NVL,VA- Epilogo.

 

Epílogo.

La revelación detallada de los pecados de aquellos que debían ser castigados ocurrió justo después de que el nuevo Sumo Sacerdote asumiera su cargo en el Templo de Leutiple.

Entre ellos, los crímenes del príncipe heredero Therion eran tan vastos en magnitud y variedad que provocaron una gran indignación entre los ciudadanos del imperio. Desde la conspiración para asesinar a su padre, el emperador, hasta amenazar la vida de su media hermana y secuestrar al Conde de Avon causándole heridas.

Además de estos cargos principales, salieron a la luz sus vínculos de colusión con varios nobles de alto rango y con Somerville, así como su libertina vida privada.

Justo cuando se confirmó que Josephine era la hija biológica del emperador a través de las “Lágrimas de Dios”, Therion fue expulsado de su posición como príncipe heredero, como era de esperarse. Y, para pagar por los crímenes cometidos hasta entonces, fue encerrado en la prisión subterránea de la guardia. Era el mismo lugar donde Castiel había estado cautivo una vez.

—…¿Será cierto el rumor? ¿Eso de que el príncipe heredero ordenó matar a la princesa heredera en cuanto nació?

Al Sumo Sacerdote del Templo de Leutiple se le otorgó un entorno de trabajo diferente al de otros templos. En su habitación había dos escritorios, y también tenía un compañero con el que pasaba el tiempo yendo y viniendo del trabajo todos los días.

—Mmm... viendo que el palacio imperial aún no ha emitido una postura oficial a pesar de que ha pasado bastante tiempo desde que surgió ese rumor, podría ser cierto. O tal vez, sea un cálculo para aplastar por completo cualquier opinión pública de simpatía hacia el príncipe heredero con ese rumor.

—¿Hay personas que defienden a esa basura?

—Unos pocos, de ideas anticuadas. Dicen que una emperatriz mujer es algo que jamás puede existir, y que están promoviendo la restitución de Therion.

Ante las palabras del Sumo Sacerdote, Declan, su compañero Castiel frunció el rostro violentamente. Parecía que los humanos patéticos existían en una proporción constante en cualquier momento y lugar.

—¿Acaso ellos no nacieron del vientre de una madre...? He visto a todo tipo de locos, pero esto es demasiado.

—Yo también pienso lo mismo.

Al ver defendidas sus rudas palabras que salieron sin pensarlo, el rostro de Castiel se iluminó como si nada hubiera pasado. Bajó la vista de nuevo hacia el periódico que sostenía en ambas manos, haciendo fuerza en las comisuras de sus labios. Si no lo hacía, sentía que se le escaparía una risa tonta.

Las cosas que antes habría hecho en el estudio de la mansión del conde, Castiel las hacía ahora en la oficina del Templo de Leutiple. Organizar documentos, leer el periódico o libros, o bien...

—¿Quedan veinte minutos para la clase?

—Ah, el tiempo ya pasó volando. Si quito el tiempo de caminata, ¿son quince minutos...?

—Entonces, juega conmigo aunque sea durante ese tiempo. Como premio por haber trabajado duro desde la mañana hasta ahora.

—Está bien. ¿A qué vamos a jug...? Mmm, esto es, desde pleno día, demasiado adulto...

O tener un romance.

Castiel abrazó por costumbre a Declan, quien ya se había acercado a su lado y lo besaba cubriéndolo desde arriba. El periódico ya había sido arrojado lejos por las manos de su pareja.

A diferencia del toque suave que acariciaba su oreja, el beso era profundo y denso como la noche. Mientras lidiaba con Declan, quien entrelazaba su lengua de una forma que se sentía algo desordenada, Castiel adivinó sin dificultad la razón por la que actuaba así.

Esto era una expresión de celos y arrepentimiento. Por el hecho de que Castiel salía a enseñar técnicas médicas. Parecía estar más ansioso porque Declan no estaría presente en ese lugar.

«...Es una suerte que me gusten estos celos».

Más bien, estuvo a punto de reírse. Castiel rodeó el cuello del otro con sus brazos y lo atrajo más hacia sí. Le gustaba de una forma indescriptible Declan, quien parecía emocionarse más con solo esa acción y le mordisqueaba ligeramente los labios.

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

Hoy era el tercer día de clases.

Castiel presionó sus labios hinchados con su manga mientras apresuraba el paso para no llegar tarde. Aunque se había cubierto el rostro con un pañuelo y era imposible que alguien se diera cuenta, caminaba repitiendo esa acción inconscientemente por el sentimiento de culpa.

Tan pronto como entró al antiguo edificio del templo donde se impartían las clases, voces que le daban la bienvenida estallaron simultáneamente.

—¡Llegó el conde!

—¡Bienvenido, conde!

—¿Tampoco nos mostrará su rostro hoy?

—Por favor, quiero sentir una vez más aquel impacto de esa vez.

Las voces que parloteaban eran todas de estudiantes jóvenes. Eran las mismas chicas que conoció en la mansión de la señora Beckett.

—Si van a ser profesionales de la salud, les digo que ustedes también deben adquirir el hábito de cubrirse la nariz y la boca de esta manera.

—Siii, entendido.

A pesar de ser un consejo dado con seriedad, las voces de las chicas que respondían alargando las palabras estaban llenas de picardía.

Para aceptar ese ambiente, Castiel sacudió la cabeza de forma exagerada hacia las jóvenes. Luego, saludó con voz amable a los otros estudiantes que eran mucho mayores que ellas.

—¿Cómo han estado durante la semana, todos?

—Sí, conde. Hemos estado esperando solo por el día de hoy.

—Justamente surgió la oportunidad de practicar lo que nos enseñó en la última clase. El paciente se fue muy satisfecho.

—Conde, si tiene tiempo, ¿podría pasar por el patio trasero de mi casa? Creo que encontré una hierba medicinal extraña.

La composición de los estudiantes era diversa. No solo estaban las chicas cuidadas por la señora Beckett, sino que también se reunieron hombres de mediana edad que ya trabajaban como médicos en la región, e incluso comerciantes de medicinas.

Todos ellos eran el personal médico no residente de la “clínica” que abrió sus puertas hace un mes en el Templo de Leutiple, y a la vez, eran discípulos de Castiel.

A medida que su fama de haber salvado la vida del emperador y de varias personas se extendió hasta aquí, la gente que deseaba aprender técnicas médicas de Castiel acudió en masa. Castiel, que no pudo ignorar el entusiasmo de ellos, terminó abriendo clases una vez por semana. El costo de la clase se sustituyó con servicio voluntario en la clínica.

—Dejaremos las otras historias para después de la clase. Empezaremos la clase ahora. Hoy, continuando con la clase anterior, trataremos los métodos de diagnóstico manual.

Pronto, la voz tranquila de Castiel comenzó a llenar el antiguo auditorio acondicionado como salón de clases.

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Quien recibió alegremente a los dos al regresar a la mansión del conde tras terminar su jornada fue Ilma. Quizás estuvo trabajando en el invernadero hasta hace un momento, pues su ropa tenía manchas de tierra por todas partes.

—Han vuelto. Amo, sacerdote.

—Sí, Ilma. ¿Ha tenido un buen día?

—Ay, le dije que se tomara el trabajo del invernadero con más calma. Ilma ya está bastante ocupada con la gestión de la mansión.

A diferencia de Declan, que saludó amablemente, Castiel lanzó un regaño lleno de preocupación en cuanto la vio. Ilma respondió con una sonrisa radiante, como si esas palabras la hicieran sentir más bienvenida.

—Jajaja, aun así, cultivar hierbas medicinales es lo que más disfruto. Cómo expandimos el invernadero hasta el anexo, también ha aumentado el trabajo. Por supuesto, no descuidaré la gestión de la mansión, así que no se preocupe.

—No es que me preocupe su capacidad, Ilma, es que me preocupa que se agote.

—Vaya, amo... Me preocupa incluso más que Ivan.

Ilma añadió con rostro alegre.

—Pero estoy cultivando muy bien ese cultivo. Puede tener grandes expectativas.

—...Eso, se lo agradezco. Mmm, entonces subiré ahora.

—Sí. Prepararé la cena en el comedor para cuando terminen de asearse.

—Gracias, Ilma.

