí invitar también a los chicos del club de fútbol. Fue divertido jugar juntos la última vez, ¿no? Fue una lástima que Calvin no pudiera quedarse hasta el final.
Ante la explicación, las dudas de Ju-won se calmaron un poco. Agradecía el gesto hacia los miembros del club, pero Alejandro seguía siendo extraño. Un día parecía un desgraciado y al otro era amable. A Ju-won no le gustaba la gente que no era transparente.
—Nosotros pagamos todo el alcohol y la comida, así que come cuanto quieras. Ten, aquí tienes.
Alejandro le tendió a Ju-won uno de los muchos vasos de chupito que había en una bandeja. Ju-won lo aceptó, pero no pudo ocultar su expresión de desagrado.
—¿El entrenador Bentley sabe de esto?
—No tienes que preocuparte por Ben. Yo me encargué de todo.
Alejandro le guiñó un ojo y se dio la vuelta. Al mismo tiempo, Arjun soltó el aire que había estado conteniendo.
—Vaya, ¿no es jodidamente sexy? ¿Cómo puede existir un hombre tan sexy en este mundo?
Parecía que Arjun estaba totalmente cautivado por Alejandro. Siendo un heterosexual obsesionado con las mujeres, babeaba cada vez que veía a los jugadores del equipo de fútbol.
—Arjun, ¿desde cuándo eres tan cercano a Alejandro?
—Nos hicimos amigos cuando entrenamos juntos la otra vez. Desde entonces nos mandamos mensajes todos los días. Alejandro puede parecer aterrador, pero tiene una personalidad genial. Me da consejos de entrenamiento y hasta me envía cupones para la cafetería de la escuela. ¡Dijo que el alcohol y la comida son gratis!
—Creo que amo a ese hombre, Hong. En serio… creo que hasta podría acostarme con él.
Ju-won soltó un suspiro ante la solemne declaración de Arjun. ¿Se enviaban mensajes con Alejandro todos los días? ¿En serio él? No podía imaginárselo. El Alejandro que conocía era la definición misma de un libertino maleducado.
Ju-won se bebió de un solo trago el líquido transparente del chupito. El vodka de alta graduación le quemó el esófago al bajar. Sintió un ardor intenso extendiéndose por el pecho, justo bajo el esternón.
«Definitivamente, el alcohol no es lo mío»
Sabe mal. ¿Por qué la gente gasta tanto dinero en esto? Pensó que, al ser universitario, debería saber beber, pero estaba equivocado. Pensó mal. Ju-won dejó el vaso vacío sobre la mesa y caminó lentamente. Aunque solo había sido un chupito, ya sentía el estómago revuelto.
Fue a la cocina para quitarse el sabor amargo. Se inclinó sobre el fregadero y se enjuagó la boca. Alejandro, que estaba preparando cócteles en una esquina, se le acercó lentamente.
—¿Eres muy débil con el alcohol?
Alejandro le tendió un vaso de whisky con un hielo redondo flotando. Ju-won, mientras se limpiaba la boca, frunció el ceño con fuerza.
—Olvídalo. No voy a beber.
Salió una respuesta cortante.
—Siento decirte que esto es agua con hielo.
Ju-won tosió con torpeza y aceptó el vaso. Al beber el agua helada, el ardor en su esófago se calmó un poco.
—Debe ser una lástima no haber podido venir con tu novio. ¿A Calvin no le gustaban bastante las fiestas?
Alejandro sorbió su whisky con hielo. Llevaba una camiseta de polo que se ajustaba a su cuerpo. En su muñeca izquierda lucía un reloj que parecía caro, y bajo la manga asomaba un tatuaje parcialmente cubierto.
—Calvin es un buen hombre. Es perfecto, excepto por las veces que explota de repente.
Tono suave y expresión amable. Él era tan maduro y relajado que costaba creer que fuera un estudiante universitario. Podía entender por qué Arjun estaba loco por este hombre. Al fin y al cabo, los hombres tienden a inclinarse ante seres más fuertes y maduros que ellos.
—¿Y no será que tú lo haces enfurecer?
—Jaja, eso es un poco cruel.
Por supuesto, aquello no parecía aplicarse a Ju-won. ¿No era acaso un instinto humano querer quebrar lo fuerte y proteger lo débil? Ju-won no le temía a Alejandro. Tampoco tenía intención de dejarse enredar dócilmente por sus juegos de palabras.
—Yo también me siento herido.
Murmuró Alejandro antes de terminar el resto de su bebida de un trago. ¿Herido? Seguramente Alejandro era un psicópata que no tenía sentimientos. Ju-won, observando su apuesto rostro, frunció el entrecejo en silencio.
—¿Fumas?
Fue debido a ese aroma desagradable que lo rodeaba desde hacía un rato. La camiseta de Alejandro olía a tabaco.
—Sí. ¿Quieres uno?
Alejandro respondió con seguridad. Como si fumar no fuera un gran secreto. Cuando Ju-won negó con la cabeza, incluso sacó un paquete de cigarrillos del bolsillo y se lo ofreció.
—No seas así y fuma uno. Te aclara la mente.
—Hay una terraza en el segundo piso, ¿quieres ir conmigo?
La voz suave de Alejandro descendió sobre él. Ju-won apartó el paquete de cigarrillos con la mano y negó con la cabeza.
—Paso. Mi mente ya está jodidamente clara.
Un jugador de fútbol fumando. De repente, Ju-won pensó que había sido una suerte no haber entrado en Green Storm. Era terrible imaginarse viviendo y trabajando en equipo con alguien así.
—No me parece que esté muy clara.
—¿Tú cómo lo sabes?
—Porque tienes la mirada perdida.
«¿Por qué demonios estoy teniendo esta conversación con él?»
