Historia Paralela 2 - Capitulo 5.- Winter Field.

 


5. Una nueva aventura.

Gisel Zibendad es un hombre brusco pero atento. Sin embargo, tras haber perdido la memoria, no dejaba pasar ni una sola palabra de Rensley que sonara fuera de lugar. Incluso las bromas que normalmente terminarían con un simple «Ya veo» por su parte, ahora las retorcía de forma sarcástica, haciendo que ambos caminaran entre charlas triviales, silencios y pequeñas discusiones.

Rensley, que al principio se sentía decaído sintiendo que Gisel le mostraba las garras, se despejó al salir del castillo real y ahora la situación le parecía incluso refrescante. Era la primera vez que pasaba tiempo a solas con Gisel simplemente charlando de cosas sin importancia.

Mientras tanto, llegaron a la plaza. Rensley, que había pasado por una experiencia terrible, miraba a su alrededor lleno de tensión, pero la escena aterradora de aquel entonces no estaba por ningún lado. Solo había gente que parecía tranquila, viviendo su vida cotidiana.

—Se ha recuperado.

—La reconstrucción tomó algo de tiempo, pero no era algo imposible de hacer.

Rensley caminó con la boca bien cerrada esta vez. No quería cometer un error innecesario y provocar un accidente como la última vez.

—¡Oiga, joven! ¡Usted, el de cabello rubio!

Pero no era fácil caminar en silencio. Alguien llamó a Rensley con urgencia, obligándolo a detenerse.

—¿Eh? ¿Yo?

Los ojos de Rensley se agrandaron por la sorpresa. No esperaba que nadie lo recordara, pero quien lo llamaba era el dueño de un puesto de brochetas.

—Usted es el cliente que vino hace tiempo y se fue sin poder comer, ¿verdad? Vaya, me alegra volver a verlo. Me quedó el remordimiento de no haberle podido mostrar el sabor de mi comida aquel día. Hoy no le cobraré, así que pruebe un poco con su acompañante.

—¡Ah, sí! Muchas gracias.

Parecía que sólo la conciencia de la muerte había sido borrada de sus mentes, pero el hecho de haber conocido a Rensley no se había olvidado. La manipulación de los recuerdos era muy delicada. Se notaba la habilidad del Rey que gobernaba las memorias.

Rensley aceptó el favor fingiendo no saber nada. Agradeció el gesto del dueño por recordar a un cliente que bien pudo ignorar y ofrecerle comida gratis, y además, ambos necesitaban información en ese momento.

El olor y el sonido de la carne cocinándose directamente al fuego estimulaban el apetito igual que en el mundo de los vivos. Aunque Gisel, incluso aquí, parecía no tener interés en la comida y se mostraba indiferente.

—¡Aquí tiene! Si le gusta, por favor corra la voz.

—¡Gracias!

El dueño del puesto le tendió las brochetas cuidadosamente asadas. Los trozos gruesos de carne ensartados generosamente se veían deliciosos con solo mirarlos. La grasa aún burbujeaba sobre la superficie de la carne.

Rensley pensó que la buena comida se acababa al morir, pero no era así. Aunque todavía no quería convertirse en un residente del inframundo, su idea sobre la muerte parecía estar cambiando un poco.

«Ah».

Rensley abrió mucho la boca, preparándose para saborear la tentadora carne. Hasta que escuchó una voz que arruinó el momento.

—¿Piensas comer eso?

—… ¿Eh?

Rensley, que estaba rebosante de expectación, alejó lentamente la brocheta de su boca. Gisel lo miraba fijamente con una expresión indescifrable.

Esa forma de observar con los ojos entrecerrados parecía reprocharle su comportamiento ligero, pero también parecía genuinamente curioso por ver qué haría Rensley a continuación.

«¿No debería comer……?».

Miró a Gisel buscando su aprobación, pero él no añadió nada más. El dueño del puesto, que observaba la conversación, frunció el ceño.

—¿Acaso nuestra comida tiene algo malo? ¿Por qué este señor tiene esa cara de disgusto?

—Ah, es que él nunca ha comido en la calle. …Probablemente.

—¿Y qué tan importante se cree? ¿Acaso es de la realeza? No hay forma de que alguien de la realeza ande deambulando por aquí.

Es cierto, brochetas callejeras……. 

Dejando de lado el sabor, para Gisel, que siempre había comido platos servidos con esmero en platos de porcelana, esto podría ser una comida “vulgar”. Tal vez era una faceta que no necesitaba mostrar ante el Gisel actual.

No podían perder tiempo en un lugar así. No traería ninguna ventaja que descubrieran su alto estatus. Quizás era mejor irse rápido. Pero en ese momento, Gisel volvió a hablar.

—No es que intentara detenerte, así que haz lo que quieras.

«No, si eso de recién no fue para decirme que no coma, entonces ¿qué fue?……».

Siempre había sido un hombre de expresiones claras, pero ahora resultaba extraño. Que estuviera cambiando de parecer así era algo difícil de ver en el Gran Duque, que siempre era tan firme en todo.

La brocheta frente a él seguía viéndose deliciosa, pero ahora que se sentía incómodo, ya no tenía ganas de darle un gran mordisco como antes. Finalmente, Rensley le pidió al dueño con una sonrisa:

—Lo siento, jefe. ¿Podría llevármelo para comer después? Parece que a mi acompañante no le agrada mucho verme comer en la calle.

—Claro. El cliente es libre de decidir. Por otro lado, qué hombre tan quisquilloso. No parece encajar con alguien tan sencillo como usted, joven, ¿no es agotador andar con él? Sería mejor que se buscara otro acompañante.

Ante el susurro del dueño mientras envolvía la comida, Rensley solo sonrió con torpeza y cambió de tema.

—¿Por casualidad no ha habido noticias nuevas por estos rumbos?

—Noticias nuevas. Pues no lo sé, todo es igual cada día. Si acaso, la única noticia nueva es usted. Es la primera vez que veo a alguien deambulando por aquí sin haber cambiado dinero.

«Ya veo.» 

Era seguro que el camino por el que Amín y él habían pasado no era una ruta común. ¿Podrían encontrarlo de nuevo sin problemas?

—¿No hay otra forma de venir aquí que no sea por la puerta principal?

—No la hay. Solo hay un camino para entrar a esta ciudad. Por eso usted me pareció extraño. Ahora que lo pienso, tenía curiosidad, ¿por dónde entró usted?

—Ni siquiera lo recuerdo. Me vi empujado y cuando me di cuenta, ya había llegado. Supongo que por eso no pude cambiar dinero.

—Bueno, como aquí viene gente tan diversa, supongo que puede haber alguien como usted.

No obtuvo información especial, pero no fue del todo inútil. Los dos comenzaron a caminar juntos de nuevo.

La plaza del inframundo estaba tan concurrida y animada que, de no saberlo, parecería el centro de cualquier gran ciudad. Al caminar juntos por allí, Rensley comenzó a sentirse un poco alegre, a pesar de su situación.

Si este fuera un destino turístico normal, podrían compartir impresiones sobre volver juntos más tarde o visitarlo en otra estación, pero la próxima vez que regresara aquí sería después de morir. En cierto modo, es un recuerdo especial hasta el punto de ser aterrador. Al pensar en eso, sintió un poco de lástima y Rensley se quejó tardíamente.

—Pensé que sería bueno comer comida callejera con el Gran Duque al menos una vez……. No sabía que le desagradaría tanto.

—No lo evité porque era un refrigerio callejero. Es solo que, como yo no ingiero comida, me resultó extraño y las palabras simplemente salieron.

—¿Eh? ¿Dice que no come?

—En el inframundo, el cuerpo físico existe solo por función y conveniencia. No hay ninguna incomodidad por no comer. ¿Acaso sientes hambre? Hay muchos que disfrutan de la gastronomía sin que importe, pero a mí no me gusta perder tiempo comiendo.

Rensley recordó la reacción de la gente del castillo real cuando dijo que “No tenía fuerzas porque no había comido nada desde la mañana”. Soltó un suspiro al darse cuenta del motivo de su error lingüístico. Mirando hacia atrás, ni una sola parte de lo que había dicho tenía sentido en este lugar.

Bueno, quizá fuera por la cocina de Reyna, pero incluso en el mundo humano, Gisel Zibendad no era un hombre de gran apetito. Especialmente cuando estaba concentrado en algo, tendía a considerar la comida como una molestia, así que en un mundo donde no fuera necesario comer, elegiría no hacerlo.

—Por cierto, no sé si será posible encontrar de nuevo el camino por el que vinimos Amín y yo……. En ese entonces, simplemente caminamos por donde había sendero y llegamos aquí de forma natural.

Amín había dicho que tal vez la habilidad de Rensley como elementalista lo estaba guiando de forma natural. Si era así, ¿no debería aparecer también la ruta de regreso?

Sin embargo, por más que recorrieron la plaza de un lado a otro, no vieron ningún otro pasaje aparte de la puerta principal. El corazón de Rensley comenzó a impacientarse.

Ese recuerdo que no le pertenecía ni a él ni a Amín, sin duda era de Gisel. Si tan solo pudiera devolverle eso a Gisel, la situación cambiaría drásticamente…….

—¿No será que alguien se dio cuenta antes y se lo llevó?

—No lo creo. El camino por el que dicen haber venido es probablemente un pasaje que no se puede detectar fácilmente incluso desde este lado.

Siguieron buscando el camino sin perder la esperanza, pero al final no hubo resultados. Mientras tanto, la gente de la plaza comenzó a desaparecer una a una, y Rensley sintió que la densidad de la luz, que siempre era tenue, estaba cambiando.

Incluso en este lugar donde no hay sol, ni luna, ni atardecer, existe el paso del tiempo. La luz, que parecía una seda finamente tejida, se debilitó sutilmente perdiendo fuerza. Por alguna razón, Rensley también empezó a sentirse cansado.

—El flujo del tiempo en el inframundo varía según el sector. El tiempo aquí es controlado por el castillo real. Ahora es el tiempo del olvido. Cuando este tiempo pase, la gente volverá a obtener los recuerdos que necesite.

—Es una historia fascinante……. ¿Es algo como la noche?

—Por cierto…….

Ding—.

Antes de que Gisel terminara de hablar, sonó una campana. Todos en la plaza, incluido Rensley, miraron hacia donde provenía el sonido. Las expresiones de la gente se volvieron algo vacías.

—La plaza cerrará pronto……. Ya que no encontramos el camino, parece que tendremos que pasar el tiempo del olvido aquí antes de regresar.

—… ¿Eso significa pasar una noche afuera?

—No es una analogía exacta, pero es similar.

—¿Es-está bien hacer eso? Que el Gran Duque deje el castillo real por tanto tiempo.

—Dije que el flujo del tiempo es diferente en cada sector. El tiempo de olvido que pasamos en la plaza no afecta el flujo del castillo real. Primero debemos buscar un lugar donde descansar.

Era la misma historia: el inframundo, al igual que el Bosque del Lobo Blanco o la torre de Amín donde Rensley estuvo encerrado, era un mundo con un flujo de tiempo distinto. Era asombroso que incluso dentro del mismo inframundo el tiempo transcurriera de forma diferente para cada quien, pero no era algo que Rensley pudiera comprender profundamente.

Naturalmente, en una plaza llena de “viajeros”, también existen posadas. Al entrar en un alojamiento que tenía un letrero decente, un recepcionista bien vestido los saludó.

—Bienvenidos. ¿Son dos personas?

—Sí.

—¿Cuánto tiempo se quedarán?

—Ja…….

A Rensley se le escapó casi un “una noche” y cerró la boca de golpe. Como el tiempo en el inframundo no se divide en día y noche, podría causar confusión con otro error al hablar.

—Un ciclo.

Gisel continuó de inmediato. Mientras Rensley parpadeaba, el recepcionista comenzó a guiarlos con una sonrisa.

—Entendido. Síganme, por favor. Los llevaré a su habitación.

El pasillo estaba bastante limpio y ordenado, pero una posada seguía siendo una posada. Comparada con el castillo real, ya fuera bajo los estándares del inframundo o del mundo humano, era muy modesta, y no tenía el ambiente pulcro de las posadas de lujo donde suelen hospedarse los nobles. Aunque, ¿qué nobles vendrían a hospedarse en esta plaza?……

—Ahora mismo solo nos queda esta habitación, ¿está bien para ustedes? El precio es de 56 pinas.

Lo bueno era que podían usar la habitación solo los dos. Normalmente, las posadas suelen meter a varios clientes en una misma habitación, pero Gisel y Rensley fueron guiados a una habitación exclusivamente para ellos. Gisel respondió:

—Es suficiente.

—Entonces, descansen cómodamente.

En cuanto se cerró la puerta y los pasos del recepcionista se alejaron, Rensley se estiró y se quitó el abrigo.