Al igual que el comienzo, el final fue el amable saludo de Declan. Era el patrón de conversación de los tres que ya se había establecido por completo como rutina.

En las escaleras que subían al piso donde estaba el dormitorio, Declan hizo una pregunta de repente.

—Ese cultivo del que hablaba, es el árbol con frutos rojos, ¿verdad?

—Sí. Es que vi en un li... libro una comida que quería probar a toda costa. Por eso hice un gran esfuerzo para conseguirlo y plantarlo.

—Aquella vez que tocó ese fruto, lloró a mares diciendo que le ardían los ojos. Eso significa que es muy picante, ¿se puede hacer comida con eso?

—No fue tanto como llorar a mares... de todos modos, sé que es posible. Fallé la última vez, pero esta vez tendré éxito sin falta. De verdad.

Lamentablemente, el primer polvo de chile que Castiel cosechó con toda su dedicación fue invadido por moho verde durante su ausencia y se convirtió en algo que jamás podría comer. En el momento en que vio esa escena espantosa, se le escaparon unas lágrimas.

«Debí haber controlado bien la humedad... ¡No volveré a cometer el mismo error...! ¡Comeré Kimchi!»

Al recordar aquel día, una determinación que dormía en lo profundo de su corazón despertó de golpe. Castiel, con los puños apretados, comenzó a subir los escalones restantes con un paso más vigoroso que nunca. Sin saber que, desde atrás, Declan estaba conteniendo la risa al ver esa imagen.

—¿Se va a lavar de inmediato? Ivan dice que ya llenó la bañera.

Ahora los dos compartían espacios privados como el dormitorio o el baño sin preocuparse por la mirada de nadie. Esto era porque el rumor de que eran pareja se había extendido hacía tiempo no solo en la mansión del conde, sino por todo el imperio.

El inicio exacto del rumor fue justo después de que Declan revelara la razón por la que se postuló para el cargo de Sumo Sacerdote del Templo de Leutiple. En una entrevista con un periódico, él dijo lo siguiente:

Naturalmente, es porque es el lugar donde está el Conde de Avon.

El protagonista que declaró su relación con esa sola frase, Declan, asintió levemente ante la pregunta de su amante y propuso algo nuevo.

—Bañémonos juntos.

—Eso me parece bien. Pero, por favor, no olvide que tengo hambre.

—Hace una amenaza de “no distraerme” de una forma muy tierna.

¿Tierno? No importaba cuánto lo pensara, era una expresión que no le quedaba para nada. Castiel, en lugar de responder, soltó una risita y comenzó a quitarse la ropa que cubría su cuerpo una por una.

El baño estaba en la habitación de al lado, el lugar que Declan usó una vez como dormitorio mientras vigilaba a Castiel. Ahora la gran ventana se redujo a la mitad de su tamaño y, en su lugar, se creó una puerta nueva. Fue el resultado de que Castiel ordenara apresuradamente las obras del baño tras regresar de experimentar la comodidad de los baños en la residencia de la capital.

Gracias al nuevo baño terminado de esa manera, los sirvientes de la mansión se liberaron de la tarea de transportar la bañera y el agua caliente, y el dueño de la mansión también pudo disfrutar cómodamente de su vida privada.

Después de discutir un poco más, los dos entraron al baño uno al lado del otro. Pronto la puerta se cerró, y a través de una pequeña rendija, el sonido del agua y las risas se filtraron mezclados débilmente.

De una forma sumamente ordinaria y feliz, el día se iba cerrando.

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

La tarde del día siguiente, un suceso repentino azotó el día de ambos. Un paciente de emergencia fue trasladado a la clínica.

El estado del paciente era atroz. Un brazo se estaba pudriendo de color negro, y todo su cuerpo estaba cubierto de cicatrices que parecían marcas de látigo. Debido a la sangre que brotaba de varios lugares, el olor a hierro llenó rápidamente el aire.

Varios voluntarios, que eran estudiantes y médicos a la vez, entraron a la sala de operaciones. Con la ayuda de ellos, Castiel detuvo rápidamente la hemorragia de las decenas de heridas. Y decidió amputar el brazo del paciente, donde la necrosis había avanzado tanto que ya no se podía hacer nada.

Poco después, un cuchillo, una sierra y un martillo fueron empuñados por sus manos uno tras otro. Castiel, intercalando explicaciones con una voz tranquila, llevó a cabo los procedimientos con firmeza, siguiendo el plan que tenía en su cabeza.

Tras finalizar la amputación, se apresuró a detener la hemorragia y volvió a confirmar si quedaba tejido podrido. A continuación, examinó una vez más las heridas de látigo y añadió tratamiento donde era necesario. Así, después de largas horas, la gran cirugía de Castiel llegó a su fin.

Y en todo este proceso, el poder divino de Declan brilló con fuerza. Él inhibió el dolor del paciente para prevenir un choque y también evitó el uso excesivo de jugo de opio. Si no fuera por su habilidad, el paciente podría haber muerto al no poder soportar el dolor extremo.

Que el tratamiento del paciente hubiera terminado no significaba que el día de ellos también lo hiciera. La historia relacionada con las circunstancias de las lesiones continuó en la mansión después del trabajo.

—Fue obra de una facción herética que sirve al dios malvado. Afirmaban que el hecho de que el brazo se pudriera de negro era una prueba de haber recibido la bendición del dios malvado, y lo azotaron diciendo que ampliarían esa zona. Dicen que un residente de Leutiple lo encontró desmayado en el camino mientras huía y lo trajo con nosotros.

Quizás porque el dolor desapareció, este paciente también recuperó la conciencia antes de lo previsto. Declan, que regresó a casa más tarde de lo habitual por escuchar su testimonio, acababa de contarle a Castiel todo lo sucedido.

Castiel, que estaba secándose el agua del cabello con una toalla, frunció el ceño violentamente.

—¿La bendición del dios malvado? Qué sarta de tonterías... no, más que eso... ¿había facciones heréticas en el imperio?

—Tengo entendido que son remanentes que cruzaron desde otro país hace unos años. Como la escala era pequeña, el templo no les prestaba mucha atención, pero...

Mientras añadía la explicación, Declan presionó sus sienes. De hecho, él y algunos otros sacerdotes habían sugerido varias veces que debían limpiar la herejía en sus inicios, pero Somerville ignoró esas opiniones cada vez. Y... el resultado se manifestaba de esta manera ahora.

—Por lo que dice el paciente, parece que ya se han organizado. Tendré que ir a comprobarlo personalmente.

—...Espere un momento. Esta es una historia que ha escuchado mucho en alguna parte, ¿no?

A pesar de haber estado tan serio hace un momento, Castiel preguntó de repente con un tono burlón. Declan también abrió los ojos un momento y luego, al darse cuenta del significado de sus palabras, soltó una risita junto con él.

—Para ser exactos, esta vez no voy a vigilar a alguien.

—Aun así, sigue siendo un viaje de negocios para investigar. Ah, me acuerdo de cuando nos conocimos. Honestamente, estaba un poco asustado.

—Creo que esa frase me queda mejor a mí. Porque en ese entonces, Castiel sostenía herramientas.

—¿Qué herramientas? Se refiere a instrumentos quirúrgicos puros.

Mostrando una expresión fingida de indignación, Castiel empujó con fuerza la espalda de Declan.

—Como sea, vaya a lavarse rápido. Le digo que he estado esperando para cenar juntos.

—Ya que estamos, podría haberme esperado también para lavarnos.

—¿Acaso no recuerda a qué hora cenamos ayer después de entrar a lavarnos juntos?

Por una vez, Declan se quedó sin palabras. Él, como dándose por vencido, relajó las cejas con una sonrisa y entró al baño.

Después de una cena ligera, Declan buscó de nuevo su abrigo.

—Pensé en ir mañana, pero cuanto más lo pienso, más me inquieta... Pienso ir ahora mismo a donde dicen que está la facción herética. Castiel, quédate durmiendo.

Ante esas palabras, Castiel se levantó de un salto empujando la silla. Luego, corrió a abrir su propio armario y protestó con desdén.

—¿Qué está diciendo? Eso me ofende. Por supuesto que yo también voy.

—Hace apenas nada pasó por algo peligroso... ¿estará bien yendo a un lugar así?

