Capitulo 5.- Winter Field.
VOLUMEN 2.
Capítulo 5: El rumor de la pareja del Gran Duque.
Rensley, tras terminar su entrenamiento matutino, se estiró y se dirigió a la cocina.
Aún no se había celebrado la ceremonia oficial de ingreso, pero al fin y al cabo era un huésped de la realeza. Como no tenía asuntos tan urgentes como para posponer su participación en el entrenamiento, Rensley había estado asistiendo puntualmente desde el día siguiente a haber aprobado el examen.
Le preocupaba que, debido a un miembro que lo había atacado por sorpresa durante un duelo, todo el cuerpo de caballeros lo rechazara, pero parece que las malas semillas se mezclan en cualquier lugar, ya que la gran mayoría de los caballeros eran personas normales y amables. Rensley ya se había vuelto bastante cercano a la gente de la orden.
—Reyna, voy a servirme un par de cervezas.
—¿Andas con cuentos de alcohol antes del almuerzo? Si sigues tragando así por ser joven, no llegarás a viejo.
—También me llevaré unas salchichas cortadas.
—Hazlo. Al menos come algo de acompañamiento. Ten, tragate estas papas también.
La jefa de cocina, con quien se había encariñado haciéndose pasar por un trabajador más, tenía un carácter y una forma de hablar brusca, pero era de sentimientos profundos. La comida que preparaba Reyna seguía siendo desabrida, pero a Rensley ella le caía bien. Los ingredientes que no requerían una preparación especial, como la carne, las salchichas, el pan, la mantequilla y los vegetales, tenían un sabor excelente, así que Rensley se las había ingeniado para alimentarse bien últimamente.
Al salir de la cocina con dos vasos de cerveza y un plato con salchichas calientes y puré de papas, su compañero de la orden, Stan, quien lo esperaba frente a la puerta, tomó uno de los vasos. Ambos se adentraron en un camino solitario que llevaba al patio trasero, brindaron ligeramente y bebieron. Rensley exclamó frunciendo el entrecejo:
—¿Por qué la cerveza que se bebe justo después de entrenar es tan rica? En momentos así ni siquiera hace frío.
—Ten cuidado, si el capitán se entera nos regañará.
—Beber afuera antes de que se ponga el sol... Como miembro de la honorable orden de caballeros, debes cuidar siempre tu conducta y esforzarte.
Cuando Rensley imitó al capitán con expresión solemne, Stan soltó una carcajada. En el patio trasero ardía una gran hoguera, quizá estaban quemando algo, así que se sentía calidez incluso estando a la intemperie.
Con el calor del fuego a sus espaldas mientras bebían cerveza y charlaban sobre cosas triviales del entrenamiento de hoy, de repente, las voces de otras personas se clavaron en sus oídos como flechas.
—¿En serio? ¿Es verdad ese rumor?
—Te digo que es seguro. ¿Sabes cuántas camas de altos funcionarios he arreglado hasta ahora? Gretel y yo nos damos cuenta enseguida. Con solo ver el estado de la cama por la mañana, se nota claramente si lo hicieron anoche o no.
Al otro lado del muro, las sirvientas estaban chismeando animadamente.
«¿Qué es esto? No sé de qué hablan, pero parece interesante.»
Rensley y Stan cruzaron miradas y, como si se hubieran puesto de acuerdo, cerraron la boca. Guardaron silencio y aguzaron el oído hacia la conversación.
—Pero aun así, ha pasado tiempo desde la boda, no puede ser.
—Dicen que Su Alteza la Gran Duquesa es de salud débil. ¿No será que él se contiene a propósito por eso?
Entonces, una de las sirvientas bajó la voz como un espía que transmite información ultra secreta.
—Esto se lo escuché a Ralph... Dicen que precisamente esa Gran Duquesa iba todas las noches al estudio de Su Alteza el Gran Duque hasta hace poco. Cielos, ¿no les parece lamentable? Qué tan indiferente será el Gran Duque para que ella, siendo tan débil, tuviera que ir en persona a buscarlo por la noche. Y aun así, dicen que siempre regresaba a su habitación con un aire de que no había pasado nada. ¡Incluso algunas veces volvió sola! Parece que al final se rindió, porque dicen que últimamente ya no va. Como mujer, realmente me duele el corazón escuchar esto.
Rensley, que estaba tragando cerveza, se atragantó y tosió bajo. Al atragantarse mientras bebía, casi se le saltan las lágrimas. Mientras se cubría la boca y tosía, Stan le daba palmadas en la espalda. En ese intervalo, el cotilleo continuaba sin cesar.
—Al Gran Duque solo le interesan los libros y la investigación mágica. Gracias a eso vivimos tranquilas y se lo agradecemos, pero me da lástima la situación de la Gran Duquesa, que tendrá que vivir con Su Alteza de ahora en adelante.
—Pensé que cambiaría un poco al recibir a una esposa. Pero dime una cosa. ¿Cómo puede Su Alteza... no tener ningún interés? Quizás...
—¡Shhh! Por muy tolerante que sea Su Alteza con las lenguas de los de abajo, no se dicen esas cosas profanas a la ligera. Afortunadamente ambos son jóvenes, así que algún día engendrarán un heredero. Ya basta, volvamos al trabajo. Nos van a regañar.
Los pasos apresurados de las sirvientas se alejaron tras el muro. Rensley, que había escuchado la conversación solemnemente con el vaso de cerveza en la mano, soltó un gran suspiro. Aunque no fueran más que rumores sin fundamento, para él, siendo el protagonista, era una historia que le había hecho hasta contener la respiración. Le brotó un sudor frío.
«Pensar que este tipo de rumores circulaban por el castillo.»
A menos que fuera un niño de cinco o seis años, era fácil adivinar qué era esa “cosa profana” que ellas iban a soltar. Desconcertado, Rensley se golpeó las mejillas para recobrar el sentido y observó la expresión de Stan.
—¿A ti qué te parece?
—¿Eh? ¿Qué cosa?
—Lo que acaban de decir. Que Su Alteza el Gran Duque...
—Ah, tú llevas poco tiempo en Oldenland así que no lo sabes bien, pero nuestro Duque es un poco excéntrico. Dicen que por generaciones los reyes de Oldenland eran beligerantes y de sangre caliente, pero Su Alteza actual es todo lo contrario. ¿Qué más da? No es algo malo.
—No hablo de su personalidad, sino del rumor que acabamos de oír.
Cuando Rensley cerró el tema que Stan intentaba evadir, este se rascó la nuca y desvió la mirada.
—Bueno... Si te soy sincero, es un poco difícil de entender. Es complicado que los hombres jóvenes sean tan desinteresados. Hasta corre el rumor de que, aunque se casaron, ni siquiera han tenido la noche de bodas adecuadamente, así que a veces uno no puede evitar pensar que debe haber otra razón.
Su tono era precavido, pero Rensley casi deja caer el vaso de cerveza por la impresión. Nunca imaginó que se esparciría un rumor tan absurdo. Le resultaba muy incómodo pensar que su comportamiento de entrar y salir del estudio a medianoche, sin importarle la mirada ajena, parecía haber alimentado los chismes.
Claro que Rensley tampoco podía asegurar que fuera mentira. Él también ignoraba por completo la función sexual o la capacidad nocturna de Gisel Zibendad.
Si fueran amigos cercanos, de vez en cuando saldría ese tema, pero el Gran Duque Gisel era, ante todo, su superior. Y ahora que se había convertido en un miembro de la orden que le servía, con mayor razón. ¿Acaso un súbdito leal puede conocer los asuntos de la entrepierna del señor al que sirve?
Sin embargo, al recordar la imagen de él durante los duelos de esgrima... estaba seguro de que no sería incapaz en los asuntos nocturnos. Aunque no llegaría a apostar su vida, sí podría apostar el trozo de oro que había ocultado de sus insignificantes regalos de boda.
Si un rumor así corriera en Kornia, donde la lucha por el trono era feroz, ya le habrían arrebatado el puesto usando el problema del heredero como excusa. Al llegar a ese pensamiento, la preocupación creció lentamente, por lo que Rensley preguntó una cosa más.
—Sé que además del Gran Duque, hay otro linaje directo del rey anterior. Si Su Alteza no tiene un heredero por mucho tiempo, ¿no será un problema más adelante?
—¿Ah, la princesa Frida? Podría ser, pero no es obligatorio ser un heredero de sangre directa para ser el próximo Gran Duque. ¿No lo escuchaste mientras te preparabas para el examen de ingreso? El actual Gran Duque tampoco era hijo del anterior, sino su sobrino. En Oldenland, si el rey designa al siguiente sucesor, eso es todo. Gente como nosotros no sabe exactamente qué criterios o procedimientos se siguen, pero dicen que desde hace mucho tiempo casi no ha habido disputas por el trono.
Rensley suspiró aliviado ante esas palabras, pero la sensación de inquietud en su corazón no desapareció. Solo porque no hubiera pasado antes no significaba que no pudiera ocurrir en el futuro.
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Tal como se había planeado desde que surgió la idea del examen de ingreso, la nueva habitación de Rensley se fijó en la última habitación de huéspedes del segundo piso. A menos que hubiera algo especial, usaría esta habitación durante el día y, desde que terminaran sus tareas por la noche hasta la mañana siguiente, permanecería en la habitación de la Gran Duquesa.
Las pertenencias en Oldenland eran sencillas en general, pero aun así, los muebles y la gran cama en la habitación de la Gran Duquesa eran bastante lujosos. En comparación, la habitación de invitados era acogedora y práctica. A Rensley, de hecho, le gustaba más esta habitación porque se sentía más familiar.
Hoy, Gisel había traído a unos magos para instalar un dispositivo de transporte mágico en la nueva habitación de Rensley. A través de este dispositivo, Rensley podría entrar y salir libremente de la habitación del Duque, su estudio y la habitación de la Gran Duquesa de ahora en adelante.
Después de que los magos se marcharon, Gisel le explicó el funcionamiento del dispositivo a Rensley. Como Rensley era una persona común que no había aprendido a recolectar o manejar maná, necesitaba una piedra mágica cada vez que quisiera activarlo. Gisel le enseñó cómo colocar la piedra en el dispositivo y cómo ponerlo en marcha, dándole también algunas advertencias.
—Como Malosen no es un mago, al principio podría resultarle difícil usarlo. Dependiendo de la persona, se pueden sentir mareos o, en casos graves, incluso vómitos la primera vez. Espero que se acostumbre pronto.
—Es muy asombroso.
Rensley miró fijamente el dispositivo instalado en un rincón de la habitación. Los dispositivos o herramientas de vida que usaban magia eran un lujo permitido solo para la realeza en Kornia, y específicamente para el rey o el príncipe heredero. Y pensar que ahora él mismo lo usaría.
Ante la explicación de Rensley de que siempre había tenido curiosidad pero nunca había podido acercarse a algo así, Gisel se llevó la mano a la barbilla y ladeó la cabeza.
—¿Por qué Kornia no utiliza la magia de forma activa? Hoy en día, no solo en Oldenland, sino en cualquier país, si tienen los recursos, las familias de los señores feudales están ocupadas investigando y desarrollando la magia.
Lo que decía Gisel era cierto. Solo que la mayoría de los monarcas utilizaban la magia únicamente como un medio para fortalecer el poder militar o para obtener beneficios económicos; no investigaban para fomentar la prosperidad o la comodidad en la vida de los plebeyos. El tamaño del maná que se podía manejar y el personal capaz de controlarlo eran limitados, por lo que no se podía dividir para todas las áreas.
—Dicen que originalmente Kornia no era un país hostil a la magia... pero el actual rey de Kornia le teme. Dicen que la familia de la primera reina, con quien se casó de joven, intentó rebelarse, y era una familia de magos de renombre. Debe pensar que si permite la magia libremente, su poder real podría ser amenazado de nuevo.
—Su razonamiento está desviado. Solo resultó que la familia que planeó la rebelión era de magos, no es que planearan la rebelión por ser magos.