Para cuando ese pensamiento cruzó por su mente, el rostro de Alejandro ya estaba justo frente a los ojos de Ju-won. Este no apartó la mirada y lo observó directamente. Las pupilas negras, rodeadas por iris dorados, se movían, contrayéndose y dilatándose repetidamente.
Tras observar a Ju-won por un largo tiempo, Alejandro abrió los labios.
—Tu cara se puso roja.
Entonces, de repente, Alejandro estalló en carcajadas. Soltó una risa fuerte, un “ajaja” sonoro. Ju-won, sintiéndose molesto, golpeó el vaso de whisky contra la mesa al dejarlo.
—Es por el alcohol que me diste, infeliz.
Ju-won se había jurado a sí mismo no dejarse manipular por Alejandro, pero hacía un momento la situación había sido un poco peligrosa. Sintiéndose profundamente incómodo, salió apresuradamente de la cocina.
En la sala, los juegos de beber estaban en pleno apogeo. Arjun arrastró a Ju-won a una partida de beer pong.
El beer pong era un juego sencillo que consistía en lanzar una pelota de ping-pong dentro de los vasos del oponente. Si el oponente encestaba en un vaso, debía beber su contenido en ese momento y retirar el vaso. Ju-won no se negó a jugar; aunque nunca lo había hecho, confiaba en su puntería.
—¡Maldición!
Cuando la pelota lanzada por el oponente entró en su vaso, Ju-won cayó en la desesperación. Por un momento olvidó que la mayoría de los presentes eran jugadores de fútbol. Noah Wright, el cornerback de Green storm, levantó ambos brazos celebrando su victoria. Como perdedor, Ju-won no tuvo más remedio que beber unos dos vasos de cerveza.
«Bueno…supongo que un poco de cerveza está bien»
La cerveza que bebía como castigo sabía realmente mal, pero al menos no le quemaba el esófago como el vodka. Mientras jugaba frenéticamente, fue acostumbrándose poco a poco al efecto del alcohol.
Ju-won era una persona muy competitiva. El tipo de hombre que, si jugaba a algo, tenía que ganar sin excepciones. No importaba si era un estúpido juego de beber en una estúpida fiesta universitaria. Si había una victoria de por medio, era mejor estar del lado ganador. Jugó a todo lo que se podía jugar con vasos, pelotas de ping-pong y monedas.
A medida que el ambiente se caldeaba, la gente empezó a cansarse. Ju-won, totalmente agotado, se desplomó en el sofá. Su mente estaba algo borrosa después de haber bebido bastante durante los juegos. ¿Cómo había pasado el tiempo tan rápido? Su plan era quedarse solo un momento y volver al dormitorio.
Todo había sido culpa de aquellos malditos juegos. Ju-won se sentía patético por perder la cabeza cada vez que había una competencia de por medio.
Revisó discretamente su teléfono, pero no tenía ninguna notificación. Parecía que Calvin aún no lo había contactado. Quizás seguía hablando con su madre. Ju-won estaba preocupado, pero no había nada que pudiera hacer.
—¡Mrs. McGrady! ¡Aquí estabas!
Arjun se acercó tambaleándose con un vaso en la mano. Se dejó caer al lado de Ju-won y empezó a parlotear cosas ininteligibles sobre el cóctel de Alejandro y otras historias. En un instante, la gente comenzó a reunirse alrededor de ellos. Uno a uno fueron ocupando lugares en los sofás rodeando la mesa larga central. Tras el ruidoso baile y los juegos de beber, llegó el momento de charlar tranquilamente.
—Oigan, ¿jugamos a algo?
Dijo Ricky Hanlon, un sophomore de Green storm. Con el vaso en alto, propuso un juego llamado “Yo nunca”.
Si alguien decía una frase como “Yo nunca he tenido una relación”, todos aquellos que sí la hubieran tenido se convertían en objeto de castigo: debían beber un sorbo o cumplir otro reto. Era un juego tonto para indagar en las experiencias vergonzosas de los demás con una sola frase.
A Ju-won no le apetecía participar. La razón era simple: ¿por qué jugar a algo donde no existían ganadores ni perdedores?
—Yo nunca he sido infiel.
Ju-won intentó escabullirse, pero Ricky comenzó el juego sin previo aviso. Llovieron críticas diciendo que la primera pregunta era demasiado fuerte o preguntando si iba dirigida a alguien en específico. Ricky murmuró:
—malditos pecadores.
—Está bien, entonces... Yo nunca me he sentido atraído por alguien más teniendo pareja.
Todos soltaron un lamento y bebieron. Incluso Arjun lo hizo. Ju-won lo miró sorprendido.
—¿Tú...has hecho eso? Es más, ¿tenías pareja?
Ante la pregunta de Ju-won, Arjun respondió con orgullo.
—No ahora. En la secundaria, teniendo novia, mi corazón perteneció a Cameron Diaz. Fui un tipo realmente malo.
—Qué estupidez.
Ju-won soltó una burla.
—Hey, ¿cuál fue la última pregunta?
En ese momento apareció Alejandro. Traía consigo una bandeja llena de vasos de chupito. Parecía que hoy estaba desempeñando el papel de barman y camarero al mismo tiempo. Ignorando los demás asientos, se sentó precisamente al lado de Ju-won, pegando su hombro al de él. Ju-won respondió con indiferencia.
—Yo nunca me he sentido atraído por alguien más teniendo pareja.
—Maldición. Tengo que beber nada más llegar.
Alejandro vació el chupito con una sonrisa burlona. Ju-won mantenía su expresión de desinterés.
«Era de esperarse»
Nadie allí pensaría que Alejandro no era un mujeriego.
—¿Tú no bebes?
Ante la pregunta de Alejandro, Ju-won frunció el ceño.
—¿Por qué debería hacerlo? Nunca me ha pasado.