Temiendo que el recuerdo del secuestro volviera a afectar a Castiel, Declan dudaba en llevarlo. Sin embargo, Castiel se encogió de hombros ligeramente y respondió como si no hubiera ningún problema.

—Claro que estoy bien, vamos los dos juntos. De hecho, si mando a Declan solo, eso me daría más ansiedad.

Añadiendo su sentimiento sincero, Castiel sacó una túnica negra después de mucho tiempo y se la puso. En el momento en que se cubrió con la capucha, una extraña emoción se extendió sobre su rostro blanco.

—¿Entonces, salimos ahora mismo?

Ante ese rostro despejado que lo miraba, Declan no tuvo más remedio que asentir irremediablemente.

—Ah, por cierto. Esto es una investigación encubierta, ¿verdad? ¡Entonces también llevaré el pañuelo de Declan!

Él no pudo más que soltar una carcajada ante el comentario añadido con tanta determinación.

Poco después, dentro del carruaje al que subieron juntos, Declan aclaró el propósito de la salida.

—Hoy, además de confirmar la base de operaciones, lo primordial es identificar a los líderes que los encabezan.

—Es cierto, el lugar puede cambiar en cualquier momento, así que asegurar la lista será más importante. ...Pero esa facción herética parece estar bastante organizada dentro del imperio. El lugar al que vamos es una zona bastante alejada de la frontera.

—¿Castiel también conoce ese lugar?

—Sí. También puse una clínica temporal cerca de la fosa común de esa zona.

Declan ya sabía por haberlo escuchado antes que Castiel había establecido tres clínicas temporales. Él asintió y continuó hablando en voz baja.

—El lugar donde dicen que se reúnen frecuentemente para realizar rituales tampoco está lejos de esa tierra donde se reúnen los cadáveres.

—Bueno, no es algo que sorprenda. Siendo personas que sirven nada menos que al dios malvado... de todos modos, hay gente que se obsesiona con cosas raras en todas partes.

Al decir eso, Castiel recordó de repente un viejo recuerdo. Una reunión secreta de adolescentes que enviaron una invitación escrita con sangre. Trataron a Castiel como uno de los suyos mencionando algo sobre la luna llena... Declan debió recordar lo mismo, pues dejó escapar una sonrisa con una comisura de los labios elevada.

La conversación terminó ahí. Castiel no pudo soportar el sueño causado por el mareo y soltó varios bostezos seguidos.

—Aaah, ya me está empezando a dar sueño.

—Tomará una hora más, así que cierre los ojos un momento.

—Me da un poco de pena...

Aún murmurando eso, Castiel apoyó su cabeza en el hombro de Declan. Y en cuanto cerró los ojos, cayó en un sueño profundo. Sin saber que, al ritmo del balanceo del carruaje, las caricias afectuosas y los besos de su amante se posaron varias veces sobre su cabello revuelto.

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

—Castiel. Hemos llegado.

—Ah... sí, sí.

Castiel sacudió la cabeza de lado a lado para despejarse y luego bajó del carruaje tomando la mano de Declan. El cochero se marchó con el carruaje tras dejar el comentario de que era un honor servirlos.

Hoy alquilaron deliberadamente un carruaje de ida de forma externa. Esto fue porque no podían hacer esperar al cochero indefinidamente en una investigación encubierta que no sabían cuándo terminaría. Además, al ser un asunto que debía manejarse con secreto, había límites para moverse junto con el carruaje.

Por lo tanto, el plan era que ambos regresaran a la oficina de alquiler para pedir un carruaje de vuelta en cuanto terminaran el trabajo.

Castiel, de pie en la orilla del camino donde el cochero los dejó, observó los alrededores por un momento y pronto soltó una pequeña exclamación.

—¡Ah! Ya sé dónde es esto. Si vamos derecho por allá, está la tierra donde se reúnen los cadáveres; y si nos desviamos a la izquierda en el cruce intermedio, aparece la clínica temporal.

—Es tranquilizador que conozca el lugar tan bien.

Declan rió en voz baja mientras volvía a anudar el pañuelo que cubría el rostro de Castiel. Aun sabiendo que no era el momento para eso, el pecho de Castiel se sintió inevitablemente cosquilleante ante esa risa baja.

—Entonces, le pido que me guíe.

—Mmm, confíe solo en mí.

Incluso siendo pareja, este tipo de situaciones eran muy vergonzosas. Pensando que era una suerte que el pañuelo cubriera sus mejillas enrojecidas, Castiel dio un paso vigoroso.

A medida que caminaban buscando la base de la facción herética, la presencia de personas se volvía cada vez más escasa y el entorno más oscuro. Para colmo, era un día muy nublado, por lo que incluso la luz de la luna era tenue.

—Tenga cuidado por donde pisa. El camino es accidentado.

—Estoy bien. Espere, si seguimos así vamos hacia la tierra donde se reúnen los cadáveres... ¿dijo que el lugar donde se reúnen es junto al agua?

—Sí. Dicen que tienen sus reuniones sobre un pequeño bote.

—Un pequeño arroyo fluye desde allí hasta allá abajo... pero el lugar donde se puede atracar un bote es más abajo. Vamos por ahí.

Siguiendo las indicaciones de Castiel mientras movían sus pasos, Declan susurró en voz baja.

—Si hubiera venido solo, habría vagado por mucho tiempo.

—¿Ve? Fue bueno venir juntos. Si lo piensa, cuando andábamos investigando a la banda de Shawer, también hacíamos buen equipo, eh, ¡mire allá...!

Justo mientras cuchicheaban, Castiel se detuvo de repente y señaló un lugar. Siguiendo su dedo, a los ojos de Declan entró un bote de remos alargado.

Cerca de quince personas estaban sentadas alrededor del borde del bote, y en el centro, tres hombres que parecían ser los líderes hablaban de algo.

—Acerquémonos un poco más. Desde aquí no se ven bien los rostros.

La voz de Castiel se hizo aún más pequeña, pero llegó a los oídos de Declan más clara que nunca. Él asintió y se acercó con cuidado hacia el bote.

Por lo que escuchaban, parecía que el sermón estaba en pleno apogeo. El contenido, como era de esperarse, era sumamente patético e infantil.

—...Cuando la oscuridad cubra pronto todo el mundo, ¡¿quiénes serán los salvados?! ¡Son ustedes, los que sirven al dios malvado! El verdadero dios no nace del bien, sino del mal. ¡El mal más puro es, a su vez, el bien más puro!

Tras contener la risa por apenas un momento ante frases tan vergonzosas que hasta un adolescente ignoraría, Castiel se quedó atónito al confirmar el rostro del orador. Se vio que el pañuelo de Declan también se sacudía por una risa ahogada, indicando que él sentía lo mismo.

—Ese humano que está parloteando allí, es Philus, ¿verdad?

—A los ojos de Castiel también se ve así. Escuché que salió de prisión, y vengo a verlo aquí.

—Como fue expulsado del templo y no tenía a dónde ir, parece que se pasó a la herejía.

—Podría decirse que aprovechó su carrera a su manera... En fin, ya que confirmamos claramente la identidad del líder, creo que ya podemos regresar.

Ambos, habiendo logrado su objetivo antes de lo esperado, dieron media vuelta sin remordimientos. Los dos sólo tenían el deseo de volver pronto a casa y meterse bajo las mantas cálidas. El día de hoy ya había sido lo suficientemente largo.

Sin embargo, sus deseos se vieron frustrados frente a la oficina de alquiler de carruajes, que estaba cerrada y con las luces apagadas. Como era de esperarse de una zona remota, parecía que el servicio nocturno también terminaba temprano. Incluso la única posada cercana estaba, para colmo, llena.

Dentro de la desgracia, hubo suerte de que pudieron evitar dormir a la intemperie. Fue gracias a que la clínica temporal de Castiel no estaba lejos.

—Aunque sea incómodo, durmamos allí y movámonos temprano por la mañana.

—Hagámoslo así.

Finalmente, los dos decidieron pasar la noche allí y apresuraron el paso. El viento nocturno se volvió gélido en ese lapso.

El edificio de una sola planta construido con ladrillos rojos usaba la misma llave que la entrada principal de la mansión del conde. Castiel sacó la llave que siempre llevaba consigo de su pecho y abrió la puerta. Gracias a que los trabajadores pasaban periódicamente a darle mantenimiento, hubiera pacientes o no, el interior estaba limpio.