—Tiene razón. Debido a eso, solo en Kornia el desarrollo de la magia es lento, lo cual me parece lamentable.
Gisel tenía una expresión de estar escuchando una historia irracional.
Hm.
Rensley aclaró su garganta levemente y se acercó más a él. En lugar de los asuntos de un país lejano al que ya no regresaría, era más importante resolver los malentendidos que ocurrían cerca.
—Alteza, por favor siéntese un momento. Tengo algo que decirle.
Gisel, sin hacer preguntas, se sentó en la silla frente a la mesa tal como se le indicó. Rensley se sentó frente a él.
Cuando la expresión de Rensley se volvió bastante seria, Gisel fijó su mirada en silencio, como si por fin tuviera curiosidad por saber de qué se trataba. Rensley dudó sobre cómo empezar a hablar, pero finalmente decidió explicarlo en orden.
—Ya ha pasado bastante tiempo desde que celebramos nuestra boda, ¿no es así?
—Así es.
—A los ojos de la gente, parecerá que ha pasado el mismo tiempo desde que nos convertimos en esposos.
—Sí.
—Aunque me quedé una noche en la habitación de Su Alteza para fingir que teníamos la noche de bodas, en realidad será difícil engañar a la gente solo con eso. Si notan que el Duque y la Gran Duquesa duermen por separado cada noche... la gente empezará a sospechar varias cosas. Podrían pensar que hay discordia entre la pareja... y entonces podrían empezar a preocuparse por el problema del heredero...
«Incluso podrían sospechar si alguno de los dos tiene problemas de funcionamiento sexual...»
Rensley no pudo decir eso último y dejó la frase en el aire.
—Por eso, lo que quiero decir es...
Rensley tragó saliva. Era un consejo bastante atrevido para un huésped extranjero que acababa de convertirse en un caballero de bajo rango gracias a los privilegios que él le otorgó, pero una vez que supo que tales rumores circulaban, no podía quedarse de brazos cruzados.
—Hasta que reciba a una verdadera Gran Duquesa, ¿qué le parece tener a alguien aparte que se encargue de atenderlo en la cama?
Gisel parpadeó y respondió con naturalidad, como si estuviera escuchando algo obvio.
—Si se refiere a la atención en la cama, ya la estoy recibiendo.
—¿Ah, sí? No lo sabía...
La voz de Rensley subió un poco de tono por la sorpresa. Su rostro se enrojeció levemente.
«¿Qué? ¿O sea que se pusieron a chismear sin saber nada?»
No debió haber sacado el tema impulsivamente dejándose llevar por rumores falsos. En el momento en que desviaba la mirada lamentando y queriendo volver a unos segundos atrás, Gisel añadió una explicación.
—¿Acaso Malosen no la recibe también? Bueno, ¿Malosen dijo que lo hacía personalmente desde hace un tiempo? Yo no. Los sirvientes arreglan la cama cada noche.
—¿Qué?
Los ojos de Rensley se redondearon. Un breve silencio se interpuso entre ambos, que luego se dispersó con la risa de Rensley.
—No, Alteza. No me refiero a ese tipo de atención.
—¿Hay otro tipo de atención?
—Es que, ya sabe... Por la noche, yo... en la cama...
Mientras elegía las palabras con tartamudeos porque le daba vergüenza usar expresiones explícitas frente a él, un brillo peculiar apareció en los ojos de Gisel mucho después. Como si hubiera entendido el significado, entrecerró los ojos.
—Se refiere a que tenga una amante.
—Sí, exacto. Aunque como nuestra boda es falsa, la palabra amante también es un término incorrecto.
Rensley, habiendo logrado finalmente comunicarse, asintió con el rostro iluminado.
Para los nobles o la realeza, tener una amante incluso después de casarse no era una mancha, sino más bien un medio para ostentar riqueza y poder. Había oído que las personas que no tenían amantes y solo eran fieles a su relación de pareja eran tratadas como una minoría extraña, y no solo en Kornia.
El actual rey de Kornia había cambiado de reina cuatro veces y tuvo muchísimas amantes bajo su favor. Hasta el punto de que él e Yvette nacieron porque el rey se involucraba incluso con mujeres plebeyas que llamaban su atención en sus ocasionales viajes, así que no hacía falta explicar más.
Gisel Zibendad también es el rey de este país. No necesitaba llevar una vida promiscua, pero nadie lo criticaría por tener al menos una amante. Al contrario, se podría buscar el efecto de calmar las conjeturas absurdas.
Pero ante esta buena idea, la mirada de Gisel se volvió, por el contrario, brusca. Su respuesta fue tan firme como su expresión.
—Señor Malosen. Ya soy un hombre casado.
—Bueno, eso es cierto. Pero de todos modos es solo un engaño, y como soy hombre no puedo ayudarlo con los asuntos de la noche...
—Cualquiera sea nuestro propósito, a los ojos de quienes observaban fue una ceremonia de boda real. Hablar de un amante es algo que no puedo permitir.
Rensley cerró la boca ante la reacción inesperada.
«¿Son todos los hombres de este país así de inflexibles?»
Incluso recordó al testarudo capitán de los caballeros, que era rígido en una dirección ligeramente distinta, y las dudas florecieron; pero al pensar en las palabras de Stan, quien decía que los monarcas de Oldenland eran tradicionalmente belicosos y temperamentales, no parecía que todos fueran exactamente así. Además, Gisel Zibendad era alguien de quien se decía, dentro y fuera del país, que era un bicho raro.
De cualquier modo, si las cosas seguían así, la molestia que le causaba a él sería mayor. Por celebrar la boda tal como estaba previsto en lugar de desterrarlo o ejecutarlo, ¿no era como si hubiera hipotecado su libertad nocturna?
Y pensar que él mismo, gracias al Gran Duque, pudo entrar en la orden de caballeros que era su sueño y vivir una nueva vida. Parecía que aún faltaba bastante para preparar la segunda boda... Rensley se desanimó un poco.
—Lo siento. Por mi culpa, su excelencia el Gran Duque ni siquiera puede disfrutar de sus noches libremente...
—No entiendo por qué el señor Malosen se disculpa. Originalmente no tengo interés en esos asuntos.
—Sí. Escuché que era así... pero aun así, a veces tendrá días en los que lo desee.
—No los hay. Nunca he sentido interés, así que el señor no tiene por qué preocuparse.
—Siii... ¿Qué?
Rensley, que asentía por inercia, levantó la cara de golpe. Gisel lo miraba con una expresión que preguntaba por qué se sorprendía tanto.
Rensley acercó su silla y se sentó derecho. Frunció ligeramente el entrecejo y volvió a preguntar.
—Espere un momento, su excelencia. Si nunca ha sentido interés hasta ahora, ¿significa que en realidad nunca ha pasado a la acción...?
—A menos que sea un asunto de estado necesario, no hay razón para dedicar tiempo a algo que no me interesa. Un día no es suficiente para hacer solo lo que es necesario o interesante.
Habría sido más natural que dijera que podía lidiar con cinco personas en una noche sin problemas. Observando como si traspasara el elegante rostro del hombre atractivo y su cuerpo grande y sólido tras la capa que ya había visto antes, Rensley se horrorizó en silencio.
«¿De qué habla? Esto... significa que todavía no tiene experiencia, ¿verdad?»
¿Que el rey de un país no tenga experiencia? Por supuesto, tener experiencia en ese ámbito no sería un requisito esencial para ser rey, pero...
Como si la conversación de hace un momento hubiera sido el detonante, una información borrosa que estaba hundida en un rincón de su mente salió de repente a la superficie. Rensley, esforzándose por pulir ese recuerdo incierto, decidió finalmente confirmarlo directamente con el interesado.
—Su excelencia, ahora que lo pienso... ¿en qué año nació?
—En el año 782 del calendario Ferreira.
—Yo soy del 783...
—Lo sé.
Así era. Ciertamente le habían dado sus datos personales básicos antes de venir a Oldenland, pero en ese entonces estaba sumido en la desesperación y no prestó atención. Porque ni siquiera quería saberlo.
Desde que lo conoció, debido a su comportamiento mucho más maduro, creía firmemente que sería alguien bastante mayor que él...
Pensándolo objetivamente, no podía ser que la edad de un rey que recibe a una novia por estar en edad de casarse fuera tan avanzada, y parecía haber encontrado varias pistas para adivinarlo, pero ¿acaso la idea fija en su cabeza había rechazado toda la información?
—Era solo un año de diferencia.
—Sí.
Se hizo el silencio de nuevo. Rensley, habiendo perdido las palabras, solo miraba la mesa en silencio. No podía creer que fuera solo un año de diferencia. Si comparaba solo la madurez de su actitud, creería incluso que se llevaban diez años.
¿Sería una diferencia de personalidad? ¿O era que Rensley Malosen era demasiado inquieto, como decía la gente? No, no creía que fuera tan deficiente en comparación con otros muchachos de edad similar. El Gran Duque era un monarca que gobernaba un país, así que simplemente no podía ser igual que otros de su edad.
Pensando en eso, dijeron que heredó el trono a los dieciséis años... así que ya llevaba unos siete años gobernando Oldenland.
Rensley volvió a observarlo meticulosamente. Su impresión era brusca y silenciosa, y sus rasgos estaban esculpidos como una estatua, pero ciertamente no era un rostro que se viera mayor.
«Ya veo. Un año...»
No son dos ni tres años, con un año de diferencia, ¿no se puede considerar casi la misma edad?
Es una diferencia de edad que no supone ningún problema para ser amigos sin formalidades.
Los pensamientos de Rensley avanzaron poco a poco.
—Su excelencia.
Como si se le hubiera ocurrido una buena idea, Rensley apoyó los codos en la mesa y entrelazó las manos. Dentro de sus ojos entornados por la sonrisa, sus pupilas púrpuras brillaron con audacia.
—¿Quiere que le enseñe?
—¿El qué?
—Como yo tengo algo de experiencia, aunque sea poca... puedo enseñarle un poco sobre esos asuntos. Quizás si llega a saberlo, también sienta interés.
—Ya recibí educación cuando era heredero. Solo que no surgió el interés.
—Yo también sé cómo es la educación de dormitorio de la realeza. Es solemne y aburrida. Entiendo que no haya sentido interés.
Ante eso, Gisel también se inclinó un poco y apoyó la barbilla en el dorso de su mano.
—Parece que el señor Malosen tiene mucha experiencia.
—Jaja, no. Me da vergüenza, pero no es para tanto. Casi nadie quiere tener un vínculo serio con un hijo ilegítimo. Pero como solía ser más o menos popular entre las mujeres... ah, qué cosas innecesarias estoy diciendo... En fin, lo que quiero decir es que, si hablamos cómodamente, quizás su excelencia también se interese. Después de todo, su excelencia es el monarca de este país y alguien que algún día deberá recibir a una verdadera Gran Duquesa y tener un heredero.
Rensley sonrió ampliamente.
—Me alegra que por fin parezca que soy útil para su excelencia. Después de todo, supongo que para su excelencia sería difícil tener este tipo de conversaciones en una relación general de soberano y súbdito.
—Es cierto. Al escucharlo, a mí también me ha dado curiosidad. Solicito su enseñanza.
—Hoy soy el maestro de su excelencia.
La sonrisa de Rensley se hizo más grande. Aunque se había unido a la orden de caballeros que lo escoltaba, no era más que un novato recién llegado y el Oldenland que Rensley había experimentado hasta ahora era puramente pacífico. No sentía en absoluto que fuera de ayuda para él, pero que apareciera un lugar donde pudiera ser usado era una oportunidad para ganarse el sustento.
Por supuesto, la experiencia de Rensley no era tan grandiosa como para enseñar a alguien. Lo de que poca gente quería involucrarse con un hijo ilegítimo en una situación difícil no era una palabrería, sino la verdad, y probablemente si hubiera seguido viviendo en Kornia, Rensley habría pasado toda su vida sin tener pareja. Como conocía su situación, Rensley no se esforzó por crear amantes. El estatus de hijo ilegítimo era un grillete que no necesitaba compartir ni heredar a nadie.