Respondió con un tono brusco.
—Humm...¿en serio?
Alejandro alzó una ceja y recorrió a Ju-won con la mirada. El tenue olor a tabaco que emanaba de él resultaba desagradable. Ju-won se cruzó de brazos y se pegó lo más posible a Arjun.
—Yo nunca me he sentido emocionado por alguien de mi mismo sexo.
Esa fue la siguiente pregunta. Ju-won soltó un gran suspiro, arrepintiéndose de no haberse ido antes. Todas las miradas se centraron en él, que mantenía una relación pública con Calvin.
«Maldición. El ambiente hacía que pareciera obligatorio beber»
«Ah, eso se ve realmente mal»
Mientras Ju-won dudaba, Alejandro estiró la mano sin vacilar. Tomó dos vasos y le tendió uno a Ju-won.
—Parece que ni tú ni yo tenemos escapatoria.
La voz que susurró eso era tan cariñosa que resultaba espeluznante. Ju-won no tuvo más remedio que aceptar el vaso.
De la nada, Arjun se puso de pie y levantó su vaso para que todos lo vieran. Ju-won intentó detenerlo, ya que estaba a punto de perder el conocimiento por la embriaguez.
—Oye, deja de beber.
—¡Pero es que yo...! ¡Yo amo a Alejandro Vega!
Todos estallaron en risas ante las palabras de Arjun. Alejandro sonrió con naturalidad y miró a Arjun directamente a los ojos.
—Si quieres, puedo darte un beso, amigo.
Arjun negó con la cabeza rápidamente. Al escuchar la palabra beso, pareció recuperar la sobriedad y el color volvió a su rostro. Mientras Arjun se disculpaba repetidamente diciendo que se había equivocado y Alejandro soltaba una carcajada, Ju-won sentía que su consciencia se desvanecía gradualmente.
—Yo nunca me he sentido atraído por un compañero de equipo.
La siguiente pregunta fue la peor. Ju-won soltó una risa de incredulidad, horrorizado.
«¿Este es el mundo de los universitarios? ¿Acaso la gente de LA no tiene privacidad?»
Si dijera algo así en Birmingham, probablemente lo molerían a golpes llamándolo sucio maricón. Los jugadores de Green Storm intercambiaron miradas con cautela. Algunos negaban con la cabeza con asco, otros se golpeaban la barbilla pensando seriamente.
Ju-won no podía procesar el alto nivel de las preguntas. Pensándolo de nuevo, había sido un acierto no haberse convertido en jugador de Green Storm. No tenía confianza en no explotar si le preguntaban si se sentía atraído por un compañero de equipo.
—¡Hey, Alejandro! ¿Hablas en serio?
Alejandro fue el primero en actuar. Ya había acumulado tres vasos frente a él tras beber el alcohol como si fuera agua. Sus compañeros, horrorizados, empezaron a adivinar quién sería el objeto de su afecto.
—¿No seré yo?.
—Joder, ¿crees que podrías ser tú?.
La conversación se volvió bulliciosa. Alejandro tomó un vaso más y se lo tendió a Ju-won.
—Oye, tú fuiste compañero de equipo de Calvin.
No era mentira. Ju-won se quedó mirando fijamente el vaso de chupito que contenía el vodka transparente.
Resultaba curioso cómo aquel líquido, que no parecía distinto del agua, podía tener un sabor tan fuerte. Por un solo trago, alguien terminaba diciendo palabras que no podía cumplir y cometiendo actos de los que luego no podía responsabilizarse.
—¿No puedes beberlo? Entonces yo lo beberé por ti.
La desagradable amabilidad de Alejandro hizo reaccionar a Ju-won. Bajo ningún concepto podía permitir que él bebiera en su lugar.
—Ah…
«No debí beberlo»
El arrepentimiento llegó justo después de haberse tomado el vodka de un solo trago. En un instante, su visión se nubló y sintió una opresión en el pecho.
«¿Así se sentía… estar borracho?»
Ju-won apoyó la cabeza en el hombro de Alejandro, como si hubiera olvidado cómo sostener su propio cuerpo.
—Parece que bebió demasiado. Tendré que llevarlo a una habitación para que descanse.
Su visión era caótica y sus oídos estaban taponados. La voz baja de Alejandro se alejaba cada vez más. Alejandro, sosteniendo a Ju-won, se levantó con cuidado.
El mundo daba vueltas. Los objetos frente a él se veían borrosos y el espacio se distorsionaba de forma extraña. Incluso dar un paso hacia adelante era una tarea titánica y su cuerpo colapsaba constantemente. No podía controlarse de ninguna manera. Ni su cabeza, ni sus brazos, ni sus piernas. Nada funcionaba como debía.
«Maldición, esto no está bien. Por muy borracho que esté, esto…»
—…Alejandro…
Algo andaba mal. Ju-won levantó la cabeza y habló con dificultad. Alejandro. El hombre que lo sostenía y lo arrastraba hacia alguna parte era, sin duda, Alejandro. Llegó a la conclusión de que había tragado algo que no debía, pero no podía hacer nada.
Su visión borrosa terminó por apagarse por completo y perdió el conocimiento.
Ju-won se desmayó en el acto.
—Despierta.
Un susurro descendió sobre el puente de la nariz de Ju-won, quien dormía plácidamente. Al presionar su mejilla blanda con un dedo, este frunció el ceño visiblemente. Alejandro lo llamó una vez más.
—Eugene, despierta.
Ju-won, llamado “Eugene”, abrió los ojos con dificultad. Sentía que la cabeza le iba a estallar y todavía tenía náuseas. Sus sentidos estaban nublados, como si todo su cuerpo estuviera sumergido en agua. Un rostro familiar ocupó su visión borrosa. Ju-won parpadeó lentamente intentando entender la situación.