Declan, que entró siguiendo a Castiel, se quitó el pañuelo y expresó su impresión.

—Es casi igual al anexo de la mansión.

—¿Verdad? Por eso también solía llamarlo villa.

—Si no se supiera lo que sucede aquí, parece un nombre que le queda bastante bien. Yo encenderé la chimenea.

—Se lo agradezco. Entonces yo iré a traer el agua que dejaron recogida. Debe estar afuera.

Veinte minutos después, los dos se lavaron las manos y el rostro con agua hervida y se sentaron uno al lado del otro frente a la chimenea. También prepararon té con hojas de romero que estaban almacenadas allí.

—Estando así, me siento como si hubiera venido de viaje.

—Le agradezco que piense así. Es que justo me estaba sintiendo mal pensando que estoy haciendo pasar dificultades a Castiel por mis asuntos.

—Ay, si usted mismo aceptó que fue bueno venir juntos.

—Eso es una cosa, y sentirme apenado es otra.

—Ya basta de decir eso. Por cierto, ¿qué pasará con Philus ahora?

Mientras sorbía su parte del té, Castiel preguntó lo que le había causado curiosidad todo el tiempo. La respuesta salió de inmediato.

—Mañana informaré a la guardia para que lo arresten de inmediato. Después de eso, solo tengo que enviar un informe al Templo de Beskia.

—El sacerdote Kelluger se llevará una sorpresa, ¿no? Atraparon la herejía de repente, y resulta que un antiguo sacerdote está involucrado.

—Él también ha pasado por muchas cosas, así que lo dejará pasar sin darle mucha importancia. Dicen que más bien se sorprende todos los días con la cantidad de bienes que Somerville tenía escondidos.

—Ah, es cierto. Dijo que todavía están bajo investigación.

Declan, a quien previamente le habían ofrecido el cargo de Sumo Sacerdote del Imperio Elmar, rechazó el puesto y recomendó a Kelluger en su lugar. El palacio imperial también aceptó de buen grado su opinión. En realidad, se debió a que Kelluger ya tenía una gran reputación por su excelente carácter.

Finalmente, hace un mes, Kelluger pudo ascender al cargo de Sumo Sacerdote, abarcando todos los templos, incluida la capital, contando con el sólido apoyo de los ciudadanos del imperio.

Tan pronto como asumió el cargo, inició una investigación a gran escala sobre el caso de malversación de su predecesor, Somerville, pero, a diferencia de lo que deseaba, el progreso era lento. Además de los libros de contabilidad que Castiel ayudó a verificar, había demasiados activos ocultos por todas partes.

—En la carta de hace unos días, decía que estaba trabajando horas extras casi a diario. Dijo que no solo el sacerdote Kelluger, sino también los otros sacerdotes me tienen envidia.

—Jaja, no sé los demás, pero creo que el sacerdote Brandon lo envidiará de todo corazón.

—Pienso lo mismo.

El espacio, que no era muy amplio, se llenó poco a poco con las voces bajas y las risas tranquilas de los dos hombres.

Cuando el té en la taza se redujo a la mitad, Declan sacó otro tema de conversación.

—¿A cuántas personas ha salvado aquí?

—No lo sé. No las he contado específicamente...

Castiel respondió murmurando y puso sus labios en el borde de la taza de té. De todos modos, como lo que había estado haciendo entraba en el ámbito de las buenas acciones, le resultaba bastante vergonzoso contarlo detalladamente por su propia boca.

Declan, al notar ese sentimiento, soltó una risa baja en lugar de preguntar más. Y luego continuó hablando.

—De ahora en adelante, cambiaré el método de gestión del templo para que no se pueda abandonar a personas vivas en la fosa común a la ligera.

—¿En serio? ¿Cómo?

—Haciendo que el encargado del templo verifique que sea un cadáver real antes de procesarlo. Así, no habrá más personas que mueran injustamente tras ser abandonadas allí.

—¡Vaya, es una idea muy, muy buena!

Imaginó que se alegraría, pero no esperaba que le gustara tanto. Declan abrazó de vuelta con expresión atónita a Castiel, quien se lanzó a rodear su cuello con fuerza. Lo consoló palmeando su espalda durante un buen rato y luego, en representación del templo, ofreció la disculpa que no había podido dar hasta ahora.

—Durante este tiempo, el templo no hizo bien su trabajo, así que Castiel pasó por muchas dificultades. Mientras tanto, estaba haciendo lo mejor posible por una buena causa, y yo, sin saberlo, sospeché de usted sin pensarlo.

—Mm, admito que el templo no trabajó bien. ...Fue un poco injusto ser sospechoso, pero ahora todo eso está bien. De verdad.

Tras terminar de hablar, Castiel aflojó la fuerza de los brazos con los que abrazaba a Declan y levantó la cabeza para mirarlo a los ojos. Y, como para demostrar que sus palabras de que estaba bien no eran vacías, añadió una razón clara con una cara radiante.

—Gracias a eso, Declan vino a mí.

Esos ojos azules, tan suaves que no podían compararse con ninguna joya, brillaban dirigidos únicamente hacia él. Su rostro blanco y liso como el mármol adquirió una atmósfera especialmente seductora al bañarse en la luz anaranjada. Declan, sin poder parpadear ni una vez, miró a Castiel como si estuviera hechizado.

Tal vez se sintió fascinado desde el primer momento en que lo vio. No, era un hecho innegable. Desde la primera mirada hasta ahora, le era imposible apartar la vista de Castiel.

Al sentir la mirada intensa de Declan, las pupilas de Castiel temblaron ligeramente. Aunque no era la primera vez que estaban en esta atmósfera, el corazón de Castiel temblaba en cada ocasión.

Declan acarició un par de veces la espalda de Castiel, que se había puesto rígida al tragar los nervios, y pronto lo atrajo con fuerza hacia sí mientras preguntaba.

—Como el suelo está duro, ¿quiere hacerlo en esta postura?

—¿Eh...?

Los ojos de Castiel se redondearon al no entender de inmediato sus palabras. Entonces Declan, sin decir nada, apretó sin lastimar una de las nalgas de su compañero, que estaba sentado sobre sus muslos. Fue como dar la respuesta con el cuerpo en lugar de con palabras.

—No, ¿cuándo dije yo que esta postura...?

Recordaba haber abrazado a Declan inconscientemente porque estaba muy feliz por el cambio en el templo. Ah, y como ambos estaban sentados, naturalmente terminó subiéndose a las piernas de él... Castiel, recordando rápidamente la situación de hace un momento, negó con la cabeza mientras apoyaba ambas manos en los hombros de Declan.

—No me senté aquí a propósito.

—Bien hecho. Yo tampoco quería recostarlo allí de ninguna manera. Además, el suelo duele, así que no se puede.

—¿No le digo que no fue intencionado? Y ese “allí” es...

Mientras miraba alrededor con las mejillas sonrojadas, algo entró pronto en la vista de Castiel. Es decir, el lugar donde Declan dijo que “no quería recostarlo” era la mesa de operaciones donde se tumba a los pacientes. Castiel, indignado, exclamó con firmeza.

—¡Allí, por supuesto que no se puede!

—Por eso, hoy es una buena elección que Castiel lo haga así, encima de mí.

Declan se tumbó completamente en el suelo mientras abrazaba a Castiel con más fuerza. Y, mordiendo sin lastimar el lóbulo de la oreja del otro con sus labios, suplicó con una voz un poco apresurada.

—Yo también me moveré contigo, ¿sí?

Era una propuesta hecha sabiendo que a Castiel le resultaba especialmente difícil aguantar esta posición durante mucho tiempo. Ante Declan, quien eliminó con precisión la causa de su vacilación, Castiel abrió rápidamente los cerrojos de su corazón.

—Bueno... si es así, está bien. Además, hoy la noche será larga.

Él tampoco tenía razones para rechazar tener relaciones con Declan, a excepción del problema de la resistencia física. Al lamer la nuez de Adán frente a él con una sonrisa tardía, vio cómo se tensaba el músculo masetero de su compañero. Acto seguido, un susurro que recordaba a un suspiro se dispersó en el oído de Castiel.

—No, será corta. Siempre es corta para mí.

—......

—No solo la noche, sino el día... cada día es así. Hasta el punto de ser lamentable.