—Estoy cansado de caminar todo el día buscando un camino que ni se ve. ¿Usted se encuentra bien?

Rensley, que pronto se quedó con ropa ligera, incluso se quitó los zapatos y se dejó caer en la cama. 

«Ah, siento que revivo». 

La comodidad de recostar el cuerpo cansado en una cama le arrancó una sonrisa incluso en el inframundo.

A diferencia de Rensley, que se desparramó nada más entrar, Gisel permanecía de pie, rígido, sin quitarse ni la capa. Rensley ladeó la cabeza.

—¿Qué le pasa? No se quede ahí parado y descanse también. Como estaremos atrapados aquí por un rato, podría dormir un poco.

Gisel miró a su alrededor y se sentó en el sofá que estaba a los pies de la cama. El sofá de la posada barata tenía patas cortas y era estrecho, por lo que parecía muy incómodo para Gisel, que tenía una complexión física más grande que el promedio.

—No necesito llegar al punto de dormir. Solo descansaré sentado un poco y luego nos moveremos de nuevo.

—No, teniendo una cama perfectamente bien, ¿por qué……?

Rensley, que murmuraba desconcertado, comprendió tardíamente la intención de Gisel y dejó la frase a medias.

No era solo el sofá. A diferencia de las camas del tamaño de un campo que usaban en Lautken o en el castillo real del inframundo, la de la posada tenía el tamaño justo para que cupieran dos personas. Con o sin recuerdos, era una cama humilde en la que Gisel Zibendad probablemente nunca se habría recostado.

Si fuera el Gran Duque de Oldenland, tal vez habría bromeado fingiendo desinterés mientras abrazaba el hombro de su consorte, diciendo que era mejor así por ser estrecha. Pero el Rey del Sector 3 del inframundo no querría recostarse junto a un intruso vulgar en una cama pequeña. Rensley soltó una risita burlona.

—No se preocupe y venga. No tengo intención de tocarlo.

—Quién demonios está preocupado por eso……

—Si no hay preocupación, con más razón no hay motivo para no entrar, ¿verdad? No creo que tenga miedo de no poder someterme a mí solo, ¿o acaso le da pavor que sus propios deseos se activen primero?

Era una provocación con una intención obvia, pero las palabras de Rensley parecieron herir con éxito el orgullo de Gisel.

En lugar de replicar, él se preparó para descansar al igual que Rensley. Quedó en camisa ligera y pantalones, y sin decir una palabra, levantó la manta y se acostó al lado de Rensley.

Al estar dos hombres corpulentos en una cama estrecha, era natural que sus hombros y brazos se rozaran. A través de la manga, se transmitía la rigidez de la tensión de Gisel. Con una expresión de quien solo va a descansar estrictamente, miraba fijamente al techo, luciendo como un virgen decidido a proteger su castidad.

Rensley reprimió la risa. Aunque ya le había confesado con todo detalle qué clase de relación tenían, ver a Gisel comportarse de forma tan inflexible, como si nunca antes se hubieran besado, resultaba tierno a su manera.

«No me burlaré».

Porque si hacía alguna broma innecesaria, tal vez él se marcharía de la habitación como la última vez…….

Rensley cerró la boca conscientemente, pero el silencio tampoco duró mucho. No parecía que fuera a quedarse dormido de inmediato, y había demasiadas cosas que necesitaba saber como para quedarse simplemente tumbado en silencio.

—… El bebé estará a salvo, ¿verdad?

Debido a que Gisel perdió la memoria, ni siquiera pudieron buscar el capullo que había desaparecido. Si sus recuerdos regresaran, seguramente podrían encontrarlo.

—Dijiste que aún no ha nacido.

—Se formó de una manera distinta a la de la gente común pero……. comparándolo, está en estado fetal.

—Entonces estará a salvo. Una vida que no ha nacido no es competencia del inframundo.

—¿Y qué pasa si ya nació aquí?

—El inframundo es un lugar donde solo existe la muerte. No hay vida que nazca en este lugar.

«¿Acaso no se puede morir aunque no se haya nacido?». 

Pero Rensley no quería ni siquiera pensar en eso.

Antes de que las cosas llegaran a este punto, ambos habían contemplado la posibilidad de que la vida dentro del capullo no lograra nacer y simplemente se extinguiera. Era algo triste, pero no hasta el punto de ser inaceptable. Sin embargo, al estar aquí y pensar en la muerte de ese pequeño ser que ni siquiera había nacido, Rensley sintió una emoción que finalmente estalló en su pecho.

Tal vez Gisel notó el estado de ánimo de Rensley, porque el hombre, que parecía dispuesto a guardar silencio para siempre si no se le hablaba primero, le dirigió una mirada de incomodidad.

—¿Cuál es el problema?

—No es nada. Solo……. Pensaba que he sido codicioso sin razón. Desde el mundo de los vivos.

—¿Codicioso?

—Como ambos somos hombres, normalmente no podríamos tener un hijo. No fue algo planeado, y la forma en que surgió fue casi un accidente, pero usted lo dijo una vez: que mis deseos y mi poder mágico se combinaron para crear este resultado. Lo que significa que, si no lo hubiera deseado, ni siquiera existiría. Todo porque yo, egoístamente, quise algo como un hijo.

El niño de su imaginación era como un sueño vago, dibujado con colores suaves y borrosos. Después de haber experimentado brevemente la versión infantil de Gisel, ese sueño incluso había cobrado una forma bastante concreta. Imaginaba a alguien tan lindo y adorable como el pequeño Gran Duque, un vínculo que haría la relación entre los dos más profunda y sólida.

Fue fruto de la ignorancia. Aunque aún no había criado a un niño, podía comprender, al menos en parte, que tener un hijo no era algo tan hermoso como un sueño. Tanto Rensley como Gisel habían sufrido en silencio durante meses frente a ese capullo que no mostraba cambio alguno. Y por si fuera poco, terminaron cayendo todos juntos al inframundo.

Si incluso con un ser que aún no ha nacido hay un mar de ansiedades, no hay forma de que sea menos después del nacimiento. En una vida que apenas lograba estabilizar tras superar toda clase de penurias, él mismo había creado una variable peligrosa.

—Bueno. Aun si fuera así, lo más probable es que sea una coincidencia.

—… ¿Usted cree?

—No creo mucho en el poder de los deseos. Para convertir un deseo en realidad, se necesita habilidad o suerte, o al menos una de las dos. Si dices que no fue intencionado, entonces que el niño se creará es, tal como dices, una mera coincidencia.

Gisel guardó silencio un momento antes de continuar.

—La mayoría de las leyendas y mitos que existen en el mundo humano describen la razón por la cual surgió la vida por primera vez. En la biblioteca de este lugar, hay libros que plantean teorías muy diferentes a las del mundo humano. Cada uno tiene un contenido distinto, pero al leerlos llegué a una conclusión: la razón por la que nace la vida es simplemente el azar.

—…….

—Si surgió un hijo entre tú y yo, eso también es solo azar. Los humanos, por naturaleza, desean que su propia existencia sea especial, así que quieren darle un significado también a sus hijos. Entiendo ese sentimiento, pero no habrá un motivo más preciso que ese. Así que no tienes por qué culparte innecesariamente.

Rensley se giró para quedar de lado frente a Gisel. Ante la mirada de soslayo de Gisel, que parecía algo incómodo, Rensley expresó sus sentimientos sinceros.

—Es increíble.

—¿El qué?

—Incluso sin sus recuerdos, usted sigue siendo usted. A primera vista parece un comentario muy frío, pero……. creo que eran las palabras que necesitaba escuchar. Al oír eso, mi corazón se siente un poco más aliviado.

Aunque no fuera su intención, las palabras de Gisel sonaron así para Rensley: que nada de lo que estaba pasando era su culpa.

Dado que no parecía que el Gisel actual hubiera dicho algo con la intención de consolar a Rensley, tal vez esto también era parte de la subjetividad de Rensley, que quería darle un significado a sus palabras.

—Gran Duque.

«No debería hacer esto».

Aunque había proclamado con seguridad que no lo tocaría, al sentir sus palabras como un consuelo, su determinación comenzó a desmoronarse lentamente. Qué bueno sería que Gisel lo abrazara fuerte ahora mismo. Si tan solo hiciera eso, sentía que realmente podría aliviar por completo el tormento de su corazón.

Gisel no respondió, pero Rensley se armó de valor para continuar.

—Gran Duque, ¿podría mirarme un momento?

—… ¿Qué es lo que quieres decir ahora?

Gisel giró la vista sin ocultar su fastidio. La cama era demasiado estrecha. Con solo un pequeño movimiento, se escuchaba el roce de sus mangas y el sonido de las mantas agitándose.

Rensley fijó la vista en el rostro frente a él. No percibía ese brillo familiar de afecto, pero tampoco eran unos ojos que albergaran odio o rechazo. La curiosidad del Gran Duque Gisel seguía abierta hacia Rensley Malosen.

—¿Podría abrazarme solo una vez?

—…….

—Ya que se tomó la molestia de consolarme, solo una vez. Si usted me abraza ahora, creo que mi corazón se sentirá inmensamente tranquilo.

—No es que te haya consolado específicamente……

—De todos modos, ya me abrazó en el castillo durante el día. Solo cierre los ojos y hágalo una vez.

—No es que te haya abrazado específicamente……

—Ah, no sea tan tacaño.

—Para alguien ligero como tú no será nada, pero……

Gisel, con el cuerpo girado de lado, simplemente permanecía recostado de forma torpe, sin saber qué hacer.

Si le hubiera resultado desagradable, se habría marchado hace tiempo. Al verlo seguir allí acostado a su lado, no parecía que estuviera ofendido, entonces, ¿por qué dudaba tanto? Rensley, con la paciencia agotada, terminó por presionarlo primero.

—¿Por qué lo piensa tanto?

Solo le había pedido un abrazo para intentar calmar sus sentimientos. Como él mismo decía, un simple abrazo; ¿acaso no lo había hecho incluso con Amín, que era casi como un enemigo? Tras una larga vacilación, Gisel habló con voz pesada.

—… Para mi yo actual, resulta difícil de creer.

—¿Qué cosa?

—Aun así, no hay necesidad de seguir avivando el fuego. Para ti también sería un problema si yo perdiera el control, ¿no?

—¿Perder el control? ¿Cómo?

Gisel tenía una expresión de profunda vergüenza, como si no pudiera pronunciarlo con su propia boca. Perder el control. Era una frase que no encajaba en absoluto con alguien tan estricto consigo mismo como él.

—¿No me lo dijiste tú mismo? Que yo… te até a la fuerza……

—… ¿Eh?

—Es tan desvergonzado que ni siquiera quiero mencionarlo más.

Se incorporó de golpe y, sacudiendo la cabeza como si hubiera tomado una mala decisión, intentó salir de la cama. Rensley se apresuró a sujetarlo por la cintura.

—¡Espere! ¡Espere un momento! Un momento, Gran Duque.

—Iré a descansar a otra habitación. Cuando el tiempo del olvido termine, sal a la entrada de la posada.

—Dijeron que no quedaban más habitaciones. Usted lo escuchó hace un rato.

Rensley pensó que Gisel lo evitaba constantemente porque, al haber perdido la memoria, lo despreciaba.

Cielos. Pensar que se había tomado tan en serio lo que él dijo en broma. Sin embargo, considerando su personalidad seria en todo, no era de extrañar. Le había gastado una broma excesiva a alguien que ni siquiera tenía sus recuerdos.

—Es un malentendido. ¡No es que haya mentido, pero en ese entonces había una razón para ello! Y lo de llamarlo tirano fue una simple analogía. Si digo que es un tirano solo en la cama, ¿no es obvio lo que significa? ¡Entre amantes, puede ser incluso un cumplido!

Rensley se apresuró a defenderse. Sin embargo, Gisel no retiró su mirada de sospecha.

—Usted nunca me tomó por la fuerza ni se comportó de manera amenazante. Siempre fue atento y siempre respetó mis deseos. Solo que en esa ocasión……. yo me encapriché e intenté forzar el acto sexual, y como esa parte de usted es tan grande, mi entrada se desgarró y se me hinchó todo ahí abajo. ¡Como yo me negaba a recibir tratamiento por la vergüenza, no le quedó más remedio que atarme! Eso fue todo.

—No hace falta que lo expliques con tanto detalle. Suéltame de una vez. Hablaremos luego.

—¡No quiero! ¿Qué tiempo tenemos nosotros para ir aclarando malentendidos poco a poco? ¡Con lo largo que es el camino que nos queda por recorrer!

Apretó con más fuerza los brazos que rodeaban su cintura. Sin rendirse ante la mirada de apuro que recibía, Rensley lo miró de frente y le suplicó con fervor.