—...¿Alejandro?
Estaba acostado en una cama extraña. Este no era su cuarto, ni tampoco el de Alejandro. Al recordar su último recuerdo, Ju-won gimió de dolor.
—Sí, soy yo.
«Yo estaba en la sala jugando a "Yo nunca" y bebí el alcohol que me dio Alejandro…Alejandro me sostuvo cuando perdí el conocimiento y me trajo hasta aquí...»
—Ah... joder.
Sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.
«¿Por qué demonios Alejandro haría algo así?»
Detectando el peligro, Ju-won se puso en alerta. Lo único que veía era el rostro de Alejandro. Estaba tan cerca que podía sentir toda su respiración.
—Qué... qué estás haciendo. Quítate.
Ju-won intentó empujar a Alejandro, pero no pudo. Fue porque se dio cuenta de que sus dos manos estaban atadas a los postes de la cama. Sintió una sensación fría acompañada del sonido del metal chocando.
Sus brazos estaban atados alrededor del poste que conectaba el techo con el suelo. Ju-won soltó un pequeño lamento al descubrir la identidad del objeto que lo aprisionaba.
—Entonces, Eugene, ¿cómo dejas un juguete tan peligroso en tu habitación?
Eran las esposas falsas de Calvin que llegaron de AliExpress.
—No sabía que tenías estos gustos. Cuando descubrí esto en tu habitación, no sabes cuánto... me sorprendí.
Los ojos de Ju-won se tiñeron de terror. La mirada brillante de Alejandro y su sonrisa lasciva y astuta se derramaron sobre él. Él estaba sumergido en una alegría pura, como un niño que finalmente consigue lo que quería.
Su pecho subía y bajaba mientras respiraba agitado. No podía comprender la razón ni la intención detrás de lo que Alejandro estaba haciendo.
«¿Quería matarlo? ¿Por qué?»
—¡Ay, ayúdame!
Sintiendo que su vida corría peligro, Ju-won comenzó a gritar. Pensó que tal vez alguien afuera podría escucharlo y venir a ayudarlo.
—¡Arjun! ¡Por favor!
Alejandro no se molestó en callar a Ju-won, quien gritaba mientras forcejeaba. Simplemente se posicionó sobre su pelvis y presionó su cuerpo con fuerza.
—Lo siento, Eugene, pero este es un dormitorio del segundo piso y todos los demás ya se fueron.
—Maldito sea... hijo de...
Ju-won pataleó con la parte inferior de su cuerpo. Pateó y retorció su cuerpo con todas sus fuerzas, pero Alejandro no mostró ni rastro de perturbación. Al contrario, sonreía como si disfrutara de la situación mientras recorría cada rincón del rostro sufriente de Ju-won.
—No gastes fuerzas en vano. Tenemos que jugar juntos toda la noche.
«Joder…joder»
Ju-won no dejaba de soltar insultos mientras forcejeaba. Sin embargo, no sentía fuerza en su cuerpo.
«¿Qué demonios me dio de beber?»
—¡Qué es lo que quieres!
Gritó Ju-won al borde del llanto. Los misteriosos ojos dorados de Alejandro brillaron intensamente.
—Te extrañé, Eugene.
—Maldita sea, en serio...
«Cálmate»
Alejandro había estado llamándolo “Eugene” desde hacía un rato. Debía de estar confundiéndolo con otra persona. Seguramente estaba borracho.
Ju-won habló de la manera más suave posible, intentando no provocar a Alejandro.
—Yo…yo no soy Eugene…Alejandro.
Su voz estaba llena de sinceridad. Tras reflexionar un momento, Alejandro habló.
—Lo sé. No eres Eugene, eres Ju-won. Ju-won. Hong Ju-won.
Su pronunciación fue aterradoramente precisa. Sus iris de un color artificial vacilaron mientras observaban a Ju-won. Ju-won se dio cuenta de que Alejandro no estaba borracho. Él sabía perfectamente que no era “Eugene”.
Y a pesar de eso.
—Realmente te extrañé mucho.
Alejandro acarició la mejilla de Ju-won como si no le importara. Cuando siguió un beso sin previo aviso, Ju-won abrió los ojos de par en par. Una lengua gruesa forzó su boca para abrirla y se deslizó hacia el interior.
—¡Uuup!
Se sentía desagradablemente caliente y húmedo. Ju-won forcejeó e intentó empujarlo. Apretó los dientes, giró la cabeza y movió las piernas frenéticamente. Pero Alejandro no se inmutó.
—¡Maldición! no... no lo hagas…No lo hagas.
Cuando Alejandro trasladó sus labios para lamerle el cuello, Ju-won empezó a sollozar. Quería quitarse de encima a ese enorme insecto pegado a él. El aroma a tabaco que inundaba su boca era simplemente horrible.
—¡Te dije que no lo hicieras, desgraciado!
Bajo el rancio olor a tabaco, surgió el aroma del perfume de Alejandro. Un tenue olor a humo, como si algo estuviera ardiendo. Era punzante y dulce a la vez. Era exactamente igual al que había sentido en su almohada del dormitorio.
Este hombre se había estado colando en su dormitorio en secreto hasta ahora. Robó las esposas de juguete de Calvin, dejó su rastro y desapareció tranquilamente para atraerlo hasta aquí. Había caído perfectamente en la trampa que Alejandro había tendido.
Lo más terrible de todo era la entrepierna de él rozando sus muslos. Al enfrentar lo que Alejandro pretendía hacer, Ju-won contuvo las lágrimas.
«Calvin, por favor...»
Extrañaba a Calvin más que nunca. Sentía que, en cualquier momento, él abriría la puerta y vendría a rescatarlo.
✧ ° 。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧
Sin embargo, Calvin se encontraba en Birmingham, a dos mil millas de distancia de Los Ángeles.