Sin embargo, a menudo aparecían mujeres que mostraban afecto por Rensley. A veces eran nobles que conocía en los alrededores del salón de banquetes, otras veces eran plebeyas que trabajaban en la plaza. Normalmente se limitaba a pasar un rato agradable bebiendo, bailando y conversando, pero algunas no querían dejar ir a Rensley aunque la noche avanzara.
Ambos sabían perfectamente que no podía ser más que un corto idilio. Eran más las veces que se negaba sonriendo y se despedía, pero de vez en cuando llegaban días en los que quería quedarse en esos brazos cálidos y suaves fingiendo no saber nada.
«Esto está bien. Yo también me siento solo a veces».
Susurrándose eso a sí mismo con los ojos cerrados.
«Probablemente tú también».
Añadiendo también esa suposición.
—¿Señor Malosen?
Rensley, que se había sumergido en breves recuerdos del pasado, volvió rápidamente a la realidad ante la voz del hombre. En ese entonces parecía haber pasado momentos agradables y amables a su manera, pero al recordarlo, por alguna razón, solo se siente deprimido y amargo. Agachó la cabeza rápidamente y se disculpó.
—Lo siento. Estaba pensando en otra cosa por un momento.
—¿Acaso extrañó a algún amante que dejó en Kornia?
—No. ¿Un amante? No existió tal persona.
—Es extraño que tenga experiencia pero no haya tenido amantes. ¿Significa que durmió con alguien sin estar casado ni enamorado?
Rensley sintió vergüenza de repente. Porque su señalamiento era exacto.
No creía que el acto de pasar la noche juntos y el sentimiento de amor debieran ir acompañados necesariamente. Piensa en el mañana, mañana. La mayoría de los habitantes de Kornia, que valoraban el placer por encima de todo, estarían de acuerdo con Rensley.
¿Pero acaso se había asimilado ya a las personas inflexibles de su alrededor? ¿O era por la actitud del Gran Duque, que se sentía incluso algo puritana? Rensley sintió que él lo estaba recriminando. Incluso si fuera recriminado, debería bastar con estar orgulloso de sí mismo, pero no sabía bien por qué sentía vergüenza.
Como Rensley no pudo responder de inmediato, la voz del Gran Duque se suavizó.
—Perdone si se sintió mal. Era una broma.
—No. Lo que dijo es la verdad.
También le dio vergüenza lo que había dicho fanfarroneando. Lo que él debía aprender era cómo valorar y amar a la verdadera Gran Duquesa que recibiría en el futuro, no cómo cerrar los ojos y escapar de la soledad que lo asalta de vez en cuando... ¿Qué pretendía enseñar?
¿Acaso pensaba contar historias de parejas pasadas? Aunque no fueron vínculos profundos, fueron compañeros que consolaron las noches del otro por un momento. No quería mencionarlos como si fueran una distracción.
—Entonces, ¿qué debo hacer?
—Ah...
Rensley, que dudaba, no tuvo más remedio que sonreír. Al analizarlo de un lado a otro, no había historias adecuadas que contarle. No había remedio. Como él fue quien presumió primero, debía asumir la responsabilidad, así que no le quedaba más que soltar algo apropiado y terminar.
—Ehm... después de todo, al principio sería bueno besarse.
—Un beso.
—Sí. Abrazar la cintura o los hombros y darse un beso. Como su excelencia tiene mucha fuerza física, aunque ponga solo un poco de fuerza en los brazos, la persona abrazada puede sentir dolor. Así que basta con que sea ligero.
—Ya veo.
Él parecía estar escuchando con bastante seriedad. En la mente de Rensley, la imagen del hombre frente a él besándose se dibujaba por sí sola.
La nueva Gran Duquesa que llegaría también sería más baja que él. Con alta probabilidad, sería incluso más pequeña y frágil que Rensley Malosen.
Envolviendo suavemente la espalda delgada con sus brazos gruesos y sólidos, Gisel Zibendad inclina profundamente la cabeza. Si su cabello negro y largo se desliza sin ruido por su mejilla, la nueva Gran Duquesa podría apoyar delicadamente sus manos en su amplio pecho o acariciar su cabello caído como si lo apartara.
—La noche de bodas de la que hablan en la realeza es tan rígida como un ritual. En lugar de empezar solemnemente en la cama desde el principio... sí, creo que sería mejor que fluyera naturalmente hacia un beso mientras conversan o bailan juntos.
Afuera de la ventana sale la luna creciente y las velas iluminan tenuemente el dormitorio. A diferencia de la noche de bodas con Rensley Malosen donde tuvieron una ceremonia falsa, Gisel Zibendad no se marcha de repente a su estudio solo, sino que sostiene en sus brazos a su adorable y verdadera Gran Duquesa.
El sonido de la música de los festivales y banquetes de celebración que se celebran afuera llega débilmente hasta el dormitorio, y las dos personas abrazadas mueven los pies lentamente para luego unir sus labios despacio. Al principio, probablemente de forma ligera y suave.
Se quita los adornos de los hombros de la vestimenta, que es más lujosa y compleja de lo habitual, y también se despoja de la capa larga y gruesa y de la armadura ceremonial. La Gran Duquesa ayuda a desvestirlo con sus manos finas y hermosas, y Gisel también comienza a quitarle el vaporoso vestido con sus grandes manos. Sus movimientos son precisos y rápidos, pero de ninguna manera lastiman la piel de la Gran Duquesa. No, al contrario, ante el contacto suave que roza su espalda o su cintura, ella podría derretirse pronto.
De repente le picó la espalda y Rensley cerró la boca. Fue porque la presencia de Gisel Zibendad parado detrás de él, aquel día pasado en que sus manos lo rozaban mientras enhebraba uno a uno los cordones de la cintura del vestido, se solapó con la noche de bodas de su imaginación. El tacto que lo adormecía cada vez que las yemas de sus dedos rozaban su piel desnuda, el recuerdo de estar a punto de cerrar los ojos incluso estando de pie, revivía como una alucinación.
Sus manos. Desde el primer día que llegó al castillo temblando de frío, la palma de la mano que se le extendió y el breve tiempo que escribió sobre ella, la mano que sostuvieron mientras subían las escaleras en la oscuridad...
—¿Señor Malosen?
Rensley, que miraba distraídamente el aire bajo, recobró el sentido de repente y enderezó la mirada. El Gran Duque lo observaba con atención.
—¿Hay algún problema? De repente se quedó callado.
—...Lo siento...
No se le ocurrió otra palabra. Rensley le pidió perdón con voz pequeña. Para que el final de sus palabras no temblara, apenas pudo apretar su garganta, que le dolía como si se hubiera hinchado de repente. Levantó las comisuras de los labios con esfuerzo para ahuyentar la incomodidad.
—Parece que me dejé llevar por la fanfarronería. No se me ocurren más palabras que decir.
—¿Es así? Entonces, si más adelante se le ocurre otra buena idea, hágamelo saber.
—Entendido, su excelencia.
La mirada del monarca del norte observó a Rensley, cuyas palabras y vitalidad disminuyeron drásticamente, como si lo examinara. Ante esa mirada afilada, Rensley contuvo el aliento como un niño antes de ser regañado.
Con el sonido de la silla al deslizarse, Gisel se levantó. Al mismo tiempo que Rensley encogía los hombros por reflejo, una mano grande pero elegante se acercó sin dudarlo y tocó su frente. El dueño de la mano guardó silencio por un momento y luego ladeó ligeramente la cabeza.
—No tiene fiebre... Pero de alguna manera se siente similar a cuando tuvo fiebre la última vez. Como su estilo de vida cambió de repente al entrar en la orden de caballeros, puede que se haya fatigado rápido, así que será mejor que descanse por hoy.
—Sí. Sí, su excelencia...
—Si le duele el cuerpo, no debe aguantar y tiene que decirlo.
—Sí...
—Descanse aquí hoy. Es peligroso intentar usar el dispositivo de traslado por primera vez cuando no se encuentra en buen estado.
Rensley ya solo asentía con la cabeza sin responder. Tenía una expresión que no terminaba de sacudirse la duda, pero Gisel salió de la habitación sin preguntar más.
Rensley, que se quedó solo, miró estúpidamente la puerta cerrada y luego se dirigió arrastrando los pies hacia la cama para desplomarse sobre ella.
Parecía que alguna vez hubo un día similar al de hoy.
Su rostro hundido en la manta y sus orejas expuestas se tiñeron gradualmente de rojo. Emitiendo un gemido bajo, agarró su cabello con brusquedad.
«...No, es un error.»
Porque es demasiado bueno con él. Porque es la persona con la que ha estado más cerca desde que llegó a Oldenland, así que sin darse cuenta sigue queriendo apoyarse en él.
Eso es todo. Una vez que se acostumbre a la vida aquí y conozca a mucha gente, este sentimiento extraño de ahora desaparecerá pronto.
Al estar tumbado boca abajo con la cara enterrada empezó a asfixiarse, así que Rensley se puso boca arriba. A pesar de respirar profundamente, sus latidos, que una vez se aceleraron, no mostraban signos de calmarse y solo se volvían cada vez más fuertes.
Su entrecejo recto se deformó lentamente, hasta quedar completamente oculto por ambas manos que cubrían su rostro.
✧ ° 。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧
¡Clac!
Al mismo tiempo que resonó un alegre sonido de impacto, Rensley se agachó cubriéndose la frente. Stan se acercó y se inclinó ante el quejumbroso Rensley. Su rostro estaba lleno de desconcierto.
—¡Rensy, ¿estás bien?! ¿Por qué no te defendiste?
—Lo siento... me quedé distraído un momento.
—¿Cómo puedes perder la concentración durante un duelo de esgrima? Si sigues así, ambos saldremos heridos, tú y yo.
La voz del instructor, que caminaba entre los aprendices supervisando el entrenamiento, se elevó.
—¿Pasa algo?
—No, instructor.
Rensley se levantó rápidamente y se puso en posición de firmes. El instructor se acercó con paso firme hacia los dos aprendices.
Quería fingir que no había pasado nada, pero la parte izquierda de su frente, golpeada por la dura espada de madera, ardía. Si la presionaba, probablemente sentiría un pequeño bulto. La voz del instructor se volvió aún más severa.
—No deben bajar la guardia ni un segundo durante un duelo. Aunque usen armas de entrenamiento, pueden sufrir lesiones en cualquier momento.
—Lo siento.
Tras darle la advertencia, no se marchó de inmediato, sino que observó a Rensley un momento y señaló hacia su frente.
—Mañana es la ceremonia de ingreso, ¿no sería mejor cortarte un poco el cabello? Se te cae y te nubla la vista. Parece que también estorbará en el entrenamiento.
—Ah, sí. Justo estaba pensando en eso.
El cabello, que había dejado crecer a su antojo sin arreglar durante un tiempo, le molestaba al taparle los ojos constantemente. Incluso si lo recogía atrás, al moverse bruscamente se escapaba entre la cinta y le rozaba las mejillas y la frente.
El cabello largo era como una marca que registraba el paso del tiempo desde el día que dejó su patria hasta el presente. Quería cortárselo, aunque fuera para disfrutar plenamente de la sensación de comenzar una vida diferente a la de antes. Stan, que escuchaba la conversación, intervino.
—¿Quieres que te lo corte yo? Tengo tres hermanos menores y siempre se lo corto yo.
—¿De verdad? Entonces te lo encargo después del entrenamiento.
Aunque, por supuesto, la razón por la que no pudo esquivar el ataque de Stan hace un momento no fue simplemente porque el cabello le estorbara la visión. Rensley negó internamente con la cabeza y volvió a sujetar con firmeza la espada de madera.