—Gran Duque, no se vaya……. Esto no es el mundo humano y todo está lleno de cosas extrañas. Me da miedo estar solo.

No era una mentira total. Este era el mundo de la muerte. Junto a Gisel podía armarse de valor, pero no tenía la menor intención de pasar el tiempo conteniendo el aliento a solas en un lugar que ni siquiera era el dominio de él.

—Por favor.

Gisel soltó un breve suspiro de resignación y finalmente volvió a sentarse en la cama. Rensley no se dio por satisfecho con eso.

—Ya que se va a quedar, acuéstese cómodamente. Aquí, aquí, ahora yo me pegaré bien al borde de la cama.

Rensley se movió rápidamente para pegarse al borde. Una vez que se creó un espacio más o menos amplio en la estrecha cama, Gisel suspiró repetidamente y se recostó como si no pudiera ganarle.

Incluso después de acostarse, miraba a Rensley con ojos de desaprobación. Su expresión indicaba que no le resultaba cómodo ver a Rensley encogido en un lugar tan precario que parecía que se iba a caer en cualquier momento.

—Ya está bien, así que descansa tranquilo. No me iré.

—¿De verdad?

Tras confirmar, Rensley se acercó poco a poco al lado de Gisel. Cuando se acercó tanto que sus cabezas compartían la misma almohada, Gisel volvió a sobresaltarse mostrando incomodidad, pero ya no regañó más a Rensley.

«Ah, esto me trae recuerdos». 

Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Rensley.

—Al principio, usted también dormía así conmigo.

—…….

—Poco después de llegar a Oldenland, hubo una gran tormenta con truenos y relámpagos. Como yo les tengo miedo a los truenos……. usted durmió conmigo en la misma cama por primera vez. Aunque hasta ese momento, ni siquiera había pasado por mi habitación ni una vez.

Daba la casualidad de que ese día Rensley se había escapado de su habitación a escondidas para disfrutar de un paseo. Al descubrirlo entrando por la ventana, empapado por la lluvia, la expresión de asombro de Gisel Zibendad aún estaba grabada vívidamente en su memoria. Era la primera vez que veía una cara de desconcierto así en el siempre solemne Gran Duque.

—… Aunque escuche esas historias, no recuerdo nada.

—Lo sé. ¿Pero no era eso lo que quería saber? Por eso decidió mantenerme a su lado en lugar de enviarme a la prisión. Porque tenía curiosidad por las historias del mundo humano. Casi que es mejor así. En el castillo no tuvimos tiempo de hablar largo y tendido, pero ahora que tenemos un respiro, le explicaré lo que sea.

Antes de que Gisel pudiera lanzar una pregunta, Rensley comenzó su relato. Tenía un sinfín de cosas que decir. Qué clase de país era Oldenland, cómo se conocieron, que Gisel tiene una prima hermana que a estas alturas debe estar esperando su regreso con ansias, que la cocinera del palacio es alguien con una personalidad muy fuerte, por lo que Rensley a veces preparaba refrigerios o comidas.

Las amabilidades que él le brindó, el haberlo recomendado como caballero y el haberle construido un invernadero; a pesar de todo eso, el momento en que decidió desaparecer al juzgar que era difícil estar a su lado; el haber recibido la propuesta de matrimonio para convertirse en su consorte al reencontrarse; la capital imperial a la que fueron juntos, las otras dificultades que pasaron allí, y el motivo por el cual empezó a desear tener un hijo…….

Haciendo honor a lo opuesto del nombre “tiempo del olvido”, Rensley fue repasando uno a uno los sucesos que habían ocurrido entre los dos. Era común que ambos hablaran de cosas pasadas, pero era la primera vez que pasaban el tiempo recordando su historia de principio a fin. De alguna manera, su corazón latía con fuerza.

—No solo yo, todos en Oldenland lo están esperando. Quiero llevar al niño y regresar pronto. No sabe cuánto se alegrarán todos…….

La voz de Rensley se fue apagando.

Gisel era quien había mantenido a Rensley a su lado por ese “deseo de saber”. Al encontrarse por primera vez al llegar aquí, él había mostrado curiosidad hacia el Rensley que conocía las historias del mundo humano. Y más aún desde que detectó la contradicción de que se le estaba ocultando algo en el inframundo.

Sin embargo, por alguna razón, durante todo el largo relato, Gisel no hizo ni una sola pregunta. Se limitó a escuchar con atención las memorias de Rensley, manteniendo un silencio brusco.

—¿Le aburrí? Tal vez conté demasiado de golpe.

—… No. Fue interesante.

—¿Entonces hubo algo que no le gustara? Es posible. Después de todo, nuestra relación no siempre ha sido perfecta y fluida. Si lo piensa, ahora mismo estamos en una de esas etapas.

Gisel miró al techo en silencio y luego, muy lentamente, abrió la boca.

—No siento que esa persona de la que hablas sea yo.

—…….

—Por lo tanto, tampoco me surge mucho deseo de recuperar mis recuerdos.

—Gran Duque.

—Estoy muy satisfecho con mi vida aquí. En la biblioteca del sector que administro no solo hay registros de los difuntos, sino que están reunidos toda clase de libros del universo. Teorías cuya existencia ni siquiera se conocería en el mundo humano, aquí se pueden acceder fácilmente. Al pasar el tiempo sentado allí……. nada perturba mi mente. Siempre he pensado que ese momento es la felicidad.

Rensley se quedó sin palabras. Un tiempo a solas, lleno de libros y paz……. Cómo no iba a entenderlo. Rensley sabía muy bien cuánto amaba él esos momentos.

Gisel Zibendad, como Gran Duque de Oldenland, solo podía saborear esa tranquilidad en el tiempo que le sobraba tras cumplir con sus deberes como gobernante. Aquí, podría pasar mucho más tiempo de la forma que amaba. Si no tiene recuerdos del mundo humano, para él sería difícil encontrar un motivo para dejar esta vida cómoda y satisfactoria y regresar.

¿Qué debía hacer? No encontraba las palabras para arrastrarlo lejos de este mundo que, por encima de todo, le hacía sentir “felicidad”.

【—¿Acaso hay necesidad de vivir con dificultad en el mundo de los vivos? Este lugar es así de pacífico y hermoso. 】

Recordó las palabras del Lobo Blanco que escuchó hace mucho tiempo. En aquel entonces, Rensley Malosen pensó que “eso es bueno cuando es de vez en cuando, pero que no se puede vivir estando siempre solo, en paz y en silencio porque sería solitario y aburrido”. Pero para alguien como Gisel, eso podría ser la verdadera felicidad.

—Hay una felicidad mayor de la que conoce ahora, Gran Duque.

—…….

—Puedo jurarlo. Desde que nosotros dos nos conocimos, tanto usted como yo hemos disfrutado de una felicidad que no se puede comparar con la de antes. No es que no hayamos tenido momentos difíciles, pero ahora que lo pienso, incluso esos momentos fueron felices.

Era una persuasión vacía. Gisel tenía una expresión de no entender.

Era natural. Para el propio Rensley, hasta antes de conocer a Gisel, el amor de otros era simplemente asunto ajeno, sin importar cuánto se adornara con palabras hermosas. La felicidad que se obtiene al enamorarse de alguien es algo que, por mucho que se explique, no se puede comprender del todo hasta que se experimenta personalmente.

Por más que suplicara con desesperación, no llegaba a él. No tenía sentido. Rensley, que miraba a Gisel con la mente en blanco, se incorporó de un salto. Antes de que Gisel pudiera hacer nada, se sentó sobre su abdomen y miró hacia abajo, fijamente, a su rostro desconcertado.

Gisel no cuestionó a Rensley ni le preguntó qué estaba haciendo, simplemente le devolvió la mirada. Las cejas de Rensley, que estaban caídas por la tristeza, comenzaron a arquearse como si estuviera enojado.

Sí, estaba enojado. Su cabeza lo entendía, pero en realidad su corazón no había podido aceptarlo desde el principio hasta ahora.

«No importa la razón. Que usted me olvide. Usted, que tanto me amó.»

—… Hágase responsable.

—¿Responsable?

—Yo rechacé la petición de su Alteza de convertirme en su consorte. Pensé que alguien como yo, de origen ilegítimo, con cuerpo de hombre y sin ninguna base política, no podía asumir un cargo tan importante. Incluso huí del palacio una vez.

—…….

—La persona que me retuvo hasta el final fue usted. Así que hágase responsable. ¡Tenga o no recuerdos, le guste o no, hágase responsable de la vida que usted cambió para mí!

No le importaba si era un capricho. Si lo pensaba bien, desde el principio él se le había acercado siempre insistiendo y siendo terco.

Rensley Malosen, que le gritaba que se hiciera responsable, era en realidad alguien sumamente irresponsable. Arrebató su primer beso por voluntad propia, convenció a quien decía que no debían cruzar la línea para finalmente unir sus cuerpos, e intentó marcharse de su lado primero. Lanzó promesas vacías de que cocinaría con tomates varias veces y al final no pudo cumplir su promesa y desapareció.

«Pero usted no es esa clase de persona. Usted es quien me dio un lugar por primera vez cuando no lo tenía en ninguna parte».

Gisel no apartó a Rensley, que se acercaba cada vez más. Sus labios se tocaron. Sobre el rostro de Gisel, que permanecía rígido y recostado, Rensley frotaba sus propios labios y mejillas mientras, sin darse cuenta, comenzaba a sollozar.

Un suspiro bajo escapó de entre los labios que estaban cerrados. Una mano que subió ligeramente, sin ejercer peso, acarició lentamente la espalda de Rensley. Parecía que las lágrimas de Rensley, aunque no lograron que el afecto regresara, al menos habían despertado algo de compasión.

No esperaba terminar en esta situación, pero por ahora, incluso la compasión estaba bien. Rensley volvió a besarlo una vez más. Sosteniendo ambas mejillas, cuando unió sus labios varias veces esperando que él le correspondiera.

—La persona que deseas no soy yo, ¿verdad?

Ante la repentina pregunta de Gisel, Rensley levantó la cabeza desconcertado.

—… ¿Eh?

—El yo de ahora no es el Gran Duque que tanto buscas. Puede que el yo que ves sea igual al de antes, pero a mis ojos, tú……

La expresión de Gisel, que dudaba antes de terminar la frase, se volvió algo hosca.

—No eres más que un tipo que está pegado a mi lado hablando solo de otro hombre.

—…….

—No tienes ningún interés en mi yo actual.

Rensley parpadeó con los ojos aún húmedos por las lágrimas.

«¿Qué está diciendo este hombre ahora? Si no me equivoco, ese tono de voz es como……».

—Entiendo la historia, pero no quiero besar a alguien que no tiene interés en mí.

—¡… No es eso, Gran Duque! ¡¿Cómo que no tengo interés?! ¡Eso es imposible!

—Desde que te conocí, solo he escuchado historias sobre cómo era yo en el mundo humano.

—Eso fue solo porque quería que recuperara sus recuerdos pronto……. Además, usted mismo me mantuvo a su lado porque tenía curiosidad por eso desde el principio. Yo solo quería satisfacer su duda rápidamente.

—¿Entonces, Rensley Malosen, qué hay de ti?

Gisel volvió a preguntar.

—¿No tienes curiosidad por mi yo actual?

—…….

—No preguntaste nada. Solo hablaste sin parar sobre el hombre llamado Gisel Zibendad que tú conoces. Al principio fue ciertamente interesante, pero……

Rensley no dejó pasar el hecho de que un sentimiento familiar cruzó esos ojos color ámbar.

—Ahora es un poco molesto, por así decirlo.

Eso era, definitivamente, celos.

Ese sentimiento que normalmente nunca aparecería en la superficie del frío Gran Duque, pero que a menudo mostraba sin ocultarlo frente a Rensley.

Pero, ¿por qué ahora? La razón por la que el gélido Gran Duque de los rumores solía expresar emociones tan crudas era porque amaba a Rensley. Rensley, conociendo ese afecto, simplemente aceptaba el deseo de posesión que lo acompañaba; nunca lo consideró una amenaza ni le tuvo miedo.

No podía ser amor, ni tampoco afectó todavía. Sin embargo, estaba claro que era un sentimiento que surgía porque el Gisel actual ya no podía pasar por alto a Rensley Malosen.

—Si eso le disgusta…….

Si por alguna razón sentimientos distintos al desprecio o la indiferencia comenzaban a brotar en su corazón, no tenía más opción que aferrarse a ellos.

—Intente que vuelva a enamorarme de su Alteza, tal como es ahora.

Rensley presenció claramente cómo una chispa de competitividad nacía en lo profundo de las pupilas de Gisel. Ya fueran celos, afán de victoria o cualquier otra cosa, todo estaba bien. Siempre y cuando pudiera cambiar esta situación.