Eleanor, después de terminar de limpiar, preparó té y regresó a la mesa. Calvin aceptó la taza en silencio.
Era una noche en la que todos dormían. Un aire asfixiantemente seco envolvía la cocina. Madre e hijo, sentados frente a frente, se observaban sin decir palabra, como si ambos estuvieran pensando cuidadosamente con qué palabras iniciar la conversación.
La primera en hablar fue Eleanor, con el rostro demacrado. Sus ojos cansados observaron el rostro de su amado hijo.
—¿Qué tal va la vida universitaria? He estado tan ocupada que ni siquiera he podido ver bien tus partidos. LA es mucho más grande y divertida que aquí, ¿verdad?
Preguntó esforzándose por abrir sus labios resecos. Calvin no sonrió. Extendió el brazo sobre la mesa y tomó suavemente la mano de Eleanor.
—Mamá.
Solo con llamarla así, Calvin sintió un dolor en el pecho. ¿Habría sido diferente si se hubiera quedado allí? ¿Si hubiera decidido priorizar a su familia en lugar de su propia felicidad?
Los días que había pasado con Ju-won en Los Ángeles ahora le parecían un pecado.
—¿Cuál es la razón?
Preguntó Calvin con el rostro muy serio. Quería saber el punto donde comenzó la grieta.
—Es decir, yo pensaba que amabas a papá. Porque siempre parecían esforzarse por proteger a la familia.
No había sido una ni dos veces las que Calvin se sintió frustrado al ver a su madre dejar su trabajo, dar a luz a cuatro hijos y quedarse encerrada en casa esperando únicamente el regreso de su padre.
Tras un momento de silencio, Eleanor soltó un profundo suspiro. ¿Qué les habría pasado? El corazón de Calvin latía con fuerza por la ansiedad.
Eleanor se subió silenciosamente la manga izquierda. En cuanto Calvin vio el moretón amoratado que había debajo, su rostro se endureció por completo. Por un instante, sintió que se quedaba sin aliento.
—No me digas que...
Calvin se acercó y examinó los delgados hombros de Eleanor. Había marcas de manos y moretones claramente grabados. Esa era la razón por la que su madre, que tanto amaba a su familia, había decidido divorciarse por voluntad propia. Un recuerdo del pasado cruzó la mente de Calvin.
El día de la firma, Thomas, lleno de ira, le había dado una bofetada. Calvin aún recordaba la sensación de aquel momento. Y también el sentimiento que experimentó entonces. Su interior se había hecho añicos mientras la humillación lo invadía por completo.
«¿Por qué no lo pensé?»
Si era alguien capaz de golpearlo a él, también podía golpear a su madre. Y sus hermanos pequeños tampoco estarían fuera de peligro. Había sido un idiota al dejar pasar la situación sin darle importancia, diciéndose que “había hecho algo para merecer el golpe”.
«Si hubiera prestado un poco más de atención, mamá no estaría en esta situación»
—Mamá…lo siento…Fue mi culpa.
Calvin abrazó con fuerza a Eleanor mientras contenía, a duras penas, las lágrimas que amenazaban con subirle a la garganta. Eleanor, con un gesto cariñoso, acarició lentamente la nuca de Calvin.
—¿Por qué lo sientes? ¿Exactamente qué?
—Lo siento. Yo…yo... no lo pensé bien y te dejé aquí sola para irme…no tendrías que haber pasado por esto.
—No digas eso, Calvin. ¿Eh?
—Sé que es por mi culpa. Después de que yo hiciera... aquello... ustedes dos discutieron mucho. Escuchaba el sonido de las peleas todos los días por teléfono.
El remordimiento lo invadió, pero ya era tarde. Eleanor había tomado una decisión y Calvin debía respetarla.
—¿Cómo que "aquello", Calvin?
Eleanor tomó la barbilla de Calvin para que levantara la cabeza.
—No hables como si tu elección fuera un pecado. Me casé con Thomas porque lo amaba y te tuve a ti. Tú también tienes derecho a estar con la persona que amas.
Calvin se mordió con fuerza el labio inferior.
—Él me agredió solo una vez y estaba borracho. Al día siguiente incluso se arrodilló para pedir perdón. Pero Calvin, en este mundo no existen los errores cometidos por estar borracho. Alguien que levanta la mano una vez, está destinado a cometer el mismo acto una segunda y una tercera vez.
—...
—Si llegara a hacerle lo mismo a ustedes o a los niños... sentía que nunca podría perdonarme a mí misma.
Ante las palabras de Eleanor, Calvin asintió. Eleanor continuó hablando mientras acariciaba el cabello corto de su hijo.
—Sigo amándolo, pero te amo a ti y a los niños mucho más, de una forma que no se puede comparar.
Entonces, ¿qué era lo que debían hacer ahora? La ansiedad llegó acompañada de la tristeza. Eleanor abrazó con fuerza el cuello de Calvin, que mantenía la cabeza baja.
—Calvin, lo siento.
Al final, Eleanor también estalló en llanto. Sabía que aquel era el resultado de su propio egoísmo al querer proteger a la familia. Que el Calvin actual estuviera derrumbándose era completamente culpa suya.
Solo por ser más inteligente y maduro que los demás chicos de su edad. Solo por ser el hijo responsable que nunca le causaba problemas a su madre. Hasta ese momento, Calvin había estado cargando demasiado peso sobre sus hombros.
Pero Calvin no era más que un chico de diecinueve años. Tener hombros anchos no significaba necesariamente tener un interior igual de fuerte. La angustia y la ansiedad que había reprimido hasta entonces estallaron de golpe hacia el exterior.
«No quería que mamá lo viera así…Jamás»
Eleanor palmeó suavemente a Calvin, que contenía el llanto entre espasmos.