Pensó que recuperaría la cordura tras dormir una noche, pero incluso al despertar por la mañana, ese estado de sentir como si tuviera fiebre o un resfriado, con las plantas de los pies flotando a un dedo de distancia del suelo, no cambió. Tampoco su pecho, que palpitaba rápido a la menor provocación. Ni su cabeza, donde cierta persona aparecía una y otra vez sin que él quisiera.
Algo estaba mal. ¿Se podría curar este estado extraño también con magia?
Clac.
Mientras bloqueaba con precisión la espada de madera que lo atacaba, la vista de Rensley se volvía borrosa por instantes.
Tras terminar el entrenamiento medio aturdido, Rensley se sentó en una silla envuelto en una tela blanca y grande.
El sonido del roce ligero de las hojas de metal continuó rítmicamente, y cada vez que sonaba, cabellos que brillaban como hilos de oro se posaban sobre los hombros de Rensley como plumas. Stan no dejaba de exclamar mientras usaba las tijeras.
—Tu cabello es realmente lindo. Si mi hermana lo viera, tendría mucha envidia. Su sueño es ser rubia.
—De qué sirve que el cabello de un hombre sea lindo. ¿Para qué se usaría?
—Cualquier cosa, si es lindo, es bueno. Ojalá mi cabello fuera así de suave. Me da dolor de cabeza porque siempre se levanta tieso al despertar.
—Qué importa que sea un poco tieso. Me gusta más así porque te hace ver fuerte como un caballero. Bueno, ser rubio también tiene sus ventajas. Si hace falta, se puede vender caro, así que es fácil de canjear.
—¿Qué tal? ¿Así está bien?
Rensley tomó el espejo que le tendió Stan y movió la cabeza de lado a lado comprobando su cabello corto. Le gustó. Realmente no tenía mala mano, tal como dijo que había cortado mucho el cabello de sus hermanos. No lo cortó de forma tosca ni lo rapó, sino que lo arregló manteniendo una forma adecuada incluso en la parte de atrás. Seguía siendo más largo que cuando vivía en Kornia, pero esta era una tierra donde soplaba un viento frío día y noche. Si dejaba el cuello demasiado descubierto, tendría frío.
—Eres increíble. Me gusta. Con esta habilidad podrías cobrar dinero. Gracias, Stan.
—Voy a cobrar. 5 bronins.
—Creí que éramos amigos... ¿Hablas en serio conmigo, que aún no he recibido ni mi primer sueldo?
—No te preocupes. En este mundo existe el maravilloso sistema del crédito.
—Está bien, está bien. Espera un poco. Te lo pagaré en cuanto gane una apuesta entre hoy y mañana.
El tiempo de entrenamiento regular había terminado, pero en el campo de entrenamiento quedaban bastantes personas entrenando por su cuenta o conversando. Rensley y Stan eran parte de ellos. Estaban bromeando y riendo en un rincón mientras miraban el espejo, cuando de repente se escuchó la voz del capitán de los caballeros.
—Su excelencia el Gran Duque, ¿qué lo trae por aquí?
Los hombros del Rensley que bromeaba se sacudieron por el sobresalto. La respuesta que siguió se escuchó con especial claridad. Rensley se quedó quieto, sin moverse, escuchando su voz.
—Hacía tiempo que no venía, pero parece que el horario de entrenamiento ya terminó.
—Sí. Hoy empezamos un poco temprano y terminamos antes.
—¿Se ha fijado la fecha para la ceremonia de ingreso del nuevo miembro?
—Pensamos realizarla mañana. Si su excelencia asiste, la moral de todos subirá.
La voz de Gisel, diciendo que pasaba por el campo de entrenamiento después de mucho tiempo, se cortó allí. Sus ojos se agrandaron un poco, como sorprendidos.
Incluso entonces, la mirada de Rensley, que seguía sentado con el espejo en la mano, no podía liberarse, como si estuviera atada a él. Como se quedó sentado rígidamente y sin palabras, Stan sacudió con urgencia el hombro de Rensley, y solo entonces Rensley se levantó y puso su mano sobre el lado izquierdo de su pecho. Era el saludo de la orden de caballeros que aprendió después de ingresar.
—Gloria al guardián.
Sin embargo, Gisel tampoco respondió de inmediato al saludo de los dos jóvenes caballeros novatos. El capitán de los caballeros, encontrando extraño su silencio, se acercó a su lado y le susurró discretamente.
—Su excelencia, por favor acepte el saludo.
—Ah, espero que tengan un día tranquilo.
Al terminar de hablar, la expresión de Gisel volvió a ser indiferente como de costumbre, a diferencia de hace un momento. Cuando Anton llamó a Stan para que hiciera otra tarea, en un lado del campo de entrenamiento solo quedaron Rensley, Gisel y Anton, que estaba un poco más alejado. La voz calmada de Gisel se dirigió a Rensley.
—Se cortó el cabello.
—¡Ah, sí! Originalmente siempre lo llevaba corto, pero se me alargó mucho porque no pude arreglarlo mientras venía a Oldenland. Me molestaba al entrenar, así que aproveché para cortarlo.
Ahora solo había una persona inquieta. Rensley se acarició la nuca, ahora más ligera, varias veces con torpeza.
—¿No le gusta...? Lo siento. Debí haber preguntado antes de cortarlo...
—Es el cabello del señor Malosen, así que debe ser según el gusto del señor, ¿qué dice? Solo me sorprendí un poco por el cambio repentino, así que no le dé importancia.
—Sí, sí. Gracias.
Por alguna razón, no podía sostenerle la mirada. Tenía el firme deseo de dejarla quieta, pero sus pupilas vagaban constantemente de arriba abajo y de izquierda a derecha. El hombre frente a él preguntó en voz baja.
—¿Cómo se siente su cuerpo? Ayer no se veía bien.
—Estoy bien. Tal como dijo, parece que me fatigué por un momento.
—¿Cómo es la vida en la orden? ¿Se ha vuelto más cercano a la gente?
—Sí. Estaba un poco preocupado, pero todos son amables y me tratan bien. El cabello de hoy también me lo cortó Stan, un nuevo compañero que hice en la orden. Dice que siempre le corta el cabello a sus hermanos, y quizás por eso tiene muy buena mano. Creo que podré pedírselo en el futuro también.
Gisel asintió y pronto se dispuso a marcharse. Solo entonces Rensley pudo mirarlo correctamente. Probablemente vino porque tenía algún asunto con el capitán.
—Me alegra oír eso. Entonces, hasta luego.
—Vaya con cuidado, su excelencia.
Quería decir algo más, pero no tenía nada que añadir. Rensley, que observaba su espalda mientras se alejaba caminando, soltó un suspiro tan bajo que nadie más pudo oírlo. Después de haber actuado sin pensar, sintió que no debería haber cortado su cabello tan descuidadamente.
Aunque normalmente no fuera así, a veces podría tener que actuar como la Gran Duquesa. En ese caso, tener el cabello largo sería más fácil para disfrazarse. No debía olvidar que aún estaba en una posición con secretos, pero se había relajado demasiado. Entendía por qué el Gran Duque se sorprendió.
«...El cabello se puede volver a dejar crecer y ya está».
Rensley miró con un poco de melancolía los cabellos dorados caídos en el suelo, y luego trajo una escoba y los barrió todos.
✧ ° 。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧
La ceremonia de ingreso a la orden que se celebró al día siguiente fue muy diferente a lo que Rensley esperaba.
Al ser la ceremonia de ingreso de la orden que escolta al monarca, imaginó un ambiente solemne y serio. Como las pruebas oficiales de ingreso habían terminado hacía tiempo, sentía remordimiento por molestar a tanta gente organizando otra ceremonia solo para él en un momento en que ya todos deberían haber ingresado.
—¡Aquí tres cervezas más!
—¡Y tres muslos de pollo más!
—¡La próxima pieza la bailas conmigo!
Sin embargo, desde que comenzó el festejo tras la ceremonia, todos los sentimientos de remordimiento se evaporaron. El ruido bullicioso golpeaba sus oídos constantemente.
La orden de caballeros, que se trasladó al salón de banquetes para invitados tras terminar la ceremonia, estaba disfrutando de una larga fiesta comiendo, bebiendo, bailando y cantando sin parar desde el mediodía hasta ahora, que ya había pasado la hora de la cena. Rensley también estaba abstraído riendo a carcajadas desde hace un rato en el banquete que disfrutaba después de mucho tiempo.
Por supuesto, también hubo una ceremonia seria. Hoy, tras terminar el entrenamiento, el capitán Anton Sorel reunió a toda la orden. Frente al estrado norte, donde colgaba a la izquierda la bandera con el emblema de la familia Zibendad, una bestia invocada, y a la derecha la bandera con el emblema del rayo de la orden de caballeros, él llamó a Rensley y los caballeros levantaron sus lanzas en alto. Rensley caminó bajo el techo de lanzas formado por los caballeros, se paró frente al capitán Sorel, intercambió el saludo de caballero y escribió su propio nombre en el registro de la orden.
No sabía si siempre era así o si fue por ser una ceremonia corta organizada para una sola persona, pero el Gran Duque no asistió. Una mujer que bailaba con los caballeros lo regañó en tono de broma.
—¿Qué van a hacer si de repente atacan los monstruos mientras están así?
—¿Y acaso hubo alguna vez que no pudiéramos detenerlos?
Un caballero alardeó y todos hablaron por igual. En Oldenland, uno podía ser caballero sin ser noble y no había distinción entre hombres y mujeres. Las palabras del Gran Duque de que desperdiciar el talento no era el estilo de Oldenland no eran mentiras para ayudar al ingreso de Rensley.
Por lo mismo, las personas que se mezclaban en el salón de banquetes tampoco se limitaban a los nobles ni había un ambiente de etiquetas complicadas. Varias personas que se alojaban en el castillo principal de Laudken acudieron sin reservas a divertirse juntos.
Al haber mucha gente, aunque no hubiera músicos profesionales, las personas que sabían tocar instrumentos se turnaban para que la música no cesara. Una vez que comieron hasta saciarse y estaban algo ebrios por el alcohol, las preguntas de la gente se sucedieron una tras otra.
—Rensy, las canciones de Kornia son un poco diferentes a las de aquí, ¿verdad?
—Diferentes. ¿Quieren que cante una?
—¿Y el baile? ¿El baile también es diferente?
—El baile también es diferente. ¿Quieren que les enseñe? ¿Subo?
Ante esas palabras, la gente aplaudió. Gritando que les enseñaría el baile de Kornia, Rensley se subió a la mesa donde la comida había terminado.
—¡Yo! ¡Baila conmigo!
—¡Ren, conmigo también!
Entonces, algunas de las mujeres que observaban estiraron las manos apresuradamente diciendo que ellas también querían subir. Rensley se tomó su tiempo fingidamente y luego tiró del brazo de Tia, una trabajadora que solía trabajar con él en la cocina, para subirla. Ella se colgó de Rensley riendo a carcajadas. Sujetándose de las manos y la cintura, ambos se pararon muy juntos.
—Bien, así. Uno, dos, tres.
Tarará, tarará, tan. Mientras tarareaba la melodía con la boca y movía los pies, ella también se entusiasmó y siguió el paso de Rensley. Aunque movían los pies de izquierda a derecha usando la mesa como escenario, nadie los detuvo diciendo que fuera una falta de respeto. El sonido de los platos chocando, las risas de la gente y el sonido de las palmas resonaban con fuerza en el salón de banquetes.
—¡Qué bien se ve!
—¡Rensy, simplemente atrapa a una buena mujer aquí y cásate!
En medio del murmullo de la gente, el movimiento de Rensley se detuvo en seco. Ante la palabra “matrimonio”, mencionada seguramente para reír, sintió de repente un escalofrío en la espalda.
Las risas de la gente que hasta hace un momento lo hacían sentir eufórico, la música del salón de banquetes y el sonido de las copas chocando se sintieron todos muy lejanos. Mientras se quedaba parado aturdido como alguien que se detiene repentinamente al sentir un mareo, Tia, que bailaba con él, preguntó preocupada.