Las palabras de Declan se entendían profundamente. Como copos de nieve que se derriten y desaparecen al tocar el suelo, la sensación de que el día pasaba demasiado rápido era un pensamiento que Castiel también albergaba cada noche.

Sin embargo, no era que eso se sintiera triste o negativo. Más bien, Castiel se sentía asombrado por el hecho de ser tan feliz en cada momento como para tener esa sensación.

—En realidad, yo también me siento así. Por eso, de verdad tenemos que usar bien el tiempo, ¿no?

—Sí. Aquí también, de la misma manera, no debemos desperdiciar ni un solo segundo.

Al mismo tiempo que daba esa respuesta formal, Declan alejó un poco el torso de Castiel de él y metió su mano por dentro de su ropa. Al tocar suavemente con la punta de los dedos el pezón que ya estaba endurecido, sintió que la parte inferior, que había estado en contacto desde antes, se estremecía.

—Ah, espera, tenemos que, quitarnos toda la ropa antes de... porque no tengo, ah, ropa para cambiarme...

—Parece que, mm, siempre estás menos apurado que yo.

—¿Por qué, ah, qu, qué?

—Yo estaba pensando en dónde estaría el aceite por aquí en este momento.

—Ah... ¡oh, ah!

Antes de que Castiel pudiera responder algo a eso, Declan se puso de pie rígidamente mientras lo cargaba. Cuando Castiel rodeó instintivamente su cintura con ambas piernas, cayó un beso sobre su cabeza como si fuera un elogio.

—Dígame dónde está.

—Ah, el aceite... está en el segundo cajón a la derecha. ¡Podría simplemente bajarme...!

—Es que no quiero separarme.

Lo que salió de ese hombre tan robusto como para cargar y moverse fácilmente con un hombre adulto, fue un berrinche como el de un niño. Eso fue irremediablemente adorable, haciendo que el pecho de Castiel doliera levemente.

Mientras tanto, Declan, tras sacar el frasco de aceite de lavanda del cajón, regresó frente a la chimenea y bajó su cuerpo. Y, en lugar de desabrochar uno por uno los botones de la camisa del otro, solo desabrochó unos pocos y se la quitó por la cabeza.

—Haa...

A continuación, mientras se quitaba su propia ropa, Declan tomó los labios de Castiel y los succionó como si quisiera tragárselos. Luego, empujó con fuerza la punta de su lengua por el espacio que ya estaba abierto. Al presionar la lengua de Castiel y frotar su paladar, los gemidos del otro se dispersaron dentro de su propia boca.

Mientras se succionaban las lenguas y frotaban el interior de sus bocas, las prendas de ropa que ambos se quitaron quedaron desparramadas por el suelo. Sin preocuparse por ello, Declan se tumbó de espaldas en el suelo tan pronto como quedó desnudo. Separó sus labios por un momento y acarició suavemente el cuerpo de Castiel que se derramaba sobre él, cuando descubrió el colgante de la cadena que colgaba del cuello del otro y estiró la mano.

Al manosear la joya con el pulgar, Castiel preguntó entre risitas. Tenía el rostro enrojecido por el profundo beso de hacía un momento.

—¿En qué estás pensando? ¿En que cuanto más lo miras, más se parece al color de tus propios ojos?

—...Sí. Y otra cosa. Que, si no fuera por eso, creo que también le tendría envidia a esto.

—¿Eh?

Castiel soltó una carcajada como si le resultara divertido y luego inclinó su cuerpo hacia adelante para llevar sus labios a la zona de los ojos de Declan. Tras un sonido juguetón de beso, siguió su pequeña confesión.

—Está muy lejos de compararse con tus ojos reales. Yo sigo usando esto porque Declan me lo puso.

—¿De verdad?

—Sí. En ese momento estaba realmente nervioso. Porque Declan hizo esto...

Esta vez fue Castiel quien se movió. Añadió palabras mientras recorría el cuello, los hombros y la clavícula de Declan con sus manos calientes.

—Porque tocó mi cuello. Y tu aliento rozó mi mejilla también.

Ante el toque que era más que suave, casi un cosquilleo, la nuez de Adán de Declan se agitó enormemente. Declan inclinó la cabeza lentamente, hasta justo antes de que sus labios tocaran los de Castiel.

—A mí me pasó lo mismo. En aquel entonces en el templo, si no hubiera llegado la carta, no me habría contenido y te habría besado.

—Como pensaba, Somerville era el problema.

Después de culpar a Somerville como si fuera una broma, volvieron a unir sus labios como si lo hubieran prometido.

Declan cedió el liderazgo del beso a Castiel, estiró el brazo y tomó el frasco de aceite que había dejado en el suelo. Luego, rodeando la espalda de Castiel, vertió el aceite sobre su mano y lo llevó directamente al espacio oculto entre las nalgas.

Dos dedos penetraron profundamente en el interior de una vez. Como si hubiera olvidado el acto sexual de ayer, la entrada firmemente cerrada y las estrechas paredes internas hicieron que el corazón de Declan se apresurara aún más. Comenzó a mover los dedos impacientemente para ensanchar el interior.

Siempre en este momento, Castiel se excitaba tanto por el oído como por el tacto. Tal vez era porque su cuerpo sabía que, a medida que el ritmo del sonido viscoso se aceleraba, faltaba poco para la inserción.

—¡Ah, ah...!

En un momento dado, el dedo corazón que penetraba profundamente rozó ligeramente alrededor de su punto crítico y salió. Solo con ese contacto momentáneo, se sintió tan ansioso que Castiel no tuvo más remedio que apoyar ambas manos en el pecho de Declan y levantar su cuerpo. Ni siquiera se dio cuenta de que estaba gimiendo.

—Ahora, ahora quiero que entres.

Con los ojos medio entrecerrados por la excitación, Castiel levantó un poco la parte inferior de su cuerpo. Y, agarrando el miembro de Declan que desde hacía rato presionaba su abdomen con fuerza, se esforzó por alinearlo con su entrada.

Aunque fue a una velocidad lenta, la inserción progresó sin problemas. Sin embargo, temiendo que si se sentaba de golpe entraría demasiado profundo, Castiel detuvo el movimiento cuando el miembro había entrado unos dos tercios y soltó el aire que había contenido hasta entonces como si estallara. Sus muslos ya temblaban.

—Ha...

Incluso mientras todo su cuerpo se empapaba de un placer eléctrico que nublaba su vista, Declan seguía acariciando el centro de Castiel con su mano aún resbaladiza. Porque era justo disfrutar juntos de algo que se sentía tan bien como para desmayarse.

—Ah, ah...

Cuando la sensación de presión por detrás y el estímulo por delante lo asaltaron al mismo tiempo, las puntas de sus pies se entumecieron como si le hubiera dado una parálisis momentánea. Al final, Castiel sollozó sin saber qué hacer.

—Declan, es, espera un momento...

—¿No quiere que lo haga así?

Al asentir frenéticamente con los ojos fuertemente cerrados, sintió que Declan, quien incorporó su cuerpo, lamía sus lágrimas con la punta de la lengua. Parecía que la fuerza en la mano de Declan, que sostenía su propio miembro erecto hasta el punto de doler, también se había relajado un poco.

Fue cuando Castiel, aliviado por esa breve paz, relajó la tensión de su cuerpo. Como si hubiera estado esperando, Declan empujó su cintura con violencia hacia arriba. Seguido de eso, empezaron a resonar los sonidos de piel chocando, uno tras otro.

—¡Ah, ah, de repente, demasiado, por qué...!

—Porque vi, ah, que no tenías intención de moverte. Además, estaba, lo que prometimos antes.

—Ah, despacio, sí, ah, ah...

A medida que se repetía la inserción, el balanceo del cuerpo de Castiel también se volvía más violento. Ya no sentía ninguna fuerza bajo su cintura, y si seguía así, parecía que se desplomaría hacia cualquier lado en cualquier momento.

Castiel, incluso ante la intensa sensación que parecía volver su mente una papilla, buscó una postura estable y agarró el pecho y el abdomen de Declan con lo que pudo sujetar. Entonces, dos manos firmes le sujetaron la cintura para ayudarle.