—Calvin, lo siento. No debí hacerte eso.
Lo abrazó mientras repetía una y otra vez que lo sentía.
—De ahora en adelante, Calvin, haz lo que quieras. No tienes necesidad de escuchar a nadie más. ¿Entendido?
En el cálido regazo de su madre, Calvin fue recuperando la calma poco a poco. Derrumbarse y llorar solo había sido un instante. La responsabilidad de proteger a su familia por su propia cuenta volvía a presionarlo con fuerza.
Sintió que, a partir de ahora, solo quedarían su madre y él. Faltaban al menos tres años para debutar como jugador profesional.
«Si logro aguantar de alguna forma hasta entonces… en tres años…»
—No te preocupes. Tu madre no es una persona tan débil.
Dijo Eleanor, como si conociera el corazón de Calvin. Calvin se acurrucó silenciosamente en el regazo de su madre. Apretó con cuidado sus hombros magullados y juró que, de alguna manera, haría feliz a su madre. Ganaría tanto dinero que llegaría a ser absurdo y liberaría a su familia de todo sufrimiento.
En ese momento, el llanto de Tessa se escuchó desde la habitación principal. Madre e hijo, que se abrazaban mientras contenían las lágrimas, se separaron con una sonrisa apenada.
Como era de esperar, Calvin fue el primero en levantarse. Eleanor lo sujetó del brazo y dijo:
—Calvin, ve a tu cuarto a descansar.
—Pero...
—Rápido.
Calvin asintió mientras se frotaba los ojos hinchados. Eleanor extendió el brazo y acarició la cabeza de Calvin.
—No te frotes los ojos. Lávate la cara antes de entrar.
—Y piensa de antemano qué quieres comer mañana.
Ante el pedido de su madre, Calvin soltó una pequeña risa.
—Está bien. Lo pensaré.
Finalmente, le dio un corto beso en la frente a Eleanor y le dio las buenas noches.
—Buenas noches, hijo.
—Sí. Tú también, mamá.
Tras prepararse rápidamente para dormir, se acostó en la cama.
«Me pregunto si mi Hong-i estará durmiendo a estas horas»
Soltó un suspiro de cansancio y revisó el teléfono.
—¿Eh?
Ciertamente era extraño que todavía no hubiera ni un solo mensaje. Ese día Ju-won tenía actividades del club. ¿Se habría quedado dormido directamente por el cansancio después de entrenar?
Calvin se rascó la barbilla y entró en Stagram. Ignoró los mensajes directos que se habían acumulado hasta volverse inabarcables y revisó las historias de sus compañeros de equipo.
«¿Y estos qué?»
Había un montón de historias subidas para mejores amigos. El freshman Jamal Johnson había subido una foto de vasos de alcohol amontonados sobre una mesa, y el sophomore Ricky Hanlon había publicado una selfie junto a sus compañeros de equipo.
Al ver el rostro de Alejandro en la selfie de Ricky, Calvin frunció el ceño. Alejandro, vestido con una camiseta polo demasiado ajustada, sonreía ampliamente mientras sostenía un vaso de whisky en la mano.
¿Acaso habían armado una fiesta todos juntos porque era su día libre? Si el entrenador Bentley se enteraba, volvería a haber un lío tremendo. Aunque, pensándolo bien, sin descansos así probablemente los jugadores terminarían volviéndose locos.
Calvin soltó un suspiro y pasó a la siguiente historia. Mientras identificaba a las personas que aparecían en la fiesta, entornó ligeramente los ojos.
«¿Arjun? ¿Por qué este tipo está en la fiesta de nuestro equipo?»
Si Arjun, de Fixkin Society, estaba allí, existía la posibilidad de que Ju-won también hubiera ido. Pero si iba a una fiesta, le habría dejado un mensaje, ¿no?
Una ansiedad desconocida comenzó a invadirlo lentamente.
Calvin rastreó todas las publicaciones de sus compañeros de equipo hasta encontrar un rastro de Ju-won. Al distinguir su silueta en la esquina de una foto, apretó los dientes con fuerza. La publicación había sido subida hacía dos horas. Incluso solo por el cabello podía reconocerlo. Sin duda, era Ju-won.
Lo llamó de inmediato. Que Ju-won, a quien no le gustaba la vida nocturna, hubiera ido a una fiesta ya era un problema. Pero que Alejandro también estuviera allí lo convertía en un problema mucho mayor.
—Maldición.
No contestaba. El sueño se le disipó en un instante.
—Hong-i, tú de verdad…
«Me dijiste que no me preocupara. ¿Cómo puedes hacerme preocupar así en solo un día?»
Cuanto más se prolongaba el tono de llamada, más desesperado se sentía.
✧ ° 。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧
La vibración resonó en el bolsillo del pantalón. Alejandro, que tenía los labios hundidos en el cuello de Ju-won, levantó la cabeza.
—Tienes una llamada. ¿Quién es?
Ju-won cerró los ojos con fuerza. Sabía que la única persona que llamaría a esta hora era Calvin.
Alejandro tanteó el bolsillo del pantalón de Ju-won y sacó el teléfono. Al ver el nombre “Calvin” aparecer en la pantalla, estiró las comisuras de los labios en una larga sonrisa.
—Me gustaría contestar, pero ahora estamos un poco ocupados. Lo siento, Calvin.
Alejandro susurró hacia el teléfono que no dejaba de sonar. Luego, lanzó el celular lejos para que Ju-won no pudiera alcanzarlo.
«¿Cómo podría alejar a este loco?»
Ju-won aguzó el ingenio mientras intentaba calmar su respiración agitada.
El Alejandro de ese momento no estaba en su sano juicio. Seguramente habría una oportunidad para contraatacar, siempre y cuando lograra mantener aunque fuera un poco la calma. Si conseguía usar la cabeza en lugar de alterarse.