Rensley volvió a inclinar la cabeza. Gisel, que parecía no querer seguir actuando como si esto fuera un asunto ajeno, comenzó a acariciarle la espalda desde el principio. Mientras lo hacía, mantenía la boca firmemente cerrada, dejando en duda si aceptaría o no el beso de Rensley. Finalmente, Rensley habló primero.

—Gran Duque……. abra un poco la boca, por favor.

—… ¿Por qué debería hacerlo?

—Eso es porque…….

Rensley añadió la explicación con cautela.

—Quiero… meter mi lengua.

—¿La lengua?

Gisel habló como si no entendiera el motivo. Frunció levemente el entrecejo y continuó.

—Si hacemos eso, nuestras caras quedarán completamente pegadas……. ¿No estorbaran nuestras narices?

Rensley se quedó sin palabras y no pudo responder de inmediato. Una emoción difícil de distinguir entre la ira y la tristeza subió ardiente desde su pecho hasta su garganta.

—Que sea exactamente el mismo y aun así no me ame……. es demasiado cruel.

Gisel pareció querer preguntar a qué se refería, pero Rensley no explicó más. Tal como hizo hace mucho tiempo en el establo, ladeó el rostro para evitar el puente alto de su nariz y acercó sus labios. Aunque vacilante, Gisel también abrió la boca.

Después de mucho tiempo, los labios de ambos se superpusieron profundamente. Rensley se adentró en la boca de Gisel sin dudarlo. Tal como aquella primera vez, la lengua tensa de Gisel estaba rígida.

Esta vez tampoco tuvo prisa. El solo hecho de unir sus labios le traía tantos recuerdos que no tenía motivos para desesperarse. Succionó lentamente esa torpe masa de carne que, a diferencia de su rostro gélido, no podía ocultar sus verdaderos sentimientos, y lamió la suave carne del interior de sus labios. Finalmente, exploró meticulosamente el cuerpo que volvía a tener entre sus brazos.

Había dicho que en el inframundo existía el concepto de cuerpo físico porque era necesaria la frontera entre el placer y el dolor. Tenía razón. El beso con su pareja después de casi un mes era tan dulce como una fruta irrepetible. Sus labios suaves y húmedos, y el aliento que rozaba su piel, no se diferenciaban en nada del Gisel que conocía, hasta el punto de hacerlo dudar de la frontera entre la vida y la muerte.

A diferencia de los recuerdos que desaparecieron sin forma, el cuerpo físico existía incluso en el mundo de la muerte. Cuando estuvo a punto de consumar su unión con Gisel por primera vez, Rensley sostuvo que, aunque el corazón humano fuera eterno, el cuerpo era finito, por lo que debía hacer lo que quisiera en ese momento. Quizás fue la miopía de un humano que desconocía el mundo más allá de la frontera.

—Mm, ah…….

Entre los labios que se unían profundamente y luego se alejaban poco a poco, escapaban gemidos húmedos. Entre ellos, el beso era un contacto que ocurría tan naturalmente como respirar. Sentía como si le hubieran arrebatado el aliento y lo hubiera recuperado. Rensley se sumergió perdidamente en ese beso después de tanto tiempo.

La mano de Gisel, que antes solo acariciaba su espalda vagamente, ahora sujetaba la cintura de Rensley con bastante fuerza. La lengua dentro de su boca, que estaba totalmente tiesa, comenzó a moverse poco a poco siguiendo a Rensley, y pronto aprendió a frotar primero las mucosas y el interior de la lengua de él.

—Ah, mgh, haa.

Su respiración se aceleró rápidamente. La técnica del beso no era lo importante. El hecho de que Gisel Zibendad deseara su cuerpo a pesar de haber perdido todos sus recuerdos era el mejor estimulante para Rensley.

Pronto, el calor subió por todo su cuerpo y, naturalmente, sintió una pesadez en el bajo vientre. Mientras frotaba lentamente su entrepierna contra la parte inferior de Gisel sin darse cuenta, Rensley ni siquiera era consciente de cómo se estaba moviendo. Hasta que las manos de Gisel sujetaron con firmeza ambas mejillas de Rensley.

Rensley miró a Gisel mientras intentaba recuperar el aliento. Su rostro enrojecido por estar sumergido en el beso podría parecerle estúpido a él en este momento. Gisel miró a Rensley con una expresión de esfuerzo, como si estuviera conteniendo algo, y murmuró como un lamento:

—Realmente… eres ligero.

Ante el repentino señalamiento, Rensley no pudo responder nada al principio, pero fue solo por un momento. Gisel se incorporó y terminó acostando a Rensley, quien hasta entonces había estado encima de él. Las posiciones de ambos se invirtieron.

Una risita escapó de los labios de Rensley mientras parpadeaba. Sentía que por fin entendía el significado oculto de la palabra “ligero” que Gisel soltaba a menudo desde el castillo real.

¿Acaso ese reproche de ser “ligero” tenía un significado similar a la metáfora de ser un tirano en la cama?

—Parece que todavía no puede creer que alguien como yo sea su pareja.

Gisel tuvo el impulso de incorporarse y acostar a Rensley, pero se quedó con el rostro endurecido sin decidir su siguiente acción. Rensley comenzó a quitarse la ropa mientras estaba acostado. Frente a un Gisel que aún no se había quitado ni la camisa, él mostró su desnudez con serenidad y continuó:

—Bueno, no importa. Después de todo, su Excelencia siempre fue alguien cuyo cuerpo era honesto aunque su boca dijera que no.

Rensley deslizó su mano bajo la prenda superior de Gisel. Antes de acostarse en la cama, ambos se habían quitado las capas y abrigos. No fue difícil tocar su piel, ya que vestía una ropa sencilla que no se diferenciaba mucho de la de un trabajador.

Aquí no hay obligación de entrenar el cuerpo, ni una consorte que le insista en salir a caminar. Probablemente se la pasó encerrado en la biblioteca todo el día, pero su cuerpo, que debía ser una recreación del mundo humano, no se sentía diferente al de antes de separarse.

—Mm.

Cuando la mano de Rensley acarició su piel desnuda, Gisel gimió como si estuviera desconcertado. 

«Maldición.» 

Ante esa voz corta y grave, Rensley se excitó de verdad.

Tenía que admitirlo. En esta situación que volvía a enfrentar después de tanto tiempo, su cuerpo estaba definitivamente ansioso.

En las incontables noches que se repitieron, había recibido los toques de Gisel tantas veces que casi los memorizó. Su cuerpo recordaba vívidamente el placer que él le otorgaba sin cesar.

Normalmente, aquí Gisel habría comenzado a besarle todo el cuerpo, de la cabeza a los pies. Para que el cuerpo de Rensley, empapado por esa lluvia de besos, se volviera tan sensible que temblara ante un solo roce de su mano. Hasta que su entrada, que se contraía sin haber tragado nada, finalmente palpitara y él llorara pidiendo que hiciera algo.

—Gran Duque, por favor…….

Su voz tembló ligeramente. Él ni siquiera entendería qué quería decir con eso, pero Rensley acarició su piel desnuda con más profundidad y susurró mientras frotaba su rostro contra su pecho firme.

Si fuera el de siempre, habría aceptado con gusto esa voz que le suplicaba que lo tomara, y habría abrazado a Rensley con una actitud ruda que era difícil de encontrar fuera de la cama. Habría presionado su cuerpo desnudo y ardiente hasta invadir lo más profundo de su ser. Sin prisas, aumentando la sed de Rensley.

Pero el Gisel de ahora estaba en el mismo estado que cuando se conocieron por primera vez. Él, que no tenía conocimientos sobre las relaciones entre hombres, solo acariciaba su piel como si imitara a Rensley, y no parecía tener intención de avanzar más.

—Haa, mgh.

La impaciencia solo aceleraba su respiración. Rensley susurró con un tono de queja:

—Gran Duque, si seguimos así, tendremos que salir de la posada después de habernos acariciado solo el uno al otro.

—… ¿No bastaría con que tú me enseñes el método?

Rensley, que respondió con una sonrisa al brusco comentario de Gisel, decidió seguir dócilmente su petición. Un sentimiento impuro que podría llamarse deseo de conquista también asomó tímidamente la cabeza. Le entraron ganas de ver a ese hombre, que se había vuelto frío por haber perdido la memoria, entregarse de nuevo a él con pasión.

—Béseme el cuello, por favor.

Ante la petición de Rensley, Gisel vaciló un momento y luego bajó la cabeza. Parecía pensar que un beso consistía únicamente en unir labios con labios. Pero una vez que unió sus labios al cuello, comenzó a acariciarlo por instinto aunque no se le hubiera enseñado.

Rozaba suavemente la piel delicada con sus labios y luego usaba sus dientes para rasparla sin lastimarlo. Un placer similar a las cosquillas fue aumentando el calor poco a poco. Desde el cuello hasta la parte sensible bajo la mandíbula, la clavícula y bajo la oreja……. Los besos delicados que estimulaban cada rincón sin perderse ninguno se prolongaron largamente.

—Ah, ahh, haa…….

Cuando el tono de dulzura se filtró en los gemidos de Rensley, que se quejaba como si sufriera, las caricias de Gisel se volvieron más audaces. Rensley continuó:

—Las orejas… y el pecho también…….

Aunque Gisel no paraba de refunfuñar, en ese momento no dijo ni una palabra. Los labios que acariciaban el cuello envolvieron el lóbulo de la oreja y, para cuando la voz de Rensley se hizo más alta, se deslizaron hacia abajo para lamerle el pecho. Ahora parecía que él mismo continuaría con los preliminares aunque lo dejara solo, pero Rensley exigió con el rostro enrojecido:

—Succione mis pezones… por favor…….

Ante esas palabras, quien soltó un suspiro excitado fue Gisel.

Parecía que había dicho la frase más ligera de todas hasta ahora, pero esta vez no recibió ningún reproche. Por el contrario, Gisel pareció intentar calmar su excitación creciente inflando y desinflando sus hombros con una gran bocanada de aire.

—Mgh, ah……!

Al momento siguiente, unió sus labios al pezón de Rensley. Aunque solo le había pedido que succionara, él lamía la pequeña protuberancia con la lengua y a veces la mordía, succionando usando la presión y acariciando el cuerpo de Rensley, que se agitaba cada vez, como si lo estuviera observando.

No tendría por qué seguir atormentando solo ese lugar solo porque le pidió que succionara el pezón, pero él no parecía tener intención de alejarse de esa zona, como alguien poseído por algo.

—Ah, mgh, Gran Duque, basta, ya……. está bien, haa, ah.

Incluso si era algo torpe, era difícil soportar una caricia que buscaba con tanta insistencia un solo lugar. Cuando el placer iniciado cerca del pecho comenzó a extenderse por todo su cuerpo con un hormigueo, Rensley finalmente se rindió.

La acción de Gisel ahora era definitivamente la de un principiante, pero el cuerpo de Rensley, que había sido entrenado por él durante mucho tiempo, podía llegar al clímax solo por el hecho de que sus pezones fueran atormentados. No quería eyacular primero frente a un Gisel que era casi un novato, cuando aún ni siquiera habían empezado formalmente.

Sin embargo, el desconfiado Gisel Zibendad no creyó fácilmente las palabras de Rensley de que se detuviera.

—No puedo distinguir… si lo dices en serio o no.

Cuestionó su verdadera intención mientras mordía ligeramente el pezón enrojecido e hinchado. 

Hah, soltó un aliento agitado y el placer mezclado con un leve dolor bajó como una descarga eléctrica hasta su bajo vientre. Sus músculos abdominales se estremecieron, revelando por completo el gozo que sentía.

—¿Y aun así quieres que me detenga?

Incluso para unos ojos que desconocían el acto sexual, la reacción de Rensley no parecía ser otra cosa más que éxtasis. Sus labios se pegaron con más insistencia. Ante las caricias que casi aplastaban el fruto maduro, Rensley apretó los dientes y sacudió la cabeza.

—Mgh, ah, de verdad basta……! Ah, si lo hace por tanto tiempo, duele…….

Gisel, que ignoraba la petición de detenerse, se sobresaltó ante la palabra “duele” y dejó de hacer lo que estaba haciendo. 

«Esto tampoco ha cambiado». 

Aunque jadeaba, Rensley sonrió levemente por la alegría de reconocer ese gesto.

No parecía creer del todo que le doliera, pero no fue terco. Gisel, que finalmente soltó el pezón teñido de rojo, recorrió todo su cuerpo tocando con sus labios y manos la cintura, el abdomen y hasta la pelvis. Como si estuviera reconociendo el cuerpo de Rensley para trazar un mapa en su mente.