—Ren, ¿estás bien? ¿Te emborrachaste?
—Ah, ah... lo siento. Parece que ahora me está pegando el alcohol.
Rensley sacudió la cabeza rápidamente y sonrió.
—¡Lo siento! Creo que estoy un poco ebrio. ¡Alguien que baile en mi lugar!
—¡Ah, Ren! ¡Qué tramposo!
Tia y el público se quejaron porque el baile se interrumpió de repente, pero los ebrios volvieron a adelantarse para participar. Rensley chocó las palmas con uno de ellos, bajó de la mesa y salió del salón de banquetes. Tia, que se quejaba de que era un tramposo, pronto comenzó a bailar con el nuevo protagonista entre risas. Rensley se puso su abrigo y le dijo a Stan.
—Voy a salir a tomar un poco de aire.
—Ten cuidado de no resfriarte.
Caminó un rato dejando atrás el sonido bullicioso y llegó cerca de la puerta de entrada del castillo principal, donde se sentía un viento fresco con solo acercarse. Rensley apoyó su mejilla encendida en la puerta fría.
Hacía tiempo que no se divertía, así que quizás se dejó llevar demasiado por la emoción. Por mucho que ahora pudiera vivir como el Rensley Malosen ordinario, aún no debía descontrolarse tanto, pero una vez que se emociona, le cuesta regularse.
Al recibir el viento frío, pareció que recuperaba el juicio. Rensley miró el cielo nocturno poblado de estrellas y soltó un par de vaharadas de aire. La luz de las estrellas vista desde el norte era mucho más nítida y fría.
Era un paisaje hermoso, pero sentía que el frío resplandor plateado le daba más frío, así que dirigió su mirada hacia la ventana de la cocina, que aún tenía la luz encendida. Como solo había bebido mucho alcohol y casi no había probado la comida, sentía un hambre sutil. Rensley se acercó a la cocina y abrió la puerta. La jefa de cocina Reyna ya se había retirado, pero unos pocos cocineros que se quedaron por el banquete de los caballeros aún estaban trabajando.
—Hola. ¿Los ayudo en algo?
—Vaya, Ren. Ahora eres un caballero, ¿no? Ya no tienes que hacer tareas de cocina.
—Aun así. Están haciendo horas extra por culpa de la orden. Ahora mismo se acabó toda la comida en el salón. Prepararé algo rápido y lo llevaré.
—Está bien. Si haces eso, nosotros te lo agradecemos.
La gente en el salón ahora estaba en un ambiente de solo beber alcohol tras haber llenado sus estómagos, pero nadie sospecha.
Rensley recorrió la encimera de la cocina sin que los otros cocineros se dieran cuenta, buscando y reuniendo ingredientes útiles. Justo había carne de pollo que había terminado su primera cocción. Al probarla un poco, fue antes de que le pusieran ese terrible adobo de especias.
Tomó rápidamente unos trozos de pollo y derritió mantequilla en una sartén honda. Añadió un poco de tocino y lo salteó, luego puso también la carne para freírla hasta que la superficie quedara muy crujiente. Cuando el olor apetitoso empezó a picarle la nariz, echó zanahorias, chalotas y hasta champiñones para saltearlos juntos. Al sazonar con sal, se sumó el aroma dulce de las verduras cocinadas en grasa y se le hizo agua la boca.
Es una pena que hoy tampoco hubiera tomates, pero no se puede evitar. Rensley vertió un poco de caldo hecho con huesos de pollo sobre los ingredientes, destapó el vino de cocina y vertió el licor en la sartén hasta cubrirlo un poco. No olvidó el tomillo, el romero y las hojas de laurel.
Originalmente debería reducirse durante un buen rato para que tuviera su verdadero sabor, pero hoy decidió reducir su ambición. Tenía hambre y, si se quedaba frente al fogón de forma demasiado formal, también llamaría la atención de los otros cocineros. Rensley pasó el guiso de pollo adecuadamente reducido a un plato grande. También tomó un tenedor y un cuchillo.
—¡Entonces, me lo llevo!
—Sí, Rensy. Felicidades por ingresar a la orden. Ven a visitarnos cuando tengas hambre.
—Gracias a todos. Vendré de nuevo.
Sus pasos se apresuraron al salir al pasillo tras cerrar la puerta de la cocina. El olor del pollo recién cocinado hacía que su estómago rugiera y se sacudiera con violencia, pero Rensley no tocó la comida ni con la punta de los dedos.
Habría estado bien volver al salón de banquetes y darles a probar a sus compañeros caballeros, pero... al cocinar después de tanto tiempo, la persona que le vino a la mente fue otra. Había presumido de que le cocinaría todo lo que quisiera aunque aprobara el examen de caballero, pero hasta ahora no había tenido oportunidad.
«¿Estará hoy también en el estudio? ¿O en su dormitorio?»
Sea como sea, ahora podía entrar y salir sin tener que preocuparse por las miradas de los demás. Rensley se dirigió primero al estudio. Quizás por la euforia que le infundió el banquete o porque el alcohol se le había subido un poco, sentía que le brotaba el valor para tratarlo con normalidad, a diferencia de ayer, cuando apenas podía sostenerle la mirada.
Aunque le había puesto la tapa, bajó las escaleras con cuidado, temiendo que la comida del plato se escurriera o se desordenara, y llamó suavemente a la puerta. Sin embargo, no se escuchó respuesta alguna desde el interior.
Alguna vez había abierto la puerta del estudio sin recibir respuesta y se había encontrado con el Gran Duque dormido. Pensando que esta vez podría ser igual, intentó empujar la puerta, pero hoy estaba cerrada con llave, como si realmente estuviera vacío.
Rensley se quedó un momento sujetando el pomo. Sabía que ese estudio subterráneo no era un espacio exclusivo del Gran Duque, sino un lugar similar a una oficina por donde transitaban varios magos durante el día. Aun así, el hecho de que la puerta estuviera cerrada le resultaba extrañamente ajeno. Parecía haber cometido el error de creer que era simplemente su cómodo lugar de reunión con él, siempre abierto incluso si lo visitaba tarde en la noche.
Aunque no había nadie mirando, Rensley sonrió con torpeza como si le preocupara la opinión ajena y volvió a subir las escaleras.
«Si no está en el estudio, estará en su dormitorio. Como acaba de terminar de cenar, aún no estará durmiendo. Normalmente come poco, así que podrá comerse esto perfectamente».
Al llegar al piso superior de la torre principal, un guardia enderezó su lanza y le cerró el paso a Rensley.
—¿Qué se le ofrece?
—Soy Rensley Malosen, de la orden de caballeros. Deseo ver a su excelencia un momento.
—Su excelencia ya se ha retirado a su dormitorio. Si desea verlo, traiga el permiso del capitán Sorel.
—Ah, ¿acaso los caballeros no pueden ver a su excelencia?
—Verlo libremente sin permiso solo es posible desde el rango de mayordomo hacia arriba.
Rensley asintió y se dio la vuelta.
Pensándolo bien, ¿cuántos miembros había en la orden si contaba a todos? Si incluso un aprendiz como él pudiera verlo en cualquier momento que quisiera, habría un gran problema de seguridad.
La razón por la que había podido verlo libremente hasta ahora era porque se escondía tras un vestido y un velo, fingiendo ser la Gran Duquesa. El Rensley Malosen que no era la Gran Duquesa no era más que uno de los habitantes de Laudken que no podía ver al monarca de este país sin el permiso de los superiores. Era exactamente el lugar que Rensley había deseado y solicitado.
Finalmente, Rensley regresó a su habitación arrastrando los pies, dejó el guiso de pollo sobre la mesa y se sentó tras acercar una silla. Tenía hambre y, por un momento, pensó en comérselo él solo.
—¡Ah, es cierto!
¡El dispositivo de traslado mágico!
Rensley recordó el regalo del Gran Duque que había instalado en un rincón de la habitación y cubierto con una tela. Aún no lo había usado ni una vez, pero acababa de presentarse una buena oportunidad.
¿Pero estaría bien usarlo en cualquier momento solo porque él lo necesitara? Si fuera una puerta, podría al menos llamar, pero este dispositivo ni siquiera tenía puerta...
Dudó por un momento, pero Rensley se acercó al dispositivo con el plato en la mano. Si tuviera que pedir permiso cada vez, no creía que se lo hubiera instalado en primer lugar. Quien le dijo que lo usara con comodidad fue el Gran Duque Gisel, así que decidió dejar de lado las preocupaciones.
Sacó del cajón el colgante de piedra mágica para el funcionamiento que él le había preparado. Al pararse frente al dispositivo, se preocupó un poco por el estado del pollo, en el que había demostrado su habilidad después de mucho tiempo.
«No pasará nada... ¿verdad? Como que la comida se arruine al pasar por este dispositivo o algún efecto secundario así».
Sujetó con firmeza el plato tapado y acercó el colgante al dispositivo. Una sensación como la de caer desde un lugar alto cubrió instantáneamente todo su cuerpo.
✧ ° 。ʚ 🍓 ɞ 。° ✧
—¡Vaya!
Parado en un rincón de una habitación espaciosa, Rensley soltó una breve exclamación con los ojos muy abiertos.
Otro hombre también miraba a Rensley, que estaba allí aturdido, con los ojos de par en par.
El hombre que estaba sentado con un libro sobre las rodillas se levantó. Debido a eso, el libro cayó al suelo, pero él no pareció darse cuenta.
—Señor Malosen.
—¡Excelencia, excelencia! ¡Esto es realmente divertido!
La voz de Rensley se elevó, emocionada. Fue una experiencia increíble. Una sensación singular, como caer por un acantilado, como girar colgado de algo, o como volar por el cielo.
Entendió por qué Gisel le había explicado que algunas personas llegaban a vomitar la primera vez que usaban el dispositivo. Afortunadamente, Rensley Malosen, en lugar de sentir mareos, simplemente encontraba muy divertido ese sentimiento que experimentaba por primera vez.
—¡Ah, la comida! Espere un momento.
Rensley, que estaba tan excitado que pretendía soltar primero sus impresiones sobre su primera experiencia con el dispositivo de traslado, se percató de la situación un segundo tarde y revisó el estado de la comida. Al abrir la tapa y revisar con cuidado el interior del plato, por suerte, tanto la forma como el olor seguían intactos.
—Qué alivio. Me preocupaba que la comida se arruinara al venir en este dispositivo.
—¿Qué ha pasado? El banquete de celebración por su ingreso debería estar en pleno apogeo.
—Pensé que su excelencia vendría, pero como no fue, me escapé fingiendo que preparaba comida para el banquete y cociné esto después de mucho tiempo. Lo traje porque quería que lo probara.
Rensley dejó el plato sobre la mesa. Al abrir la tapa por completo esta vez, el olor sabroso y graso que estaba atrapado en el plato le picó la nariz. Para haberlo hecho deprisa y con pocos ingredientes, el resultado era excelente. Habría estado bien poder traer también vino, pero le faltaban manos. Rensley no dejó de hablarle a Gisel mientras servía la comida.
—¿Ya cenó? Siento no haber podido cumplir mi promesa de cocinarle muchas cosas ricas incluso si aprobaba el examen. Todo es gracias a su excelencia que puedo llevar esta vida, y me da vergüenza llamarlo "recompensa", pero de todos modos, la recompensa llega muy tarde...
Sin embargo, Gisel no respondió. Rensley se dio cuenta de que estaba parloteando él solo en medio del silencio y cerró la boca.
Gisel seguía parado a cierta distancia. Al estar con él sin recibir respuesta, la incomodidad que se había borrado por el alcohol asomó ligeramente la cabeza. Rensley volvió a bajar la mirada dócilmente y fingió concentrarse en desmenuzar la carne de pollo, de la que aún salía un vapor caliente.
—Lo siento. He irrumpido de forma muy repentina mientras estaba descansando, ¿verdad?
—No es eso.