Como si por fin la unión fuera perfecta, el movimiento de caderas se volvió aún más implacable. No importaba cuánto lo hicieran, cada vez se sentía nuevo. Entregándose a un estímulo que no tenía más forma de expresarse que con respiraciones jadeantes y gemidos, los dos disfrutaron plenamente de la sensación de estar conectados durante mucho tiempo.

Para cuando llegaron al clímax, los cuerpos de ambos estaban empapados de sudor. Castiel dejó caer su cuerpo sobre él de buena gana y murmuró.

—Haah… es agotador…

—¿Ya?

—… ¿vas a hacerlo de nuevo?

—¿Quién fue el que dijo que la noche era larga?

Castiel soltó una risita ante las palabras que Declan le devolvió con una sonrisa burlona. En cuanto su aliento dulce rozó su oreja,el miembro de Declan volvió a ganar fuerza y a endurecerse.

El cuerpo de Castiel, al sentir ese cambio directamente, se puso rojo ardiente. Como él también se conmovía por la excitación del otro, su miembro también se puso medio erecto en ese instante.

—Tal vez deba hacer más ejercicio…

Sin embargo, lo que se sentía bien se sentía bien, y lo agotador era agotador. Ante las palabras que Castiel soltó con desgano, Declan estalló en una carcajada más fuerte que la de antes y abrazó con fuerza a su amante sobre su cuerpo. Luego, besando sus orejas, su cabello y cada lugar donde rozaban sus labios, pronunció por primera vez en su vida una promesa que no podría cumplir.

—Intentaré contenerme.

—No, yo también… no es que me disguste.

La respuesta de Castiel, dada por timidez, se convirtió en el motivo para reavivar las llamas que el otro estaba intentando apagar.

—Qué bien.

Declan se levantó de un salto mientras sostenía a Castiel en brazos. Y en cuanto acomodó bien a Castiel, quien se aferró a su cuello sorprendido, no pudo contenerse y embistió hacia arriba con fuerza. Así comenzó de nuevo el vaivén.

Quizás debido al semen acumulado en el interior, el sonido húmedo parecía escucharse mejor que al principio. Todo el cuerpo de Castiel se puso rojo como si estuviera en llamas.

—¡Hic, e-espera un momento!

—Fuu, ¿por qué? ¿Porque el interior está demasiado… punzante?

La suposición de Declan falló por completo. Castiel miró a Declan hacia abajo, esforzándose por no perder la fuerza en su propio cuerpo.

—No, es que en esta postura, parece que Declan se cansará demasiado…

—Ah…

A diferencia de él mismo, que estaba actuando de forma egoísta incapaz de vencer su codicia, Castiel se preocupaba por él incluso en un momento como ese. Declan, que por un instante se quedó sin palabras, se rió mientras mordisqueaba la punta de la nariz de Castiel sin lastimarlo.

Incluso mientras realizaba ese acto afectuoso, sus movimientos no se detuvieron. Castiel, mientras su cuerpo se sacudía de un lado a otro, finalmente ideó un método.

—En la pared… apóyate en la pared. Creo que así será mejor.

Si perdía la razón un poco más, estaba a punto de mencionar cosas como razones físicas o el centro de gravedad. Por suerte, Declan siguió sus palabras antes de eso.

—¿Así?

—Sí, sí…

El aire que rodeaba a ambos era tan caliente que el frío que sentía en la espalda le resultó agradable. Castiel hundió su rostro casi por completo en el cabello de Declan y dejó escapar súplicas llenas de placer.

—Uuungh, un poco más despacio, ah, m-me gusta. Ahora, mmm…!

—Yo también, ah, de verdad…

Con la extraña sensación que otorgaba un lugar desconocido y la suma de una nueva postura, esa noche los dos no tuvieron más remedio que desearse infinitamente. El primero en agotarse fue Castiel de nuevo, pero aun así fue un acto que él también soportó bastante tiempo. Los dos se mezclaron recorriendo varios lugares hasta que amaneció.

Excepto, claro, la mesa de operaciones.

Al día siguiente, ambos se apresuraron desde temprano para regresar al Condado de Avon. Afortunadamente, la oficina de alquiler de carruajes ya estaba abierta.

Aunque todo su cuerpo estaba adolorido por el dolor muscular, Castiel no tenía quejas en particular. Porque ayer… al final, fue tan, tan bueno que su mente se volvió borrosa.

Castiel subió primero al carruaje y, en cuanto Declan se sentó a su lado, se acostó apoyando la cabeza en su muslo. Y desde abajo, miró a Declan con una sonrisa radiante.

—Vi que mi cuerpo estaba limpio, ¿tú me limpiaste, Declan?

—Sí. Me hubiera gustado bañarte, pero fue una lástima que no hubiera baño. También saqué bien lo del interior con habilidad.

—… no te pregunté eso.

—Es cierto. Como fue algo que yo provoqué, es justo que yo lo solucione. No había necesidad de mencionarlo.

Justo cuando iba a decirle que debió ser difícil encargarse de la limpieza mientras él dormía profundamente y darle las gracias. Castiel soltó una carcajada ante la conversación que fluyó naturalmente hacia temas lascivos. Golpeó ligeramente el muslo de Declan con la parte posterior de su cabeza y Declan dejó escapar una risa similar.

—Cierra los ojos un rato. Debes estar muy cansado.

—En cuanto el carruaje gane velocidad me quedaré dormido de todos modos. Hasta entonces hablemos, hablemos.

Aunque sus párpados se volvieron pesados de inmediato ante la caricia suave que apartaba su flequillo, Castiel mantuvo los ojos abiertos a la fuerza y dijo lo que no pudo decir antes, cambiándolo un poco.

—Tener a alguien a quien puedo entregarme por completo… cuanto más lo pienso, más asombroso y… reconfortante es.

Ayer, hoy. No, de hecho, era así todos los días últimamente. Para Castiel, que nunca en su vida había dependido de nadie, el hecho de que una relación tan sólida permaneciera a su lado era como un milagro con el que se encontraba a diario.

Aunque Declan simplemente sonrió sin entusiasmo ante esas palabras.

—Para sentirte reconfortado… Castiel salió herido porque no pude protegerte adecuadamente.

—Oye, eso no es culpa de Declan. ¿Cómo se puede predecir que un tipo malo hará algo malo? La gente buena como nosotros no puede hacer eso.

Cada vez que salía ese tema, la expresión de Declan se oscurecía, por lo que Castiel respondió deliberadamente de forma juguetona. Y rápidamente añadió algo más.

—Viniste a buscarme con todas tus fuerzas. Para mí, solo eso es lo importante.

Cuando Castiel visitó el Templo de Beskia para realizar consultas gratuitas, Kelluger, Brandon y Martin, los tres sacerdotes, lo rodearon y le contaron la situación de aquel entonces.

—El día que el Conde fue secuestrado, nunca había visto una cara así en el Sacerdote Declan. Fue hasta el punto de que pude saber que algo grande había pasado en cuanto lo vi.

—De verdad, el Sacerdote Declan aquel día… es difícil incluso de expresar con palabras. Si te dijera que estaba mucho más pálido que el día que perdió su poder sagrado, ¿me creerías? Pensé que alguien había muerto o que él había matado a alguien.

—El Sacerdote Declan es alguien que normalmente no tiene expresiones. Seguramente no pudo contener sus emociones porque era algo relacionado con el Conde. ¡Es una suerte que esté a salvo de esta manera!.

Kelluger estuvo de acuerdo con lo último que dijo Brandon.

—¡Claro! ¿Acaso la amistad de ustedes dos es una amistad común? ¡Es un vínculo noble que floreció entre un vigilante y su objetivo de vigilancia…!.

Y ante esas palabras, Brandon y Martin se mostraron más indignados que Castiel y lo regañaron.

—Por Dios, por favor dime que era una broma. ¿Por dónde se ve que lo de ustedes dos sea amistad?

—¿El Sacerdote Kelluger tiene un amigo así? Si es así, piénselo bien de nuevo. Porque no será un amigo, sino un amante».

—¿Eh?.

Al final, la conversación terminó con incluso el despistado de Kelluger enterándose de la relación de ambos. Fue un tiempo en el que Castiel estuvo sepultado por la charla de los sacerdotes sin poder siquiera abrir la boca… pero aun así, se sintió extrañamente bien al escuchar los sentimientos de Declan a través de otros.

Además, ese día, la Princesa Imperial dijo algo similar.