Solo después de dejar a Rensley completamente agotado, Gisel enderezó su cintura. Miró el cuerpo que jadeaba como si lo acabaran de sacar del agua, como si fuera un trofeo, y levantó la comisura de sus labios de forma sarcástica.

—Parece que tú también eres de los que dicen que no solo de boca.

—… De verdad su personalidad… haa, se ha vuelto mala…….

Rensley miró hacia su entrepierna. La mirada de Gisel también lo siguió naturalmente. Mientras recibía las caricias de Gisel, su miembro rojo se había levantado firmemente por completo y un líquido transparente se asomaba por la punta del glande. Ante la escena que revelaba su lujuria de forma cruda, el contorno de los ojos de Gisel también se enrojeció un poco.

No tenía intención de apresurarse, pero al calentarse su cuerpo, su mente también se impacientó. Rensley, sin dar más explicaciones, llevó su mano entre sus nalgas y abrió su entrepierna. El orificio que estaba oculto entre las colinas asomó ligeramente. Rensley explicó tanteando la ubicación con su dedo:

—Las mujeres tienen una puerta por aquí para recibir el miembro masculino pero……. los hombres con los hombres debemos usar este lugar.

—Usar…….

—Ya sabe lo que hay que meter, ¿verdad?

Rensley estiró su mano y acarició la entrepierna de Gisel. Su miembro todavía estaba oculto dentro de sus pantalones, ya que no se había quitado toda la ropa.

Aunque solo lo rozó muy ligeramente, el tacto que sintió en la punta de sus dedos era firme. La forma de tener relaciones sexuales no pertenece a los recuerdos personales, sino al conocimiento universal. Parecía haber olvidado la forma entre personas del mismo sexo, pero Gisel soltó un quejido de apuro como si no desconociera la unión que ocurre entre hombre y mujer.

—Se lo dije hace rato. Que al principio, como no sabía nada, dolió mucho porque metió su cosa enorme de golpe.

Rensley sujetó la mano de Gisel que estaba totalmente tiesa.

—Así que debe empezar metiendo los dedos para relajarme.

—…….

—Por supuesto, podría hacerlo yo mismo pero……. era algo que a su Excelencia le gustaba mucho hacer.

«… Ya que me he vuelto un ser ligero, ¿por qué no ser un poco más irrespetuoso hoy?».

Rensley, que estaba acostado, deslizó su cuerpo sobre la cama hasta llevar su rostro justo cerca de la entrepierna de Gisel. Gisel, que estaba tieso como una estatua, se sobresaltó y frunció el entrecejo.

—¿Qué estás haciendo?

—Incluso para relajar con la mano, se necesita algo como aceite perfumado……. porque el cuerpo de un hombre no se moja por sí solo aunque se excite.

Estiró la mano y bajó la pretina del pantalón de Gisel. El objeto que estaba oculto en el interior mostró su rostro de inmediato. Esa cosa pesada rebotó una vez al rozar con la ropa que se quitaba y luego se inclinó ligeramente hacia un lado al no poder con su propio peso.

Al revelarse el deseo oculto bajo la ropa, Gisel pareció perder el margen para seguir fingiendo indiferencia y cerró los ojos soltando un gemido. El calor que él emanaba rozó de golpe cerca de su rostro. Rensley sujetó el pilar de carne con su mano y lo acarició suavemente como si calmara a un animal pequeño.

—No se asuste.

Aunque le explicara largamente lo que iba a hacer, Gisel probablemente diría que no puede y retiraría su cuerpo o frunciría el rostro como si hubiera escuchado algo obsceno.

Tan pronto como terminó de hablar, Rensley mordió con sus labios el miembro que tenía en su mano, específicamente cerca del glande.

—¿Mmm?

Efectivamente, Gisel gimió como si estuviera sorprendido y su cuerpo se estremeció. Rensley sintió cerca de sus mejillas cómo se aplicaba aún más fuerza en sus muslos firmes.

A pesar de la sorpresa, Gisel no huyó. Al fin y al cabo, ¿qué otra acción estimularía tanto su curiosidad como esta?

Aquella cosa gruesa y larga como un poste fue tragada de golpe por la boca de Rensley y luego volvió a salir deslizándose. Era imposible tragarlo adecuadamente en esa posición, pero no importaba. El sexo oral, que experimentaba por primera vez en su vida, era suficiente para excitar a Gisel Zibendad aunque fuera imperfecto.

—Haa, qué es esto, ah.

Su voz ardiente, igual a la de siempre de su pareja que solía ser fría, su expresión que temblaba desconcertada por la lujuria creciente, y su cintura que intentaba no hacerlo pero se movía y temblaba por sí sola.

«… Es lindo».

Aunque aguantaba manteniendo su orgullo, verlo a punto de derrumbarse finalmente hizo que los latidos del corazón de Rensley también se aceleraran. No esperaba volver a ver su faceta torpe. Al hombre que hace un momento presumía tras haberle quitado todas las fuerzas, le llegaba de nuevo la oportunidad de tomar la ventaja.

Cuando el siempre cortés Gisel Zibendad no puede vencer al deseo y trata a su pareja con algo de rudeza, y también cuando Rensley Malosen, quien siempre guarda un profundo respeto en su corazón, lo trata ligeramente como si estuviera por debajo de él al menos en la cama, cuando el equilibrio habitual se rompe, la lujuria que estaba estancada sobre él se desborda aún más.

Como ya tenía algo de experiencia acumulada, Gisel, que no sabía qué hacer por el apuro, le parecía simplemente tierno. A medida que él se avergonzaba, la vergüenza de Rensley parecía desvanecerse proporcionalmente. El movimiento de la cabeza de Rensley, que mordía el miembro, se volvió cada vez más activo. Cuando comenzó a estimular lo de Gisel de forma descarada usando incluso la lengua.

—Haa, ah.

—¿Mgh?

Parece que ese movimiento impulsó adecuadamente a Gisel. Gisel, que solo estaba con el rostro enrojecido por el desconcierto, de repente comenzó a mover la cintura por sí mismo.

El enorme miembro comenzó a moverse cobrando velocidad de repente. Esa cosa más tosca que cualquier mordaza iba y venía dentro de su boca hasta rozar cerca de su garganta, frotando la mucosa delicada, de modo que no hubo forma de resistir. El sufrimiento de sentir que el aliento se le cortaba y el placer que daba la fricción íntima asaltaron a Rensley alternadamente.

—¡Mgh! ¡Mgh, ah!

La forma que llenaba su boca se volvía cada vez más clara. Cada vez que el interior ardiente de su boca era frotado por el pilar de carne abultado, la cintura de Rensley también saltaba un poco. Su cabeza se calentó y las lágrimas brotaron por sí solas.

Cuando Rensley, quien lideraba la situación, comenzó a gemir y temblar sin remedio, Gisel pareció estimularse aún más y no detuvo el movimiento de su cintura. Ante el cambio repentino de la situación, Rensley no sabía qué hacer y se retorcía jadeando.

Incluso sin eso, el deseo que estaba a punto de desbordarse pidió rápidamente ser expulsado. Le entró la terquedad de no querer eyacular primero al menos hoy. Rensley aguantó la sensación de eyaculación cruzando las piernas. Pero el límite no estaba lejos.

«A escondidas, puedo hacerlo a escondidas…….».

Como tenía el rostro recostado cerca de la zona de Gisel, la parte inferior de su cuerpo estaba fuera de su campo de visión. Rensley deslizó su mano hacia su entrepierna, sujetó lo suyo y comenzó a agitarlo.

El masturbarse a escondidas mientras recibía lo de Gisel en su boca era tanto más emocionante cuanto mayor era el tamaño de la vergüenza que mantenía enterrada. Ante los movimientos bruscos de su mano, la sensación de eyaculación subió rápidamente. Rensley detuvo la mano que movía y su cuerpo se estremeció ante un placer mayor de lo que esperaba.

El problema fue lo que siguió. Gisel, que estaba sumergido en el sexo oral con Rensley mientras agitaba incluso su cintura, pensó que ese temblor se debía a otra razón, se asustó de repente y retiró su cuerpo.

—¿Estás bien?

—Fuh, ¡ah!

En cuanto lo que llenaba su boca salió de repente, soltó un gran suspiro. Rensley, sin aliento para responder, echó la cabeza hacia atrás y apretó con fuerza su miembro, que había comenzado a expulsar.

—... Ah, ngh, ¡uuung...!

Debido a que se retiró hacia atrás, la visión de Gisel cambió por completo. La escena de Rensley eyaculando también entró de lleno en sus ojos.

Aunque intentaba cerrar la boca, los gemidos se escapaban a su antojo, y el semen que ya había empezado a brotar bajaba por el eje sin forma de detenerlo. El rostro de Rensley se puso al rojo vivo.

Pensó que podría encargarse de ello sin que lo descubrieran... La vergüenza que había enterrado subía poco a poco por su pecho. A pesar de eso, la excitación justo después de eyacular no se enfriaba fácilmente, por lo que Rensley jadeaba sin siquiera poder pensar en recomponerse.

—¡At, ah, haa, uu...!

Gisel, tras presenciar una escena que no imaginaba, miraba a Rensley aturdido. Rensley pensó por un momento en una excusa con el rostro enrojecido por la humillación. Pero al ver a Gisel más desconcertado que él mismo, Rensley terminó soltando una risita.

—Como alguien como su alteza se sorprende tanto a cada momento... siento como si me hubiera convertido en una persona increíble.

Normalmente, en una situación así, habría recibido una burla bastante caballerosa... Pero como Gisel fue el primero en estar inquieto sin saber qué hacer, terminó actuando con naturalidad.

El semen que brotó del miembro de Rensley bajó chorreando hasta el surco de sus glúteos. Sintió escalofríos ante la sensación de algo tibio y resbaladizo bajando por su piel.

—Originalmente planeaba hacer feliz a su alteza primero, fuh, y usar la semilla de su alteza...

Deslizó lentamente la mano que aún sostenía su miembro y empujó el semen que él mismo había derramado más hacia abajo. Una gran cantidad de fluido viscoso manchó la entrada que aún estaba fuertemente cerrada.

—Ahora, creo que no dolerá aunque lo relaje con la mano...

Abrió un poco más las piernas y tiró de la muñeca de Gisel, quien lo observaba fijamente. No era un físico que pudiera ser arrastrado fácilmente solo por tirar, pero él, como si estuviera indefenso, puso su mano en la entrepierna de Rensley sin fuerza.

Al tocar la piel mojada, el entrecejo de Gisel se estrechó más. El semen que Rensley eyaculó manchó su elegante mano. Tal vez él, en este momento, pensara que era sucio. Sin embargo, Rensley no tenía intención de retroceder.

—Así...

Rensley, sujetando la mano de Gisel, ajustó sus dedos a su entrada y los frotó. Al añadirse estímulo a la entrada mojada, un gemido bajo se escapó sin querer.

—Uut, ng, h-uu...

Llegados a este punto, parecía que incluso Gisel, por mucha falta de conocimiento previo que tuviera, se dio cuenta del siguiente paso. Tras pasar saliva ruidosamente, preguntó.

—¿Dijiste que a mí me gustaba esto?

—Hic, sí... Una vez, ha-u, me revolvió la parte de atrás durante mucho tiempo usando un montón de anillos a propósito, y pasé un mal rato... Porque los anillos, estimulaban demasiado el interior...

Al recordar la noche pasada, su cuerpo se entusiasmó cada vez más. Los dedos de Gisel, que frotaban la entrada mojada con duda, le hacían imaginar lo que seguía de forma cada vez más concreta. Su compañero, que entraría en su cuerpo después de mucho tiempo, la mano que Rensley amaba...

—Que yo hiciera algo tan frívolo...

Gisel habló para sí mismo como si no pudiera creerlo. Rensley lo animó con un susurro.

—Puede hacer cosas peores.

El momento en que cruzaron miradas en silencio fue breve. Rensley tuvo que apretar los dientes y echar la cabeza hacia atrás ante la sensación de un objeto extraño que de repente se abría paso hacia el interior.

—At... ha, uu...

Gisel también pareció decidirse finalmente, pues estaba metiendo los dedos por detrás.

Habían estado distanciados por casi un mes, y era un acto sexual que comenzaba sin aceites ni ninguna otra preparación. Aunque la lujuria hervía, el cuerpo de Rensley aún estaba cerrado, y no era algo que pudiera tragar fácilmente aunque fuera solo un dedo...

—Alteza, d-despacio... ¡Uut, a-u!

Es extraño. No debería poder tragarlo fácilmente.

Claramente debería ser un momento en el que solo sintiera dolor, pero la entrada se relajó suavemente y aceptó con facilidad el objeto extraño que la invadía.

No pasó mucho tiempo antes de que Rensley se diera cuenta de la razón. ¿Cómo sucedió esto? No podía ser, pero el interior de la entrada estaba empapado como si hubieran vertido aceite.