Solo entonces Gisel se acercó. Y en su rostro, visto de cerca, se vislumbraba esa tenue sonrisa que Rensley había visto pasar algunas veces.
—Gracias. Pensé que estaría en el banquete, así que me sorprendió un poco su visita inesperada.
—Todavía está en pleno auge. ¿Acaso quiere ir conmigo ahora mismo? Si va, todos se alegrarán.
Gisel negó con la cabeza.
—No me gustan mucho los banquetes. Aunque fuera, solo sería un estorbo para que los demás se diviertan.
—Pero qué dice. Ayer el capitán también lo dijo: que si su excelencia iba, la moral subiría. Excelencia, pruébelo pronto. Si se enfría, no sabe igual.
Rensley pinchó con el tenedor un trozo de pollo recién cortado. Al acercarlo directamente a la boca de Gisel, este solo arqueó un poco las cejas y abrió la boca sin rechazarlo. Rensley observó hechizado cómo sus mejillas esbeltas se movían ligeramente y el movimiento de tragar la comida. Su sonrisa se hizo un poco más profunda.
—Está realmente delicioso.
—¿Le gusta?
—Está incluso más rico que la sopa de la última vez. Sería bueno si pudiera comer todos los días solo la comida que prepara el señor Malosen.
Qué alivio que fuera de su agrado... pero era un deseo demasiado humilde para ser el del monarca que gobierna un país. Rensley asintió con ganas, casi a punto de llorar sin darse cuenta.
—¡Se lo prepararé, excelencia! A partir de mañana mismo hablaré con la jefa de cocina y yo prepararé toda la comida de su excelencia.
—No lo sé. Si hace eso, su relación con la jefa de cocina se volverá mala.
—Hablaré bien con ella. Por favor, coma más. Hice bastante para comer juntos también. Habría estado bien traer vino, pero se me olvidó. Sabe mejor si se acompaña.
—Si es vino, también hay en el dormitorio. ¿Quiere beber?
No había razón para negarse. Dos copas de cristal con mangos bellamente labrados se llenaron de un vino tinto oscuro.
Sentado frente a él en la mesa, Rensley desmenuzó con entusiasmo la carne de los muslos de pollo. La carne bien cocida se separaba suavemente del hueso. La piel estaba crujiente y el interior jugoso; la carne cocinada de forma sabrosa era excelente, por supuesto, pero el sabor de las verduras como las zanahorias, las chalotas y los champiñones también se sentía profundo; era un plato que a Rensley le encantaba.
Sin embargo, hoy sentía que su hambre desaparecía con solo ver la comida entrar en la boca del Gran Duque Gisel, por lo que Rensley no pensó en llenar su propia boca. Mientras estaba absorto cortando verduras y carne, recibió una suave disuasión.
—Señor Malosen, no está comiendo.
—¡Ah, no! Estoy comiendo.
—Yo también tengo cuchillo y tenedor, así que puedo comer por mi cuenta. Coma usted.
—Sí...
Ante sus palabras, él también se metió comida a la boca, pero tras comer unos pocos trozos de carne, se sintió lleno enseguida. No había comido mucho, pero extrañamente no tenía apetito.
Que a Rensley Malosen, quien siempre come y duerme bien, le llegara un día sin apetito... Aunque ya había bebido suficiente en el salón de banquetes, su mano se dirigía una y otra vez solo a la copa.
Sin embargo, la cena que transcurría lentamente también terminó al final. Tras beber todo el vino restante, su cabeza se siente aún más aturdida por la embriaguez. Rensley miró hacia la mesa.
El sonido de la música llegaba débilmente hasta el dormitorio del Gran Duque. ¿Qué tan ruidosamente estarían divirtiéndose para que el sonido de la ejecución del banquete llegara hasta el piso más alto de la torre principal? Rensley soltó una risita.
—Parece que todos están muy entusiasmados.
—¿Qué le parece si vuelve ahora mismo para asistir?
—¿De verdad está bien que su excelencia no vaya?
—No sé bailar y tampoco disfruto de la música. Estoy bien.
—¿Que no sabe bailar?
Apenas hace unos días había imaginado a él bailando abrazado a la verdadera Gran Duquesa. Rensley dijo en tono de burla, moviendo los dedos.
—Eso no puede ser, excelencia. Como le dije la última vez, cuando reciba a la verdadera Gran Duquesa en el futuro, tendrá que bailar para crear ambiente. El baile es una virtud esencial de un hombre.
—Habrá otros métodos.
—Como hace todo bien, se acostumbrará al baile enseguida. Está bien. Yo le enseñaré. Como ya estamos llenos, movámonos un poco.
Antes de que Gisel pudiera siquiera responder, Rensley se levantó primero de su asiento. Gisel, sin levantarse, miró a Rensley hacia arriba, pareciendo un poco apurado.
—¿Acaso hay bailes que se bailen entre hombres?
—Cualquiera, cuando practica por primera vez, asume los roles de hombre y mujer alternadamente. Yo hago bien ambos, así que no tiene por qué preocuparse. Hay un carro lleno de tipos en Kornia a los que yo convertí en bailarines.
—Al señor Malosen le gusta enseñar. Quizás tenga vocación de maestro.
—Como aprendí de su excelencia, yo también quiero ser de ayuda.
Gisel se levantó como si no pudiera negarse. Rensley tomó su mano y se acercó a la ventana. Cerca de la ventana no había otros muebles, por lo que el espacio vacío era amplio, y la música se escuchaba mejor.
—¿Pero al menos aprendió la postura básica? Rodee mi cintura con su mano derecha. Con la izquierda, sujétela así.
—Así, ¿verdad?
—Sí. Y los pies así, así... piense que lleva primero un lado y luego lo sigue, piense que dibuja un triángulo y muévase. Desde aquí puede ir hacia atrás o hacia los lados. No hace falta moverse mucho y no es difícil. Hay muchísimos tipos de bailes, pero cuando cree ambiente con su excelencia la Gran Duquesa más adelante, este tipo de baile será el adecuado. Los bailes de movimientos grandes y emocionantes son para divertirse entre muchos en las fiestas; cuando están solo los dos, es mejor un baile donde se peguen y se muevan poco a poco.
—Ya veo.
Para haber dicho que no sabía bailar, parecía haberse acostumbrado enseguida; sin darse cuenta, Gisel ya estaba liderando los movimientos de Rensley con sutileza. Rensley, que contaba los números de vez en cuando y tarareaba bajo para seguir el ritmo, lo elogió sonriendo.
—Ciertamente lo hace bien enseguida.
La luz de la luna entraba, por lo que la zona de la ventana estaba bastante iluminada incluso sin la luz de las velas. La mirada de Rensley se pegó descaradamente al rostro frente a él. Su rostro bajo la blanca luz de la luna era diferente de cuando lo vio en el sótano, y también de cuando se encontraron en la oficina de día o en el campo de duelo.
En su cabello negro y largo, la luz se acumulaba por partes brillando en plata. En su rostro escultural, se formaban sombras suaves pero de contornos claros. Sus ojos color ámbar se veían de un marrón claro, y quizás por eso la expresión con la que miraba a Rensley se sentía más apacible que de costumbre. Rensley tragó saliva y soltó una charla vana.
—Pensé que al entrar en la orden podría ver a su excelencia en cualquier momento, pero no fue así. Intenté entrar por la puerta principal pero el guardia me detuvo y fallé.
—Por eso usó el dispositivo.
La sonrisa volvió a formarse en la comisura de los labios de Gisel.
—Gracias por venir a buscarme haciendo todo eso.
—Bueno... es que cociné para dárselo a su excelencia.
Aunque fue una comida que empezó porque él mismo tenía hambre, era cierto que la persona que le vino a la mente en cuanto se puso frente al fogón fue el Gran Duque Gisel.
Rensley continuó mirándolo sin siquiera parpadear. Esas tenues expresiones que soplaban como una brisa sobre su rostro frío y pulcro para luego desaparecer eran el verdadero milagro. La mirada de Gisel también parecía clavada en Rensley, sin apartarse.
Estaban tan cerca que no hacía falta elevar la voz. De los labios de Gisel, que habían estado cerrados un rato, brotó una voz que bajó hasta ser un susurro.
—En realidad.
—¿Sí?
—Pensé que el señor Malosen ya no vendría a buscarme.
—¿Eh? ¿Por qué?
—Ahora que entró en la orden y puede salir libremente, ¿no tiene muchas cosas divertidas? Al señor Malosen le gusta relacionarse con muchos ruidosamente, así que el tiempo que pasa conmigo sería aburrido.
Rensley sacudió la cabeza, sorprendido. Sus palabras se aceleraron, aunque no intentaba dar una excusa de forma atropellada.
—En absoluto. Pase lo que pase, no hay nadie tan cercano como su excelencia, y cuando estoy con su excelencia es cuando mejor me siento.
—Me alegra que diga eso.
Y él, raramente, se quedó sin hablar con los labios ligeramente abiertos, como si dudara. Tras un breve intervalo, siguieron sus palabras, aún más bajas.
—Como me pareció que el señor se había hecho muy amigo de otras personas, quizás... Me sentí un poco solo.
Rensley, esta vez, no pudo responder. Simplemente miraba hacia arriba al hombre frente a él, estupefacto ante las palabras inesperadas.
No era para tanto. Si hubieran sido amigos, habría sido el tipo de comentario con el que bromeas y te codeas, preguntando si se había ofendido por eso. Pero ante esas palabras de Gisel Zibendad, Rensley no sintió ni una pizca de ganas de bromear. Su pulso, que se había calmado brevemente con el alcohol y la música, comenzó a acelerarse locamente de nuevo.
Tun, tun, tun.
Y ese latido, como el maná que materializa la magia, encendió un impulso que hizo que Rensley se moviera antes de poder organizar sus pensamientos.
Sus pies, que últimamente se sentían como si flotaran a un palmo del suelo, se alejaron de la tierra de verdad. Rensley se puso de puntillas y levantó la cabeza.
El contacto de los labios unidos con los ojos cerrados fue suave como un sueño. Los labios del hombre que exteriormente parecía frío eran tan cálidos como sus manos. Eran unos labios que se sentían bien con solo rozarlos ligeramente.
Rensley, que disfrutó de ese calor desconocido por un instante, abrió los ojos de repente. Solo al encontrarse con las pupilas ámbar que lo miraban desde una distancia mínima, recobró el juicio y se separó de un salto.
—¿Eh...?
El que soltó ese sonido aturdido fue Rensley.
Gisel lo observaba sin emitir un solo quejido, con los ojos abiertos por la sorpresa. Rensley se acarició lentamente los labios. El contacto que dejó su atrocidad era terriblemente vívido.
No era un sueño, ni una alucinación, ni magia. El rostro de Rensley se encendió en un rojo carmesí en un segundo. Un sudor frío brotaba de su espalda y de las palmas de sus manos.
—L-o lo siento... Excelencia, lo siento. Yo, yo me he vuelto loco...
«¡Loco! ¡Desagradecido que paga el favor con lujuria! ¡Muérete!»
Rensley se maldecía internamente mientras retrocedía. Solo entonces vio a Gisel moverse, titubeante. Temiendo ser atrapado, abrió la puerta del dormitorio de un golpe con todo su cuerpo y salió corriendo.
—¡¿Quién va ahí?!
Los guardias, sorprendidos por la repentina aparición de Rensley, intentaron detenerlo, pero él no se paró. Corriendo con el sonido de los guardias persiguiéndolo a sus espaldas, Rensley bajó las escaleras y giró hacia el pasillo del segundo piso. Mientras los perseguidores se confundían un momento, abrió una ventana, salió por ella y saltó ágilmente hacia abajo.
No quería volver al salón de banquetes, ni a la cocina, ni a ningún lugar donde hubiera gente. Rensley, que se quedó en el jardín recibiendo el viento nocturno sin siquiera llevar el abrigo puesto, decidió pronto su destino y corrió a toda velocidad.