Sin embargo, cuando la mano de Alejandro se dirigió hacia su entrepierna, no pudo evitarlo. Se le puso la piel de gallina en las extremidades y todos los músculos de su cuerpo se tensaron.
«¡Maldición, maldición!»
El miedo y la náusea que sentía por primera vez dominaron su mente.
Alejandro desabrochó la hebilla del pantalón de Ju-won. Con el rostro lleno de expectación, acarició suavemente sobre la ropa interior. Ju-won apenas contuvo un grito que subía desde su vientre. Gritar y empujarlo en este momento no tenía mucho sentido.
—Ale-Alejandro...
Llamó su nombre con calma. Alejandro, que estaba bajando la ropa interior, levantó la mirada. Sus ojos seguían siendo brillantes y llenos de locura. Ju-won tragó saliva pesadamente.
—Soy yo, Alejandro.
Necesitaba un ataque potente para incapacitar a Alejandro. Para atacar, debía encontrar un punto débil. Ante el suave llamado de Ju-won, la expresión de Alejandro se fue relajando poco a poco.
Alejandro me está considerando un sustituto de “Eugene”.
«No sé quién es Eugene, pero está claro que Alejandro ama a esa persona»
Las comisuras de las cejas de Alejandro bajaron lentamente. Labios entreabiertos y ojos muy redondos. Ju-won se armó de valor una vez más.
—Ven aquí.
Alejandro abrió la boca.
—Eugene, realmente viniste.
Sus labios se curvaron ampliamente. Ju-won le tenía miedo de verdad, pero fingió que no pasaba nada tanto como pudo. Alejandro, que le dio un beso corto a su verga muerta, metió la mano bajo la camiseta de Ju-won. Sintió su tacto subiendo lentamente desde la cadera hasta el costado.
—Alejandro…ven aquí…Bésame.
Ju-won contuvo con fuerza el impulso de soltar una sarta de insultos. Si no conseguía que Alejandro bajará la guardia, estaba claro que terminaría ocurriéndole algo peor.
Alejandro subió sobre el cuerpo de Ju-won como si estuviera hechizado. El dueño de la voz que lo llamaba dulcemente era “Eugene”.
Ju-won respiró hondo mientras veía a Alejandro acercarse.
—Bésame, Alejandro.
Al repetirlo, la mirada de Alejandro se perdió por completo. Ju-won pensó en esa persona llamada “Eugene” a la que él buscaba con tanta desesperación. Viéndolo así, que lo tenía atrapado en aquello, debieron haber sido pareja. O quizá era un acosador que perseguía a ese hombre de manera unilateral.
Ju-won no quería besar a Alejandro, pero no tenía opciones.
Alejandro, profundamente absorto en algo que solo él parecía percibir, se inclinó hacia él y lo besó primero.
—Te amo Eugene, te extrañé.
Junto a ese susurro asqueroso. Ju-won aceptó su lengua como si lo estuviera esperando.
Alejandro profundizó el beso con urgencia, como si toda la tensión acumulada se desbordara en ese gesto. Era un contacto intenso, desordenado, casi desesperado. Ju-won frunció el ceño ante la forma en que lo acorralaba, dejándolo sin aire.
Sin embargo, no lo rechazó bajo ningún concepto.
Cuando él se sumergió por completo en el beso con “Eugene”, Ju-won mordió con todas sus fuerzas la lengua que estaba dentro de él.
—¡Agh!
Al mismo tiempo, Ju-won levantó la cabeza y le dio un cabezazo en la frente. Sintió como si el cráneo se le partiera por un instante, pero lo soportó. A pesar de que la cabeza le daba vueltas, abrió mucho los ojos.
Alejandro cayó hacia atrás mientras la sangre brotaba a chorros de entre sus labios.
—Argh... aggggh...
El ataque de Ju-won había funcionado perfectamente. Alejandro soltó un gemido de dolor mientras se cubría el rostro. Sangre brillante fluía entre sus dedos.
Ju-won no bajó la guardia y le dio una patada fuerte en el abdomen. Con un sonido de impacto seco, el cuerpo de Alejandro se fue hacia atrás.
«Maldito… maldito infeliz. Eres un maldito loco»
Ju-won, con el rostro pálido, murmuró mientras se incorporaba. Tras pisar un par de veces más a Alejandro, que yacía boca arriba, forcejeó para soltar las esposas. Era una estructura difícil de abrir con las dos manos atadas al poste, pero no era del todo imposible.
—Eu…gene...
Una vez más, el nombre “Eugene” salió de la boca de Alejandro. Comenzó a levantarse lentamente, como un zombi que no moría por más que lo golpearan. Su camiseta polo negra estaba empapada de sangre.
Ju-won le dio una patada en el vientre sin dudarlo.
«Maldita sea…no puedo soltarlas»
Golpeó con la palma de la mano el poste de la cama que iba del suelo al techo. Al ser de madera y con el interior hueco, parecía que podría romperse si aplicaba la fuerza suficiente.
—No soy Eugene, maldito hijo de perra.
Sujetó la cadena que conectaba las esposas por ambos lados y aplicó fuerza. Le dolían las muñecas como si se le fueran a desgarrar, pero tenía que aguantar.
«Solo hay una forma»
Ju-won apoyó el pie en la base del poste y volvió a tirar con más fuerza. De vez en cuando, también presionaba a Alejandro con la pierna para mantenerlo inmovilizado.
—¿Eres un acosador, verdad? Maldita sea… esa persona, Eugene. Se fue de tu lado porque te comportas como un pervertido psicópata. Maldito criminal. Alguien como tú debería estar aislado de la sociedad.