Ahora el que estaba desconcertado era Rensley. Gisel también pareció notar ese hecho, se inclinó y metió los dedos más profundamente.

—¡Ah, ah!

—¿Qué está pasando? El interior está muy húmedo. ¿No dijiste que el cuerpo de un hombre no puede mojarse por sí solo?

—¡Uh, es extraño. Ah, algo...!

No hubo tiempo para refutar sus palabras que sonaban a burla, ni oportunidad para pensar profundamente. Gisel, que había dudado todo el tiempo, pareció gustarle el tacto del interior donde hundió sus dedos, y aunque no se le había enseñado, estaba embistiendo el lugar profundo a su antojo.

—¡Haa, ha! ¡Ng, uut, h-aa!

La entrada, empapada hasta el interior de forma resbaladiza, aceptó los largos dedos sin dificultad. Su respiración se volvió pesada ante el placer que subía más rápido de lo esperado. Gisel, que miraba hacia abajo a Rensley quien estaba perdido en la confusión, recién entonces se inclinó y bajó la voz como para consolarlo.

—No tienes porqué preocuparte. Tu cuerpo actual es diferente al del mundo humano. El placer y el dolor en el inframundo funcionan de forma distinta a ese lugar.

—¡At, ah, ah!

—Incluso recibiendo los mismos azotes, el dolor puede ser mayor...

Mientras explicaba, Gisel no detuvo los movimientos de su mano. El sonido del fluido siendo revuelto de forma viscosa al mojarse cada vez más el interior ya le hacía cosquillas en los oídos. La sensación del agua que fluía hasta el exterior de la entrada mojando sus nalgas y la parte interna de sus muslos era embriagadora.

—...Incluso realizando el mismo acto, puedes sentir un placer mayor.

La vergüenza que pensó que se había entumecido subió tarde, haciendo que sus ojos ardieran. Ante la sensación de que su cuerpo mismo se había vuelto lascivo, Rensley ya no pudo seguir liderando la situación.

No podía detenerse. Tampoco quería detenerse. Pero también era cierto que quería escapar de la situación y las sensaciones desconocidas. Ya era tarde. Sin darse cuenta, Rensley ya estaba siendo violado sin piedad en su interior mientras Gisel sostenía y levantaba una de sus piernas.

Él entraba y salía superficial y profundamente, como si quisiera explorar a fondo el cuerpo que acababa de conocer, y cuando parecía que embestía en línea recta, cambiaba el ángulo para estimular diversas partes de las paredes internas. Sus manos, que probaban y verificaban cuidadosamente cada reacción, pronto encontraron la parte débil de Rensley que estaba escondida en un lugar bastante profundo.

—¡Uut, h-uut, hic, a-aa...!

Cuando embistió hacia arriba en su vientre con tanta fuerza que sus muñecas temblaron, el sonido húmedo se filtró más fuerte de lo normal. Era un estímulo tan intenso que sintió un dolor sordo debajo del ombligo. Rensley gemía frenéticamente mientras agitaba su cintura.

Tal como él dijo, era una sensación un poco más dolorosa y un poco más... excitante que la que conocía originalmente. Su mente se nubló cuando su cuerpo se sobrecargó.

—¡A-u, h-u, ha-uuu, solo un poco, u-at, suavemente, a-aa!

—...Por alguna razón, creo que lo entiendo...

A diferencia de Rensley, que no sabía qué hacer ante el placer inesperado, Gisel ya no fruncía el ceño ni dudaba. Los movimientos de sus manos revolviendo por detrás eran, por el contrario, un poco más violentos y audaces que los de aquel del mundo humano.

—Rensley Malosen, esta apariencia tuya solo la podría ver yo, ¿verdad?

—Ah, p-por supuesto. ¡Ah! Nadie que no sea su alteza, hic, absolutamente, nadie...

Antes de terminar de hablar, el rostro de Gisel se acercó de golpe y sus labios se unieron. Tanto como la mano que penetraba el interior, el segundo beso también cobró fuerza, a diferencia del primero.

Se sintió mareado al ser revuelto simultáneamente dentro de su boca y de su vientre. Rensley rodeó los hombros de Gisel con sus brazos como si se colgara de ellos.

Gisel Zibendad, que aprendía rápido, no cambió en nada ni siquiera en el inframundo. ¿A dónde se fue aquel hombre de hace unos minutos que se horrorizaba diciendo que era frívolo? La lengua que penetró en su boca exploró cada rincón del interior hasta el punto de sentirse vulgar. Mientras tanto, la razón de Rensley se volvía cada vez más borrosa.

Incluso durante el beso, la entrada mojada estaba siendo maltratada sin descanso. Los dedos, que ya habían aumentado a tres, presionaban pesadamente y con fuerza la parte sensible de Rensley.

—Fuh, u-uu-h, h-uuuu.

Entre labio y labio, Rensley soltaba sonidos parecidos a un llanto mientras movía un poco su cintura o agitaba sus piernas. Sin siquiera darse cuenta, el miembro de Rensley soltó, una vez más, fluido opaco a borbotones.

La entrada, movida por la excitación, apretaba con fuerza los dedos. Recién entonces Gisel liberó a Rensley de la restricción disfrazada de beso. Miró fijamente el rostro que había perdido toda fuerza, y lentamente cambió de postura para recostarse sobre Rensley como un techo.

—Normalmente eres tan hermoso como una obra de arte sin defectos.

Debido a la sensación de debilidad justo después de eyacular, las palabras que él decía no llegaban a su cabeza. Rensley lo miró jadeando.

—Cuando te hago desmoronarte es cuando realmente siento que te poseo... No habrá un momento, uh, mejor que este.

—¡Ah!

Gisel empujó su cintura mientras continuaba hablando. La punta del miembro, que seguía erguido con firmeza, tocó la entrada ablandada, y el glande redondeado penetró primero ajustadamente hacia el interior.

—Ah, ah, h-aaa.

Cuando la entrada, que se había contraído al máximo para apretar los dedos, se abrió de repente ante algo grueso, las paredes internas se agitaron una vez más. Rensley se mordió los labios temblorosos ante el placer que recorría todo su vientre.

Sin importar cuánto esfuerzo se pusiera en el juego previo, siempre solía haber un poco de dolor al insertar su gran miembro. Porque hay un límite en la profundidad que se puede ensanchar con los dedos.

Pero tal vez gracias a que el fluido se filtró desde el interior hoy, incluso cuando lo grueso ensanchó y llenó el estrecho interior, de la boca de Rensley no se filtró un gemido que reprimiera el dolor. Solo se estremecía desgarrando las sábanas ante un placer que era algo diferente al que conocía.

—A-aa, a-aa-at, h-u, a-uc, alteza...

No había ningún factor que le cortara la respiración, pero Rensley jadeaba al borde del llanto. La sensación de volumen que empujaba pesadamente hacia arriba en su vientre era la sensación misma de un cuerpo vivo. Hasta el punto de no poder creer que este era un mundo gobernado por la muerte.

El eje ardiente y las venas que sobresalían en él raspaban la mucosa mojada mientras cargaban su peso. Mientras se deslizaba lentamente hacia adentro, un dulce placer se filtraba como jugo de la carne interna en contacto.

El placer que se enredaba en el lugar de la unión hacía que todo su cuerpo se entumeciera. Si se expresara con colores, una sensación que podría llamarse color primario teñía brillantemente la mente de Rensley.

—Alteza, alteza... H-aa, es tan bueno...

No era momento de dudar por ser una sensación desconocida. Rensley abrazó con fuerza a Gisel y movió su cintura para aceptarlo aunque fuera un poco más. 

Ahhh, un gran suspiro se le escapó involuntariamente, pero no se rindió.

Gisel también abrazó a Rensley sin demora. Cuando él empujó lentamente su cintura e insertó profundamente, de la boca de Rensley se escaparon jadeos involuntarios. Incluso si se reducía el dolor de la fricción entre la mucosa y la piel, y el dolor de la dilatación del lugar estrecho, la falta de aire proveniente de la gran sensación de objeto extraño era inevitable.

—¿Estás, bien?

—Uhh, no se, preocupe...

La mano de Rensley se aferró al lado del muslo de Gisel y tiró. Pareció que el mensaje de que no necesitaba dudar le llegó, pues él terminó de meter su miembro como una estaca con fuerza, haciendo que resonara el sonido de la carne chocando.

—¡A-uu-uc!

—H-uut.

Gisel, que finalmente enfrentó la unión real, no pudo mover su cintura de inmediato y tragó un gemido bajo. Las estrechas paredes internas envolvieron el miembro y se contrajeron. Ante el placer que experimentaba por primera vez en su vida como Gisel, el rey del inframundo, no pudo continuar con el siguiente acto de inmediato y apretó los dientes.

Sin embargo, a diferencia de él que acababa de entrar, Rensley ya había eyaculado dos veces. El interior de la entrada estaba tan relajado como podía estarlo y la mucosa que había pasado por el clímax estaba ardiendo, por lo que las convulsiones suaves como réplicas no se detenían.

—At, no quiero... H-euc, alteza, por favor haga más...

A diferencia de Gisel que resistía, Rensley estaba ansioso y lo apremiaba. Era el reencuentro con el compañero que tanto deseaba. Aunque ya había terminado de eyacular dos veces, el verdadero convertirse en uno empezaba ahora. Sin importar cuántos clímax pasara, no podía ser tan intenso como la alegría de sentirse en un solo cuerpo.

La cintura de Rensley se agitaba a su antojo. Gisel, frunciendo el entrecejo, soltó con voz ronca.

—¿Está bien si me muevo, uhg, así?

—Ahh, me gusta. Ahora, muévase ahora, por favor. Ah, ah...

—Siento que... te vas a romper así...

Ante esas palabras, Rensley estuvo a punto de soltar una risita esta vez también.

«Usted siempre tiene esa preocupación». 

Quería decirle eso, pero si mencionaba lo pasado aquí, se pondría de mal humor diciendo que hablaba de nuevo de un hombre que no conocía. Rensley simplemente respondió como de costumbre.

—Si fuera un cuerpo que se rompe con esto... se habría roto hace mucho tiempo. La gran duquesa de su alteza, fuh... es mucho más resistente que la mayoría de la gente.

Se aferró al brazo de Gisel que estaba erguido como una columna firme al lado de su rostro.

—Es algo que hacemos siempre, alteza.

Estas palabras tal vez lo provocarían, pero aun así tuvo que añadirlas.

—Y también era, ngh, quien mejor lo hacía.

Como esperaba, ante esas palabras, la arruga en su entrecejo desapareció, y en sus pupilas de color ámbar se agitó una emoción difícil de expresar.

Mitad celos y mitad competitividad, curiosidad por el nuevo acto y por el oponente frente a sus ojos, y ahora, algo de lo que podía estar seguro... el color del afecto que comenzaba a florecer.

—¡Ah...!

Mientras estaba desprevenido, Gisel retiró su cintura. Lo que había entrado profundamente salió rozando las paredes internas. Ante el intenso placer que lo asaltó de repente, su visión brilló en blanco por un instante. La voz baja de Gisel continuó.

—Siento que, haa, me comparan continuamente.

—¡Ah, ah, no, no es así, absolutamente, ah-!

Antes de que pudiera recomponer su visión agitada, lo que parecía retroceder volvió a apuñalar profundamente su vientre. Siguieron varias inserciones profundas con velocidad. Cada vez que la pelvis y las nalgas chocaban ruidosamente, todo su cuerpo se sacudía. Tras contar las veces de las embestidas por un momento, su mente pronto se derritió suavemente.

—¿Ah sí? Entonces dime. Entre yo, que te estoy abrazando ahora, y tu preciado Gran Duque, ¿cuál de los dos, uhg, te gusta más en la cama?

—Ah, no lo sé, comparar, ¡Ah, no puedo...! ¡Ah! ¡Porque son la misma persona...!

—Incluso si somos la misma persona, fuh, se puede hacer una evaluación. Entre antes y ahora, cuándo es mejor...

Los movimientos de cintura del rey que exigía una crítica fueron despiadados. La delicada mucosa se contraía profundamente y un placer profundo se extendía hasta las extremidades, tanto que sentía que su vientre bajo palpitaba.

—Responde, Rensley Malosen.

—¡A-ah, a-aa! ¡Uhg, u-gh...! No lo sé, realmente no lo sé. ¡Ah, a-h, nhg!

—Hasta que respondas, haa, no voy a terminar.

—¡Ngh, ah! ¡Ah! ¡Ah!

Cuando Gisel golpeó con fuerza hacia arriba con su cintura, el cuerpo golpeado subió y bajó. Cada vez que el miembro enfurecido presionaba el interior, su vientre retumbaba y esa vibración hacía que todo tipo de pensamientos se dispersaran.