—¿Sabe una cosa, Conde? Los Caballeros Imperiales codician de verdad al Sacerdote Declan. Dicen que por muy buena que sea su complexión, no sabían que fuera tan fuerte. Ese día, ni los guardias ni los mercenarios, nadie pudo vencer al Sacerdote que buscaba al Conde. …Debe estar feliz.

Aunque le molestó un poco la cara que sonreía de forma burlona con esa última frase, bueno. En ese momento también se sintió igual de orgulloso.

Por lo tanto, ya que Declan lo buscó con una desesperación tal que todos los demás se dieron cuenta y finalmente lo rescató, no había necesidad de que se culpara ni un ápice. Castiel transmitió ese sentimiento con suavidad.

—Declan no es alguien que no pudo protegerme, sino alguien que me protegió adecuadamente. Esforzándose al máximo.

¿Le llegó su sinceridad? Las yemas de los dedos de Declan que jugueteaban con su cabello se volvieron lentas gradualmente. Y pronto, tras soltar un suspiro cargado de una risa, él respondió.

—Gracias. Por decirme eso. Pero… para que algo así no vuelva a suceder, siempre te protegeré a mi lado.

—¡Vaya, qué reconfortante! Entonces yo también protegeré a Declan. Aunque tendré que aumentar un poco mi cantidad de ejercicio.

—Castiel ya es suficiente solo con existir. Porque siempre me sostienes para que no me tambalee. Aunque ayer, excepcionalmente, fui yo quien te sostuvo la cintura.

Añadió una pequeña broma, y Declan no perdió la oportunidad de desviar la conversación de inmediato. Castiel lo castigó golpeándole de nuevo el muslo con la parte posterior de la cabeza.

—¡Estábamos en medio de una historia conmovedora! De nuevo cortaste el flujo.

—Significa que este tipo de conversación podemos volver a tenerla después, así que duérmete ya. ¿Sabes que tienes los ojos medio cerrados desde hace un rato?

—Ah… ¿era por eso?

Justo cuando lo reprendió con ojos afilados, sus ojos, que ya se habían vuelto dóciles, se cerraron lentamente. Declan rió entre dientes ante el cambio de expresión de Castiel y le dio palmaditas suaves en el pecho. No pasó mucho tiempo antes de que empezara a salir un sonido de respiración acompasado.

«Es lindo».

Sinceramente, no hay un solo momento en que no sea adorable. Por eso, era una persona de la que era imposible apartar la vista.

¿Acaso el sueño en el carruaje no fue suficiente?

Tras regresar a la mansión y asearse, Castiel, que fue directamente a su oficina en el Templo, cabeceaba y dormitaba cada vez que tenía oportunidad. Declan soltó varias carcajadas al verlo, pero Castiel durmió tan plácidamente que ni siquiera escuchó eso.

A diferencia de Castiel, que tuvo un día relativamente tranquilo, Declan estuvo tan ocupado que no tuvo tiempo ni de abrir los ojos desde que llegó al trabajo. Sobre todo, era urgente capturar a Philus. Fue de inmediato a la guardia de la zona de Leutiple para denunciarlo y designó a un sacerdote responsable para enviarlo al lugar.

Luego, tuvo que estar sepultado en documentos todo el tiempo. Desde el caso del paciente que trajo ayer hasta el descubrimiento de Philus, el líder de las fuerzas heréticas, el contenido que debía reportar a los superiores era una montaña. Para cuando finalmente levantó la cabeza de los montones de papeles para tomar un respiro, llegó la noticia de que habían arrestado a Philus y a sus secuaces.

—Debo ir a la guardia ahora mismo.

Mientras buscaba su abrigo para ponérselo, Declan añadió el motivo de su salida para Castiel.

—Tengo la obligación de confirmar con mis propios ojos que atraparon a Philus, y también tengo cosas que preguntar para redactar el informe.

—Ah… ¿entonces te vas directo a casa desde allí?

—No, debo regresar a la oficina. Tengo que terminar el informe hoy mismo para enviarlo como correspondencia urgente. Parece que tomará bastante tiempo, así que Castiel, vete tú primero.

—Entendido. Ve y haz bien tu trabajo. Si Philus vuelve a decir tonterías no te contengas, dale un buen golpe.

Ante el consejo, que no era exactamente un consejo de Castiel, Declan, que ya estaba en la puerta, detuvo sus pasos y soltó una gran carcajada. Y hacia Castiel, que estaba satisfecho con su reacción entusiasta, le preguntó con cara seria.

—Entonces seguramente ese tipo armará un escándalo. ¿Qué hago si se queja diciendo que es agresión?

—Bueno, puedes devolverle las palabras que dijo ayer cambiándolas un poco. “La maldad más pura es pronto la bondad más pura”, así.

—Haha, lo tendré en cuenta. Realmente quiero decirle esas palabras frente a él. Ya me voy.

—Sí, nos vemos luego.

Cuando Declan se fue, la amplia oficina se sintió más vacía sin motivo. Castiel se frotó las mejillas y abrió un libro que hoy, especialmente, no avanzaba. Declan le dijo que no lo esperara, pero él pensaba quedarse aquí y regresar juntos a casa.

—Uf, deja de dormitar y concéntrate en el libro. ¡Concentración!

Soltando deliberadamente palabras para sí mismo en voz alta, comenzó a pasar las páginas del libro de forma combativa. El sonido del papel al pasar alivió un poco su soledad.

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

—¿……?

Claramente estaba mirando el libro con fijeza. Cuando Castiel volvió a abrir los ojos, la luz roja del atardecer fuera de la ventana llenaba toda la oficina.

Y el que tenía mucha más presencia que eso era, sin duda, Declan, quien lo miraba desde el escritorio de enfrente con una sonrisa.

—¿Dormiste bien?

—¿Cuándo… cuándo viniste? ¿Y yo cuándo me quedé dormido?

Cómo durmió apoyado en el escritorio, le dolía todo el cuerpo. …Seguramente lo de ayer también seguía influyendo. Castiel se estiró con fuerza con el rostro enrojecido oculto en la luz del atardecer. En ese momento, algo cayó al suelo con un golpe seco. Era el abrigo de Declan.

—¿Me cubriste por si tenía frío? Gracias.

—Es lo natural.

Tras intercambiar unas ligeras palabras, el rastro del sueño desapareció rápidamente. Castiel enrolló la ropa de Declan que había recogido como si fuera un cojín y la abrazó mientras sonreía como si se mordiera los labios. Era porque se sentía bastante avergonzado.

—Hoy de verdad no he hecho más que dormir.

—A mí me gustó ver cómo dormías plácidamente.

—Dormí demasiado bien... yo solo. Mientras Declan estuvo ocupado todo el día.

—Entonces, ¿qué tal si hoy es Castiel quien me hace dormir a mí?

Ante la inesperada propuesta, los ojos de Castiel se redondearon por un momento, pero pronto asintió con una sonrisa suave.

—Es una buena idea. Tendré que preparar té de lavanda después de mucho tiempo. ¿Debería usar también aceite de camomila?

Ante sus entusiastas palabras, Declan negó ligeramente con la cabeza. Y, como si estuviera apenado, respondió con la cabeza un poco baja.

—No hace falta nada de eso. Al lado de Castiel duermo con la mente tranquila. Solo quédate conmigo.

—¿Eso no es simplemente lo mismo de siempre?

—Lo diferente es que yo me duerma primero. Porque siempre es Castiel quien se duerme antes.

—Es una verdad tan absoluta que no tengo nada más que decir.

Castiel se levantó soltando una risita. Y mientras sacudía al aire la ropa de Declan que abrazaba por costumbre para extenderla, fue entonces cuando lo descubrió.

El anillo puesto en el cuarto dedo de su mano izquierda. Era un anillo de diseño pulcro y hermoso, con una gema de color blanco puro incrustada en el centro.

—Oh...

Desde el momento en que vio el anillo, el corazón de Castiel comenzó a latir con locura. Estaba tan sorprendido, tan feliz... y tan emocionado.

«Espera... ¿El significado del anillo aquí también es especial?».

Tal vez, a diferencia de su vida anterior, podría ser un accesorio sin un gran significado. Si era solo un simple regalo y él reaccionaba asumiendo cosas de más, ambos podrían terminar avergonzados.