—Jaja… Ju-won… hoy estás siendo un poco cruel con tus palabras…
Alejandro se retorcía como un insecto boca arriba. Parecía haber recuperado algo de lucidez, ya que volvió a usar el nombre de Ju-won. Sin embargo, no podía reaccionar mientras Ju-won lo mantenía bajo control y trataba de liberarse de las esposas con desesperación.
«Maldición…mis muñecas»
Con un crujido, el poste de la cama se agrietó. Ju-won, tras romperlo por la fuerza, logró soltarse las esposas con urgencia.
Se acomodó la ropa y recogió el teléfono que Alejandro había lanzado. Por ahora, voy a salir de aquí…Salir, llamar a Calvin y después… ¿qué hacer?
«Dejando de lado a Calvin, ¿realmente alguien me creería?»
Si decía que Alejandro Vega había intentado forzarlo, probablemente lo mirarían como si estuviera fuera de sí.
«En realidad, el contacto físico entre ambos fue breve y caótico: un beso forzado y una invasión total de mi espacio personal»
Eso, en comparación con lo que acababa de vivir, ya era suficiente para que todo sonara absurdo si intentaba explicarlo.
—Maldición.
Solo de pensarlo sentía escalofríos en todo el cuerpo. Quería volver al dormitorio de inmediato y lavarse el miembro con saña.
Ju-won intentó mantener la cordura tanto como pudo. No había pruebas del intento de agresión de Alejandro, pero sí había evidencia clara de la violencia ejercida por Ju-won. El rostro de Alejandro, con sangre oscura, lo dejaba evidente. Si había alguna lesión en sus partes íntimas, no podía descartarse la posibilidad de una contrademanda.
—Oye, maldito desgraciado.
«Maldita sea, ya que estoy en esto, voy a golpearlo un poco más. Solo así se me pasará el enojo»
Ju-won, impulsado por la rabia, se subió sobre él y comenzó a lanzar puñetazos sin piedad. La cabeza de Alejandro se movía bruscamente de un lado a otro.
—Basta, basta… Ju-won…ahora…¡Ahg!…me duele de verdad…
Alejandro sonrió mostrando los dientes manchados de rojo. Debido a los puñetazos de Ju-won, la mucosa de su boca se había roto y la sangre seguía fluyendo.
—Maldición… de verdad…
Ju-won sintió la presión de Alejandro contra su espalda. Seguía excitado. No parecía importarle recibir golpes en la cara ni sangrar, porque el hombre con el rostro de su “Eugene” ideal estaba encima de él. Incluso la expresión jadeante de ira de Ju-won le resultaba intensamente atractiva.
Cuando Alejandro sonrió, Ju-won soltó su cuello. Sintió que aquello era demasiado; no era un tipo con el que pudiera lidiar racionalmente.
Si sus golpes solo lo excitaban, no tenía sentido seguir gastando energía en ello. Si continuaba golpeándolo, de verdad podía terminar en problemas legales.
Ju-won, conteniendo su ira con una respiración profunda, se levantó.
Parece que le dolía el abdomen aplastado y la entrepierna, ya que Alejandro no dejaba de retorcerse. Ju-won escupió sobre su rostro ensangrentado; fue la máxima expresión de ira que pudo permitirse en ese momento.
Dejando atrás a Alejandro, que casi perdía el conocimiento, bajó las escaleras rápidamente. La casa, que hacía poco estaba llena de gente, ahora estaba vacía. Se lavó la sangre en el fregadero, recogió su bolsa de equipo esquivando las botellas de alcohol tiradas por el suelo y salió de la mansión apresuradamente.
Intentó llamar a Calvin de inmediato, pero le temblaban las manos. Parecía que el efecto de la sustancia que le había dado Alejandro aún seguía en su cuerpo. Ju-won sujetó su mano derecha con la izquierda y apenas logró presionar el botón de llamada. En sus dos muñecas quedaban marcas evidentes del roce de las esposas.
—Hong-i, ¿dónde demonios has estado y qué has hecho hasta ahora?
Calvin respondió con un tono irritado en cuanto contestó. Finalmente hubo contacto, pero Ju-won no pudo decir nada. Respiró lentamente, intentando calmar su corazón.
—Hong-i, ¿estás bien?
La voz preocupada de Calvin se escuchó a través del altavoz. Ju-won, apoyado contra una palmera, habló con dificultad.
—Cal…
—Sí. Aquí estoy.
La voz de Calvin se suavizó al instante. Cariñosa, estable y cálida, como si fuera a quedarse ahí para él para siempre. Al escucharla, Ju-won por fin tomó conciencia de la realidad.
—Yo... acabo de salir de una casa, pero...
«Realmente estuve a punto de meterme en un gran lío. Si no hubiera reaccionado, lo habría hecho con ese tipo»
Sintió una náusea fisiológica junto con una gran tristeza. Extrañaba a Calvin desesperadamente.
—Te escucho, Hong-i.
Al escuchar la voz grave de Calvin, sintió que su corazón se iba tranquilizando.
—Alejandro...organizó una fiesta. Yo…yo escuché que venía a jugar un partido amistoso...
Las palabras no salían con facilidad. Ju-won sentía que, si las pronunciaba, se convertirían en la verdad. No podía creer lo que le acababa de suceder.
—Está bien, habla despacio. Esperaré hasta que te calmes.
Ju-won continuó hablando con voz temblorosa. Calvin esperó pacientemente hasta que terminó de escuchar.
—Entonces, ¿no tienes ninguna herida?
La voz de Calvin al preguntar era tranquila. Ju-won asintió y respondió:
—Yo no estoy herido… pero Alejandro sí. Puede que se le hayan reventado las bolas.
Calvin guardó silencio durante un largo rato. Solo se escuchaba su respiración a través del altavoz, como si estuviera conteniendo la ira a la fuerza.
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