Al abrir de par en par la puerta de un lugar que aún tenía la lámpara encendida, un hombre de mediana edad que trenzaba paja se dio la vuelta sobresaltado.
—Vaya, Ren. ¿Qué haces aquí a estas horas?
—¡Hans! Voy a estar un momento en el establo y luego me iré. Es que extrañaba a Marilyn.
—Dijiste que era el caballo que criabas desde Kornia, qué tierno. Haz lo que quieras. Solo no hagas ruido.
Rensley asintió y entró en las caballerizas. Como era de noche, parecía que todos los caballerizos se habían marchado excepto Hans; todo estaba en silencio.
Era la hora de descanso de los caballos. Cada uno pasaba el tiempo a su manera. Había algunos bebiendo agua, otros tumbados o sentados descansando, y otros que parecían querer pasar la noche de pie.
Marilyn estaba descansando tumbada sobre un suelo mullido de heno limpio. Cuando Rensley entró, parpadeó y lo miró con una expresión que preguntaba qué pasaba.
Rensley se dejó caer al lado de Marilyn como si se derrumbara. Hundió la cara en su costado firme y suspiró como un pecador confesando sus faltas.
—Marilyn... metí la pata...
Prrr.
Recibió una pequeña respuesta.
—Sí, no es la primera vez. Pero esta vez de verdad la he fastidiado a lo grande. ¿Qué hago...? Por fin pude vivir bien aquí contigo, y ahora puede que me echen...
Todo se había ido al traste. Todo era tan perfecto que parecía un sueño, y lo había arruinado con sus propias manos. Rensley se cubrió la cara y gimió por lo bajo.
Incluso cuando vino al norte en lugar de Yvette, le preocupaba que lo decapitaran nada más llegar, pero todos fueron amables. El Gran Duque, del que corrían rumores de que era aterrador como un monstruo, era una persona maravillosa.
Debería estar agradecido cientos de veces solo por dejarlo conservar la vida como una falsa Gran Duquesa, pero él le abrió la oportunidad de entrar en la orden de caballeros, su sueño desde la infancia, e incluso lo ayudó personalmente con el examen. Lo llamó su invitado, le dio dos habitaciones e incluso creó un dispositivo mágico exclusivo para que pudiera entrar y salir libremente de su dormitorio y estudio...
Y en lugar de devolverle el favor con lealtad a alguien tan noble y generoso, había albergado sentimientos impuros.
—Me merezco que me echen...
Por muy amable que fuera él, besarse primero con un hombre lo sorprendía incluso a sí mismo. Jamás imaginó que tuviera inclinaciones por los hombres.
Entre la gente cercana en Kornia, había algunos que solo tenían romances con personas de su mismo sexo. Allí el matrimonio entre personas del mismo sexo está prohibido, pero el hecho de no casarse no impide que existan romances clandestinos entre hombres o entre mujeres. Aunque a veces escuchaba sus quejas o historias privadas, para él siempre fue algo ajeno, simples anécdotas que escuchaba y olvidaba; nunca pensó que se convertiría en su propia historia.
Lo más absurdo era que, incluso en este momento, su cabeza impertinente y su deseo carnal sinvergüenza no dejaban de recordar el beso de antes. Rensley era consciente de que no era un recuerdo acompañado de arrepentimiento y reflexión, sino una retrospectiva más cercana a la codicia de querer sentir de nuevo ese dulce contacto. ¿Cómo podría engañarse a sí mismo?
—Me despreciará, ¿verdad? Estará furioso... Tengo miedo y no puedo salir... Pero si de todos modos me van a echar, quizá debí haber hecho más antes... Estoy realmente loco, ¿verdad, Marilyn?
Prrr.
Marilyn respondió una vez más. Rensley le dio unas palmaditas en su fuerte pata delantera.
—Está bien. Él es generoso, así que no te echará a ti también. Hans te cuidará bien, así que tienes que estar sana. Me hizo muy feliz volver a encontrarte...
Si hubiera sabido que esto pasaría, habría sido mejor aceptar dócilmente cuando el capitán Anton se ofreció a escribirle una carta de recomendación para el feudo de aquel noble. Al menos así habría tenido una salida honorable; ahora estaba destinado a ser expulsado como un traidor.
—No. Si no me ejecutan, ya es ganancia... En Kornia, por insulto a la realeza, habría sido decapitación...
—Sería demasiado ser decapitado por algo así.
Ante la voz que surgió de repente por detrás, Rensley estuvo a punto de gritar. Contuvo el aliento con la voluntad de no asustar a los caballos que descansaban y se dio la vuelta lentamente.
Como esperaba, la figura bloqueaba la puerta de la caballeriza como si fuera otra hoja de la puerta.
—E-excelencia... ¿Cómo...?
Tan rápido...
Mientras tartamudeaba sin poder terminar la frase, vio a Gisel guardar algo dentro de su capa. No estaba claro por la oscuridad, pero parecía un espejo pequeño.
Gisel soltó un suspiro corto. Extendió algo que sostenía en la otra mano. Era una capa de invierno forrada con piel.
—Venga aquí. Su vestimenta es un desastre.
—E-está bien. No tengo frío.
Para el Rensley de ahora, esa capa parecía una red de captura. ¿No sería que al ponérsela lo atraparían, lo encerrarían en una celda y lo torturarían por el pecado de haber ensuciado los labios del rey siendo un simple parásito, para finalmente ser desterrado?
—Los guardias...
—Hice que volvieran a sus puestos, así que no tiene que preocuparse.
«Incluso se encargó de arreglar el lío. Voy a disculparme con toda sinceridad».
Rensley se enderezó. En el momento en que estaba a punto de agachar la cabeza, una voz firme sonó frente a él.
—No se incliné.
—... Sí...
—Levántese y venga rápido hacia aquí.
Rensley no tuvo más remedio que levantarse tambaleándose. Se acercó a él con la cabeza tan gacha que parecía que se le iba a doblar el cuello, y la capa fue colocada sobre sus hombros. Debido a la vergüenza y la desesperación, no había notado el frío, pero una vez envuelto en la capa, sintió de golpe que su cuerpo estaba frío como el hielo.
Su corazón, que estaba rígido y arrugado, se relajó de repente ante el calor. A pesar de ser ya un caballero, las lágrimas brotaron estúpidamente y Rensley se las secó con el dorso de la mano. Él que lo miraba desde arriba preguntó con simple curiosidad.
—¿Por qué llora?
—Porque lo siento mucho.
Rensley dejó de llorar pronto y retrocedió unos pasos. No pudo evitar que sus ojos estuvieran rojos, pero aun así, ahora lo miró directamente y le dijo:
—Excelencia, lo siento de verdad. Me ha otorgado grandes favores y he cometido un acto desagradecido. Es natural que quiera castigarme o desterrarme. Dejaré la orden de caballeros. No me quedaré más tiempo en Oldenland, así que, por favor, perdóneme.
—¿Qué es lo que quiere que le perdone?
—Mi atrevimiento... el acto desleal e impuro que cometí contra su excelencia...
Sin embargo, la expresión de Gisel no cambió. Negó con la cabeza y dijo en tono sereno, como si no hubiera ningún problema:
—El señor Malosen es mi Gran Duquesa ahora. Que me haya besado no es algo que pueda llamarse desleal o impuro.
—... ¿Eh?
El que frunció el ceño fue Rensley. Pensó que lo había entendido mal, pero la explicación adicional no fue diferente.
—¿Acaso me equivoco? Estamos casados y, pase lo que pase después, ahora usted es mi Gran Duquesa.
—Bueno, eso es cierto... Pero de todos modos soy temporal, una farsa...
—Ya lo dije la otra vez, sea cual sea nuestro propósito, la ceremonia de boda en sí fue real ante el sacerdote.
—Pero soy un hombre... ¿No le resultó desagradable...?
—No lo sé, porque nunca he juzgado a las personas por ser hombres o mujeres. Oldenland es un país que de hecho ha tenido Grandes Duquesas hombres anteriormente.
Rensley solo parpadeó. Su nuez se movió al tragar saliva por la tensión. Parecía que, se mirara por donde se mirara, no lo iba a echar.
Mientras intentaba sostener la mirada ante los ojos que lo observaban fijamente, Gisel resolvió la situación.
—Bien. Ha bebido mucho y hoy ha estado mucho tiempo en el lugar del festejo, así que su ánimo debe estar más exaltado de lo habitual. Consideraré lo de hace un momento como un error. Así que, volvamos ya a la torre principal.
«¿Un error?»
Rensley parpadeó. Era una frase que decía que lo perdonaba y lo dejaba pasar, así que debería estar más que agradecido, pero extrañamente, esas palabras le dejaron un vacío en el pecho. Al verlo inmóvil, Gisel insistió de nuevo.
—Señor Malosen.
—... No fue un error.
Gisel cerró la boca y Rensley bajó la mirada. Era consciente de que estaba rechazando la buena suerte que le había caído, pero aun así, había cosas que no podía evitar.
—No fue un error, excelencia. Le agradezco de corazón que me perdone, pero... no creo que fuera un error...
—Si no fue un error, ¿a qué se debió?
Rensley no pudo responder de inmediato y examinó apresuradamente su interior. Por qué se sentía atraído por este hombre hasta el punto de besarlo primero, algo que nunca le había pasado en Kornia.
Si era un brote de lealtad excesiva hacia su nuevo señor, si estaba dando demasiado significado a la amabilidad mostrada en una situación desesperada, si se estaba equivocando de muchas maneras. Pero, fuera cual fuera el error, no quería que el beso de antes fuera tachado como un simple desliz por el alcohol.
«¿Debería decirle que me gusta...? No. ¿Es demasiado imprudente decir eso...?»
Cuanto más se ruidosa se volvía su cabeza por las dudas, más silencioso se volvía el establo. Finalmente, Gisel habló primero.
—¿El señor Malosen me ve como un objeto de unión sexual?
—¿Eh? ¡No! Ah, no, espera. ¿Sí?
Rensley, que buscaba la respuesta atropelladamente, se desanimó gradualmente. Cuando finalmente pudo hablar, tras mover los labios en silencio, su voz era apenas un murmullo.
—Sí... parece que es así...
—Entonces, el beso de hace un momento no fue una muestra de amistad, lealtad o respeto.
«Ah, también podría haber dicho eso...»
Rensley se dio cuenta ahora de que era un asunto que podría haber esquivado con habilidad antes de salir corriendo. Si hubiera estado en su sano juicio, lo habría hecho sin dudar, pero antes estaba tan sorprendido de sí mismo que perdió la cabeza.
En medio del silencio, Gisel ladeó ligeramente la cabeza.
—En realidad, no lo sé bien.
—¿El qué...?
—Si no fue un error, ni un beso de amistad o respeto, ¿significa el beso de hace un momento que quiere dormir conmigo? Como nos besamos mientras bailábamos, según lo que me enseñó el señor Malosen la otra vez... me parece que realizó el procedimiento previo a dormir juntos...
—No es simplemente por esa razón. Probablemente, probablemente yo...
Rensley no pudo continuar la frase fácilmente.
«Probablemente es que su excelencia me gusta. ¿No es lo normal pensar que es porque me gusta en estos casos...?»
Pero su excelencia no es una persona normal, y no sentirá lo mismo por él, y para alguien que debe recibir a una nueva Gran Duquesa en el futuro, hablar de estos sentimientos solo le resultaría molesto...
Rensley dio explicaciones solo internamente y se lamió los labios secos.
—Si yo digo que es... así... ¿qué piensa hacer su excelencia?
—¿A qué se refiere con "qué"?
—Si digo que lo besé con esa intención... ¿entonces me castigará o me desterrará?
La expresión de Gisel no cambió.
—Ya lo he dicho, el señor es mi Gran Duquesa ahora. Sea cual sea la intención con la que me haya besado, no es algo que deba ser castigado.
—E-entonces.