—P-por, ngh, alteza, ah, despacio, un poco, solo, ah, ah, ah.

En ese momento, la cabeza de Rensley también se quedó vacía. Las historias complejas que rodeaban a los dos, los límites del mundo o la situación de la tierra que dejaron atrás, cómo recuperar los recuerdos de Gisel, si realmente había una forma de volver...

Aún había una montaña de cosas por resolver, pero en este momento no podía pensar profundamente.

El elogio de ser como una obra de arte sin defectos le quedaba mejor al hombre frente a él que a sí mismo. El miembro de aspecto feroz, que era imposible de asociar cuando solo se veía su rostro hermoso, arañaba sin piedad la mucosa blanda y aplastaba violentamente el lugar profundo del interior.

Cada vez que su vientre era golpeado, sentía como si todo su cuerpo saltara con un hormigueo. Incluso después de haber eyaculado, el resto del fluido se dispersaba a chorritos desde la punta de su miembro erecto.

—¡Me gusta, me gusta...! ¡Alteza, me gusta mucho, ah...! Su alteza también, su alteza.

A pesar de estremecerse, Rensley observó la expresión de Gisel. Deseaba que él también saboreara un placer igual, no, mayor que el suyo.

Que se diera cuenta de que había una alegría más grande que estar enterrado en la biblioteca del inframundo revisando libros. Así que, por favor, que no se rindiera con él.

—Haa, ha, h-uut.

Gisel también estaba respirando tan agitadamente como Rensley. Sus ojos se encontraron. En el rostro de Gisel había surgido claramente una emoción que no se había visto desde el reencuentro.

El descuido que se asomaba por estar a merced del placer físico que sentía por primera vez, la mirada absorta e inmersa en la pareja con la que estaba ahora, hasta el deseo de posesión que se sentía en el brazo que sostenía el cuerpo de Rensley. En conjunto, las cosas que en el mundo se llaman amor.

Rensley sujetó las mejillas de Gisel con urgencia. Atrajo su rostro hacia sí y lo besó varias veces, dondequiera que sus labios alcanzaran. Cuando la concentración de Gisel, que estaba enfocada en las embestidas, se trasladó al beso, el violento movimiento de su cadera disminuyó gradualmente.

—Uu-ng, at...

Cuando el ritmo desenfrenado se ralentizó de repente, su cuerpo ardiente no pudo adaptarse de inmediato al cambio de velocidad. Las paredes internas, sumamente sensibles, temblaron por sí solas antes de contraerse con espasmos.

El placer que brotaba desde lo profundo de su vientre era persistente. Rensley soltó un gemido lánguido ante la sensación de que una miel viscosa fluía lentamente por sus paredes internas, paralizando todo su cuerpo. Sus piernas estiradas se tensaban y se relajaban repetidamente sin control.

—H-u, h-uu, a-uu-ut, ng, u-ung...

Mirando a Rensley desde arriba, Gisel movía su cadera hacia adelante y hacia atrás con lentitud. Acarició suavemente el rostro de Rensley, mojado por las lágrimas, y sonrió levemente con una expresión de diversión. Era la sonrisa de alguien que acababa de descubrir un truco que desconocía.

—Solo... intentaba dejarte descansar un poco...

El movimiento de Gisel, que antes solo consistía en embestir con fuerza, cambió. Se retiraba con una lentitud desesperante y, justo cuando Rensley echaba la cabeza hacia atrás soltando un largo gemido, empujaba de repente hasta lo más profundo.

—A-aa-a, h-uu, ha-a.

—Parece que... uh, fue una consideración innecesaria.

—¡Ah, alteza...! ¡Por favor, por favor...!

Un escalofrío recorrió su cuerpo. Gisel estaba asimilando las técnicas del coito a gran velocidad, y a Rensley le resultaba cada vez más difícil soportar este placer lleno de variaciones.

Repitió varias veces el ciclo de retirarse lentamente para luego entrar profundo y hacer que Rensley estuviera al borde del llanto. Luego, tras unas embestidas cortas y rápidas, lo penetraba de golpe y se quedaba así un largo rato, esperando antes de retirarse sigilosamente para obligar a las paredes internas, derretidas y blandas, a contraerse con fuerza una y otra vez.

En cada ocasión, Rensley gemía frenéticamente o soltaba un grito, para luego temblar sin fuerzas. Al final, no le quedaban energías ni para gritar, y solo soltaba jadeos irregulares. Con esa sensación de estarse derritiendo de pies a cabeza, sentía que su cuerpo, que ya de por sí era distinto al de los humanos, iba a terminar rompiéndose. El control en la cama había pasado por completo a manos de Gisel.

Al llegar a un clímax que ya no sabía cuál era, sintió incluso miedo. Rensley rodeó la espalda de Gisel con sus brazos, colgándose de él. Su gesto era tan desesperado como el de alguien arrastrado por la corriente que se aferra a una roca.

Anhelaba que el paisaje que quedara tras este dulce frenesí no fuera distinto al de siempre. Su voz se mezcló con sollozos.

—Prometa... prométame, alteza...

—...¿Qué cosa?

—Prométame que no me soltará de ahora en adelante, h-uu. Prometa que, pase lo que pase, soy suyo... Siempre, así...

El hecho de que sus recuerdos hubieran desaparecido no convertía a Gisel Zibendad en otra persona. Si hacía una promesa, la cumpliría sin importar la situación. Porque él siempre dijo que no traicionaba a quienes confiaban en él.

—Te lo prometo.

La respuesta esperada fluyó entre los labios que se acercaron a su oído. Rensley dio fuerza a los brazos que rodeaban la espalda de Gisel. Gisel también lo abrazó con más fuerza. Su voz también estaba impregnada de jadeos roncos.

—Te lo prometo. De ahora en adelante seguirás siendo mío, y yo estaré a tu lado.

—Con eso es suficiente.

Susurró Rensley.

Si esa promesa se mantenía, no había nada más de qué preocuparse. Aunque hubieran desaparecido sus recuerdos o algo peor, mientras él no lo soltara, al final todo volvería a su lugar.

Aunque fue por poco tiempo, la pena que había sentido hasta hace un momento por haber caído en un mundo de una dimensión distinta y ser ignorado incluso por su único compañero, brotó de repente. La palabra "pena" no era suficiente. Aunque se esforzó por mantener el ánimo, el miedo a ser abandonado por Gisel en cualquier momento había estado escondido en lo más profundo de su corazón todo el tiempo.

Gisel también pareció notar que este era un llanto real, distinto de las lágrimas provocadas por el placer. Tras dudar un momento, desconcertado, se inclinó profundamente y abrazó a Rensley, que lloraba.

Mientras que se había acostumbrado fácilmente a la unión sexual, el abrazo de consuelo seguía siendo extrañamente torpe y falto de destreza. Una sonrisa apareció en el rostro de Rensley antes de que sus lágrimas se secaran.

—Unh, parece que ahora... hic, le han dado ganas de consolarme un poco.

—¿Acaso no es distinto a lo de antes?

Ante sus labios, que refunfuñaban como si estuviera avergonzado de su propio cambio, Rensley lo besó esta vez como si lo estuviera mimando.

La última elección de Gisel antes de eyacular fue un beso. Mientras Rensley sollozaba frenéticamente ante las embestidas punzantes, Gisel también vertió su lujuria dentro de Rensley.

Sintiendo su cuerpo empaparse más de lo habitual, Rensley se abandonó a la sensación de alivio que tanto había esperado.

✧ °  。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧

¿Podría existir el término "segunda primera vez"?

Recostado con el rostro hundido en el pecho de Gisel, Rensley pensaba en ese juego de palabras trivial. Sabía que no era momento para esto, pero aunque fuera un alivio a medias, quería dejar descansar su corazón en este lugar por ahora.

En términos prácticos, no se había resuelto ningún problema. Sin embargo, el hecho de que Gisel, quien antes lo miraba con frialdad, le hubiera entregado su cuerpo y su alma a pesar de no recuperar sus recuerdos... Solo eso le hacía sentir que había avanzado un paso fuera del pantano que parecía no tener salida.

—Siento cierta satisfacción a mi manera.

—¿Por qué?

—¿No es porque me he quedado con la primera vez de su alteza por segunda vez?

A pesar de haber terminado el acto, Gisel frunció ligeramente el entrecejo, pareciendo no gustarle la broma de Rensley tampoco esta vez.

Era curioso. El Gisel que Rensley conocía era un hombre que encontraba bastante divertidas este tipo de bromas. Aunque jamás sería él quien las iniciara, tenía la flexibilidad suficiente para disfrutar del coqueteo de su amante. ¿Hasta qué punto los recuerdos acumulados durante mucho tiempo influyen en las facetas de una persona?

—¿Por qué pone esa cara? ¿Se siente estafado por haberle entregado su virginidad dos veces a la misma persona?

—Si quieres seguir a mi lado, definitivamente tendrás que corregir esa forma frívola de hablar.

—Ay, no diga eso. Si en el fondo le gusta.

—Basta de tonterías y apresúrate a prepararte para salir. Pronto terminará el ciclo.

Incluso su forma de intentar cambiar de tema descaradamente ya empezaba a parecerle tierna. Fue mientras Rensley se vestía de nuevo siguiendo las prisas de Gisel, riendo entre dientes y buscando algún otro motivo para burlarse de él.

Un objeto que no estaba allí antes entró en el campo de visión de Rensley. Gisel también miraba en la misma dirección con el rostro endurecido, como para asegurarse de que no estaba viendo visiones.

—¿Una puerta...?

Una puerta apareció de repente en el vacío.

Una puerta de la que no se sabía por qué apareció ni a dónde conducía. Gisel la observó con desconfianza, pero Rensley fue distinto. Rensley la señaló apresuradamente y gritó.

—¡Alteza, es esa puerta!

—¿Qué dices?

—Cuando vine al inframundo, entré abriendo una puerta como esa. Tras pasar por varias puertas, llegué a la plaza. Las cosas que le dije que eran sin duda sus recuerdos están al otro lado de la puerta.

No tenía la certeza absoluta. En aquel entonces, al otro lado de la puerta aguardaba el paisaje de Oldenland, pero no podía saber si esta vez sería la misma puerta.

—Amín dijo que, como tengo la capacidad de guiar a los espíritus, tal vez llegué al inframundo a través de los recuerdos de su alteza en lugar de pasar por el puerto como los demás. Aunque son distintos a los seres comunes, los espíritus también tienen voluntad o propósito y buscan a quien necesitan... Si son los recuerdos de su alteza, no sería extraño que salieran a recibirme.

Incluso si el paisaje no fuera el mismo que cuando llegó, esta vez también sería algo que vino a buscar a Rensley porque lo necesitaba. Al menos, tenía la seguridad de que sería de ayuda.

—Abra la puerta.

La duda no duró mucho. Gisel extendió la mano de inmediato.

Al abrirse la puerta, se vislumbró un paisaje familiar en su interior. Era exactamente el mismo paisaje con el que Rensley se topó cuando cayó por primera vez en el inframundo.

A menudo se malinterpreta como un lugar aterrador porque siempre está a oscuras y a veces huele a medicinas, pero en un rincón arde una chimenea y hay un sillón mullido, por lo que, sí se conoce, es el lugar ideal para descansar. Aunque corre el rumor entre la gente de ser un espacio extraño, para ellos dos era un lugar sumamente cálido: era precisamente el estudio de Gisel. Rensley continuó hablando sumido en la nostalgia.

—Es el estudio que está en el sótano del castillo real de Oldenland.

—...

—Su alteza siempre estaba aquí investigando magia o leyendo libros. Como es un sótano, no entraba bien la luz del sol, así que yo le daba muchos sermones para que saliera a pasear y tomara el sol. Una vez le pregunté si no podía trasladar el estudio a la superficie, y me explicó que los materiales necesarios para la investigación suelen ser sensibles a la luz, por lo que era más fácil gestionarlos en un estudio subterráneo.

Gisel observó el paisaje que los rodeaba con ojos extrañados. Hasta el momento, en su expresión no aparecía nada parecido a la alegría o la conmoción.

Era pronto para decepcionarse. Apareció una segunda puerta, una tercera, una cuarta. Los paisajes que Rensley vio al venir se reprodujeron exactamente igual.

El jardín y los campos del norte, el vestíbulo central de la torre principal de Lautken, la torre de la muralla exterior donde Gisel a veces se encerraba, la biblioteca llena de libros, la capilla donde celebraron su boda...

—¿Qué le parece, alteza?

Sin embargo, incluso después de abrir varias puertas, el rostro del Gisel que Rensley conocía no regresó. Seguía observando el paisaje con ojos extrañados y sin expresión.

Él habló con pesadez.