Debido a estos pensamientos, Castiel no pudo expresar de inmediato su corazón alborotado y solo movió los labios con duda.

—¿No... te gusta?

En realidad, Declan estaba muerto de ansiedad por esa reacción. Finalmente, se levantó de un salto de su asiento y se acercó a Castiel.

Lo que vio en su rostro de cerca fue una clara inquietud. Al darse cuenta de eso, Castiel se apresuró a expresar su impresión en voz alta.

—¿Cómo no me va a gustar? Es que me sorprendí porque es demasiado hermoso. De verdad, es precioso.

—Si por casualidad te resulta incómodo porque es un anillo... sé que no sueles usarlos, pero es un símbolo. Te lo di con ese significado.

—¿Un símbolo?

—Sí. Así que no tienes que usarlo normalmente. Ah... por supuesto, si es que lo aceptas.

Al verlo divagar de una forma que no era propia de él, parecía que aquí el significado del anillo era el mismo que Castiel conocía. En cuanto se dio cuenta de ese hecho, un sentimiento insuperable desbordó su pecho.

—Por supuesto... ¿no es obvio? ¡Claro que lo acepto...!

Emitiendo una voz temblorosa, Castiel agarró con fuerza la mano izquierda de Declan. Y cuando le tendió la otra mano, Declan, quien por fin recuperó una leve sonrisa, sacó de su bolsillo el anillo que le correspondía a él. Era un diseño exactamente igual al de Castiel.

Castiel le puso el anillo en el dedo sin vacilar. Y justo cuando levantaba la cabeza para besar a Declan.

De repente, una ventana de sistema de color rosa apareció frente a sus ojos con un sonido.

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Beneficio otorgado al Poseedor Modelo

A partir de este momento, las misiones asignadas a Castiel Avon quedan completamente eliminadas.

Dado que se ha convertido en un miembro real de este mundo, la ventana del sistema ya no recibirá soporte. Gracias.

Poseedor Modelo: Estatus otorgado a la persona que vive su nueva vida de forma más valiosa que la anterior.

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Castiel leyó el contenido rápidamente y estuvo a punto de gritar de alegría por dentro, pero se detuvo un instante.

«... ¿Acaso no faltaban pocos días de todos modos? Como unos 5 días».

Sin embargo, ya no tenía tiempo para prestar atención a la tardía generosidad del sistema. Porque su amante, el hombre más genial del mundo, esperaba con rostro ansioso el beso de la promesa.

Así que, justo cuando iba a inclinar la cabeza de nuevo, hubo una revelación que cruzó la mente de Castiel. Estaba seguro de que, en un momento como este, debía expresar sus sentimientos con algo... más profundo que un beso.

Castiel, con un rostro sumamente solemne, envolvió con ambas manos la mano de Declan que llevaba el anillo. Y lentamente, tras presionar sus labios sobre el dorso de la mano y apartarlos, confesó con todo su corazón:

—Te amo. Estemos juntos para siempre.

Ante la confesión que fue como un susurro bajo, las pupilas verde claro de Declan temblaron con fuerza. Porque era una confesión verdaderamente dulce que no se había atrevido a esperar.

Para cuando su vista se volvió borrosa ante tanta dulzura al procesar las palabras, Declan no pudo aguantar más y abrazó a Castiel con arrebató. Y tras lograr finalmente calmar su respiración temblorosa después de un buen rato, le devolvió de buena gana las mismas palabras.

—Te amo. Y gracias por permitirme estar al lado de Castiel para siempre.

—Yo también, gracias. De verdad...

Castiel extendió ambos brazos y rodeó la cintura de Declan. Hacía tiempo que el atardecer se había ocultado tras la ventana, pero sentía que su corazón seguía siendo de color dorado, o incluso brillando más deslumbrante que eso.

Aquella noche, acostados uno al lado del otro en la cama, los dos continuaron conversando tranquilamente. Castiel, sin olvidar su promesa de hacerlo dormir, le dio palmaditas juguetonas en el pecho a Declan y preguntó:

—Oye. ¿Declan siente a veces que yo soy... un poco diferente a los demás?

Ahora que estaba completamente liberado de las restricciones, era una pregunta que podía hacer con tranquilidad. Como habían prometido estar juntos de por vida, aunque no fuera de inmediato, pensó que algún día podría contarle su secreto, así que lanzó la pregunta para ir preparando el terreno.

Sin embargo, Declan asintió de inmediato a esa pregunta, pero pronunció una respuesta que Castiel no esperaba en absoluto.

—Así es, pero esa diferencia para mí es especial y... noble.

—¿Eh? ¿Noble? ¿Por qué piensas hasta ese punto?

—Porque mostraste tu particularidad de buena gana por el bien de los demás. Incluso recibiendo sospechas absurdas por ello. ...Pero, ¿está bien hablar de estas cosas? Siempre parecías ansioso por ello.

«Así que lo sabías». 

Mientras Castiel se quedaba con la boca un poco abierta ante esa pequeña revelación, Declan añadió con una risa baja:

—En la imagen que amo de ti, no solo están tus aspectos brillantes y bonitos, sino también una ansiedad y un miedo de origen desconocido. Fue así desde el principio.

Antes de preguntar cómo era eso posible, Castiel aplicó esas palabras a sí mismo. Entonces, la respuesta salió enseguida.

—Yo... también. Realmente, no importaba en absoluto. Porque yo también amo incluso todas las partes adorables de Declan.

—Te lo agradezco, Castiel, pero la palabra "adorable"... lo siento, ¿no es una expresión que no encaja para nada conmigo?

—¿Por qué? A mis ojos eres muy lindo y muy adorable.

No necesitó mucho tiempo para darse cuenta de que no eran palabras de burla. Declan de repente tiñó las puntas de sus orejas de rojo y murmuró mientras se subía la manta hasta la nariz:

—Es la primera vez que escucho algo así.

El hecho de que su corazón vibrara con dolor ante esas palabras debía ser porque amaba a este hombre. Castiel, sintiendo cómo su pecho se llenaba de plenitud, prometió con una sonrisa radiante:

—Te lo diré seguido de ahora en adelante. Para que te acostumbres.

—.......

—Y cuando te acostumbres a esas palabras, entonces expresaré mis sentimientos con otras palabras diferentes.

—... Si haces eso, voy a estar esperando siempre lo que sigue.

—Eso suena muy bien. Vivamos así, emocionándonos cada día.

Ante la voz animada de Castiel, Declan sonrió con los ojos cerrados. A pesar de haber experimentado ya tantas emociones durante el día, estaba profundamente agradecido de que este último momento se llenara con una nueva emoción.

—Buenas noches.

Quedarse dormido escuchando el saludo de la persona amada. Esa era otra emoción que Declan acababa de descubrir.

Los labios de Castiel se curvaron hacia adentro en silencio mientras observaba durante largo rato el rostro de su amante profundamente dormido. Él también estaba tan emocionado que este momento le resultaba desconocido.

Hace un rato, el sistema le dijo que le otorgaba un beneficio por haberse convertido en una "persona que vive su nueva vida de forma más valiosa que la anterior".

En ese momento, pensó que el sistema había reconocido como "valor" el hecho de que él se hubiera esforzado activamente por salvar a los demás... pero ahora lo sentía con otro significado.

"El acto de amarme a mí mismo", algo que el anterior Castiel no pudo hacer, y "el acto de amar a otra persona", algo que Ko Young-won no pudo hacer en su vida pasada; tal vez estas dos cosas eran la razón por la que alguien todopoderoso le regaló una segunda vida y el "valor" que esperaba que encontrara.

Con esa revelación, Castiel tuvo una certeza. Que la existencia de este hombre, que prometió protegerlo de por vida a su lado, hizo que ambas cosas fueran posibles. Declan, que apareció un día como un regalo, reparó limpiamente su corazón sin que él siquiera supiera que estaba roto. Con un tratamiento perfecto que solo él podía realizar.

—Así que yo también seré una existencia como un regalo en tu vida.

Tras susurrar suavemente, Castiel también cerró los ojos. Poco después, cuando su respiración empezó a calmarse gradualmente, se escuchó una respuesta un poco tardía junto con un cálido abrazo.

—Nunca ha habido un momento en que no lo fueras.

No voy a lastimarte, voy a arreglarte. FIN.

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