Rensley sintió que su rostro se calentaba. La lógica de Gisel parecía a primera vista un desarrollo fuera de lo común, pero al buscar la parte errónea, no la había. Así que, según su explicación, su pregunta tampoco tenía problemas.
—¿Puedo hacerlo de nuevo?
—... ¿Quiere hacerlo de nuevo?
—Si a su excelencia no le importa...
Incluso después de decirlo, su rostro seguía apuntando hacia el suelo por la vergüenza. Como era el lugar donde dormían los caballos, no hacía frío, pero no era tan cálido como la habitación de la torre. Aun así, su cuerpo ardía.
Ante la sensación de que Gisel se acercaba, Rensley levantó la cabeza. Antes de que sus ojos se encontraran, sintió que uno de sus brazos rodeaba su cintura y el otro su hombro. Como si intentara no poner demasiada fuerza, los brazos firmes apretaron el cuerpo de Rensley justo lo necesario.
Él inclinó la cabeza y sus labios se encontraron por segunda vez. Ante la sensación de la piel más suave y delicada del rostro uniéndose, Rensley contuvo el aliento sin darse cuenta. Jamás pensó que él lo besaría primero. Sus ojos se cerraron solos. Sus hombros temblaron y sus labios se abrieron por sí mismos.
Un aliento fino osciló secretamente. El beso fue bastante largo, pero durante todo el tiempo que Rensley tuvo los ojos cerrados, Gisel solo mantuvo los labios ligeramente unidos sin hacer nada más. Finalmente, Rensley abrió los ojos, ladeó la cabeza y preguntó con cuidado:
—Excelencia... si le parece bien, ¿puedo meter un poco la len...gua en su boca?
—¿La lengua?
—Sí. Originalmente, los besos antes de dormir juntos se hacen así.
—Entonces nuestros rostros quedarán completamente pegados...
Gisel parpadeó una vez. La mirada de Rensley siguió el rastro de las largas pestañas moviéndose de arriba abajo.
—¿No estorbará la nariz?
Rensley estuvo a punto de olvidar la situación y soltar una carcajada. Transformó la risa contenida en una ligera sonrisa y ladeó el rostro.
—Si lo haces así, no chocan.
Esta vez, Rensley acercó sus labios primero. Al encajar profundamente, Rensley deslizó su lengua entre los labios que finalmente se abrieron.
En comparación con su rostro, que se mantenía inexpresivo todo el tiempo, el interior de su boca era un poco más honesto. Su lengua, que debería ser blanda, estaba tensa, incapaz de ocultar el humor de su dueño. Al entrar en contacto con el desconcierto del hombre que parecía imperturbable sin saber cómo se sentía el otro, Rensley sintió que su corazón ansioso, por el contrario, se calmaba poco a poco.
A medida que exploraba lentamente el interior de su boca, él, que había estado rígido, comenzó a responder poco a poco. Lamió con cuidado la punta de la lengua y, de vez en cuando, succionaba suavemente. Sus movimientos dentro de la boca, intentando imitar a Rensley, eran tan cuidadosos como si hiciera rodar una canica de cristal que pudiera romperse en cualquier momento.
Era la primera vez que el rey del norte, que era experto en todo, mostraba una apariencia tan torpe. Sin darse cuenta, Rensley abrazaba su cintura cada vez con más fuerza. Empujó su lengua un poco más y lamió lentamente el interior de la boca.
—Ah...
Sin embargo, el gemido que se escapó fue de los labios de Rensley. Se debió a que, de repente, Gisel inclinó profundamente la cabeza. También se aplicó fuerza en los brazos que rodeaban su espalda.
La lengua llegó hasta lo más profundo de la boca. Las partes superpuestas se frotaron apresuradamente, y debido a eso, la saliva fluyó ligeramente, humedeciendo los labios. Ante el beso que se volvía más profundo y la fuerza de los brazos que abrazaban su cuerpo con firmeza, a Rensley pronto le resultó difícil respirar.
Jadeando, Rensley finalmente tuvo que echar la cabeza hacia atrás para escapar del beso que se sentía como una atadura. Solo entonces Gisel aflojó la fuerza de sus brazos.
—Ha, Alteza...
—¿Estás bien? Lo lamento.
—No es nada. Es solo que me quedé sin aliento por un momento.
Ante eso, Gisel bajó ligeramente la mirada. Originalmente era un hombre de pocas expresiones, pero aun así solía tener pequeños cambios; sin embargo, su rostro actual era algo que incluso Rensley veía por primera vez. Gisel, que se había quedado callado como si estuviera en un aprieto, se cubrió la boca y murmuró como un niño tímido.
—Esto... se siente bastante bien.
Rensley no respondió más y de inmediato sujetó ambas mejillas de él. Volvió a besarlo con urgencia.
Muac, muac.
Los labios se encontraron varias veces, emitiendo un sonido parecido al de alguien jugando en un manantial. Cuando recobraron el sentido, ambos habían terminado arrodillados en el suelo, y Rensley estaba casi envuelto dentro de la amplia capa de Gisel mientras recibía sus besos.
El contacto se volvió profundo en un instante. Como era de esperar del Gran Duque Gisel, que aprendía todo rápido, sus besos ya eran más hábiles que al principio.
Mientras jadeaba mientras él recorría cada rincón del interior de su boca como si no quisiera perderse ninguno, él succionaba suavemente la punta de su lengua. Después de que le succionaran la lengua un par de veces, sintió un hormigueo en las mejillas.
Rensley también lamió el interior de su boca, pero el beso de Gisel se volvió más agresivo. Desde la posición de quien ha jurado lealtad, no podía sino aceptar plenamente el entusiasta primer beso de su señor. Con la sensación de que todo su rostro estaba entumecido y perdiendo las fuerzas, Rensley se concentró, a partir de cierto momento, en abrir la boca y tragar su lengua.
—Haa...
Los labios de Rensley comenzaron a temblar cada vez más. Su respiración se volvió pesada y no solo sus labios, sino su cuerpo comenzó a calentarse. No podía actuar a su antojo y cometer una falta de respeto. Sin saber qué hacer, solo abrazó desesperadamente la espalda de quien presionaba sus labios.
—Ah, mmm...
Al escaparse un gemido que no pudo contener, sintió que la respiración de Gisel se volvía aún más agitada. Cuando la lengua de Gisel frotó intensamente una vez más la parte posterior de sus dientes y el paladar, incluso sus hombros y espalda se estremecieron. Ese movimiento debió transmitirse a los brazos que rodeaban su espalda. Los labios que estuvieron superpuestos por un largo rato se alejaron lentamente.
—Ha... ¿te duele?
—No. No, Alteza...
Rensley negó con la cabeza mientras tragaba su respiración agitada. Miró a Gisel a los ojos y susurró su honesta impresión.
—Me gusta...
Gisel lo miró fijamente. Él preguntó en voz baja.
—¿Puedo besar otros lugares?
—¿Otros lugares?
Rensley asintió mientras preguntaba de vuelta. Entonces Gisel volvió a inclinar profundamente la cabeza. Sus labios calientes tocaron esta vez el lado de la oreja, la línea de la mandíbula y la nuca. Los hombros de Rensley saltaron con más fuerza que hace un momento ante el repentino beso.
—Ah, ah...
Como el gemido que salió sin poder evitarlo se sintió demasiado excitado, Rensley cerró la boca rápidamente. Trató de calmar su respiración, que se volvía cada vez más agitada, mientras se sujetaba de los hombros de Gisel.
—Alteza, por qué ahí...
—Quería probarlo.
Fue una respuesta ante la que no había nada más que decir. Los labios que comenzaron debajo de la oreja y pasaron por varios puntos de la mandíbula, cruzaron la mejilla y llegaron hasta cerca de la ceja.
Las mejillas o la frente eran lugares donde se podían intercambiar ligeros besos entre amigos que se ven después de mucho tiempo o compañeros cercanos. Sin embargo, su piel ya caliente se sobresaltaba y temblaba una y otra vez ante esos simples besos.
—¿Tienes frío?
Gisel volvió a preguntar. Rensley, en algún momento, había apoyado su espalda contra un montón de heno. Sin ser consciente de ello, había estado retrocediendo y retrocediendo hasta que, de repente, llegó cerca de la pared.
Sentía el interior de su garganta pesado. Su corazón latía como si acabara de correr una carrera, y su visión se nublaba sin haber hecho nada. Rensley parpadeó varias veces para aclarar su vista mareada. Tragó saliva y le devolvió la misma pregunta que él le hizo hace un momento.
—¿Yo también... puedo besar otros lugares?
Él asintió. A diferencia de Rensley, que salió corriendo con solo una camisa y tenía la nuca y las clavículas totalmente expuestas a pesar de haberse puesto la capa tarde, Gisel estaba completamente cubierto con su capa negra y su uniforme, como siempre.
Rensley miró su rostro y deslizó sus labios sobre el puente de su nariz. Besó también sus mejillas y orejas. Cuando volvieron a mirarse, la expresión de Gisel parecía tener más calor que antes. Cuando Rensley volvió a unir sus labios primero, la lengua que exploraba el interior se volvió más impaciente.
No podían estar besándose toda la noche, pero no lograba decidir cuál sería el siguiente paso. Mientras su mente se nublaba, Rensley no podía borrar un sentimiento parecido a la ansiedad y su corazón palpitaba con fuerza.
La señal que enviaba su cuerpo, que se calentaba cada vez que los labios se tocaban, era clara. Si este beso estuviera ocurriendo en una taberna tarde en la noche o en el establo de una posada, si la otra persona fuera una joven de una familia común que vino a pasar la noche o una empleada que trabaja en el local, la historia que deberían intercambiar a continuación era obvia.
Pero la otra persona es el monarca de este país y, además, es un hombre. Él dijo que no tenía experiencia, así que al final el propio Rensley tendría que hablar sobre lo que sigue, pero Rensley no sabía en absoluto si estaría bien pasar a la siguiente etapa o si eso era siquiera posible.
Prrrr.
En ese momento, ante el sonido del espectador que intervino desde un lado, Rensley abrió los ojos que tenía fuertemente cerrados. Gisel también detuvo el beso y giró la cabeza. Rensley se quedó aturdido mirando el rostro que lo hacía olvidar por un momento sus intensas preocupaciones y luego soltó una risita.
—Marilyn lo está viendo todo.
—Es verdad. Parece que estamos interrumpiendo el descanso del caballo.
Al recobrar el juicio, el aspecto de ambos era un desastre. En la majestuosa capa negra del rey que gobierna Oldenland había restos de heno por todas partes, y su cabello largo, que las manos de Rensley habían estado acariciando, estaba más despeinado de lo habitual.
Rensley no se quedaba atrás. Él, que casi había comenzado a rodar sobre el montón de heno, estaba adquiriendo un aspecto que haría creer a cualquiera que era alguien que vivía en el establo. Gisel, pensando quizás de forma similar, metió sus brazos tras la espalda de Rensley y lo levantó.
—Entremos ya. De lo contrario, el duque Malosen se resfriará.
—Alteza...
—Dime.
A pesar de no haber podido tomar una decisión sobre qué hacer, en cuanto Gisel intentó dar por terminada la situación, las palabras salieron de golpe.
Rensley lo miró fijamente con la boca cerrada y finalmente soltó las palabras.
—Hoy... ¿me permitiría dormir junto a usted en su habitación?
—Por supuesto. Puedes dormir conmigo siempre que sea necesario.
Ante la respuesta inmediata que salió sin un ápice de duda, Rensley se sintió más bien inquieto. No se refería a solo dormir, ¿habrá entendido lo que quise decir?
Mientras tanto, Gisel hizo que las manos de Rensley rodearan su cintura. Él susurró.
—Sujétate fuerte.
—¿Eh? Por qué...
Sin embargo, antes de terminar de hablar, una extraña sensación como si su cuerpo cayera lo invadió. En un abrir y cerrar de ojos, Rensley estaba de vuelta en el dormitorio del Gran Duque.
AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!
ResponderBorrarAaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh por finnnnnnnn
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