—Son recuerdos dañados.

—...¿Perdón?

—Como dices, es posible que sean fragmentos de mis recuerdos... pero por alguna razón, una parte está rota. Por eso no pueden volver a su dueño.

—Espere un momento, ¿qué quiere decir con eso?

Los ojos de Rensley se abrieron de par en par por la sorpresa.

—¿Significa que de ahora en adelante no podrá recuperar sus recuerdos?

—No es así. Cómo son solo fragmentos, si el recuerdo completo regresa, estos se complementarán de forma natural. Pero... parece que es imposible hacer que mis recuerdos vuelvan solo con estas piezas por ahora.

No podía ser.

Sus hombros cayeron por la decepción. El dueño de estos recuerdos es sin duda Gisel. A menos que fueran de Rensley, el único que guardaría en su mente el paisaje constante del castillo de Oldenland era el hombre frente a él.

Los labios de Rensley temblaron levemente.

—Tal vez sea por mi culpa...

—¿A qué te refieres?

—¿No será que se dañaron porque yo caí en el inframundo y, siendo alguien que no es el dueño de los recuerdos, abrí las puertas a mi antojo? Si no es eso, qué razón habría para que unos recuerdos que estaban bien se dañaran.

Como había venido con esperanzas, la frustración fue varias veces mayor. No se le ocurrían más pistas. Si seguían así, los recuerdos de Gisel quedarían enterrados para siempre en algún lugar del inframundo y, aunque regresaran al mundo humano, él ya no sería el Gisel Zibendad de antes.

Perder todos los recuerdos con su pareja era algo impactante, pero también era una tragedia para el pueblo de Oldenland. Si Gisel Zibendad, alabado como un monarca sabio que quedaría en la historia, perdía todos los recuerdos de su vida como rey del norte e incluso perdía sus habilidades como mago, esto no terminaría simplemente como la pérdida de memoria de un individuo.

Y sobre todo, el mayor problema era... que había perdido el motor que impulsaba su decisión de regresar al mundo humano. Rensley no tuvo más remedio que suplicar fervientemente.

—Alteza, ¿todavía no quiere volver...? ¿Le gusta más la biblioteca del inframundo? ¿Acaso no me tomó porque su corazón se conmovió por mí? ¿No quiere compartir el futuro conmigo? Lo prometió hace un momento. Prometió que estaría conmigo de ahora en adelante.

Ahora lo más importante era la voluntad de Gisel.

Él, que decía estar satisfecho con la vida en el inframundo, debía tener la firme voluntad de regresar al mundo humano por sí mismo. Solo así habría alguna posibilidad de revertir este contrato injusto.

Pensó que si podía volver a ver el paisaje dentro de esta puerta, al menos una parte de sus recuerdos regresaría. Si al menos recordara sus deberes como rey de Oldenland, se prepararía para dejar este lugar.

En lugar de responder, Gisel miró a Rensley. Al encontrarse con su boca silenciosa y su mirada sombría, Rensley se tensó.

—Alteza...

No podía ser.

Aunque intentó ocultarlo, la ansiedad que no pudo reprimir se filtró en su voz. Gisel también pareció pensar que no era necesario ocultar su verdadera intención y habló.

—¿Realmente es necesario que yo regrese?

—Alteza.

—Sería algo que se resolvería si tú te quedarás aquí.

Un escalofrío le recorrió la espalda ante esas palabras.

Aquí, su apodo era el Señor de los Recuerdos. Si se lo proponía, podría manipular toda la mente de Rensley para que pareciera que había sido habitante de este lugar desde el principio. Engañándolo, fingiendo ser la pareja que siempre vivió con él en el castillo real del inframundo. Para el Gisel actual, eso sería algo mucho más sencillo y satisfactorio.

Rensley retrocedió involuntariamente. Aun sabiendo que no había forma de escapar. Aun sabiendo que no era algo que se resolvería simplemente huyendo.

—Eso no tiene sentido.

Lo único que podía hacer era dudar por la ansiedad y negar con la cabeza.

—¿Por qué no? Si realmente tu pareja es lo más importante, ¿no basta con estar a su lado? ¿O es que al final te importa más el puesto de gran duquesa o tu vida?

—Haha, soy bastante materialista, pero... no creo ser alguien que merezca tal sospecha.

—No tienes de qué preocuparte. Aquí también serás mi consorte. Haré que puedas vivir con más lujos que antes. Dicen que las tierras del norte del mundo humano son frías y áridas. Aquí no hay ni frío ni calor, ni necesidad de ahorrar nada ni de preocuparse por conflictos. Lo único que tienes que hacer es pasar el tiempo con tranquilidad.

La mirada de Gisel era seria. No había rastro de que estuviera lanzando una amenaza falsa o una broma.

—Ningún humano puede evitar la muerte. Incluso si regresas a salvo, la vida de un mortal es tal que no se sabe en qué accidente imprevisto se puede perder la vida. De todos modos, algún día vendrás al inframundo, así que no está mal disfrutar de un más allá más cómodo que los demás aquí.

—...

—Y bien, ¿qué te parece? No parece una mala propuesta.

La expresión de Rensley, que no podía ocultar su desconcierto ante la propuesta que no era tal, se volvió gradualmente más calmada a medida que las palabras de Gisel continuaban. La fuerza en la mirada de Gisel se relajó un poco, pensando que su persuasión había funcionado.

Fue un error de su parte. Porque Rensley negó con la cabeza con más firmeza que al principio.

—No se siente mal recibir una propuesta de matrimonio de su alteza por segunda vez, pero... tendré que rechazar esta propuesta.

—...

—Esa no es en absoluto la voluntad de su alteza. Si piensa así, es porque la armonía de este lugar está nublando su juicio.

Sus palabras tenían cierta lógica. Una especie de propuesta de prueba: Si tu amor es tan pesado y sincero, ¿no podrías conformarte con solo estar juntos?.

Pero Rensley no tenía ninguna intención de aceptar. Porque conocía a su pareja mejor que nadie.

¿Qué clase de persona era Gisel Zibendad?

La razón principal por la que él dudó en tomar a Rensley como gran duquesa fue porque no quería encadenar a su ser amado a las tierras áridas y remotas del norte.

Cuando rescató a Rensley de manos de Félix en la capital imperial, Rensley también sintió la liberación absoluta que sintió él, transformado en una bestia invocada, mientras batía sus alas en lo alto del cielo.

¿Un hombre así no sólo se asentará por su cuenta en el mundo de los muertos, sino que también pretende atar los pies de Rensley? No, eso no es en absoluto lo que Gisel desearía. Y además...

—Y nosotros... ahora tenemos un ser que proteger además de a nosotros mismos.

Aunque no tuvo elección, se arrepintió innumerables veces del deseo momentáneo que albergó. Incluso llegó a decir en voz alta que era mejor rendirse. Hasta que la amenaza estuvo frente a sus ojos, mantener la paz actual le parecía más importante que nada.

La vida de Rensley Malosen era contradictoria. Una vida que alguien envidiaría pensando que se podía vivir bien, y que alguien compadecería sintiendo lástima. Dicen que la felicidad y la desdicha son relativas, pero al menos Rensley siempre pasó el tiempo sintiendo que el suelo bajo sus pies era inestable.

Sin embargo, durante las cuatro estaciones posteriores a su boda con Gisel, sintió por primera vez en su vida una estabilidad suprema. ¿Se habría entumecido en ese tiempo? Aconsejaba a Gisel que paseara todos los días, pero él mismo se había convertido en un perezoso hundido en un sillón y no quería mover su cuerpo, que se había vuelto pesado.

Ahora que la paz que lo rodeaba se ha roto, lo comprendía. Si llega el momento en que quiera luchar desesperadamente por mantener el estado actual, ese es el momento de actuar.

Habiendo llegado hasta aquí, no tenía la menor intención de ignorar al "hijo" de ambos. Si no hay vida que nazca en el inframundo, saldría de allí y haría que nazca.

«Es cierto... yo siempre fui una persona así».

Al pensar en corregir lo que había intentado ignorar, siente una valentía que no había sentido antes.

Pensándolo bien, él no era un humano que temiera tanto las dificultades. En la época en que fue abandonado solo en una tierra extraña y temblaba pensando que podría morir, ¿a dónde se fue la audacia que tenía para escaparse a escondidas a explorar el castillo? ¿Cómo se había vuelto tan débil de espíritu?

Al final de su mirada quedaba una puerta que aún no había abierto. Rensley abrió la puerta de par en par sin esperar el siguiente movimiento de Gisel. Lo que apareció esta vez no fue el paisaje de Oldenland, sino la imagen del inframundo con la que se topó por primera vez.

Un cielo blanco plateado, una suave luz reflejada de origen desconocido, un mundo silencioso, constante y donde el tiempo parecía no fluir.

—¿Y bien, qué piensas hacer? Rensley Malosen. De todos modos, tú solo no tienes el poder para regresar.

Gisel continuó hablando con naturalidad, como si no tuviera prisa hiciera lo que hiciera Rensley.

Era un lugar nuevo. La última puerta que abrió al llegar al inframundo conducía a la plaza, pero ahora frente a los ojos de Rensley se extendía un acantilado escarpado. Era como si todo el inframundo enviara una advertencia de que no había más lugar a donde huir.

—Aunque no lo parezca, tengo bastante suerte. ¿No se solucionará de alguna manera?

¿Qué pasaría si cayera por aquí? Cuando fue secuestrado por Félix, Rensley no temía a la caída. Porque sabía que Gisel lo rescataría.

Pero el Gisel de ahora ha olvidado todo: sus recuerdos, sus habilidades como mago y la existencia de su bestia invocada. Tampoco hay espíritus del viento que ayuden a Rensley. Si saltara, simplemente se llegaría al resultado de que el cuerpo de Rensley se haría pedazos por sí solo.

No, como este es el inframundo, tampoco hay garantía de que su cuerpo se rompa necesariamente por saltar. Tal vez caería más fácilmente en las garras del señor de la tercera zona, perdería sus recuerdos y se quedaría a su lado dejando atrás todos los asuntos humanos.

—Tienes razón. Tienes suerte. Si hubieras encontrado a alguien más en lugar de a mí mientras huías de tus perseguidores, ya estarías encerrado en una prisión esperando tu sentencia. Y si me hubieras encontrado después de ser capturado, te habrían arrebatado los recuerdos antes de que pudieras suplicar nada y te habrías convertido en un esclavo del inframundo. Pero ahora, te has convertido en mi consorte y podrás disfrutar de lujos que otros envidiarían incluso aquí, así que qué fortuna tienes.

Gisel extendió la mano. Como si estuviera invitándolo a bailar.

Rensley no la tomó, sino que lo fulminó con la mirada; ante esto, él retiró la mano y sonrió.

—Sí me sentí atraído por ti, tal vez fue por este tipo de cosas.

—… ¿Uh?

Fue en ese momento. Rensley se vio envuelto en una sensación de restricción, como si estuviera atado firmemente con cuerdas invisibles.

Intentó forcejear para quitárselas de encima, pero no podía mover ni un dedo. Mientras tanto, Gisel se acercaba a grandes zancadas. Cuando uno está demasiado ansioso, suele soltar una risa amarga. Rensley subió la comisura de sus labios y preguntó.

—Dijo que ya no podía usar magia……. ¿Me ha estado engañando?

—Esto no es magia, sino una habilidad necesaria para gobernar los recuerdos. Simplemente has caído bajo mi sugestión.

Gisel extendió la mano. Los dedos largos y elegantes que hace apenas un momento hacían jadear a Rensley tocaron su frente. Sus pupilas de color ámbar adquirieron un tono oscuro y sus párpados se entrecerraron.

—No habrá ningún dolor, así que no tengas miedo.

—¡Alteza, alteza! ¡Reaccione! ¡Por favor, deténgase! ¡Se arrepentirá!

—Pronto serás el consorte del inframundo y estarás satisfecho con tu nueva vida.

A un lado, un acantilado donde no se veía el fondo; al otro, el rey del inframundo que acechaba para arrebatarle sus recuerdos; y un cuerpo atado que no podía moverse ni un milímetro.

No había salida. Movió su mirada, que era lo único libre, hacia arriba, pero por supuesto que no había un hueco por donde escapar…….

—¿Eh?

Un hueco por donde escapar… estaba apareciendo.

Se estaba abriendo un agujero negro en el cielo blanco plateado. Como si se asegurara de que no era una alucinación, Gisel también observó esa anomalía con expresión extrañada.

[—… ¡Al prisionero!]

Una energía negra salió a través del agujero. Junto con un grito familiar que recordaba a un eco.

[—Hay que encerrarlo.]

[—El lugar ha sido preparado, así que hay que encerrar al prisionero.]

Eran los caballeros negros que pensaban haber despistado.

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